revistak_20210831
E s refrescante, te enseña a ver situaciones desde varios ángulos con puros casos de negocios donde cada uno los ve desde una óptica, y te reta desde perspectivas distintas”. Pero más allá de los números, el análisis, la gerencia, y la uniformidad de regulaciones que exige la banca panameña, Gustavo Eisenmann se deslinda del banquero tradicional. Se ve afable con su lenguaje corporal, es tranquilo, habla pausado y uno de sus fuertes son las relaciones. “Una de mis metas es tener una interacción cercana y permanente con los clientes del banco, yo no quiero estar en el olimpo, busco generar empatía, algo que considero importante para lograr una confianza sincera”, dijo la tarde en que fui a entrevistarlo en su apartamento con vista al tupido verde del Parque Omar. _revistaK Ha pasado más de 25 años trabajando en la banca, ¿fue su primera opción? Regresé graduado de la universidad en Estados Unidos casi un año después de la Invasión a Panamá. A un mes de cumplir 21 años (sin tener la edad legal para tomar en Estados Unidos ja,ja). En mi mente pensaba, ‘quiero trabajar en algo relacionado con negocios y mercadeo, pero sé que donde no quiero trabajar es en la banca’. Ayer precisamente me reuní con el personal del banco y les contaba esta anécdota, que ‘Dios castiga lengua y no palo’. Pues ¿cuáles fueron las ofertas de trabajo que tuve? dos provenientes de bancos: una de Panabank, un banco local pequeño que estaba reformándose y otra de Citibank. Mi papá me aconsejó que entrara a Panabank, y si no me gustaba me retirara; bueno, resulta que me tocó el proyecto de desarrollo del banco en el momento en que la economía estaba empezando a recuperarse y aprendí mucho.
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