Investor-Lifestyle-Magazine-Mayo2026

sobre el agua que se ha vuelto verde y está cubierta de hojas amarillas que ha dejado olvidadas el viento. La piedra del Palazzo Vecchio se torna miel tostada, una luz baja, dorada y lateral viste a la ciudad con colores terrosos, gastados por la historia, propios de un lienzo de Caravaggio. Las terrazas encienden las estufas y sacan las mantas de cuadros. Huele a castaña, a tartufo, a leña, a cocina de cuchara. Entre las manos sujeto un afogato que baña en chocolate caliente un helado de stracciatella. Un violín lejano me regala una musiquilla pegadiza y reconocible. Me ajusto la bufanda y tengo claro a dónde se encaminan mis pasos: las buchette de vino. De manera literal, una buchetta es un agujerito; una ventana pequeña en la pared de los palacios y casas de bien por las que, antaño, los nobles vendían el vino de la cosecha familiar directamente a la calle, sin intermediarios ni impuestos. Justo cabía un fiasco de vino; una botella panzuda de cristal forrada por una cesta de esparto. Si en el transporte se rompía el vidrio ¡vaya chasco! Las más elegantes tienen forma de tabernáculo, esa simulación de pequeña capilla las diferenciaba de los taberneros sin clase ni educación. Tienen una puertita de madera, marco de piedra y un arco en la parte superior en el que algunos tallaban el escudo de la familia. A veces, encuentras una campana o una argolla para golpear la madera y avisar que ha llegado un sediento. La puertecita solía tener un tope, así, si alguien intentaba meter la mano para robar se quedaba atascado. En una ocasión pillaron a un ladrón y le dejaron colgando de la ventana por el brazo durante horas a modo de escarmiento público. A medida que la noche se va cerrando surge una neblina fina que difumina los contornos; la oscuridad se come las esquinas… a lo lejos, se ven unas siluetas desdibujadas al puro estilo del sfumato de Leonardo. La mezcla de la luz parduzca de los faroles con el aire hace que los palazzos parezcan dibujados como a carboncillo. La calle vacía me provoca un escalofrío, me subo el cuello del abrigo y golpeo con La fachada del Duomo se exhibe orgullosa y exultante. La cúpula del Duomo observa la ciudad. El Ponte Vecchio flota sobre el Arno. El David que custodia la entrada del Palazzo Vecchio regala una enorme sombra WWW.INVESTOR.COM.PA 31 TRAVEL

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