9A La Prensa Panamá, jueves 16 de abril de 2026 Contacto [email protected] Los artículos de opinión y las caricaturas son responsabilidad exclusiva de los autores. La opinión de La Prensa se expresa únicamente en el Hoy por Hoy. Miguelito, admitió haber llamado a la alcaldesa Irma Hernández para “facilitarle un contacto” con un representante de Revisalud, empresa con intereses contractuales altamente cuestionada por su paupérrimo desempeño en el servicio de recolección de basura en este distrito durante el pasado gobierno. Además, resulta de ingrata recordación su entusiasta participación dentro de la comitiva del presidente Mulino en el viaje a Brasil, así como sus ulteriores declaraciones a los medios acerca de la conveniencia de que nuestro país se embarque en el negocio del etanol, lo cual evidentemente contrasta o deja ver claras señales de un conflicto de intereses, toda vez que el contralor Flores es propietario de un ingenio azucarero en Chiriquí. De igual forma, y al mejor estilo del condenado expresidente prófugo y actual turista en Colombia, Flores, al sentirse molesto por algunos cuestionamientos recibidos por sus actuaciones, ha mencionado en tono amenazante que él también tiene “dossiers”. Desafortunada alusión que nos trae a la memoria la sombra de la intromisión y los excesos en el ejercicio del poder en épocas de un pasado reciente. Regresando al tema más grave y de actual vigencia, como lo es la presencia intempestiva del contralor Flores en el momento en que dos auditoras de la Contraloría rendían declaración ante la fiscal anticorrupción Adela Cedeño del Ministerio Público, sobre las auditorías que sustentan la investigación contra el exvicepresidente José Gabriel Carrizo, procesado por presunto enriquecimiento injustificado, impidiendo de paso el contralor que estas funcionarias Las colaboraciones para la sección de Opinión deben incluir la identificación del autor. Los artículos no deben exceder 650 palabras. No se publican colaboraciones que hayan aparecido en otros medios y La Prensa se reserva el derecho de seleccionar, editar y publicar. No devolvemos el material. El Nimitz: lisonja y sumisión Neutralidad a Estados Unidos contra Irán. Peor aún cuando funcionarios panameños, como el alcalde capitalino, diputados, ministros, entre otros, hacen un alarde público de alegría, emoción, júbilo o regocijo, al punto de aplaudir la llegada del Nimitz y de transmitir autobombo, encomio y adulación por haber estado presentes, nada más y nada menos, que dentro de este enorme buque de guerra. No olvidemos tampoco la acusación de Washington a Pekín de retener barcos bajo bandera panameña en sus puertos, y la respuesta china de que se trata de una invención de Estados Unidos para reclamar hegemonía sobre el Canal de Panamá. Punto este, por cierto, que muestra el contraste entre el apoyo a Panamá por un bloque de países bajo el escudo americano ante la presión de China sobre el comercio global contra naves que usan bandera panameña; mientras que, frente a la amenaza del otro de tomarse el Canal por la mentira sostenida de haberlo comprado por un dólar, el escudo de las Américas reía como si se tratara de un chiste. Entonces me pregunto: ¿Cuál es la visión estratégica de Panamá ante la llegada del Nimitz y la inadmisible algarabía de sus autoridades? En Panamá se nos vendió la idea de que esta estadía en puerto se relacionaba con la cooperación hemisférica destinada a enfrentar el crimen organizado. Lo que implicaría una mayor coordinación regional en inteligencia, vigilancia marítima y acciones conjuntas contra redes criminales ante una preocupación legítima de seguridad hemisférica. Pero la estadística panameña, por lo Julio Ernesto Linares Franco Meter la pata (Errare humanum est) La actuación del contralor Es una expresión popular costumbrista que utilizamos cuando nos equivocamos o cometemos un desacierto de manera burda. Dicho de otra manera: cuando cometemos una chambonada. Tal parece ser el caso de la reciente actuación del contralor general de la República, Anel Flores, cuando en días pasados irrumpió en una diligencia del Ministerio Público, sin que hasta la fecha el funcionario haya querido dar alguna explicación que justifique lo que, a primera vista, es una conducta más propia de un vaquero del lejano oeste que del ganado bravo chiricano (por si acaso). Si bien, por fortuna para los panameños, en términos generales y hasta la fecha, el accionar del contralor Flores dista mucho de parecerse a la aberrante conducta gánsteril que exhibió su antecesor Gerardo Solís; no obstante, resulta muy preocupante el hecho de que, durante su incipiente gestión, continúe acumulando puntos como cliente frecuente de graves desaciertos. Recordemos, a manera de ejemplo, la inexplicable presencia del contralor Flores en la Asamblea Nacional, en medio de las elecciones de este órgano del Estado, haciendo lobby a favor de Shirley Castañeda. Más recientemente, ante el conflicto de la basura en San firmaran sus respectivas declaraciones. Este insólito hecho debió producir una explicación inmediata por parte del contralor, la cual, en caso de producirse ahora, ya resulta tardía y hasta suspicaz. Pese a ello, si llegamos a enterarnos finalmente de que el desafortunado incidente se reduce a una simple y humana “metida de pata”, esto resultará más alentador que tener que aceptar que se trató de una abierta y consciente interferencia por parte del contralor Flores en un caso emblemático de corrupción que intenta esclarecer la justicia panameña y que, por añadidura, involucra a un miembro de su propio partido (PRD). De ser este el caso —ojalá que no—, al menos podríamos ahora entender el porqué de la abierta oposición del contralor Flores cuando, en su momento, el procurador Luis Carlos Gómez intentó introducir un proyecto de ley que suministra más herramientas para la lucha anticorrupción. Como recordaremos, dicho proyecto de ley fue planchado por la Asamblea Nacional, con el abierto beneplácito del contralor Flores. Definitivamente, en este episodio puntual al que hacemos referencia, lo que está en juego es la aparente intención de normalizar los excesos por parte de un funcionario llamado, en efecto, a fiscalizar dentro del marco de referencia legal e institucional que le permite ciertamente operar en armónica colaboración con los demás órganos e instituciones del Estado, como lo contempla la Constitución y la ley, pero sin intromisiones, abusos ni interferencias de ningún tipo. Opinión EL AUTOR es escritor y pintor. EL AUTOR es abogado. menos en el tema de los homicidios, no acompaña esta suposición. En 2025, por ejemplo, y con el actual gobierno plenamente instalado, hubo un registro de 593 asesinatos, lo que representa más del 2% que en 2024 y un índice de 13 homicidios por cada 100 mil habitantes, el más alto desde 2015 a la fecha. Las propias autoridades reconocen que el 70% de esas muertes se relacionan con el crimen organizado, pandillas y tráfico de drogas. Y aunque tampoco es excusa lo que dejan entrever, en el sentido de que no es tan malo que los pandilleros se maten entre ellos, resulta que también estarían creciendo los heridos y muertos inocentes, ya que a los sicarios no les importa siempre que cumplan su cometido. Entonces, no solo no existe, o no parece existir, ninguna relación entre la parada de estas enormes naves de guerra en puertos panameños y la intensificación de la lucha contra el narcotráfico, el combate a los cárteles y organizaciones criminales transnacionales o contra las redes que combinan tráfico de drogas y lavado de dinero. Peor aún cuando acompañó al Nimitz en aguas panameñas el destructor Gridley, que tiene radares y misiles de alta tecnología. Y si a esto le sumas el emotivo bullicio de funcionarios panameños dentro de estas naves, jugando a los soldaditos de plomo y vestidos de Capitán América, en medio del conflicto militar en el golfo Pérsico, no hay peor cuadro para debilitar la neutralidad del Canal de Panamá. No se trata de criticar simplemente la parada momentánea del portaaviones en puerto panameño, sino el contexto que lo rodea: el jolgorio, la adulación y el enardecimiento excesivo. Y que, además, su propulsión nuclear no mejora, o no ha mejorado un ápice —o así parece—, la lucha contra el narcotráfico utilizada como excusa en Panamá para justificarlo todo. Recientemente estuvo en aguas panameñas, del lado Pacífico, un buque de la armada de Estados Unidos. Se trató del portaaviones Nimitz, con capacidad para alojar 90 aeronaves, entre aviones y helicópteros, y capaz de soportar unas 100 mil toneladas. Funcionarios panameños minimizaron su presencia, al explicar que se trató de una travesía normal, como cualquier otro buque de guerra que pasa por nuestro país. Tratándose, además, de un recorrido hacia el sur, donde tendría varias paradas en América del Sur, tanto en el lado Pacífico como Atlántico, hasta llegar a la costa este de Estados Unidos, por lo que no debía haber ningún tipo de preocupación. Al no ser Panamá un Estado jurídicamente neutral y como la supernave no cruzó el Canal de Panamá por su excesivo tamaño, entonces no ha pasado nada ni se ha violentado nada legalmente. De hecho, tampoco nada impide que hubiese podido pasar por el Canal, si hubiese cabido en la ampliación realizada. Pero, dada la coyuntura de una vía navegable tan importante y amparada por un tratado de neutralidad permanente, y la circunstancia geopolítica que hoy juega un papel peligroso desde el punto de vista militar y que enfrenta bandos, Panamá debe tomar en cuenta otras variables. En primer lugar, está la posibilidad de que se pueda pensar que, con esta situación, nuestra república pudiese estar tomando partido frente a un conflicto en el Medio Oriente que enfrenta a Israel y Joaquín González J. La visita del portaaviones Nimitz reabre el debate sobre neutralidad, soberanía y el rol de Panamá ante tensiones geopolíticas y la respuesta de sus autoridades. La paz social requiere algo más que operativos Criminalidad La seguridad ciudadana se ha convertido en una de las principales preocupaciones de los panameños. En distintos barrios y comunidades se percibe una creciente inquietud frente a la violencia, el crimen organizado y la sensación de que la tranquilidad que durante décadas caracterizó al país se encuentra bajo presión. Frente a este panorama, el debate sobre las políticas públicas de seguridad se vuelve cada vez más urgente. El llamado Plan Firmeza, impulsado desde el Ministerio de Seguridad Pública, surge como una respuesta institucional para enfrentar la criminalidad mediante el fortalecimiento del control territorial, la coordinación entre los estamentos de seguridad y el uso de inteligencia estratégica. Sin embargo, la experiencia internacional demuestra que ningún plan puede limitarse exclusivamente al despliegue policial. La seguridad sostenible requiere un enfoque integral basado en tres pilares: control del delito, prevención social y un sistema de justicia efectivo. En este sentido, la prevención juega un papel determinante. En muchas comunidades, la delincuencia está asociada a factores estructurales como la exclusión social, la falta de oportunidades y la debilidad del tejido comunitario. Por ello, es indispensable impulsar programas dirigidos a la juventud, fortalecer el acceso a la educación, promover actividades deportivas y culturales, y generar oportunidades de formación laboral. Cuando los jóvenes cuentan con alternativas reales, disminuye el riesgo de que sean captados por redes delictivas. A la par, es necesario recuperar los espacios comunitarios como parte de la estrategia de seguridad. Parques, áreas públicas iluminadas, centros culturales y programas comunitarios permanentes contribuyen a generar entornos más seguros y cohesionados. La presencia del Estado no debe limitarse a la reacción ante el delito, sino también a la construcción de condiciones que favorezcan la convivencia. El sistema de justicia constituye otro elemento fundamental. La ciudadanía demanda consecuencias claras para quienes cometen delitos, ya que la impunidad erosiona la confianza institucional. Fortalecer la investigación, mejorar la coordinación entre autoridades y garantizar procesos eficaces resulta esencial. No obstante, una visión moderna también incorpora la resocialización como parte de la solución. Sin programas de rehabilitación, la reincidencia se convierte en un ciclo difícil de romper. La educación en centros penitenciarios, la capacitación laboral y los programas de reinserción permiten reducir la repetición del delito y ofrecer segundas oportunidades. La seguridad, por tanto, debe equilibrar firmeza con visión social, abordando tanto las consecuencias como las causas del crimen. Panamá enfrenta el desafío de consolidar una política integral que combine autoridad, prevención y justicia, con el objetivo de recuperar la confianza ciudadana y preservar la paz social. Solo así será posible avanzar hacia un país donde la seguridad no sea una preocupación constante, sino una condición natural para la convivencia y el desarrollo. EL AUTOR es educador y promotor social. Jonathan Padilla Fundado en 1980 Miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa Presidente fundador Roberto Eisenmann Jr. Director emérito Guillermo Sánchez Borbón † Sudy S. de Chassin Esta es una publicación de Corporación La Prensa, S.A. ©. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción, sin la autorización escrita de su titular. ISSN 2953-3252: La Prensa ISSN L 1605-069X: prensa.com en la edición de contenidos y mejorar la experiencia de lectura. Garantizamos que todo contenido publicado es creado y rigurosamente revisado por nuestro equipo editorial antes de su difusión. Utilizamos la IA como herramienta de apoyo para asegurar la precisión y calidad de la información que entregamos a nuestros lectores. Subdirectora y Editora de la Unidad de Investigación Mónica Palm Editora Digital Yolanda Sandoval Editor del Impreso Juan Luis Batista Presidente y Director Editorial (Encargado) Jorge Molina Mendoza Subdirector Asociado Rolando Rodríguez B. Gerente General
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