Investor-Lifestyle-Magazine-Mayo2026

su propia familia y su propia identidad”. En 2026, apenas años después de la independencia de Don Melchor, Concha y Toro repitió la fórmula con Viña Amelia. La nueva viña está ubicada en el valle del Limarí, un terroir excepcional que emerge como uno de los grandes descubrimientos vitivinícolas de la última década. Amelia produce chardonnay y pinot noir, variedades delicadas que demandan precisión enológica y condiciones climáticas específicas. “Hemos localizado lugares que nos generan una identidad muy única en el vino”, asegura Guilisasti. “Amelia viene del valle de Limarí. Yo no lo puedo sacar de ningún otro lugar que no sea del Limarí. Esa calidad, esa característica, esa tipicidad proviene de ese lugar. Son terroirs tan excepcionales que en el mundo son pocos”. Pero hay algo más profundo aquí. La creación de Viña Amelia sugiere que la premiumización no es una estrategia estática, sino dinámica. Cada vez que Concha y Toro identifica un origen excepcional, una variedad que demanda dedicación, un terroir que merece atención, puede crear una nueva viña. Puede multiplicar su capacidad de crecimiento sin crecer en volumen. En julio de 2025, Concha y Toro inauguró el Centro del Vino, un espacio que encarna la filosofía de la compañía: educación, experiencia, conexión emocional con el consumidor. No es un museo tradicional. Es un dispositivo de aprendizaje que combina patrimonio, gastronomía, experiencia sensorial e historia. nera: compran uvas, las transforman, las comercializan. Es un modelo ágil, flexible, pero frágil. Depende de proveedores externos. No hay control total de la calidad. Concha y Toro es diferente. Durante décadas invirtió en la construcción de un sistema totalmente integrado: desde la plantación de la vid hasta la comercialización final de la botella. Hoy controla más de 12.000 hectáreas de viñedos en sus principales marcas prémium. Esa integración vertical no es un lujo corporativo. Es un diferenciador estratégico. Mientras muchas marcas dependen de la oferta disponible en el mercado, Concha y Toro elige dónde sembrar, dónde cosechar, cómo vinificar. La excelencia en la producción del vino no es conversable; no es negociable. Eso explica la decisión de 2017. Cuando decidieron concentrarse en prémium no fue un salto al vacío. Fue el reconocimiento de una realidad: tenían la infraestructura, las hectáreas, el conocimiento, la distribución. Tenían lo que muchos competidores no: capacidad de producir vino excepcional de manera sostenible. En 2019, Concha y Toro tomó una decisión aún más radical: convertir a Don Melchor en una viña independiente dentro del grupo. Melchor no es un producto, sino una declaración. Proviene del viñedo de Puente Alto, ubicado a las faldas de la cordillera de los Andes. Las parras que dan vida a Don Melchor fueron plantadas antes de la filoxera, hace más de cien años. Son individuos, no clones. Cada mata tiene su propia idiosincrasia. “Don Melchor fue nombrado el mejor vino del mundo en la cosecha 2021”, recuerda Guilisasti con evidente orgullo. “Ya tiene su historia. Constituirlo como viña independiente significaba que podía generar Viñedos de Concha y Toro en Chile. La compañía controla 12.000 hectáreas plantadas en los principales ‘terroirs’ del mundo, garantizando control total de calidad en la producción de sus vinos premium. El futuro de la industria y de Concha y Toro tiene que ver con este espíritu de emprendimiento que yo creo que está dentro del ADN de la compañía”. Isabel Guilisasti WWW.INVESTOR.COM.PA 17 thelist: vinos

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