5B La Prensa Panamá, sábado 31 de octubre de 2026 Panamá busca reducir sus emisiones en 11% para 2035 La reducción del 11% de las emisiones de gases de efecto invernadero para 2035 es parte de los compromisos de Panamá para enfrentar el cambio climático, cuyos efectos ya representan desafíos para el abastecimiento de agua, la producción de alimentos, las viviendas y las actividades económicas del país. Para alcanzar esta meta, el país impulsa iniciativas relacionadas con la transición energética, la movilidad eléctrica y la reducción de emisiones en sectores productivos, según explicó Mirta Benítez, del Departamento de Cambio Climático del Ministerio de Ambiente (Miambiente). Entre las acciones vinculadas a las iniciativas mencionó la promoción de fuentes de energía renovable, como la energía solar y eólica, así como el uso de vehículos eléctricos. Destacó el crecimiento de la capacidad solar coLos ríos de Panamá son recursos fundamentales para el abastecimiento de agua y las actividades agropecuarias. Cortesía/MiAmbiente nectada, que, según indicó, ha aumentado un 40 %, así como las iniciativas para reducir las emisiones provenientes de los gases refrigerantes utilizados en equipos de aire acondicionado. Y en el caso de los vehículos 100% eléctricos, señaló que el parque acumulado de vehículos sostenibles, pasó de unos 300 en 2022 a cerca de 2,400 en 2025. Este impulso a la movilidad eléctrica también está respaldado por la Ley 295 de 2022, que establece medidas e incentivos para promover la transición del transporte terrestre de combustión interna hacia vehículos eléctricos y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. La normativa establece que las instituciones públicas deberán incorporar progresivamente vehículos eléctricos en sus flotas administrativas, hasta alcanzar un 25% en 2027 y un 40% en 2030. Para las nuevas flotas de transporte público colectivo y selectivo, fija porcentapor Alis Fernández Aguilar [email protected] jes mínimos del 20% para 2027 y del 33% para 2030. En el sector agropecuario, la funcionaria explicó que se desarrollan medidas para disminuir las emisiones asociadas con la producción de arroz y promover prácticas ganaderas más sostenibles, mediante trabajos coordinados con el Ministerio de Desarrollo Agropecuario (Mida). La meta del 11% forma parte de la tercera Contribución Determinada a Nivel Nacional (CDN3), documento que reúne los compromisos climáticos del país en el marco del Acuerdo de París. Según Miambiente, esta reducción podría alcanzar el 17% si Panamá recibe apoyo financiero y técnico internacional para implementar las acciones previstas. Entre los compromisos ambientales también se contempla la restauración de 100,000 hectáreas de ecosistemas entre 2026 y 2035, incluidas 2,500 hectáreas de manglares degradados. Sin embargo, reducir las emisiones es solo uno de los desafíos que enfrenta Panamá. Las sequías, las inundaciones y las alteraciones en los patrones de lluvia también representan riesgos para las comunidades, por lo que el país debe fortalecer sus medidas de adaptación frente al cambio climático. En este sentido, Edna Flores, jefa del Departamento de Acción Climática de Miambiente, explicó que enfrentar esta situación requiere proteger los recursos hídricos, los cultivos, las zonas costeras y las comunidades expuestas a los riesgos climáticos. “Actuar es imperativo: debemos reducir las emisiones y, al mismo tiempo, preparar al país frente a los impactos del cambio climático”, destacó Flores. Consecuencias del cambio climático De acuerdo con Benítez, hasta el momento se han identificado seis consecuencias principales del cambio climático en Panamá. Adicionalmente, resaltó que estas consecuencias pueden ocasionar pérdidas económicas y culturales. Detalló que los efectos no se manifiestan de igual forma en todo el territorio, pues mientras algunas áreas podrían experimentar un aumento de las precipitaciones, otras, como la península de Azuero, podrían enfrentar una disminución de las lluvias. A esto se suma el aumento de las temperaturas, que representa un riesgo para la salud de la población, especialmente para los adultos mayores, los niños y las personas que trabajan al aire libre, debido a la exposición prolongada al calor. Por su parte, las afectaciones a la disponibilidad de agua no solo tendrían consecuencias para el consumo humano, sino también para las operaciones del Canal de Panamá, donde las variaciones en los niveles de agua pueden afectar el tránsito de los buques. Benítez también advirtió sobre las consecuencias del aumento del nivel del mar para las comunidades costeras, tanto del Caribe como del Pacífico, debido a los riesgos de inundaciones y la intrusión de agua salada, que pueden afectar las viviendas y los terrenos destinados a la producción agropecuaria. Entre las situaciones más complejas mencionó los desplazamientos humanos relacionados con los efectos del cambio climático, como los registrados en Guna Yala, donde comunidades han tenido que enfrentar procesos de reubicación. El país pretende reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero y fortalecer las medidas de adaptación para proteger las comunidades más vulnerables. + Vivir La localidad española de San Juan del Puerto despidió ayer a la exministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez, fallecida en el accidente ferroviario ocurrido en Urda, Toledo, cuando viajaba a Sevilla. El funeral se celebró en la parroquia de San Juan Bautista, en medio de un ambiente de profundo silencio. El accidente, que dejó al menos 69 fallecidos, ocurrió el pasado miércoles, cerca de Urda, Toledo, España, cuando un tren AVE de Renfe chocó contra un tren de alta velocidad de Iryo que estaba detenido en la vía. Exministra falleció en accidente Hallowen: fiestas, fantasía y emociones reales Crianza positiva Laura Acosta Martín ESPECIAL PARA LA PRENSA [email protected] Vivimos, además, en un mundo cada vez más globalizado, donde muchas celebraciones han traspasado fronteras y han encontrado un lugar entre nuestras propias costumbres. Halloween es una de ellas. Hace tiempo que forma parte de nuestro calendario familiar y mi hija y yo disfrutamos disfrazándonos, decorando la casa, preparando meriendas con amigas y convirtiendo ese día en una oportunidad más para crear recuerdos bonitos de infancia. Precisamente por eso merece la pena preguntarnos cómo viven esas mismas experiencias nuestros hijos. Porque Halloween puede ser muy divertido. Pero no para todos los niños. Máscaras, rostros ocultos, sangre artificial, gritos inesperados, luces, música inquietante, personajes que aparecen de repente... Para algunos niños, todo esto puede convertirse en una acumulacióndeestímulosdifícilesde procesar. Cuando la intensidad supera su capacidad para comprender lo que ocurre y recuperar la calma, su sistema de alerta puede activarse con fuerza y aquello que nosotros reconocemos como un juego puede desencadenar en suorganismounarespuesta de amenaza completamente real. En la primera infancia, además, la capacidad para diferenciar plenamente la fantasía de la realidad todavía está en desarrollo. Un niño puede saber que detrás de una máscara hay una persona y, aun así, sentir verdadero miedo. No está exagerando ni interpretando “mal” la situación: responde con los recursos emocionales y madurativos de los que dispone en ese momento. Y es aquí donde conviene detenernos. No se trata de estar a favor o en contra de la celebración, sino de observar al niño que tenemos delante y tomar decisiones conscientes sobre cómo está viviendo esa experiencia. Frasescomo“noseasmiedoso”, “solo es un disfraz” o “mira, los demás sí se divierten” pueden parecer una forma de animar. Sin embargo, también pueden transmitir otro mensaje: lo que sientes no es válido y es mejor esconder esa emoción para encajar. Y educamos también ahí. Cuando escuchamos sus emociones, las acogemos y los ayudamos a comprenderlas, les enseñamos a escucharse a sí mismos. Cuando las minimizamos o los presionamos para responder como esperamos, podemos enseñarles a callar, aguantar o adaptarse a lo que otros consideran correcto, incluso cuando algo les genera malestar. Halloween debería ser una oportunidad para disfrutar, no una prueba que superar. Podemos disfrazarnos, decorar, salir a pedir dulces y pasarlo muy bien. Y también podemos alejarnos, bajar la intensidad o celebrar de otra manera si eso es lo que nuestro hijo necesita. Porque educar emocionalmente también ocurre en lo cotidiano: en cada decisión, en cómo respondemos cuando algo les asusta, en lo que decimos cuando atraviesan un conflicto, cuando se frustran, dudan o algo no sale como esperaban. Es un día a día. Una suma de pequeñas decisiones repetidas que, con nuestra guía y nuestro respeto, enseñan a confiar en lo que sienten y a expresarlo, a poner límites, a reconocer lo que necesitan y a ir construyendo, poco a poco, una mayor seguridad en sí mismos. La autora es pedagoga y asesora educativa. Soy de esas personas que disfrutan sumándose a las celebraciones. Cuando vivo en un lugar nuevo, me gusta conocer sus costumbres, participar en sus tradiciones y entender cómo celebra su gente. Hay algo de pertenencia en compartir esos momentos y dejar que también formen parte de nuestra experiencia familiar.
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