Escuchar no es automático: es un proceso que exige tiempo, método y acompañamiento en un sistema que hoy sigue incompleto. vo. En realidad, el dispositivo apenas abre la puerta. Lo que determina el resultado es el ecosistema que se construye alrededor: terapia constante, padres informados, educadores atentos, entorno dispuesto a acompañar. “Cuarenta y cinco minutos de terapia no hacen hablar a un niño. El trabajo continúa en casa, todo el día”, insiste. “Por eso educamos a las familias, no solo al paciente”. HACERSE ESCUCHAR Ese principio define hoy el modelo de Oír es Vivir. La fundación centraliza lo que normalmente está disperso: tamizaje, diagnóstico, educación para padres, banco de audífonos de bajo costo —y en algunos casos gratuitos— y terapia especializada. Todo ocurre en un mismo lugar y bajo una misma lógica. “Aquí no se hace el tamizaje en un sitio, el diagnóstico en otro y la terapia en otro”, explica Troncoso. “La fragmentación es lo que más daño hace, porque se pierde tiempo, y el tiempo es lo único que no sobra”. La ventana crítica para desarrollar lenguaje está entre los cero y los seis años. Cada mes cuenta. Cada retraso tiene consecuencias. Desde su creación, la fundación ha examinado a más de 40.000 personas y ha acompañado a miles de familias en ese proceso inicial que suele ser el más confuso y solitario. Panamá dio un paso importante en 2022 con la ley de tamizaje auditivo neonatal. Hoy, los niños nacidos en centros públicos o privados deben ser evaluados. Pero detectar no es sinónimo de resolver. “La ley es un gran avance —reconoce— pero detectar no basta si no hay cómo responder a tiempo”. El acceso a audífonos, implantes cocleares y terapias no está garantizado de forma universal. Muchos niños diagnosticados quedan en un limbo crítico. “La ventana para que un niño desarrolle lenguaje es corta. Si no actúas a tiempo, después es mucho más complejo”. 37 ABOUT
RkJQdWJsaXNoZXIy MTc3NzU1MA==