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5A La Prensa Panamá, miércoles 8 de julio de 2026 Panorama Valter Lavítola. Archivo Lavítola, sospechoso de atentar contra periodista en Roma Rolando Rodríguez B. [email protected] Además de los cuatro detenidos, hay un sospechoso que, según la hipótesis acusatoria, no se movía de forma autónoma, sino que recibía indicaciones de Lavítola. El empresario italiano Valter Lavítola ha vuelto a los titulares de medios en Roma. Recordado por su cercanía con el expresidente Ricardo Martinelli —quien al final se peleó con él—, Lavítola le pagó viajes al exgobernante panameño y a sus acompañantes; en Panamá, se trasladaba en vehículos oficiales y con escolta del Servicio de Protección Institucional (SPI); era invitado frecuente de las parrandas en el Palacio de las Garzas, y protagonizó un enorme escándalo con la venta de radares y helicópteros de Finmeccanica a Panamá, amén de otros escándalos en Italia que llegaron hasta el mismo primer ministro italiano, Silvio Berlusconi. Lavítola incluso cumplió una condena de cárcel en Nápoles. Este medio supo que, tras salir de prisión, se estableció en Roma, donde también hizo de la comida su negocio, tras abrir un restaurante de mariscos. En junio del año pasado, tras una ausencia de unos 10 años, vino a Panamá, donde tendría un hijo o hija, concebido con una panameña en aquellos días en los que gozaba de los favores del gobierno de Martinelli y hasta de sus hijos. Hoy ha vuelto a ocupar las primeras planas de los diarios y su nombre ha sido incluido en un expediente como sospechoso en un asunto muy delicado: su presunta participación en un atentado contra un presentador de televisión, amigo suyo. El diario La Repubblica y otros medios italianos publicaron el lunes la teoría que tienen los investigadores del atentado acerca del papel que habría jugado Lavítola, el mismo que pretendía cobrarle a Finmeccanica $25 millones en comisiones por la venta de los equipos al gobierno panameño, un escándalo que salpicó también en este país al entonces ministro de Seguridad Pública y hoy presidente de la República, José Raúl Mulino. El atentado Fue contra Sigfrido Ranucci. Ocurrió el 16 de octubre de 2025. Ranucci es un periodista de investigación de la RAI (Radiotelevisione Italiana), la compañía de radiodifusión pública y principal red oficial italiana, con emisiones en 174 países. Ranucci dirige un programa televisivo de investigación, llamado Report, y es conocido por desenmascarar la corrupción gubernamental y política, así como los vínculos de las mafias italianas —como la Cosa Nostra y la ‘Ndrangheta—, lo que le ha valido constantes amenazas y, en ocasiones, ha debido recibir protección policial. Pero ese 16 de octubre fue blanco de algo más que amenazas. Un artefacto explosivo fue colocado en un vehículo y, en horas de la noche, en Pomezia, en Roma, la bomba estalló frente a la residencia del periodista. Este salió ileso, pero sus dos automóviles fueron destruidos, así como parte del muro que rodea el edificio donde vive. Las autoridades revelaron que la bomba consistía en una carga hecha de gelatina de cantera, un material obsoleto, pero con un extraordinario poder de destrucción, como lo evidenció la explosión en el edificio de Ranucci. Según los investigadores de la Sección de Topografía y el Escuadrón Antiexplosivos de la Unidad de Investigación de Roma, ese explosivo era “indicativo de una red ilícita para la adquisición de materiales explosivos”. El atentado, aunque no cumplió su cometido, recibió la condena de la sociedad italiana, incluso de sus partidos políticos, que mostraron su solidaridad con el periodista de investigación. A su vez, la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, expresó su “total solidaridad” con el periodista ante lo que calificó como un “grave acto de intimidación” y abogó por la defensa de la libertad de información. Las detenciones Empezaron la semana pasada, después de meses de investigación. El diario La Repubblica reportó que cuatro personas fueron detenidas. “Al analizar los teléfonos móviles, los contactos y las computadoras de los sospechosos, los investigadores reconstruyeron un nivel de la organización que hasta ahora había permanecido invisible. De hecho, dos niveles más”. Además de los cuatro detenidos, hay un quinto sospechoso que, según la hipótesis acusatoria, no se movía de forma autónoma, sino que recibía indicaciones de Lavítola. Es por eso que Lavítola ha sido inscrito en el registro de sospechosos. En consecuencia, el pasado lunes la casa del experiodista fue allanada. Las autoridades incautaron celulares, computadoras y soportes informáticos. Estas incautaciones son ahora la clave de toda la investigación. Buscarán la confirmación documental de su teoría, basada en el análisis de los teléfonos de los primeros detenidos: Pellegrino D’Avino, Saverio Mutone, Antonio Passariello y Marika De Filippi. El quinto sospechoso es Luca Amato. Todos, criminales de poca monta, aunque conocidos porque solían gravitar en el mundo de la droga. El quinto sospechoso es un ciudadano de origen norteafricano que actuó como enlace entre Lavítola y el comando que colocó el explosivo. La Repubblica revela un detalle siniestro: Lavítola y Ranucci no eran desconocidos entre sí. De hecho, el medio revela que entre ambos habría habido una relación amistosa, con contactos muy recientes, incluso después de la detención de los cuatro primeros sospechosos. Una amistad que el mismo Ranucci no niega: “Para mí, Valter es un amigo. Desde 2019 hablábamos casi todos los días. Estoy molesto, desconcertado, no sé qué pensar…” Ranucci confía en que las investigaciones de la fiscalía y de los Carabinieri aclaren lo sucedido, pero, de momento, “no tengo ganas de hacer más declaraciones”, dijo al medio italiano. La investigación Lo acontecido el 16 de octubre del año pasado y los hechos posteriores están a cargo de la Dirección del Distrito Antimafia, específicamente del fiscal Edoardo De Santis, quien reconstruyó en detalle la preparación del atentado. El 10 de octubre fue la primera inspección de los perpetradores en las afueras de la casa del periodista. Seis días después, el bombazo. Todo fue verificado: llamadas, triangulación de estas con las antenas, los desplazamientos antes y después del atentado, videos de las cámaras de vigilancia, incluso un testigo que vio a uno de los involucrados usando un pasamontañas cuando corrió tras la explosión. Incluso las intervenciones a las comunicaciones. La crónica periodística de La Repubblica detalla: “Durante meses, en las escuchas telefónicas, fue solo ‘eso’. Sin nombre. Ningún apellido. Un pronombre suficiente para que todos los interlocutores entiendan de quién se estaba hablando. El hombre que había encargado el atentado contra Sigfrido Ranucci no debía ser nombrado. Pero los carabineros del Núcleo de Investigación de Roma terminaron remontando, un pasaje tras otro, a lo que hoy creen que es la cabeza de la cadena de mando”. Se presume que ese individuo es Lavítola. Por ahora, los acusados enfrentan graves acusaciones: uso de artefactos explosivos, tenencia de armas, amenazas y daños, todo agravado por el uso del método mafioso. Estas mismas acusaciones podrían enfrentar Lavítola y el mediador con el grupo que colocó la bomba. Sigfrido Ranucci, periodista asesinado. Tomada de internet UI UNIDAD INVESTIGATIVA Sequía democrática Los meteorólogos advierten que una versión extrema del fenómeno de El Niño —un “super Niño”— podría provocar en Panamá una de las peores sequías de los últimos años. Pero en el país ya se consolida otra sequía, igual o más catastrófica, conforme inicia el tercer año de gobierno de José Raúl Mulino: la sequía democrática. Los principales contrapesos del Estado se erosionan o son cooptados por el Ejecutivo. Aquí ya no hacen falta pronósticos. Las evidencias están a la vista. Mulino cerró la jornada del 1 de julio con un gesto de descaro absoluto: agradeció públicamente a las bancadas que hicieron posible la elección de Shirley Castañeda como presidenta de la Asamblea. “No se van a arrepentir”, sentenció. En lugar de rendir cuentas al país tras dos años de gobierno, el presidente celebró el matraqueo politiquero que le aseguró el control del Legislativo y ratificó el pacto Mulino-Martinelli. ¿Y la separación de poderes? Quedó como un cuento para los chinos. La nueva mayoría incluye a RM, CD, PRD y la bancada mixta. También a un panameñismo que creyó que absteniéndose podía quedar bien con Dios y con el diablo. Si con Jorge Herrera presidiendo el Legislativo mostraron sumisión y continuidad al clientelismo de siempre, ¿se imaginan ahora, con la promesa de una ley de amnistía que beneficiaría tanto a Juan Carlos Varela como a Ricardo Martinelli? La posibilidad de hacer contrapeso político al Ejecutivo recaerá en los pocos diputados y diputadas que han demostrado con hechos que comprenden la función fiscalizadora de la Asamblea. Son quienes han denunciado el manejo opaco y selectivo de los recursos públicos, citado ministros a rendir cuentas y enfrentado represalias desde la Contraloría. Y conviene aclarar: quienes dicen ser una oposición “responsable” muchas veces posan de opositores mientras le allanan el camino al poder, haciendo posible que leyes, como las anticorrupción, sigan estancadas. En la justicia, los contrapesos están tan debilitados como en la Asamblea. O quizás más. Al presidente le gusta denunciar la “puerta giratoria” para ciertos delincuentes, mientras figuras cercanas a su entorno salpicadas por la corrupción acumulan revocatorias de condenas, absoluciones y rebajas de penas. Esa sí es la puerta giratoria que debería escandalizar al país. Sobre todo si la misma implica el regreso de Ricardo Martinelli y la consagración de la impunidad para los flagrantes delitos del pasado y los del presente. Pero mientras tanto, conviene prestar atención a otra erosión de los contrapesos: la de los derechos y libertades propios de una verdadera democracia. Los sindicatos de trabajadores y los gremios docentes han sido durante décadas protagonistas de la movilización social. Hoy algunos de sus dirigentes enfrentan procesos con coincidencias difíciles de ignorar. Por ejemplo, Marco Andrade fue aprehendido en una investigación contra CONUSI, justo después de denunciar al Estado panameño ante la OIT por violaciones a la libertad sindical. Durante la Asamblea de la OEA en Panamá, la propia Comisión Interamericana de DDHH advirtió que las investigaciones contra él y otros dirigentes podrían constituir represalias. Por el lado de las libertades de expresión y de prensa, la sequía se intensifica conforme avanza la obsesión por reabrir la mina de Donoso. La investigación Taladores Digitales documentó la ofensiva sistemática para atacar y desacreditar a periodistas, ambientalistas y ciudadanos que cuestionan la reactivación de la mina. Pero ese clima de intimidación no se limita al tema minero. También alcanza a otras voces críticas del gobierno. El resultado es un ambiente donde el hostigamiento judicial, las campañas de descrédito y el uso de la pauta publicitaria estatal como mecanismo de presión, asfixian a quienes ejercen el periodismo independiente, cuestionan al poder o simplemente disienten. Cuando el costo de denunciar aumenta, también se deteriora el derecho de todos los ciudadanos a conocer la verdad. Especialmente sobre los millonarios contratos directos del Estado, los beneficiarios finales de las sociedades contratistas y los conflictos de intereses entre ministros y empresas favorecidas. Nada de esto es casual. Los contrapesos no se debilitan por accidente. Se debilitan porque estorban. Estorban para reabrir la mina a pesar de lo que establecen las leyes, los fallos de la CSJ o la voluntad de la mayoría de los ciudadanos. Estorban para continuar con el despilfarro de los recursos públicos sin fiscalización efectiva Y estorban para llegar al final del mandato con una ley de amnistía que permita el regreso de Ricardo Martinelli y establezca un nuevo pacto de impunidad y protección del poder hacia el futuro. ¿Cuánto durará esta sequía? Es difícil saberlo. La pregunta es cuánta democracia quedará cuando finalmente regresen las lluvias.

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