monetaria, prolongando un entorno de crecimiento moderado —entre 1,5% y 2,5% anual— y baja tracción económica. Frente a este escenario, los gobiernos enfrentan un dilema recurrente. Para amortiguar el impacto social del encarecimiento de los combustibles, muchos han recurrido a subsidios. Estos mecanismos pueden representar entre el 1 % y el 3 % del PIB, dependiendo del país y del nivel de intervención. En Colombia, por ejemplo, el déficit acumulado del fondo de estabilización de precios llegó a superar los US$7.000 millones en su punto más alto. El problema es que estos subsidios son fiscalmente insostenibles en el largo plazo. Pero eliminarlos tampoco es sencillo. El aumento del precio de los combustibles ha sido históricamente un detonante de protestas en la región, obligando a los gobiernos a implementar soluciones intermedias: ajustes graduales, subsidios focalizados o esquemas temporales que alivian la presión sin resolver el problema estructural. ¿MOVILIDAD ELÉCTRICA? En paralelo, el alza del petróleo ha reactivado el debate sobre la transición energética. En todo el mundo, las ventas de vehículos eléctricos han superado los 14 millones de unidades anuales, lo que representa cerca del 18 % de las ventas de autos nuevos. En mercados desarrollados, el encarecimiento de los combustibles ha acelerado la adopción de estas tecnologías, incluso en segmentos como el de vehículos usados. Pero América Latina se mueve a otro ritmo. En la mayoría de los países, los vehículos eléctricos representan menos del 2 % del parque automotor, y rara vez superan el 5 % de las ventas nuevas. La infraestructura de carga es limitada y el costo de acceso sigue siendo una barrera significativa. EL ALZA DEL PETRÓLEO NO REDEFINE A AMÉRICA LATINA, SINO QUE EXPONE SU DEPENDENCIA, PRESIONA SUS ECONOMÍAS Y REVELA LA URGENCIA DE TRANSFORMAR UN MODELO AÚN FRÁGIL Y REACTIVO. DEPENDENCIA Fragilidad estructural WWW.INVESTOR.COM.PA 77
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