7A La Prensa Panamá, jueves 9 de julio de 2026 Contacto [email protected] Los artículos de opinión y las caricaturas son responsabilidad exclusiva de los autores. La opinión de La Prensa se expresa únicamente en el Hoy por Hoy. y no en simples espectadores del crecimiento nacional. La pregunta es inevitable: si esta estrategia no ha logrado disminuir las desigualdades territoriales durante décadas, ¿por qué insistimos en repetirla? Lo paradójico es que cuando finalmente surge una iniciativa que podría diversificar el desarrollo económico hacia otras regiones del país, inmediatamente aparecen posiciones absolutas que reducen el debate a un simple “no”. El caso de Puerto Barú, en Chiriquí, es un ejemplo claro. Diversos grupos ambientalistas han advertido, en términos casi apocalípticos, que el proyecto significará el fin del ecosistema marino del Pacífico y afectará incluso áreas protegidas como Coiba. Sin duda, toda preocupación ambiental merece ser escuchada y atendida. Nadie Las colaboraciones para la sección de Opinión deben incluir la identificación del autor. Los artículos no deben exceder 650 palabras. No se publican colaboraciones que hayan aparecido en otros medios y La Prensa se reserva el derecho de seleccionar, editar y publicar. No devolvemos el material. La hora de los resultados Gobernabilidad puestas pueden traducirse en una mejor calidad de vida para millones de personas. Porque la verdadera prueba no es ganar elecciones. La verdadera prueba es gobernar bien. La Doctrina Social de la Iglesia ofrece una perspectiva valiosa para analizar este momento. Desde la encíclica Rerum Novarum, de León XIII, hasta Centesimus Annus, de San Juan Pablo II, la Iglesia ha defendido simultáneamente la dignidad de la persona humana, el derecho a la propiedad privada y la responsabilidad hacia el bien común. Estas enseñanzas recuerdan que la propiedad privada es un derecho legítimo y necesario para la libertad de las personas y las familias. Pero también enseñan que la riqueza nunca puede separarse de una responsabilidad moral hacia la sociedad. La economía debe estar al servicio de la persona humana, y no la persona humana al servicio de la economía. Esta visión continúa vigente. El papa León XIV ha insistido en que la dignidad humana debe permanecer en el centro de toda actividad económica, política y tecnológica. En una época marcada por la inteligencia artificial y los cambios acelerados en Alfredo Motta La locura de seguir haciendo lo mismo Naturaleza Albert Einstein solía decir que “la locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes”. Más allá de la discusión sobre el origen de la frase, lo cierto es que pocas reflexiones describen con tanta precisión el modelo de desarrollo que Panamá ha seguido durante las últimas décadas. Gobierno tras gobierno, independientemente del partido político que ocupe el poder, la apuesta ha sido prácticamente la misma: concentrar la inversión pública y privada en la provincia de Panamá y, más recientemente, en Panamá Oeste, bajo la premisa de que el crecimiento de estas regiones terminará irradiando prosperidad hacia el resto del país. Sin embargo, los resultados están a la vista. Mientras la capital continúa expandiéndose, el interior enfrenta problemas estructurales de desempleo, migración, falta de inversión y escasas oportunidades. Provincias con enorme potencial económico, como Colón y Chiriquí, siguen esperando políticas públicas que las conviertan en verdaderos polos de desarrollo que valore el patrimonio natural del país puede minimizar esos riesgos. Pero existe una enorme diferencia entre exigir estudios científicos rigurosos, medidas de mitigación y supervisión permanente, y condenar cualquier proyecto antes de analizar si existen alternativas que permitan hacerlo de manera responsable. Como ambientalista, comparto la convicción de que el desarrollo económico no puede construirse sacrificando irreversiblemente nuestros recursos naturales. Pero también considero que el inmovilismo tiene un costo social que pocas veces se menciona: desempleo, pobreza, falta de oportunidades y migración forzada hacia la capital. Lo mismo ocurre con el debate sobre la minería. Personalmente, creo que la actividad minera puede representar un factor importante para el desarrollo económico del país. Sin embargo, eso no significa aceptar cualquier modelo de explotación. La minería a cielo abierto, por sus impactos ambientales, plantea enormes desafíos que deben ser evaluados con extrema rigurosidad. Existen ejemplos internacionales que demuestran que es posible elevar los estándares. En Canadá, por ejemplo, las empresas mineras están obligadas a presentar planes de cierre y recuperación ambiental desde el inicio del proyecto, así como garantías financieras que aseguren la restauración de las áreas intervenidas una vez concluOpinión LA AUTORA es abogada. EL AUTOR es empresario, consultor, Caballero de la Orden de Malta. el mundo laboral, ha recordado que el verdadero progreso debe medirse por su capacidad de servir al ser humano, fortalecer a las familias y promover el bien común. La libertad económica no puede evaluarse únicamente por indicadores financieros o por el crecimiento del producto interno bruto. Debe medirse por su capacidad de generar oportunidades reales para quienes más las necesitan. Debe traducirse en empleos dignos, seguridad, educación de calidad, acceso a la salud, vivienda adecuada y posibilidades concretas de progreso para las familias. La dignidad humana también está estrechamente ligada al trabajo. San Pablo escribió: “El que no quiera trabajar, que tampoco coma”. No se trata de una invitación a la indiferencia frente a la pobreza, sino de un recordatorio de que toda persona está llamada, en la medida de sus capacidades, a contribuir al bienestar propio, de su familia y de la comunidad. Una sociedad sana no es aquella donde las personas dependen permanentemente del Estado, sino aquella que crea las condiciones para que cada individuo pueda salir adelante por sus propios medios, desarrollar sus talentos, emprender, trabajar y construir un futuro mejor para sus hijos. La verdadera inclusión consiste en abrir oportunidades, no en perpetuar dependencias. La lucha contra la pobreza tampoco consiste en empobrecer a quienes han logrado prosperar. Consiste en ayudar a que quienes están abajo puedan ascender. El objetivo no es bajar a los de arriba, sino elevar a los de abajo. La riqueza productiva, cuando se genera de manera ética y responsable, América Latina parece estar viviendo uno de esos momentos históricos en los que el péndulo político cambia de dirección. En distintos países de la región, millones de ciudadanos han decidido confiar en líderes que prometen fortalecer la libertad económica, atraer inversiones, impulsar el emprendimiento y generar empleo como herramientas para combatir la pobreza y mejorar la calidad de vida. Hoy observamos una tendencia que abarca buena parte del continente. Presidentes como Nayib Bukele, de El Salvador; Javier Milei, de Argentina; Daniel Noboa, de Ecuador; Santiago Peña, de Paraguay; Luis Abinader, de República Dominicana; José Raúl Mulino, de Panamá; y José Antonio Kast en Chile, junto con recientes triunfos o resultados favorables para Laura Fernández, en Costa Rica; Keiko Fujimori, en Perú; y Abelardo de la Espriella, en Colombia, representan una corriente de liderazgo que ha prometido fortalecer la iniciativa privada, la inversión y la generación de oportunidades. Más allá de las diferencias que puedan existir entre ellos, todos enfrentan ahora el mismo desafío: demostrar que sus proGobierno tras gobierno, independientemente del partido político que ocupe el poder, la apuesta ha sido prácticamente la misma: concentrar la inversión pública y privada en la provincia de Panamá y, más recientemente, en Panamá Oeste, bajo la premisa de que el crecimiento de estas regiones terminará irradiando prosperidad hacia el resto del país. Rosela Nasta La lucha contra la pobreza tampoco consiste en empobrecer a quienes han logrado prosperar. Consiste en ayudar a que quienes están abajo puedan ascender. El objetivo no es bajar a los de arriba, sino elevar a los de abajo. crea empleos, impulsa inversiones y amplía las oportunidades para toda la sociedad. Por ello, el desafío de nuestros tiempos no es repartir pobreza con mayor equidad, sino crear prosperidad con mayor amplitud. No se trata de destruir riqueza, sino de generar más riqueza. No se trata de enfrentar a unos ciudadanos contra otros, sino de construir las condiciones para que más personas puedan acceder a una vida digna, formar un patrimonio, adquirir una vivienda adecuada y ofrecer un mejor futuro a sus hijos. Los ciudadanos no viven de teorías económicas. Viven de resultados. En última instancia, el criterio más importante para evaluar cualquier gobierno no será la cantidad de discursos pronunciados ni el número de promesas realizadas. Será su capacidad para mejorar la vida concreta de las personas. América Latina parece estar entrando en una nueva etapa política. Quienes hoy gobiernan —o se preparan para gobernar— han recibido una gran oportunidad y una enorme responsabilidad. La historia no recordará cuántas elecciones ganaron. Recordará cuántas vidas ayudaron a mejorar. Porque, al final, el futuro no juzgará las promesas. Juzgará los resultados. #TodosSomosUno Esta es una publicación de Corporación La Prensa, S.A. ©. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción, sin la autorización escrita de su titular. Fundado en 1980 Miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa Presidente y Director Editorial (Encargado) Jorge Molina Mendoza Presidente fundador Roberto Eisenmann Jr. Director emérito Guillermo Sánchez Borbón Aviso sobre el uso de Inteligencia Artificial Este periódico emplea inteligencia artificial (IA) para asistir en la edición de contenidos y mejorar la experiencia de lectura. 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La reforestación, la recuperación del paisaje y el monitoreo posterior forman parte de las obligaciones legales y no de simples promesas. ¿Por qué en Panamá el debate suele reducirse a dos extremos irreconciliables? O se plantea un desarrollo sin suficientes controles ambientales, o se propone detener cualquier iniciativa sin ofrecer alternativas viables. El país necesita superar esa falsa dicotomía. El verdadero reto consiste en construir un modelo donde el crecimiento económico y la protección ambiental no sean enemigos, sino aliados. Eso exige instituciones fuertes, estudios técnicos independientes, participación ciudadana informada y una fiscalización permanente. Decir “no” puede ser una posición legítima cuando existe evidencia científica que así lo justifique. Pero decir “no” sin proponer soluciones también implica asumir la responsabilidad sobre las oportunidades que se pierden para miles de panameños que esperan empleo, inversión y mejores condiciones de vida. Necesitamos dejar de repetir las mismas fórmulas esperando resultados distintos. Descentralizar el desarrollo, aprovechar responsablemente nuestros recursos y exigir los más altos estándares ambientales no son objetivos incompatibles. Son, precisamente, el camino hacia un país más equilibrado, más justo y verdaderamente sostenible.
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