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6A La Prensa Panamá, miércoles 10 de junio de 2026 Panorama Los responsables siguen prófugos tigaciones que inevitablemente podrían alcanzarlos, comprometiendo la credibilidad del proceso. Y del presidente, ni una palabra. Por lo visto, no solo se fugaron 195 reclusos, también se fugó el más elemental sentido de responsabilidad política. Y es que desde su prolongado viaje a la feria marítima en Grecia —con una parada de fin de semana en Italia aún sin explicar— el mandatario consideró más importante grabar un video sobre la mina que dar la cara tras el mayor colapso del sistema penitenciario en la historia del país. Con ese silencio desde las apacibles aguas del Mediterráneo quedaron claras las prioridades de su gobierno. Bien podría decirse que se le salió el cobre. Porque una evasión de esta magnitud no es un accidente. Es la consecuencia de una cadena de irregularidades, tolerancias y encubrimientos por la que muchos deben responder. Los hechos volvieron a poner al descubierto la corrupción que desde hace años carcome el sistema penitenciario. El hallazgo de 400 celulares con antena wifi demuestra hasta qué punto las prisiones han sido convertidas en centros de operaciones del crimen organizado. Desde allí se coordinan actividades vinculadas al narcotráfico, sicariatos, extorsiones, sobornos y las conocidas estafas telefónicas. Nada de eso sería posible sin la colaboración, la permisividad o la indiferencia de funcionarios en distintos niveles de la estructura penitenciaria y de seguridad del Estado. Las cárceles siguen siendo tratadas como depósitos de seres humanos, con niveles de hacinamiento que en algunos casos duplican o triplican su capacidad. Pandilleros conviven con detenidos sin condena y terminan imponiendo su propia ley. Lo ocurrido en La Joyita no revela solo una crisis penitenciaria. Revela el fracaso del Estado para controlar lo que sucede en sus cárceles y proteger a los ciudadanos fuera de ellas. Porque esos 195 reclusos no se evaporaron: escaparon a comunidades, barriadas y carreteras donde miles de panameños quedaron expuestos. A esto se le suman traslados de internos sin respetar los procedimientos, escasez de custodios y reportes de extrañas reuniones entre pandilleros y oficiales de la Policía. ¿Pretenden que videos de reos semidesnudos al estilo Bukele sustituyan las respuestas que el país sigue esperando ante tantas irregularidades? ¿Que la burda escenificación de mano dura nos haga olvidar la corrupción y el descontrol que quedaron al descubierto con esta fuga? Esa pretendida demostración de autoridad difícilmente tapará la manifiesta incompetencia gubernamental que hizo posible este desastre. Y es que la autoridad del Estado no se mide por el tono de los videos producidos durante las últimas requisas. Se mide por la capacidad de prevenir que ocurran hechos como estos, por la transparencia para explicar lo sucedido y por la disposición de asumir responsabilidades cuando el sistema falla. Un día después de la fuga del asesino Ventura Ceballos en 2020, los ministros de Seguridad y de Gobierno terminaron fuera del gabinete de Laurentino Cortizo. En contraste, diez días después de la fuga de al menos 195 presos y la muerte de tres reos, los ministros Fránk Ábrego y Dinoska Montalvo siguen cómodamente en sus cargos. Hace seis años, el hoy presidente sostenía que la fuga de Ceballos solo podía explicarse por la “enorme complicidad y la corrupción” y remataba su mensaje en X con un contundente: “No hay excusa”. Si esa era la conclusión cuando escapó un solo reo, ¿cuál es su excusa para la tardía, caótica y débil respuesta gubernamental a la mayor fuga de presos de la historia del país? Diez días después no solo siguen prófugos decenas de reclusos. También siguen sin asumir consecuencias quienes hicieron posible por acción o por omisión que ocurriera una fuga de esta magnitud. Para ellos no parece haber mano dura. Conversatorio por el 39 aniversario de la Cruzada Civilista. En el orden, Rita Vásquez (moderadora), Aurelio Barría, Lina Vega, Gilbert Mallol y Manuel Cambra. Alexander Arosemena Civilistas: la democracia se ganó, pero las instituciones siguen fallando Eliana Morales Gil [email protected] DEMOCRACIA Los protagonistas llaman a fortalecer las instituciones para preservar las libertades conquistadas. Treinta y nueve años después de que miles de panameños salieran a las calles para desafiar a la dictadura militar, varios de los protagonistas de aquella gesta ciudadana coinciden en que Panamá conserva las libertades que ayudaron a conquistar, pero no ha logrado construir instituciones capaces de protegerlas plenamente. Esa fue una de las conclusiones que dejó un conversatorio a propósito de otro aniversario más de la Cruzada Civilista Nacional, el movimiento ciudadano que se convirtió en el principal rostro de la resistencia contra el régimen militar durante los años finales de la dictadura. El panel se desarrolló luego de la presentación del documental La Cruzada Civilista por la Justicia, Libertad y Democracia, reunió a Lina Vega, presidenta de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana, y a los fundadores de la Cruzada Civilista Aurelio Barría, Gilbert Mallol y Manuel Cambra. Rita Vásquez, de la junta directiva de La Prensa, lo moderó. La pregunta que abrió el diálogo fue la siguiente: por qué la movilización ciudadana que caracterizó a finales de la década de 1980 parece hoy más distante en una sociedad que, pese a ser más crítica e informada, participa menos en organizaciones cívicas. Antes de responder, Lina Vega recordó a una figura que consideró fundamental para preservar la memoria del movimiento, el empresario Carlos Valencia, a quien le preparó su biografía, publicación que recopiló testimonios y documentos sobre aquel periodo. Vega recordó además que cuando surgió la Cruzada Civilista ella estudiaba en España. Desde Europa participó en redes de apoyo a exiliados panameños y siguió con atención los acontecimientos que llegaban por fax desde Panamá. “Cuando llegaba esa información desde Panamá con lo que estaba pasando era realmente emocionante”, afirmó. Para Gilbert Mallol, intentar comparar a los ciudadanos de 1987 con los de 2026 puede conducir a conclusiones equivocadas porque las circunstancias históricas son radicalmente distintas. “Las circunstancias hacen no solo a las acciones sino también a las personas y a los hechos”, afirmó. A su juicio, la movilización que dio origen a la Cruzada Civilista respondió a una realidad excepcional: una dictadura de 21 años que había restringido libertades fundamentales, eliminado garantías democráticas y concentrado el poder político y militar. Mallol insistió en que la cruzada no surgió de manera espontánea ni aislada. La describió como la culminación de numerosos movimientos y esfuerzos ciudadanos que durante años resistieron al régimen militar. También rechazó la idea de que las nuevas generaciones carezcan del compromiso cívico que mostraron quienes protagonizaron aquellas protestas. “Yo no creo que la juventud de hoy día sea diferente a la juventud de antes”, afirmó. “Si se dieran hechos semejantes, esa misma juventud de hoy día saldrá y defenderá el país”, añadió. ‘Yo estoy frustrado’ Sin embargo, la conversación tomó un tono más crítico cuando Manuel Cambra abordó el estado actual de la política nacional. El exdirigente civilista confesó sentirse profundamente decepcionado con el rumbo que ha seguido el país desde la recuperación de la democracia. “Yo estoy frustrado, políticamente frustrado”, dijo. “Mi frustración llegó a tal punto que después de 35 años de formar un partido político, en abril del año pasado renuncié”, manifestó. No mencionó a qué agrupación política se refería. Cambra atribuyó parte de ese desencanto a la brecha entre los discursos políticos y las actuaciones reales de quienes llegan al poder. A su juicio, las redes sociales han acelerado el desgaste de muchos liderazgos al exponer contradicciones, promesas incumplidas y comportamientos que erosionan la confianza ciudadana. “A veces justa, a veces injustamente. Muchos que se perfilaban como grandes dirigentes han quedado siendo unos charlatanes”, sustentó. Su crítica se concentró especialmente en el sistema de justicia, al que describió como uno de los principales fracasos de la democracia panameña. “La justicia que nosotros estamos viendo ha fracasado completamente”, manifestó. Según Cambra, la percepción de impunidad para los delitos cometidos por personas con poder económico o político ha debilitado la credibilidad institucional y alimentado la frustración ciudadana. Aurelio Barría coincidió en que la democracia panameña enfrenta desafíos que no pueden ignorarse. Aunque destacó que el país mantiene libertades fundamentales y procesos electorales competitivos, advirtió que la tarea de consolidar esas conquistas sigue inconclusa. “Hemos heredado una democracia débil, una democracia que todavía tenemos que mantener y rescatar”, afirmó. Antes del conversatorio, Jorge Molina Mendoza, presidente de Corprensa, saludó al público con un discurso en el que subrayó el papel de la ciudadanía organizada en la recuperación de la democracia y la necesidad de defender las libertades conquistadas hace casi cuatro décadas. “La democracia exige cuidado constante y participación activa”, aseguró. Diez días después de la mayor fuga de presos de la historia de Panamá —al menos 195 reclusos escaparon de La Joyita y tres reos murieron durante los hechos— el país sigue esperando explicaciones integrales y consecuencias proporcionales a la gravedad de lo ocurrido. Ministros y directores continúan en sus cargos mientras avanzan inves-

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