INVESTOR-LIFESTYLE-MAGAZINE Abril 2026

Por MATÍAS MORALES Fotos PEXELS El petróleo vuelve a subir y, con él, reaparece una tensión estructural que América Latina no ha conseguido resolver. A lo largo de los últimos años, el precio del barril —referencia Brent— se ha movido en un rango alto, generalmente entre los US$80 y US$100, impulsado por factores geopolíticos, ajustes de producción mundial y una demanda que, pese a la desaceleración económica, se mantiene sólida. Para una región que combina exportadores relevantes con economías altamente dependientes de la importación de combustibles, el impacto no es uniforme, pero sí inevitable. La lectura inicial suele ser optimista: los países productores ganan. Brasil exporta alrededor de 3,4 millones de barriles diarios, México cerca de 1,8 millones y Colombia en torno a los 750.000 barriles diarios. En estos casos, cada incremento de US$10 en el precio del barril puede representar miles de millones de dólares adicionales en ingresos externos y fiscales. En economías como la colombiana, ese movimiento puede equivaler a cerca de 1% del PIB en ingresos adicionales. Sin embargo, esa ventaja es engañosa. En países donde el petróleo representa entre el 30 % y el 50 % de las exportaciones, como Colombia o Ecuador, el alza no transforma la economía, sino que la vuelve más dependiente. Fortalece la moneda, reduce la competitividad de otros sectores y posterga decisiones estructurales. Es un alivio inmediato, pero también un refuerzo del problema de fondo. El contraste es más evidente en los países importadores. Chile depende en casi un 98 % del petróleo importado, mientras que varias economías de Centroamérica superan el 80 % de dependencia externa en combustibles. En estos casos, el impacto es directo y transversal: aumento en los costos de transporte, presión sobre los precios de alimentos y encarecimiento generalizado de la economía. El petróleo, en este sentido, no es solo un insumo energético; es un multiplicador de precios. Un aumento sostenido puede añadir entre 0,5 y 1,5 puntos porcentuales a la inflación anual, dependiendo de la estructura económica de cada país. Ese efecto se vuelve más complejo en un contexto donde la región ha mantenido tasas de interés elevadas para contener presiones inflacionarias. En varias economías latinoamericanas, las tasas han superado el 10 % en los últimos años, limitando el acceso al crédito y enfriando el consumo. El petróleo caro introduce una nueva presión que retrasa cualquier normalización EL ALZA DEL CRUDO RECONFIGURA LA ECONOMÍA LATINOAMERICANA: PRESIONA LA INFLACIÓN, TENSIONA LAS FINANZAS PÚBLICAS Y EXPONE UNA DEPENDENCIA ESTRUCTURAL QUE LA REGIÓN AÚN NO LOGRA RESOLVER. PETRÓLEO CARO, REGIÓN VULNERABLE DEPENDENCIA Fragilidad estructural 76 WWW.INVESTOR.COM.PA

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