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7A La Prensa Panamá, miércoles 10 de junio de 2026 Contacto [email protected] Los artículos de opinión y las caricaturas son responsabilidad exclusiva de los autores. La opinión de La Prensa se expresa únicamente en el Hoy por Hoy. por un familiar a la decisión consciente de donar porque alguien, algún día, puede necesitarlo. Ese es el verdadero sentido de conmemorar este mes: reconocer a quienes ya donan voluntariamente y, al mismo tiempo, invitar a más personas sanas a hacerlo de forma periódica y solidaria. Donar sangre no debería verse como un acto extraordinario reservado para momentos dramáticos, sino como una forma concreta de cuidar la vida de otros. Cuando una persona dona sangre, no sabe quién la recibirá. Tal vez sea un niño, una madre, un paciente oncológico, una persona en cirugía, alguien que sufrió un accidente o un adulto mayor. Ese anonimato hace que el acto sea todavía más generoso: se ayuda sin esperar reconocimiento, sin pedir nada a cambio y sin conocer el rostro de quien se beneficia. Sin embargo, para que más personas donen, no basta con pedirlo. Hay que educar. Persisten mitos, temores y desinformación sobre el proceso. Algunas personas creen que donar debilita, enferma o toma demasiado tiempo. Otras simplemente nunca han recibido una invitación clara, cercana y confiable para hacerlo. La cultura de donación no se impone; se construye con información, confianza y experiencias positivas. También debemos hablarle a los jóvenes. La donación voluntaria empieza mucho antes de cumplir 18 años. Empieza cuando una familia enseña solidaridad, cuando una esLas colaboraciones para la sección de Opinión deben incluir la identificación del autor. Los artículos no deben exceder 650 palabras. No se publican colaboraciones que hayan aparecido en otros medios y La Prensa se reserva el derecho de seleccionar, editar y publicar. No devolvemos el material. La planificación urbana como acto político: retos y contradicciones Responsabilidad colectiva están tomadas. Se hacen talleres participativos sabiendo que los presupuestos apenas cubren una fracción de las necesidades identificadas. Se desarrollan planes maestros participativos que luego chocan con normativas obsoletas o intereses económicos poderosos. Esta tensión entre lo que la ciudad necesita y lo que el sistema político-económico permite nos obliga a repensar la planificación. ¿Somos facilitadores de transformación genuina o legitimadores de decisiones ya tomadas? ¿Cómo mantener la esperanza en la planificación participativa cuando los resultados tangibles tardan años? Es necesario construir espacios de honestidad profesional. Reconocer que las herramientas técnicas, por sofisticadas, no sustituyen la necesidad de justicia social y redistribución del poder en las ciudades. Aceptar que la planificación participativa real implica ceder control, compartir decisiones y, a veces, descubrir que las propuestas técnicas no son las más adecuadas para las comunidades que las habitarán. Implica reconocer que trabajar desde la institucionalidad tiene limitaciones, pero también oportunidades: abrir grietas en el sistema, crear precedentes y documentar experiencias exitosas que inspiren políticas futuras. Podemos usar nuestros espacios institucionales para amplificar voces excluidas de las decisiones urbanas. Nuestra generación de planificadores tiene la responsabilidad de documentar fracasos y aciertos de las políticas urbanas actuales. De construir metodologías que integren el conocimiento técnico con la sabiduría popular. De formar a próximas generaciones con una comprensión más profunda de las dimensiones políticas, sociales y ambientales del trabajo territorial. También tenemos la responsabilidad de cuidarDiana E. Xie Cuando Panamá late por sus donantes Día Mundial Cada 14 de junio, el mundo conmemora el Día Mundial del Donante de Sangre. Más que una fecha simbólica, es una oportunidad para recordar una verdad esencial: la sangre no se fabrica, no se compra y no aparece cuando la emergencia ya está encima. La sangre solo puede venir de otra persona. En Panamá, muchas familias conocen la donación de sangre en uno de sus momentos más difíciles: cuando un ser querido necesita una cirugía, cuando un paciente con cáncer requiere continuar su tratamiento, cuando una madre enfrenta una complicación obstétrica o cuando una persona accidentada llega a urgencias. En ese instante, la sangre deja de ser un tema lejano y se convierte en una necesidad inmediata. Pero ningún sistema de salud debería depender únicamente de la urgencia. La donación voluntaria de sangre debe dejar de ser una respuesta desesperada y convertirse en una práctica ciudadana, regular e informada. Necesitamos pasar de la reacción a la prevención; del llamado angustiado cuela habla de salud y ciudadanía, cuando una universidad promueve servicio y cuando una empresa entiende que el bienestar de sus colaboradores también puede convertirse en impacto social. En el espíritu de #PanamaLate, este mes nos invita a mirar la donación de sangre como un compromiso de país. No como una campaña aislada, no como una respuesta de emergencia, sino como una causa común que nos recuerda que todos podemos ser parte de la solución. Panamá late cuando un donante decide regalar una parte de sí para salvar vidas. Late cuando una empresa abre sus puertas a una jornada. Late cuando una universidad educa a sus estudiantes. Late cuando una familia conversa sobre la importancia de donar. Late cuando un paciente recibe a tiempo lo que necesitaba para seguir viviendo. La meta no debería ser buscar sangre cuando falta. La meta debería ser que nunca falte. Para lograrlo, necesitamos más información, más confianza, más educación y más participación ciudadana. Este 14 de junio, el mejor homenaje a los donantes voluntarios no es solo agradecerles. Es seguir su ejemplo. Porque cuando una persona dona sangre, Panamá late más fuerte. Opinión EL AUTOR es médico y presidente de la Fundación Sangre Panamá. LA AUTORA es doctora en Geografía Urbana e investigadora del CIEPS. nos. La planificación comprometida con la justicia social puede ser emocionalmente agotadora, sobre todo en contextos con recursos limitados y problemas estructurales profundos. Quienes trabajamos en planificación urbana enfrentamos a diario la tensión entre la urgencia de las necesidades ciudadanas y los tiempos institucionales, entre expectativas comunitarias y recursos disponibles, entre convicciones profesionales y presiones políticas. Esta tensión no es un problema a resolver sino una característica inherente del trabajo territorial comprometido. Habitarla constructivamente, sin perder la capacidad crítica ni la propositiva, es una habilidad profesional fundamental. Implica desarrollar estrategias para mantener la esperanza sin caer en optimismo ingenuo, ser realistas sobre las limitaciones sin volverse cínicos sobre las posibilidades de transformación. Los retos que enfrentamos no son solo técnicos. Son retos políticos que requieren redistribuir poder, recursos y oportunidades. Son retos culturales que implican transformar cómo entendemos la ciudadanía, los derechos urbanos y la responsabilidad colectiva. Son retos ambientales que obligan a repensar radicalmente la forma de habitar el territorio frente al cambio climático. Como planificadores no podemos resolverlos solos, pero sí contribuir a crear condiciones para que las soluciones emerjan desde procesos colectivos, democráticos y comprometidos con la justicia social. Cada diagnóstico participativo, taller comunitario y plan co-construido es una semilla para las transformaciones que nuestras ciudades necesitan. La ciudad justa que soñamos no llegará por un plan maestro perfecto diseñado por expertos, sino por miles de procesos participativos donde habitantes, técnicos, autoridades y actores sociales participen activamente. ¿Lo bueno? Estos procesos se están dando porque unos cuantos —unos locos— trabajamos para que así sea. Ser joven y trabajar en planificación urbana en Panamá requiere, además de formación técnica, una dosis considerable de resistencia y, reconozcámoslo, haber perdido la cabeza. La realidad que experimentamos diariamente miles de panameños refleja las consecuencias de décadas de desarrollo urbano fragmentado. Esos recorridos de la casa al trabajo no son solo estadísticas de movilidad: son familias separadas por el tiempo, padres y madres que apenas comparten momentos significativos con sus hijos, personas cansadas y solitarias que sostienen la actividad económica del país. Todo esto mientras falta agua potable en muchos hogares y padecemos el calor más intenso de nuestra historia. Trabajar en planificación urbana desde esta realidad es complejo, sobre todo cuando se busca el beneficio colectivo. Desde los gobiernos locales los presupuestos nunca alcanzan para las transformaciones que la ciudad necesita, y a menudo deben elegir entre ser visibles —proyectos mediáticos— o atender comunidades abandonadas que no manejan redes sociales ni generan titulares. Estudiar y planificar el territorio no resulta tan “rentable” políticamente como construir un parque. Y aunque los parques son necesarios, no transforman integralmente el territorio si las necesidades básicas no están cubiertas. Además falta un marco legal adecuado para planificar efectivamente; existen normas dirigidas a sectores específicos pero no a todos los ciudadanos. El mayor problema no es la falta de planificación, sino el limitado entendimiento de qué significa planificar. La planificación urbana es política y no hay espacios neutros para ejercerla. Este contexto implica constantes contradicciones. Se promueven consultas ciudadanas mientras muchas decisiones ya Gabriel Rebollón Desde los gobiernos locales los presupuestos nunca alcanzan para las transformaciones que la ciudad necesita, y a menudo deben elegir entre ser visibles —proyectos mediáticos— o atender comunidades abandonadas que no manejan redes sociales ni generan titulares. El intercambio universitario global Cooperación En las circunstancias actuales de la humanidad, marcadas por una crisis ecológica planetaria, la universidad juega un papel fundamental en el diseño de un futuro humanamente sostenible. En ese sentido, es importante promover el intercambio universitario global con experiencias diversas, más allá de circunscribirse únicamente a Occidente. Con el horizonte de construir un futuro común, las otras experiencias universitarias constituyen un imperativo para salir del cerco eurocentrado. De la misma forma en que la universidad occidental aportó al desarrollo de la humanidad, otras experiencias también pueden hacerlo, enriqueciendo aún más ese horizonte emancipador. No se trata de un intercambio instrumental, en el que estudiantes y profesores participen en actividades conjuntas sin compartir, al menos, un eje fundamental: la disposición a aprender de esas experiencias para construir un horizonte compartido para toda la humanidad y contribuir al diseño de un mundo humanamente sostenible. Desde los proyectos más pequeños hasta los más ambiciosos, aquellos que persigan ese objetivo aportarán ineludiblemente a ese fin superior. La universidad es clave para la construcción de un futuro compartido. Cumple su mejor función cuando aprende de los problemas de las comunidades, diseña soluciones y contribuye a multiplicar sus resultados. Así, aprender de experiencias globales exitosas fortalece ese propósito. Los aprendizajes derivados del intercambio universitario global avanzan en múltiples direcciones, especialmente cuando participan grupos transnacionales. Ya no se trata únicamente del intercambio entre dos naciones, sino de una experiencia más amplia que multiplica perspectivas y enriquece las miradas. Por supuesto, aprenderemos de las experiencias exitosas, pero también de aquellas que fracasaron, para evitar repetir errores. De la misma forma en que la práctica colonialista fracasó en la construcción de un horizonte compartido que no fuera una mera imposición, también los intercambios universitarios desarrollados bajo relaciones desiguales han mostrado sus limitaciones. En este nuevo momento histórico, resulta necesario impulsar un intercambio universitario global basado en el apoyo mutuo, el respeto y la comprensión de las necesidades y particularidades de cada sociedad. La interacción entre lo global y lo local es fundamental, teniendo en cuenta que muchos de los problemas que hoy afectan a una comunidad específica son, en realidad, desafíos planetarios. De allí la importancia de traducir las experiencias exitosas en modelos capaces de adaptarse a distintos contextos. Tejer redes universitarias internacionales que compartan conocimientos, investigaciones y soluciones permitirá enfrentar con mayor eficacia los problemas comunes de la humanidad y avanzar hacia un futuro verdaderamente compartido. EL AUTOR es doctor en filosofía. Abdiel Rodríguez Reyes Fundado en 1980 Miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa Presidente fundador Roberto Eisenmann Jr. Director emérito Guillermo Sánchez Borbón † Esta es una publicación de Corporación La Prensa, S.A. ©. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción, sin la autorización escrita de su titular. ISSN 2953-3252: La Prensa ISSN L 1605-069X: prensa.com en la edición de contenidos y mejorar la experiencia de lectura. Garantizamos que todo contenido publicado es creado y rigurosamente revisado por nuestro equipo editorial antes de su difusión. 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