8A La Prensa Panamá, domingo 12 de abril de 2026 La opinión de Hilde Contacto [email protected] Los artículos de opinión y las caricaturas son responsabilidad exclusiva de los autores. La opinión de La Prensa se expresa únicamente en el Hoy por Hoy. crónica entre las leyes y su aplicación. No la falta de instituciones, sino que se activan solo cuando el daño ya está hecho. La Fiscalía inició una investigación de oficio para determinar las causas del incidente y establecer posibles responsabilidades. Bien. Pero la pregunta filosófica más incómoda no es quién causó la explosión, sino quién tenía la obligación de evitarla, y por qué no lo hizo. No se trata de un caso aislado. Panamá carga con una historia de concesiones que terminaron mal — no por mala suerte, sino por omisión sistemática. El patrón se repite sin importar el sector ni el gobierno. Hablemos de Cerro Patacón. En 2008, el Estado otorgó a Urbalia Panamá una concesión por 15 años para el manejo del relleno sanitario. La empresa acumuló más de un millón de dólares en multas por incumLas colaboraciones para la sección de Opinión deben incluir la identificación del autor. Los artículos no deben exceder 650 palabras. No se publican colaboraciones que hayan aparecido en otros medios y La Prensa se reserva el derecho de seleccionar, editar y publicar. No devolvemos el material. El calor en Panamá ya no es una sensación: es una emergencia Cambio climático to del nivel del mar, de las sequías que afectan al Canal y del calor extremo del que tanto nos quejamos, hay una causa común: el calentamiento global. Su origen es la quema de petróleo, gas y carbón: combustibles que mueven la economía mundial y liberan gases como el dióxido de carbono, los cuales atrapan el calor en la atmósfera y elevan la temperatura del planeta. Lo preocupante es que la velocidad a la cual la Tierra acumula esta energía es cada vez mayor. Para dimensionar la magnitud del problema: en la última década, este ritmo fue diez veces más acelerado que en cualquier período comparable de su historia geológica, según la NASA. El exceso de calor no es solo incómodo — genera mal humor, dificulta la concentración—, es peligroso: reduce el rendimiento académico y productivo, causa deterioro cognitivo y bajo peso al nacer, nos enferma poco a poco o nos mata de repente. Según la revista científica The Lancet, la mortalidad por calor en América Latina se duplicó en la última década. En Panamá, el sector de la construcción perdió hasta un 40% de sus potenciales ganancias debido a afectaciones a su fuerza de trabajo por exceso de calor. La evidencia científica muestra que esto es solo el principio, empeorará, y mucho. Renate Sponer Cuando el Estado es amnésico Concesiones Hay un momento revelador en cada crisis que Panamá se niega a aprender. No es el instante de la explosión, ni la imagen del humo cubriendo el Puente de las Américas el 6 de abril, ni el parte con el recuento de un fallecido y dos heridos. El momento revelador llega después, cuando las autoridades comparecen ante la prensa y, casi sin proponérselo, señalan lo que todos debían haber sabido antes. El director de la Autoridad Marítima de Panamá informó que el recinto portuario de Panama Oil Terminals (POTSA) era una concesión con reclamos por deuda, y que, desde julio de 2024, surgían cuestionamientos referidos a temas de seguridad en ese recinto. Julio de 2024. Veinte meses de señales no atendidas. Y entonces algo explota. Esa es la tragedia estructural de Panamá: no la ausencia de leyes, sino la distancia violaciones al estudio de impacto ambiental. En total, la operación violó obligaciones ambientales 232 veces en diez años, con daños a bosques, especies y fuentes de agua. Doscientas treinta y dos veces. El Estado lo sabía. No pasó nada. Lo que une a a POTSA a Urbalia, a Petaquilla Gold y a Cobre Panamá no es la mala gestión de los concesionarios. Es algo más profundo: la rendición progresiva del rol de supervisión del Estado por la inercia. La concesión se otorga con entusiasmo, se vigila con tibieza y se defiende con silencio. Hasta que algo explota y aparece en una conferencia de prensa, tolerancia cero. Ese es el ciclo. Y, tristemente, hay víctimas reales: un trabajador calcinado bajo un puente, comunidades que beben agua contaminada en Donoso, un parque nacional envenenado a las puertas de la capital. Una sociedad que solo fiscaliza en crisis no es una sociedad que gobierna. Es una sociedad que improvisa. Y la diferencia entre gobernar e improvisar no se mide en discursos ni en decretos. Se miden en acciones oportunas e imparciales e institucionalidad comprobada, no cuando ya hay humo cubriendo el cielo, a las puertas de nuestro activo más importante o cuando se afecta un puente emblemático que une a las Américas. Opinión LA AUTORA es presidenta de la Fundación para el Desarrollo Económico y Social de Panamá. LA AUTORA es doctora en Biología Genética, educadora ambiental y activista. concretas. No es casualidad. Detrás del bajo conocimiento público hay siete décadas de campaña de desinformación por parte de las industrias de combustibles fósiles, según han documentado la Unión de Científicos Conscientes y el Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes de EE. UU., que registraron el financiamiento de campañas con tácticas de engaño y desinformación para desacreditar la ciencia y mejorar la imagen pública de esas industrias. Si Panamá realmente quiere estar a la vanguardia de la acción climática, no puede seguir en esta tradición. Necesitamos avanzar hacia un debate público, honesto y maduro, a la altura de la emergencia manifiesta, acompañado de una campaña nacional sostenida de orientación. Es el camino para crear las condiciones de base para enfrentar preguntas difíciles: ¿Cómo se consigue la adaptación? ¿Cuáles serán las reglas y criterios para decidir cómo nos adaptamos? ¿Quiénes tendrán voz y voto en esas decisiones? Eso exige, al menos, tres cosas: educación climática en las escuelas, mecanismos de participación ciudadana en los planes de adaptación y transparencia sobre quién financia el debate público. Es hora de prepararnos para el futuro que tendremos en lugar de pretender, una vez más, que el sistema que alimenta la máquina del calor podrá resolver por sí solo esta crisis. Cada verano, el mismo sofoco. Sudor en las calles, medios alertando peligros para la salud, autoridades difundiendo avisos de vigilancia por temperaturas inusuales. Y una certeza que ya no necesita conversación: cada vez hace más calor. La Organización Mundial de Meteorología (OMM) y el Instituto de Meteorología e Hidrología de Panamá (IMHPA) lo confirman: en la última década, la velocidad del calentamiento prácticamente se ha duplicado, resultando en temperaturas extremas que rompen récords y causan caos. No se trata de un fenómeno natural aislado: es una crisis para la que Panamá no se está preparando lo suficiente. La respuesta institucional sigue siendo fragmentada, reactiva o inexistente. Detrás de las inundaciones, del aumenNo se trata de un caso aislado. Panamá carga con una historia de concesiones que terminaron mal — no por mala suerte, sino por omisión sistemática. El patrón se repite sin importar el gobierno. Nivia Rossana Castrellón E. Estudios indican que no solo pone en riesgo a los seres humanos, sino también a los animales y las plantas. Cada vez más especies se ven obligadas a migrar para sobrevivir y hasta la producción de alimentos ya está afectada. Expertos y economistas advierten sobre los costos exorbitantes para la economía que la crisis del clima generará en los próximos años, si el mundo no cambia drásticamente de rumbo. Para prevenir y mitigar estos impactos hay que prepararse. ¿Panamá está a la altura de ese desafío? Aunque el país se haya autodenominado “epicentro de la acción climática” y sea firmante de decenas de compromisos internacionales, a muchas personas se les inunda la casa sin haber escuchado nunca una explicación clara sobre el cambio climático y cómo reaccionar ante los eventos que causa. Los bajos niveles de conocimiento sobre el tema resaltan una de las principales fallas de la política pública: educación, capacitación, sensibilización pública y participación ciudadana en acción climática. Una encuesta nacional de 2023 confirma que existe una alta preocupación, pero poco conocimiento y frustración por la falta de información clara y acciones plimiento ambiental. La concesión abarcaba 132 hectáreas. La contaminación impactó unas 10 mil hectáreas a su alrededor, incluyendo el Parque Nacional Camino de Cruces. Una investigación del Ministerio Público determinó que podría generar varios tipos de cáncer. Tras una docena de inspecciones en un periodo de cinco años, los procesos en MiAmbiente permanecían en espera de resolución. Cinco años. Y el vertedero siguió operando. En Donoso, el guión fue idéntico pero a mayor escala. Antes fue Petaquilla Gold, que violó más de veinte leyes panameñas desde antes de operar. Al cesar actividades en 2014, dejaron aguas contaminadas de cianuro y metales pesados, edificios a punto de colapsar y envases de químicos esparcidos. El Estado asumió trabajos de emergencia millonarios ante el riesgo de desbordamiento de las tinas de relave. La factura la pagó el país. Luego llegó Cobre Panamá. Una investigación periodística basada en 29 informes de inspección de MiAmbiente, obtenidos por Ley de Transparencia, documentó que antes de extraer una sola tonelada de cobre en 2019, desde 2014 los inspectores ya habían encontrado 161 Fundado en 1980 Miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa Presidente y Director Editorial (Encargado) Jorge Molina Mendoza Gerente General Sudy S. de Chassin Subdirectora y Editora de la Unidad de Investigación Mónica Palm Subdirector Asociado Rolando Rodríguez B. Editora Digital Yolanda Sandoval Editor del Impreso Juan Luis Batista ISSN 2953-3252: La Prensa ISSN L 1605-069X: prensa.com Aviso sobre el uso de Inteligencia Artificial Este periódico emplea inteligencia artificial (IA) para asistir en la edición de contenidos y mejorar la experiencia de lectura. Garantizamos que todo contenido publicado es creado y rigurosamente revisado por nuestro equipo editorial antes de su difusión. 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