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8A La Prensa Panamá, lunes 7 de septiembre de 2026 Contacto [email protected] Los artículos de opinión y las caricaturas son responsabilidad exclusiva de los autores. La opinión de La Prensa se expresa únicamente en el Hoy por Hoy. no mostró efecto en matemáticas ni lenguaje, ni a los 15 meses ni a los diez años. Uruguay, con el Plan Ceibal, tuvo apenas un pequeño efecto positivo en matemáticas y ninguno en lenguaje. Ningún estudio riguroso muestra una mejora con el modelo que Panamá desea implementar a la fuerza. En la homologación de este pliego participaron 49 interesados: 47 empresas y dos personas naturales. Solo una empresa presentó una propuesta en firme, por $1.28 millones sobre el precio de referencia. Su rostro visible se promocionó como “el Bukele panameño” durante una candidatura fallida a diputado en 2024. El contrato daba 60 días para entregar 54,000 computadoras; el plazo venció el 27 de junio y, para el 6 de agosto, solo habían ingresado al país 24,635 equipos, según registros aduaneros. Meduca anunció, de todas formas, la entrega completa el 4 de agosto. El valor declarado de esas importaciones promedia $256.66 por unidad; el contrato paga $527.45. A razón de 54,000 equipos, los ingresos para el proveedor serían de aproximadamente $14.6 millones. El 1 de septiembre conocimos que el contralor no había refrendado el contrato y lo había devuelto a Meduca. Los recursos son escasos. Pero el proLas colaboraciones para la sección de Opinión deben incluir la identificación del autor. Los artículos no deben exceder 650 palabras. No se publican colaboraciones que hayan aparecido en otros medios y La Prensa se reserva el derecho de seleccionar, editar y publicar. No devolvemos el material. La dialéctica del guetto Debates legislativos La dialéctica es una técnica de diálogo cuyo objetivo no es debatir para ganar, sino descubrir la verdad. Funciona como un motor para generar el pensamiento crítico, transformando el conflicto de opiniones en un conocimiento nuevo, más complejo y completo, en lugar de imponer una postura. La dialéctica se remonta a la antigua Grecia y fue descrita por Platón en los diálogos socráticos, por lo que se considera a Sócrates precursor de este método de confrontación de ideas para descubrir la verdad. Pese a la amplia y demostrada eficiencia de la dialéctica para conducir un debate que permita arribar a conclusiones lógicas y razonadas y, por ende, a resultados concretos, en la actualidad la mayoría de los parlamentos del mundo no la practican, a excepción de aquellos países de mayor desarrollo cultural que aún conservan y atesoran el prestigio, la lucidez de ideas y la tradición del debate de altura de los legisladores de antaño. Por ejemplo, en Panamá viene a mi memoria el recuerdo de aquella época de mediados de los años 60, cuando mi padre sintonizaba la radio por las tardes para escuchar las transmisiones de la Asamblea Nacional. Siendo apenas un niño, me impresionaban la elocuencia, la mesura y la excelente claridad de expresión de los diputados de aquellos tiempos, entre los que se destacaba el Dr. Carlos Iván Zúñiga. Su discurso, a la hora de presentar argumentos, estaba siempre impregnado de una elegancia sobria, sin jactancia ni pomposidad. En ocasiones hacía gala de su chispa y agudeza mental, poniendo un toque de dureza y mordacidad en sus respuestas, como aquella ocasión en que un ministro de Relaciones Exteriores —ingeniero de profesión— intentó menospreciar sus señalamientos, arguyendo la supuesta inclinación de los abogados por complicar los argumentos: —Los ingenieros somos por naturaleza claros, directos, exactos, lógicos, ajenos a los rodeos y circunloquios, a diferencia de los juristas como el diputado Zúñiga, que buscan enredarlo todo —explicó el canciller en una sesión de la Asamblea Nacional. La respuesta del Dr. Zúñiga fue apabullante: —Le recuerdo, canciller, que Bunau-Varilla también era ingeniero. En contraste con el anterior estilo, la realidad actual en cuanto a la calidad del debate que observamos a diario en nuestro parlamento es deprimente y vergonzosa. Abundan la chabacanería, la prepotencia, el insulto y la jactancia. Los valores se miden a ras del suelo, al punto de que escuchar a un diputado decir que se enorgullece de ser cepillo y lambón del gobierno no causa sorpresa alguna. Tampoco sorprende escuchar a otro decir que puede llegar a ser presidente de la Asamblea o del país cuando le venga en gana. En fin, todos estos honorables padres de la patria transitan a sus anchas por el hemiciclo legislativo, ostentando sus miserias, sin atreverse a hacerse cargo de sus propias inseguridades, mucho menos a hacer valer y respetar la función para la que fueron electos. El costo político: ¿y si lo que cuesta caro es hacer lo correcto? Gobernar ría aplaudido? En ocasiones se dan buenas noticias como inversiones importantes y a veces no tan buenas o incómodas, como el tema de las jubilaciones del Seguro Social que estaban en riesgo si no se hacían correcciones, para dar un ejemplo. Y al corregirlas, criticas y negativismos. Después está lo de enfrentar a sindicatos y gremios. El caso de las bananeras fue repudiado por buena parte de la población porque el paro afectó al país entero: la gente exigió que alguien pusiera orden. Y al hacerlo, ningún reconocimiento. Y el caso Suntracs, donde promotores y constructores llevaban años rogando que alguien los pusiera en su lugar, se hizo y la confrontación destapó un entramado de corrupción que dejó a medio país boquiabierto. Corrupción, además, con la plata del pueblo, porque son ellos los que nos construyen los edificios donde vivimos. Esta es la parte que más me llama la atención. La población entera pide el famoso chen chen. Pero en cuanto se toma alguna iniciativa real para generarlo, le dan plomo. Ahí están la mina de cobre y el proyecto de Río Indio: dos iniciativas con potencial real de traer inversión y empleo, criticadas por un alto porcentaje de la población. Con el impuesto a las transacciones digitales pasó algo parecido: lo propusieron, y tuvieron que recular en cuanto se volvió impopular. Aunque, seamos honestos, esa medida no afecta al panameño de a pie. Afecta al círculo económicamente más cómodo del país, no al que compra artículos en Amazon (estimados en $800,000 anuales) para que se los Octavio Vallarino Arias La ejecución no cabe en un titular Gestión del Meduca En días pasados publiqué un artículo referente al tema de las computadoras portátiles compradas por el Ministerio de Educación (Meduca). Es necesario aclarar que no digo que la tecnología no sirva en el aula. Sostuve algo más específico: el beneficio aparece cuando un adulto limita y dirige el uso, dentro de un currículo y con formación docente. Desaparece, o se revierte, cuando es solo acceso: se entrega la máquina y ya. Ese sigue siendo el problema del pliego de Meduca, que especifica NPU y RAM con precisión de ingeniero y no dice una palabra sobre supervisión. El costo de $268.5 millones no es una cifra abstracta. Es casi el doble del presupuesto completo de infraestructura escolar de Meduca para 2026: $150 millones para 25 proyectos de construcción en todo el país. Es más de cinco veces la deuda salarial de $53.1 millones que el ministerio tardó una década en pagar a los docentes. La evidencia sobre ese acceso sin acompañamiento es consistente y no favorable. La OCDE encontró que, entre estudiantes similares en 31 países, un mayor uso de computadoras en clase predijo un peor desempeño. El experimento One Laptop per Child (OLPC) en Perú, con casi un millón de equipos, blema de fondo no son los equipos. Es que Meduca, la institución con el presupuesto más grande del Estado, no logra gastar el dinero que ya tiene presupuestado. A junio de 2026, había ejecutado apenas el 9.4% de su presupuesto de inversión, la cifra más baja de todas las entidades del Gobierno Central, frente a un promedio del 30.5 % entre las demás entidades. El patrón no es nuevo: la propia ejecución de Meduca cerró en 17.2% en 2025. La exministra renunció el 12 de agosto, cinco días antes de las vistas presupuestarias de Meduca ante la Asamblea, donde la baja ejecución habría sido el titular. Ese mismo día, ella misma pidió la investigación sobre las computadoras portátiles. Es difícil no preguntarse si escogió el escándalo que sí cabe en un titular, en lugar de comparecer con el peor índice de ejecución del Gobierno Central. Es tentador ver la renuncia como un acto de responsabilidad, y en parte lo fue. Pero conviene no confundir el escándalo que se ve con el problema que importa. Las portátiles son un contrato bajo investigación. La ejecución es otra cosa: el ministerio con el presupuesto más grande del Estado solo había ejecutado el 9.4% de lo que tenía aprobado para inversión y, aun así, se comprometió a gastar $268.5 millones más, esta vez en dispositivos. Molinar renunció por el escándalo que cabe en un titular. El que no cabe sigue ahí, esperando al nuevo ministro. Opinión EL AUTOR es pintor y escritor. EL AUTOR es director de la Fundación Libertad. EL AUTOR es promotor de proyectos. Joaquín González J. manden a su casillero en Miami Ahora bien, si hay temas que se deben corregir. La transparencia, la seguridad jurídica que sin ella inversionistas serios no llegaran, la austeridad donde veo gastos que no son indispensables compiten por recursos con gastos que sí lo son. Dicho esto, hay que reconocer lo que se ha hecho bien. Más allá del presidente, este gobierno cuenta con un verdadero equipo de lujo. Los nombramientos de varios ministros han sido acertados. Tenemos un Contralor vigilante del gasto público, con el látigo en la mano cada vez que destapa un chanchullo. Y un Procurador que, con recursos limitados, muestra una intensidad real en procesar a quienes hay que investigar y enviar ante la justicia. Eso, en un país acostumbrado a la impunidad, no es poca cosa. Lo mejor todavía está por llegar. El país solo le pide a su gente un poco de paciencia. Y los números empiezan a darle la razón a ese esfuerzo. Panamá sigue siendo uno de los casos de éxito económico más destacados de América Latina. Tras verse obligadas a tomar medidas drásticas en los últimos años, las autoridades lograron un giro económico positivo. El crecimiento se acelera, las preocupaciones de los últimos dos años se disipan, y los temas fiscales han sido positivos como para mantener el grado de inversión del país. Y aun así, la popularidad del presidente Mulino no repunta. La gestión se mantiene sólida y los problemas sociales parecen contenidos y aun así no se les da un merecido crédito. Y entonces llego siempre a la misma conclusión, y reflejado en las encuestas,: ¿por qué, cuando un presidente y su equipo hace el intento genuino de llevar al país por un buen camino económico, no se le reconoce el esfuerzo? Lo que se gana, en cambio, son críticas y el castigo del famoso costo político —como si hacer lo correcto fuera, por definición, lo que menos votos da. Últimamente me pregunto qué significa realmente eso que todos llamamos “costo político”. Se usa tanto que ya ni lo pensamos, pero cada vez que lo escucho me quedo dándole vueltas: ¿costo por hacer qué? ¿Pagado por quién? Porque cuando uno mira con calma las encuestas, algo no cuadra. No es que esté aquí para darle un espaldarazo al presidente y a su equipo. Lo que me asombra, de verdad, es otra cosa: ¿cómo es posible que no se le de a un presidente siquiera un poquito de popularidad al ver las encuestas que le dan de calificación tanto a él como a sus ministros? No pareciera haber forma de meter puntos positivos. Porque lo que veo es a un presidente y a un equipo tratando de corregir errores de un pasado. Errores que, corregidos, benefician al mismo pueblo que hoy los critica. Y aun así, no parece tener efecto en la popularidad. Ahí sospecho que el problema no es lo que se hace, sino que hacer lo correcto casi nunca es popular mientras se está haciendo. He conocido a todos los presidentes de la república desde hace muchos años, y a todos, en su momento, les sugerí lo mismo: ¿por qué no hacen conferencias de prensa semanales, como se hace en la Casa Blanca? Ni siquiera tenían que dar la cara ellos mismos ya que hay comunicadores de sobra. Ninguno me hizo caso. El actual, por iniciativa propia, decidió hacerlo él mismo, todos los jueves. ¿El resultado? No tan positivo, dicen muchos, porque suena confrontador. Y yo me pregunto: ¿pero y lo que anuncia, qué? Si en lugar del presidente ponemos a un obispo a dar exactamente los mismos anuncios, ¿de repente el mensaje seEl debate por las computadoras expone un problema mayor: la baja ejecución del presupuesto de inversión del Ministerio de Educación panameño. Surse Pierpoint El llamado costo político plantea una paradoja: decisiones que buscan corregir problemas, ordenar las finanzas y generar crecimiento pueden terminar castigando la popularidad de quienes las impulsan. Fundado en 1980 Miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa Presidente y Director Editorial (Encargado) Jorge Molina Mendoza Presidente fundador Roberto Eisenmann Jr. Director emérito Guillermo Sánchez Borbón Gerente General Sudy S. de Chassin Gerente de Ventas Casilda P. de Somoza [email protected] Gerente de Mercadeo y Club La Prensa Karol Samán [email protected] Teléfono: 323-6400 ISSN 2953-3252: La Prensa ISSN L 1605-069X: prensa.com EDITORIAL COMERCIAL Subdirectora de Investigación, Política y Judiciales Mónica Palm Subdirector Asociado Rolando Rodríguez B. 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