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6A La Prensa Panamá, domingo 19 de julio de 2026 Panorama Anel Asprilla ‘La educación meramente teórica mata la curiosidad de los niños’ Simón Tejeira ESPECIAL PARA LA PRENSA [email protected] La doctora Nadia De León es investigadora del Centro de Investigación Educativa de Panamá (Ciedu), con doctorado en educación y experiencia en Stanford. Investiga equidad educativa, aprendizaje experiencial y participación femenina en la ciencia. En tus presentaciones has hablado de la diferencia entre pensar qué enseñamos y pensar para qué educamos. ¿Cómo explicas esa diferencia? Me parece que el punto de partida, en realidad, tiene que ser el para qué, el propósito de la educación, porque el qué viene del para qué. Al final, las decisiones de qué enseñamos reflejan lo que queremos de la educación, para qué educamos. ¿Y si ese propósito se reduce a que la persona consiga un trabajo? Ese es un acercamiento un poco funcional, pero quizá también mercantilista, de la educación, porque la sociedad necesita trabajadores. Todos tenemos que trabajar para vivir, pero eso no es todo lo que somos como seres humanos. No somos solamente trabajadores. Entonces, ¿cómo vemos la educación de una manera más amplia? A mí me gusta pensarlo como dos propósitos que perseguimos a la vez cuando educamos. Queremos formar personas: personas integradas, felices, que logren ser lo mejor que pueden ser. Entonces también queremos formar no solo para vivir, sino para convivir, para funcionar en esta sociedad, que para nosotros es una democracia. ¿Cómo se ve el aprendizaje experiencial, a diferencia de lo que normalmente vemos en un salón de clase en Panamá? El ejemplo que se me viene a la mente tiene que ver con la enseñanza de las ciencias. Un paso que la hace más entretenida es que, después de que aprendes eso, vas al laboratorio y haces algo que llamamos un experimento, pero en realidad es una demostración, porque el niño ya sabe lo que va a pasar. Pero ese no es el proceso que hacemos los científicos. Se llama enseñanza basada en la indagación: empiezas con el experimento sin saber realmente lo que va a pasar y los maestros tienen que morderse la lengua para no decirlo. ¿Qué consecuencias tiene una educación meramente teórica, no solo en el estudiante sino en la sociedad en general? Para mí, hace sumamente aburrido el proceso de aprendizaje cuando es meramente teórico. No solo no es muy efectivo, sino que mata la curiosidad de los niños en el proceso. Me acuerdo mucho de que el año pasado hicimos un estudio sobre lectoescritura en escuelas panameñas y había una pregunta para niños de kínder donde les leemos un cuento cortito con unas palabras inventadas, y a los niños les decimos: “Si escuchas una palabra que no conoces, me preguntas”. La aplicamos como a 80 niños y puede que solo tres nos preguntaran sobre estas palabras que no existen. ¿Cómo se toman en cuenta las diferencias entre los estudiantes que reciben esta información? El acercamiento es como para cuadrar a todos los niños de la misma manera. Eso ha pasado desde hace más de 100 años con acercamientos como los de Montessori, en los que los niños no tienen que avanzar todos a la misma vez, sino que, de repente, hay un niño que es muy bueno en matemáticas y está haciendo matemáticas de quinto grado, pero le cuesta leer y todavía está leyendo al nivel de primero, y cada uno puede avanzar a su propio ritmo. Cada niño tiene una necesidad distinta para aprender. ¿Qué me puedes decir de la educación especial y, en particular, del autismo? La educación en todo el mundo se está volcando a ser más consciente de que la humanidad es neurodiversa. No A los docentes panameños les importan sus niños y tienen una relación bonita con sus estudiantesre el sistema público y el privado”. “ Hay un movimiento hacia una educación alternativa, diferente, que llamamos quizá progresiva, como hablábamos de Montessori y Waldorf”. “ Queremos formar no solo para vivir, sino para convivir, para funcionar en esta sociedad”. “ “Lo que hemos tenido es un sistema educativo que responde y perpetúa las inequidades de la sociedad”. es una categoría cerrada, sino un continuo, y casi todos tenemos algún tipo de diversidad neurológica. En nuestro sistema oficial todavía seguimos bastante separados, a pesar de que desde los años 90 tenemos una ley de inclusión que precisamente trataba de mover al país hacia donde se está moviendo el tema de la educación especial en todo el mundo. ¿Y por qué esa ley de inclusión no se ha logrado aplicar del todo? En buena parte porque no tenemos suficientes especialistas. Muchas escuelas no tienen gabinete psicopedagógico. La solución que hemos puesto hasta ahora han sido gabinetes itinerantes que van a las escuelas que no tienen uno y cuando hicimos ese estudio hace ocho años, había escuelas que nos decían: “Hace dos años que por aquí no pasa el gabinete psicopedagógico itinerante”. Cuéntame de la investigación que están haciendo ahora sobre la incidencia del autismo en el país. Lo que no habíamos hecho todavía son los que se llaman estudios de prevalencia, en los que queremos saber realmente cuántos niños en Panamá tienen una u otra condición. Estamos haciendo ahora un estudio específicamente de autismo porque lo está haciendo CIEDU, apoyando a CASPAN, al Centro Ann Sullivan, que es la entidad pública en el país que se dedica a atender a los niños con autismo. Cuando hacíamos esta pregunta hace 150 años, las mujeres no esperaban educarse de la misma manera que los hombres. ¿Cómo entendemos hoy la educación como derecho para ciertos grupos y no para otros? Este acercamiento tiene que ver con la educación como un derecho humano, porque cada persona, como ser humano, tiene derecho a desarrollarse de la mejor manera posible y alcanzar todo su potencial. Pero lo que hemos tenido a lo largo de la historia es un poco lo contrario: un sistema educativo que responde a las inequidades de la sociedad y las perpetúa. En Panamá seguimos teniendo un reto muy fuerte de inequidad socioeconómica y de diferencias entre el sistema público y el privado. Panamá rompe el patrón global en primaria: las niñas igualan o superan a los niños en ciencias y matemáticas. Pero cuando llegan a la educación superior, la tendencia regresa y no llenan los espacios en carreras STEM. ¿Por qué? Panamá, en particular, de hecho, varias veces ha sido uno de los pocos países en los que las niñas, en tercero o incluso en sexto grado, siguen teniendo iguales o mejores resultados de aprendizaje en las pruebas estandarizadas de ciencias o matemáticas, y eso es raro. Un estudio que hicimos con la Senacyt sobre la participación de las mujeres en la ciencia nos demostró que sigue habiendo muchas carreras —ingenierías, matemáticas, física— en las que las mujeres en las universidades son un tercio o un cuarto de la población estudiantil. ¿Han visto algo positivo que se esté implementando en el sistema de educación pública? Hicimos un estudio sobre la formación de los docentes panameños, comparándola con la de Chile, y encontramos fortalezas que no estaban en el radar de Chile. A los docentes panameños les importan sus niños, tienen una relación bonita con sus estudiantes, más de lo que se ve en otros países. También vimos formación que tiene que ver con escuelas multigrado y con los temas de educación intercultural bilingüe: en Panamá tenemos una carrera en Udelas para formar docentes que puedan enseñar en las comarcas indígenas de manera bilingüe e intercultural. Cuando hay tanta inequidad entre escuelas públicas y privadas, ¿qué impacto tiene eso en la estructura misma del país? Estas diferencias que señalas pasan no solamente por el pensum académico; no tienen mucho que ver con todo eso, sino también con cómo aprendemos. Hay mucho trabajo para dejar atrás las filas en las que todos miramos al frente, somos individuos y no nos relacionamos con el resto, y pasar a mesas de trabajo. Eso se ve mucho más, otra vez, en escuelas privadas, donde los estudiantes están organizados en mesas, y eso facilita el proceso de trabajar en equipo. ¿Qué te da esperanza sobre la educación en Panamá? Hay un movimiento hacia una educación alternativa, diferente, que llamamos quizá progresiva, como hablábamos de Montessori y Waldorf. Sigue estando en los márgenes, no es el estándar, pero es más común y más fuerte, y hay más gente interesada en maneras de enseñar realmente de una forma drásticamente diferente. Y, finalmente, la tecnología nos está ayudando a hacer eso, si la usamos bien. Yo no abogo por poner a los niños frente a una IA, cada uno individualmente, pero sí sabemos que las herramientas adaptativas permiten enfocarse en lo que el docente sí puede hacer, que es preocuparse por el niño, guiarlo y cultivar su curiosidad.

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