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8A La Prensa Panamá, lunes 10 de agosto de 2026 quien legítimamente puede dictarlo. La razón es profunda. Un acto firmado por quien no tiene la investidura del cargo no es un papel con un simple error. Es un acto que nace muerto, porque le falta el elemento que le da vida: la autoridad legítima de quien lo suscribe. Si ese acto afecta derechos, el problema deja de ser abstracto. Significa que alguien fue perjudicado por una decisión que jamás debió existir, porque quien la tomó no tenía autoridad para hacerlo. Los encargos existen y son necesarios. El Estado no puede paralizarse cuando un titular se ausenta. Pero, precisamente porque son una excepción, se regulan con rigor: se confieren mediante decreto, por la autoridad competente, durante un tiempo definido y para un cargo específico. Quien es designado para un cargo no queda habilitado para ejercer otro distinto. La investidura es exacta, no elástica; no se extiende por analogía La biodiversidad también es salud Cambio climático Cada vez que una especie desaparece, perdemos mucho más que un animal o una planta. También se debilitan los ecosistemas que producen nuestra agua, sostienen nuestros alimentos, regulan el clima y hacen posible nuestra calidad de vida. La reciente actualización de la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), que eleva a 49,505 las especies amenazadas de extinción, es una alerta para el mundo. Para Panamá, debería ser también un llamado a la acción. Durante muchos años entendí la salud principalmente desde la atención de los pacientes. La medicina nos enseña a prevenir enfermedades, hacer diagnósticos y ofrecer tratamientos oportunos. Sin embargo, la experiencia me ha demostrado que la salud comienza mucho antes de que una persona llegue a un consultorio o a un hospital. Empieza en la calidad del agua que consumimos, en los bosques que protegen nuestras cuencas hidrográficas, en los manglares que amortiguan las inundaciones y en los ecosistemas que mantienen el equilibrio entre las personas, los animales y el ambiente. Por eso, la pérdida de biodiversidad no debe entenderse únicamente como un problema ambiental. También representa un desafío para la salud pública, la seguridad hídrica, la producción de alimentos, la resiliencia frente al cambio climático y el desarrollo económico. Panamá tiene una responsabilidad especial. Nuestra ubicación geográfica nos convirtió en un puente biológico entre dos continentes y en uno de los países con mayor riqueza natural por unidad de superficie. Esa biodiversidad no es solamente un patrimonio digno de admiración; constituye una infraestructura natural indispensable para nuestro bienestar. Así como comprendemos que el Canal de Panamá depende de una gestión responsable del agua para mantener su competitividad, también debemos reconocer que los bosques que protegen su cuenca, los manglares, los arrecifes de coral y las áreas protegidas forman parte de esa infraestructura estratégica. Sin ecosistemas saludables será cada vez más difícil garantizar la seguridad hídrica, fortalecer la resiliencia frente al cambio climático y sostener un crecimiento económico duradero. Las amenazas son conocidas: la pérdida y fragmentación de hábitats, la contaminación, el tráfico ilegal de especies y el cambio climático. Frente a ellas, la respuesta no puede recaer únicamente en las instituciones ambientales. Requiere una visión compartida entre el Estado, la academia, el sector privado, las comunidades y la sociedad civil. La conservación no debe verse como un obstáculo para el desarrollo, sino como una condición para que ese desarrollo sea sostenible. En 2027, Panamá será sede del Congreso Mundial de Áreas Protegidas y Conservadas de la UICN. Más que un reconocimiento internacional, este encuentro representa una oportunidad para demostrar que somos capaces de convertir nuestra riqueza biológica en conocimiento, innovación y políticas públicas que generen resultados concretos para las personas y para la naturaleza. Durante décadas hemos repetido que Panamá es un país privilegiado por su biodiversidad. Ese privilegio implica una responsabilidad. La biodiversidad no es un lujo ni un tema exclusivo de especialistas. Es parte de la infraestructura natural que sostiene nuestra salud, nuestra economía, nuestra seguridad hídrica y nuestra calidad de vida. Si queremos construir un país más resiliente, competitivo y saludable, proteger la biodiversidad no debe ser una política ambiental aislada. Debe entenderse como una política de Estado y como una inversión en el futuro de Panamá. Mujeres: el futuro de la IA necesita nuestra participación Estrategia las tecnologías con mayor capacidad para influir en nuestra economía, nuestras organizaciones y nuestra vida diaria. Si queremos desarrollar sistemas más representativos, necesitamos que mujeres con distintas experiencias, profesiones y perspectivas formen parte de ese proceso. Esto no significa que toda mujer deba convertirse en desarrolladora ni en una experta en inteligencia artificial. Significa entender que desarrollar fluidez en inteligencia artificial ya no debería ser una opción. Es una responsabilidad que tenemos con nosotras mismas, con nuestras organizaciones y con la sociedad que estamos ayudando a moldear. Hoy constituye una responsabilidad cívica para cualquier profesional que desee contribuir activamente a la sociedad que estamos construyendo. Comprender cómo funciona la inteligencia artificial, cuáles son sus capacidades, cuáles son sus limitaciones y qué preguntas debemos hacer antes de confiar en sus respuestas será tan importante como entender el impacto que tuvo internet hace más de dos décadas. Las decisiones sobre el uso de esta tecnología ya no pertenecen exclusivamente a las empresas tecnológicas. Cada organización, cada institución y cada líder tendrá que decidir cómo utilizarla de forma responsable. Participar en esa conversación exige conocimiento. La ignorancia tecnológica también puede convertirse en una forma de exclusión. La inteligencia artificial aprende de la humanidad. Aprende de nuestros libros, de nuestras investigaciones, de nuestras fotografías, de los criterios y opiniones que le damos, de las decisiones que tomamos, de nuestros aciertos y también de nuestros errores. Aprende de los datos que producimos y de la historia que dejamos registrada. Por eso, la calidad de esa historia y la diversidad de las voces que la conforman importan más de lo que muchas veces imaginamos. También debemos reconocer una realidad importante. Los sistemas de inteligencia artificial son desarrollados por equipos humanos y entrenados con grandes volúmenes de datos históricos. Cuando determinados grupos tienen menor representación durante ese proceso, existe un mayor riesgo de que ciertas experiencias o necesidades queden insuficientemente reflejadas. Diversos estudios ya han documentado casos de sesgos en aplicaciones relacionadas con la contratación, la generación de imágenes y otros sistemas de inteligencia arMariángela Pitti La investidura del poder público Usurpación de funciones Hay en el derecho público una idea tan antigua como sencilla: el poder no reside en las personas, sino en los cargos. Nadie ejerce una función pública por voluntad propia, cercanía o conveniencia, sino porque una norma lo inviste de esa autoridad. Esa investidura no es un formalismo. Es la frontera misma entre el Estado de derecho y la arbitrariedad. Cuando alguien ocupa una silla que no le corresponde y firma como si fuera titular de una función que no le ha sido conferida, no comete solo una irregularidad administrativa. Toca una de las vigas maestras del edificio institucional. Por eso, el Código Penal panameño, en su artículo 359, sanciona con prisión de dos a cuatro años a quien usurpe una función pública, continúe ejerciéndola después de haber cesado o usurpe funciones correspondientes a un cargo diferente del que ocupa. No es un delito menor ni una tecnicidad: es la garantía de que cada acto del Estado provenga de ni por conveniencia. Cuando estas fronteras se respetan, el ciudadano confía en que cada decisión que lo afecta proviene de una autoridad legítima. Cuando se difuminan y se permite que cualquiera presida o firme porque en ese momento resultó práctico, se abre una grieta peligrosa: la de un Estado en el que la autoridad ya no depende de la ley, sino de quién estaba disponible o de qué resultado se buscaba. Estas exigencias protegen, sobre todo, al ciudadano. El poderoso rara vez cuestiona la investidura de quien le concede lo que pide. La autoridad de quien firma es lo primero que verifica un abogado meticuloso y estudioso. La pregunta que toda república debe poder responder sobre cualquier acto de sus autoridades es simple: ¿quién firmó esto y con qué autoridad? Cuando tiene una respuesta clara, el Estado de derecho funciona. Cuando no la tiene, algo se ha quebrado. Porque la silla del poder público no se hereda, no se presta ni se toma. Se ocupa solo cuando la ley lo permite. Todo lo demás es usurpación y contra ella existen, precisamente, la ley y las instituciones. EL AUTOR es médico, investigador y miembro de la Junta de Síndicos de ANCON. EL AUTOR es profesional multidisciplinario: Ingeniero industrial, internacionalista y abogado. LA AUTORA es consultora en estrategia, formación e integración de IA para empresas. Gabriel Rebollón tificial. Un ejemplo ampliamente conocido ocurrió en el ámbito de la selección de talento. Amazon desarrolló una herramienta experimental basada en inteligencia artificial para apoyar sus procesos de contratación. Con el tiempo, la empresa descubrió que el sistema tendía a favorecer currículums asociados históricamente con candidatos masculinos, ya que había aprendido de patrones de contratación del pasado. Finalmente, el proyecto fue descartado. Casos como este no significan que la inteligencia artificial sea inherentemente discriminatoria. Lo que sí demuestran es que la calidad de los datos, la diversidad de los equipos que desarrollan estos sistemas y la supervisión humana son factores esenciales para desarrollar tecnologías más confiables y representativas. Por eso, esta conversación trasciende la tecnología. Habla de participación. Habla de liderazgo. Habla de preservar nuestra capacidad de influir en el rumbo de una herramienta que tendrá un impacto profundo sobre las próximas generaciones. Cada empresaria, ejecutiva, educadora, abogada, médica, comunicadora o investigadora aporta algo que ningún modelo puede generar por sí solo: experiencia humana. Aporta preguntas distintas. Contexto. Juicio. Perspectivas que enriquecen las decisiones detrás de la tecnología. Sus vivencias y su forma de entender el mundo fortalecen la manera en que estos sistemas pueden diseñarse, evaluarse e implementarse de forma más representativa y responsable. El futuro de la inteligencia artificial no debería desarrollarse desde unas pocas perspectivas. La innovación alcanza su mayor potencial cuando incorpora distintas formas de pensar y comprender el mundo. Si la inteligencia artificial aprende de la humanidad, entonces la mayoría de la humanidad debe estar representada en aquello que la inteligencia artificial aprende. Las generaciones anteriores lucharon para que las mujeres tuvieran voz en los grandes cambios de la historia. Nuestra generación enfrenta un desafío distinto. Tenemos la responsabilidad de asegurarnos de que la inteligencia que ayudará a decidir el futuro también aprenda de nosotras. Hace unas semanas tuve una conversación que transformó mi manera de ver el momento histórico que estamos viviendo. Hablaba con una persona que tiene acceso cercano a algunos de los laboratorios de inteligencia artificial más importantes del mundo. En medio de la conversación me dijo algo que me sigue dando vueltas en la mente: «Hacen falta muchas más mujeres participando en el desarrollo de esta tecnología». Esa reflexión me hizo tomar mucha más conciencia de que el futuro que estamos construyendo también necesita más mujeres ayudando no solo a crearlo, sino también a definirlo. Durante años hemos hablado de la inteligencia artificial desde la aplicación, la productividad, la automatización y la innovación. Sin embargo, pocas veces nos preguntamos quiénes están contribuyendo a diseñar los sistemas que ya están influyendo en la forma en que trabajamos, aprendemos, nos informamos y tomamos decisiones. La inteligencia artificial ya forma parte de nuestra vida cotidiana. Está presente en procesos de contratación, servicios financieros, diagnósticos médicos, educación, comercio electrónico y en las plataformas digitales que utilizamos todos los días. Su importancia también queda reflejada en iniciativas como el reciente lanzamiento de la Estrategia Nacional de IA para Panamá. Por esa razón, la conversación sobre la representación ya no puede limitarse a las empresas, los gobiernos o el sector académico. Hoy también debe incluir a la inteligencia artificial. Las mujeres han dedicado generaciones enteras a conquistar espacios de participación. Lucharon por el derecho al voto, por acceder a la educación superior, por ocupar posiciones de liderazgo y por ser escuchadas en los lugares donde se toman las decisiones que transforman la sociedad. Cada uno de esos avances amplió las oportunidades para millones de personas. Ahora enfrentamos un desafío profundo y diferente. La inteligencia artificial será una de La autoridad pública no se presume ni se transfiere por conveniencia. Todo acto estatal debe provenir de una persona legalmente facultada para garantizar su legitimidad y proteger los derechos ciudadanos. Iván Araúz Opinión

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