7A La Prensa Panamá, martes 16 de junio de 2026 Opinión Réplica sobre Cobre Panamá se refiere a la investigación ‘Taladores digitales’ Réplica sobre Nota sobre la ofensiva digital contra quienes cuestionan la reactivación de una polémica mina Panamá, 15 de junio de 2026 Señor Jorge Molina Presidente y Director Editorial Diario La Prensa Estimado señor Molina: Nos dirigimos a usted para expresar nuestra profunda indignación por el reportaje publicado por La Prensa el día de hoy 15 de junio de 2026 y titulado “Cómo opera la ofensiva digital contra quienes cuestionan la reactivación de una polémica mina de cobre en Panamá”. La periodista autora de la pieza, Sol Lauría, nos contactó el 11 de junio identificándose como parte de una alianza investigativa liderada por el Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP), con participación de siete medios Panamá, 15 de junio de 2026 Señor Jorge Molina Presidente | Director Diario La Prensa Estimado Lic. Molina: Solicito formalmente el derecho a réplica de Panamá en Directo en relación con la investigación publicada sobre una red digital vinculada al debate minero. La publicación menciona a Panamá en Directo de manera reiterada y le atribuye participación en una estructura de desinformación y hostigamiento digital. La investigación termina asociando a nuestro medio con una serie de conducde la región, entre ellos Revista Concolón. Sin embargo, omitió informar que su medio formaba parte de dicha investigación y que el contenido sería publicado por La Prensa. Tal como le manifesté durante la reunión que sostuvimos el pasado 1 de junio de 2026 en sus oficinas, reiteramos que cualquier consulta o requerimiento de información relacionado con la empresa sería atendido oportunamente y que mi persona sería el punto de contacto para tales efectos, situación que no ocurrió en este caso. Adjuntamos la comunicación completa remitida a la periodista, la cual fue enviada con copia al Colegio Nacional de Periodistas y al Fórum de Periodistas de Panamá, para que pueda apreciarse claramente qué partes de nuestra respuesta tas atribuidas a cuentas anónimas, perfiles falsos y estructuras digitales cuya relación con Panamá en Directo no existe y por ende no fue demostrada. Incluso utiliza publicaciones de nuestra cuenta oficial de Instagram sin establecer una distinción clara entre el medio legítimo y la cuenta que falsa que usa nuestro nombre. Consideramos que la nota genera una afectación reputacional importante al asociar a Panamá en Directo con cuentas falsas, perfiles anónimos y operaciones coordinadas. Por respeto al derecho de los lectores a recibir información completa y equilibrada, solicitamos un espacio de réplica en igualdad de condiciones para exponer fueron omitidas y cuáles fueron presentadas de manera parcial. Tal como expresamos en dicha comunicación, nos preocupa profundamente que en Panamá se siga intentando deslegitimar cualquier postura distinta a la de ciertos sectores, particularmente cuando la libertad de expresión y el debate democrático deben aplicar por igual para empresas, trabajadores, comunidades y ciudadanos. Por lo anterior, solicitamos que la comunicación remitida a la periodista sea publicada íntegramente como ejercicio de nuestro derecho a réplica y con una difusión equivalente a la otorgada al reportaje original, incluyendo la página web de La Prensa, sus redes sociales, canal de WhatsApp, newsletter y edición impresa, con una visibilidad y un espacio proporcional al otorgado a la publicación cuestionada. Copiamos nuevamente esta comunicación al Colegio Nacional de Periodistas y al Fórum de Periodistas de Panamá porque consideramos importante recordar que el ejercicio responsable del periodismo exige rigor, balance y verificación de los hechos. Atentamente, COBRE PANAMÁ Maru Gálvez Gerente de Relaciones Públicas nuestra posición, aclarar los señalamientos formulados. No estamos cuestionando el derecho de La Prensa a investigar ni a publicar sobre asuntos de interés público. Lo que cuestionamos es que se formulen señalamientos de tal gravedad contra nuestro medio de comunicación sin que se aporten pruebas suficientes y verificables que los respalden. Esperamos que La Prensa, en apego a los principios de pluralidad, transparencia y responsabilidad periodística, conceda este derecho de réplica. Atentamente, Edwin E. Cabrera U. Director Panamá en Directo Nota del editor: L a nota ‘Cómo opera la ofensiva digital contra quienes cuestionan la reactivación de una polémica mina de cobre en Panamá’, de los periodistas Sol Lauría y Pablo Medina Uribe, es una investigación transfronteriza liderada por el Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP), en alianza con La Prensa, Concolón y otros seis medios de comunicación de la región. Sol Lauría contactó a Cobre Panamá, se identificó como periodista, especificó que representaba a un grupo de medios, explicó en qué consistía la investigación, envió un cuestionario y solicitó que las respuestas fueran enviadas antes del domingo 14 de junio. Cobre Panamá no ha contestado ninguna de las seis preguntas. La Prensa reitera su interés en recibir respuesta a ese cuestionario y solicita a Cobre Panamá su pronta atención. Nota del editor La nota titulada ‘Cómo opera la ofensiva digital contra quienes cuestionan la reactivación de una polémica mina de cobre en Panamá’, publicada el 15 de junio de 2026, identifica a Panamá en Directo como una página de Facebook creada en 2024 que aparenta ser un medio de comunicación utilizado para difundir desinformación y hostigamiento digital en torno al debate minero. No se refiere al programa radial Panamá en Directo ni a sus conductores. La investigación documenta con precisión —mediante datos de la Biblioteca de Anuncios de Meta, capturas de pantalla y enlaces verificables— que la página de Facebook ha sido identificada como parte de una estructura que comparte datos de contacto, narrativas y pautas publicitarias. El reportaje describe la página de Facebook Panamá en Directo (no al programa radial) como una que “difunde videos y publicaciones que utilizan la identidad visual de medios internacionales, locales e incluso inexistentes”. Esa mecánica de suplantación de la identidad de medios legítimos es, precisamente, uno de los hallazgos centrales de esta investigación. * Las réplicas son publicadas tal como son enviadas por su autor. La Prensa no modifica, edita o corrige su contenido. * Las réplicas son publicadas tal como son enviadas por su autor. La Prensa no modifica, edita o corrige su contenido. escuelas, cruzando ríos sin puentes para llegar a aulas sin agua potable ni electricidad. Cada cifra representa una vida interrumpida, una vocación truncada, un futuro que el Estado decidió postergar. La inacción no es un vacío neutral. Es una fuerza activa que excluye, que condena y, literalmente, que mata. Como sociedad, nos hemos acostumbrado a convivir con esa precariedad. Nos indignamos brevemente cuando una tragedia llega a los titulares — una estudiante que se ahoga, un caso de abuso infantil— y después regresamos a la normalidad. Pareciera que en Panamá la indignación tiene fecha de vencimiento. Cabe preguntarnos si realmente nos conmueve el sufrimiento ajeno o si hemos normalizado tanto el abandono que ya ni siquiera lo reconocemos como una emergencia. Esa anestesia colectiva es, quizás, la forma más eficaz de perpetuar el statu quo, al convertir la tragedia en rutina y la rutina en silencio. Panamá: el país que decidió no decidir Políticas públicas En mi primera clase de Introducción a las Políticas Públicas aprendí que estas no se tratan solo de las acciones que un gobierno emprende, sino también, como advierte Jean-Claude Thoenig, de aquello que decide no hacer. Carlos Salazar Vargas las define como las respuestas sucesivas del Estado frente a problemas sociales. Pero en Panamá, la respuesta más constante ha sido el silencio. Año tras año, la inacción se ha convertido en nuestra política pública por omisión: una decisión tomada, sostenida y normalizada, aunque nadie la firme ni la asuma como propia. Y cuando un Estado elige sistemáticamente no actuar, esa elección termina dictando, sin firmas ni discursos, la verdadera agenda nacional. Lo verdaderamente alarmante es su costo humano. Más de 120 mil estudiantes permanecen fuera del sistema escolar. Uno de cada tres niños panameños crece en la pobreza. En la comarca, estudiantes mueren camino a sus más familias sin posibilidad real de movilidad social. El reloj no espera a que el Estado decida moverse. Mientras debatimos qué nombre darle al problema, la próxima generación ya está pagando el precio de nuestra indecisión. A veces parece que somos pocos los que insistimos en señalar lo evidente, los que reiteramos —quizás hasta el cansancio— problemas que deberían indignar a todo un país. Aunque seamos pocos, seguiremos hablando. El silencio frente al abandono también es una forma de complicidad, y esa complicidad tiene nombre y apellido. En el musical Hamilton hay una frase que resume lo que está en juego: “la historia tiene los ojos puestos sobre nosotros”. Algún día, alguien preguntará qué hicimos —o qué dejamos de hacer— mientras miles de panameños crecían sin las condiciones mínimas para vivir con dignidad. El costo de la inacción no se mide solo en estadísticas oficiales. Se mide en vidas truncadas, en sueños que nunca despegaron y en generaciones enteras que este país decidió no priorizar. La pregunta ya no es si podemos actuar. Es si, una vez más, elegiremos no hacerlo. EL AUTOR es miembro de Jóvenes Unidos por la Educación. La inacción estatal no es una ausencia de decisiones, sino una política pública con consecuencias. Su costo se refleja en pobreza, exclusión, abandono escolar y oportunidades perdidas para miles de panameños. Rolando Pellicot Ruiz Esa indiferencia se refleja en nuestras prioridades. Mientras comunidades enteras carecen de servicios básicos, la clase política se enreda en discusiones superficiales, cálculos electorales de corto plazo y batallas narrativas intrascendentes. Se invierte más energía en controlar el relato que en resolver el problema. En esa distorsión de prioridades, las víctimas son siempre las mismas: niños en pobreza, familias vulnerables y comunidades históricamente excluidas que ya no figuran en la agenda de nadie. Existe, además, una excusa recurrente: “los gobiernos anteriores tampoco hicieron nada”. El fracaso acumulado de décadas no es un atenuante. Es un agravante. Heredar un problema no exime de la responsabilidad de resolverlo; al contrario, la multiplica. Mirar hacia otro lado porque la crisis es antigua solo perpetúa un ciclo en el que nadie rinde cuentas y en el que las consecuencias siguen recayendo sobre generaciones que no eligieron nacer en el abandono. El problema de actuar solo cuando la crisis ya estalló es que, para entonces, el daño es irreversible. Las políticas públicas no deberían diseñarse desde la improvisación ni el oportunismo político, sino desde la prevención, la evidencia y, sobre todo, la dignidad humana. Cada año de inacción se traduce en más niños que abandonan la escuela, más jóvenes atrapados en círculos de violencia y
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