9A La Prensa Panamá, miércoles 15 de abril de 2026 Contacto [email protected] Los artículos de opinión y las caricaturas son responsabilidad exclusiva de los autores. La opinión de La Prensa se expresa únicamente en el Hoy por Hoy. memos. Si bien la genética representa aproximadamente el 20% de los casos de diabetes tipo 2, los factores del estilo de vida, como la mala alimentación, la obesidad y el sedentarismo, son los principales impulsores, causando hasta el 80% de los casos. La Asociación Americana de Diabetes indica que la predisposición genética no garantiza el desarrollo de la enfermedad; requiere factores ambientales para manifestarse. Entre los principales impulsores se incluyen una mala alimentación, la obesidad, la falta de ejercicio, el estrés crónico y la falta de sueño. Los alimentos ultraprocesados (AUP) son aquellos que suelen contener cinco o más ingredientes, incluyendo aditivos, conservantes y saborizantes artificiales diseñados para mantener la vida útil de la comida y darle sabor. Se asocian a importantes riesgos para la salud, como el aumento de la obesidad, enfermedades cardíacas, diabetes tipo 2 y cáncer. El alto consumo de alimentos ultraprocesados se asocia fuertemente con efectos negativos en la salud debido a sus altos niveles de sodio, grasas saturadas y azúcares, además de su bajo valor nutricional. Se relaciona el alto consumo de alimentos ultraprocesados con un incremento de 50% en el riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular, un aumento del 55% en el riesgo de obesidad y un 40% más de riesgo de diabetes tipo 2. Lastimosamente, debido a la vida ocupada que vivimos, estos alimentos suelen reemplazar a los alimentos naturales integrales ricos en nutrientes en nuestra dieta. Muchos alimentos ultraprocesados están estrechamente vinculados al cáncer. Dentro de estos existe la categoría denominada carcinógeno Grupo 1, definida por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer. El Grupo 1 está principalmente representado por las carnes procesadas, como los Las colaboraciones para la sección de Opinión deben incluir la identificación del autor. Los artículos no deben exceder 650 palabras. No se publican colaboraciones que hayan aparecido en otros medios y La Prensa se reserva el derecho de seleccionar, editar y publicar. No devolvemos el material. El estallido social está en la ‘paila’ Desigualdad larial en Panamá y Panamá Oeste (trabajadores formales) se redujo en 60.2 millones de dólares mensuales (49.5 y 10.3, respectivamente). Y, a nivel macro, si usamos como muestra lo publicado por el INEC en cuanto a la tasa de desempleo a septiembre de 2023, que era de 7.4%, y la confrontamos con la publicada en septiembre de 2025, que subió a 10.4%, eso representó un incremento del desempleo de un 3%, que, en cifras, es un poco más de 66 mil salarios formales que se perdieron en ese período y que contrajo el consumo en más de 1,600 millones de dólares, porque esos salarios formales se invertían directamente en nuestra economía, propiciaban liquidez y generaban otros empleos indirectos e inducidos. En menos palabras: esa masa salarial se esfumó, dejó de circular y afectó el equilibrio social de convivencia pacífica en los hogares, en los barrios y comunidades. Según el Banco Mundial, “el desempleo afecta profundamente la economía de un país, principalmente al limitar el crecimiento económico y aumentar la pobreza, porque reduce el consumo, aumenta el déficit público, reduce la recaudación de impuestos y aumenta el gasto social”. Esto es así porque un país con altas tasas de desempleo e informalidad es menos competitivo y promueve bolsones de pobreza, al haber menor posibilidad de cubrir la canasta básica de alimentos y la canasta básica familiar ampliada, que incluye el consumo de otros productos. Cuando un país enfrenta simultáneamente una alta tasa de desempleo (10.4%) y de informalidad laboral (47.7%), se genera una crisis estructural que afecta profundamente su economía y el tejido social del Estado, propiciando un círculo vicioso de precariedad y bajo crecimiento. Esta situación provoca un estancamiento económico, donde la falta de empleo formal empuja a la gente a trabajos precarios —es decir, a camaronear el día a día o tomar lo que salga—, limitando el desarrollo, reduciendo la recaudación fiscal y aumentando la desigualdad social. Unido a este fenómeno de bajo consumo, producto de la crisis de desempleo e informalidad, se suman dos ingredientes más. El primero, el caso de la familia monoparental, que es cuando en ese núcleo uno de Luis Ernesto Carles Más allá de los genes: nuestro estilo de vida define nuestra salud Hábitos Frecuentemente, escucho a personas decir que sufren de alguna enfermedad como diabetes tipo 2 o de algún tipo de cáncer prevenible, o problemas del corazón, porque lo heredaron de sus padres o abuelos. Por lo general, no tiene nada que ver con nuestros progenitores ni ancestros, sino con nuestros estilos de vida. Incluso, aun si tenemos alguna predisposición genética, muchas veces puede ser controlada a través de cómo y dónde vivimos nuestras vidas. Nuestros estilos de vida moldean nuestro futuro. Genes o hábitos: la verdad incómoda sobre nuestros estilos de vida Estudios científicos auspiciados por el Instituto Nacional del Cáncer (NCI) y otras agencias de investigación en enfermedades no transmisibles indican que el cáncer es una enfermedad genética causada por cambios en el ADN, pero solo entre el 5% y el 10% de los casos son heredados de nuestros padres. La gran mayoría de estas enfermedades, entre el 90% y el 95%, se deben a factores ambientales y de estilos de vida. Actividades como el tabaquismo, lo que comemos y la contaminación ambiental provocan cambios en nuestros cuerpos que contribuyen al desarrollo de estas enfermedades. De igual manera, la diabetes tipo 2 surge de una combinación entre predisposición genética y factores del estilo de vida. Es como si la enfermedad estuviese latente y, dependiendo de cómo vivimos, detona una serie de procesos que causan que nos enferembutidos. Se calcula que por cada 50 gramos de carne procesada que se consume al día hay un incremento aproximado de 18% en el riesgo de desarrollar cáncer colorrectal. Otros ejemplos incluyen la comida rápida, sodas, pan blanco, sopas instantáneas, chocolate, dulces, helados y carnes procesadas (salchichas, chorizo), entre otros. Hace unas semanas, participé en un congreso internacional de cáncer, donde uno de los conferencistas, cirujano oncólogo, relataba que, al operar a sus pacientes, observaba una marcada diferencia en el tumor de aquellos que cambiaban sus dietas hacia opciones más saludables y nutritivas. ¿Qué podemos hacer? Un estilo de vida saludable, que incluya la pérdida de peso y actividad física regular, puede reducir significativamente el riesgo, incluso en personas con alta predisposición genética. La diabetes tipo 2 se puede controlar, revertir e incluso prevenir mediante intervenciones en el estilo de vida. Un estilo de vida saludable puede contrarrestar el riesgo genético, mientras que un estilo de vida poco saludable puede desencadenar la aparición de estas enfermedades no transmisibles, independientemente de una baja predisposición genética. Una dieta rica en frutas y vegetales, acompañada de proteínas magras como pollo y pescado, junto con la actividad física diaria, no consumir productos de tabaco y el control de peso, es fundamental para mitigar tanto el alto riesgo genético como los hábitos de vida poco saludables. Incluso con un alto riesgo genético, un estilo de vida saludable puede prevenir significativamente este riesgo; la prevención es nuestra mejor alternativa. Opinión LA AUTORA es doctora en salud pública. EL AUTOR es exministro de Trabajo y exdiputado. sus miembros está al frente del hogar y tiene la responsabilidad de aportar el recurso económico para su subsistencia. Y el segundo, que no existe con exactitud cuántos hogares ganan menos del salario mínimo en Panamá, ya que las estadísticas suelen enfocarse en la población ocupada y la alta tasa de informalidad complica el cálculo exacto de ingresos familiares. Sin embargo, datos del INEC 2024-2025 reflejan una situación laboral aún más compleja: un sector significativo de la población ocupada, aproximadamente el 30%, percibe ingresos mensuales por debajo de los 600 dólares, lo cual suele situarse por debajo o en el límite del costo de vida; incluso, el gasto total mínimo por hogar es de B/.1,579.87 y, para que pueda ser cubierto, se necesita del ingreso de dos salarios mínimos en promedio. Por lo tanto, esta radiografía socioeconómica es una realidad que, aparte de afectar a la población desempleada, también impacta a un 30% de la población ocupada y asalariada. Y es que el estallido social está en la “paila” y es al Gobierno —otro elemento del Estado convencional— a quien le toca enderezar el rumbo de manera urgente, apuntando hacia una política agresiva que recupere la confianza para que llegue la inversión extranjera directa y se puedan generar “de una vez por todas” los empleos esperados o también proyectados en el Presupuesto 2026 de 11 mil millones en inversión para obras de infraestructura pública; y así, pueda salvaguardar su territorio —otro elemento del Estado— de los altos índices de criminalidad e inseguridad que van en aumento. Al INEC, por su parte, le toca publicar las cifras —que no se han actualizado desde septiembre de 2025— para que los organismos que conforman el Gobierno puedan velar por su población y, de manera más precisa, medir el impacto negativo en la calidad de vida de los hogares frente a la pérdida de los empleos, la informalidad, el aumento de precios de los alimentos y la cadena inflacionaria de otros rubros. Solo con la generación de nuevos empleos formales se fortalece el equilibrio social. La definición convencional de Estado incluye como elementos de su conformación el gobierno, la soberanía, el territorio y la población; y como fin principal, “el bienestar social de la población que conforma el Estado”. ¿Qué pasa en un Estado cuando no se generan los empleos necesarios? Su población —uno de los elementos del Estado— se ve significativamente afectada, porque no tiene poder adquisitivo para satisfacer sus necesidades básicas de alimentación, salud, educación, movilidad, vivienda, vestimenta y servicios públicos como el agua y la energía. Necesidades básicas que, en la teoría del Estado moderno, deben ser satisfechas a través de los salarios que generan los empleos. Según las últimas estimaciones del INEC, a septiembre de 2025, la tasa de desempleo se sitúa en 10.4% y la de informalidad en 47.7%, que, traducidas en números, representan a más de un millón de personas que no tienen un empleo formal y que generan —con suerte algunos— un ingreso por debajo del salario mínimo mensual más bajo. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) considera que “el empleo formal es el pilar fundamental para lograr la paz, la justicia social y el equilibrio económico dentro de las sociedades”. Y es que el acceso a un empleo formal es crucial para disminuir la pobreza, la vulnerabilidad y la inestabilidad de un Estado, porque, de lo contrario, al no existir salarios formales, aumentan los problemas sociales, la criminalidad y la inseguridad ciudadana; y se contrae de igual forma el índice de consumo anual en miles de millones de dólares, lo que afecta nuestra calificación como una economía estable y saludable. Por ejemplo, al cierre de 2024, la masa saArlene Calvo El renacer de las lenguas indígenas Diversidad Durante las últimas décadas, nuestro país ha venido atravesando un proceso de rescate y fortalecimiento cultural de nuestras siete lenguas indígenas, las cuales constituyen un hito que marca nuestra identidad como país soberano. Estos siete pueblos originarios —Ngäbe, Buglé, Guna, Emberá, Wounaan, Bri Bri y Naso Tjër Di— representan una vasta riqueza cultural lingüística que nos lleva a enfrentar el desafío de preservar estas lenguas, algunas próximas a desaparecer. Sin embargo, las expectativas apuntan a un cambio de panorama, impulsado por iniciativas gubernamentales, comunitarias y educativas que abren una esperanza para evitar su pérdida. Lenguas como el ngäbere, el guna, el emberá y el wounaan mantienen una presencia significativa; no así el buglere y el naso tjerdi, que luchan por mantenerse vivas frente a la globalización y el avance del español. En ciertas áreas, tanto rurales como urbanas, los adolescentes están revitalizando la lengua de sus ancestros porque sienten orgullo de mantener viva su herencia cultural. Distintas organizaciones indígenas, junto a sus líderes y entidades del Estado han implementado programas de educación bilingüe intercultural, donde se promueve la enseñanza de leer y escribir la lengua materna desde los primeros años escolares. El impulso de proyectos comunitarios, talleres, festivales y la creación de contenidos audiovisuales en lenguas originarias, con el apoyo de redes sociales y plataformas digitales, marca un hito en las nuevas generaciones para impulsar la revitalización lingüística. Esta revitalización representa la resistencia y la dignidad de los pueblos indígenas que no desean que su lengua desaparezca, ya que es una forma de reafirmar su derecho a ser escuchados y a existir. La lengua no es solo una forma de comunicación; es también un espacio donde convergen la memoria colectiva, la cosmovisión y los valores ancestrales. Queda un largo camino por recorrer. Sin embargo, el resurgimiento de las lenguas indígenas en Panamá representa una oportunidad para construir un país más inclusivo, que reconozca y valore su diversidad. Cada palabra recuperada, cada niño que aprende a saludar en la lengua de su pueblo, es una pequeña gran victoria para la historia y el futuro de la nación. LA AUTORA es docente de inglés e investigadora de Udelas. Cynthia Findlay de Small Fundado en 1980 Miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa Presidente y Director Editorial (Encargado) Jorge Molina Mendoza Gerente General Sudy S. de Chassin Subdirectora y Editora de la Unidad de Investigación Mónica Palm Subdirector Asociado Rolando Rodríguez B. Editora Digital Yolanda Sandoval Editor del Impreso Juan Luis Batista ISSN 2953-3252: La Prensa ISSN L 1605-069X: prensa.com Aviso sobre el uso de Inteligencia Artificial Este periódico emplea inteligencia artificial (IA) para asistir en la edición de contenidos y mejorar la experiencia de lectura. Garantizamos que todo contenido publicado es creado y rigurosamente revisado por nuestro equipo editorial antes de su difusión. Utilizamos la IA como herramienta de apoyo para asegurar la precisión y calidad de la información que entregamos a nuestros lectores. Esta es una publicación de Corporación La Prensa, S.A. ©. 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