7A La Prensa Panamá, miércoles 19 de agosto de 2026 Contacto [email protected] Los artículos de opinión y las caricaturas son responsabilidad exclusiva de los autores. La opinión de La Prensa se expresa únicamente en el Hoy por Hoy. rónimo y San Fernando, antiguas fortificaciones del Imperio español, declaradas patrimonio mundial. De allí pasábamos a bucear en alguna de las bellas playas y cristalinas aguas del Caribe, para regresar a casa ese mismo día. Unos quince años más tarde, en mi primer trabajo asalariado, con mi tío Marcelo Borgianni, representante local de importantes marcas italianas como Olivetti, Pirelli, Perugina, Carlo Erba y, mi favorita, la naviera Italian Line, cada quince días atracaba en Cristóbal un crucero de lujo (Leonardo da Vinci, Cristoforo Colombo, Michelangelo o Raffaello), procedente de Civitavecchia (Roma) y Nueva York. Mi responsabilidad consistía en ir a Colón y entregar al oficial de embarque la lista de pasajeros que abordarían dicha nave en Cristóbal con destino a Europa o Estados Unidos. Esto me permitía el lujo de pasar varias horas como invitado a bordo, deleitarme con los deliciosos platos y vinos italianos y pasar revista a las sirenas en las piscinas del barco. Después de la invasión de 1989, fui nombrado ministro de Comercio y tuve como responsabilidad conducir las juntas directivas de la Zona Libre de Colón, la Autoridad Portuaria Nacional (puertos de Balboa y Cristóbal), la Dirección de Hidrocarburos (refinería), la Dirección de Artesanías y el Instituto Panameño de Turismo (IPAT), que entonces representaban las actividades económicas más importantes del país. Todos los meses debía visitar alguna que otra provincia; sin embargo, ninguna con tantas ventajas geográficas, actividades coLas colaboraciones para la sección de Opinión deben incluir la identificación del autor. Los artículos no deben exceder 650 palabras. No se publican colaboraciones que hayan aparecido en otros medios y La Prensa se reserva el derecho de seleccionar, editar y publicar. No devolvemos el material. Entre lo absurdo y la locura Paradojas el día anterior a su ejecución, sostiene muy atinadamente. En El mito de Sísifo (1942), Camus manifiesta que Sísifo podría pensar que la infinita tarea de subir la roca y verla rodar cuesta abajo no le es impuesta, sino que es suya, y la ejecuta con orgullo. Sus detractores consideraron absurdos esos pensamientos, cosa que nunca negó. Camus cuestiona nuestra incesante búsqueda de sentido en las cosas, cuando podríamos darles sentido a todas. Entiende que la búsqueda de la felicidad en un mundo absurdo también es absurda, pero estima que no hacerlo implica dejarse vencer por lo primero. En mi opinión, el dolor hay que enfrentarlo, pero en ocasiones me parece muy oportuno decirse a uno mismo: “Ya está bueno de esta vaina; hoy voy a bailar”. Tampoco comparto la insistencia de Camus en olvidar el pasado y no planear el futuro, porque ello incrementa ese vacío del presente. Considero incorrecta la interpretación de algunos analistas literarios y filosóficos, quienes afirman que Camus llama “absurdo” al universo. El universo es “indiferente” a todos los absurdos que ocurren en la Tierra, posiblemente porque en otros mundos lo podrían estar haciendo mucho mejor que nosotros. Más recientemente, James Hillman, en El mundo está empeorando (1992), critica su propia profesión al indicar, con datos concretos, que las enfermedades mentales están en aumento a pesar de que sus tratamientos están cada día más disponibles —¿cómo será ahora?—. Entonces, ¿qué está pasando? Procuraré explicarlo con los conceptos de Hillman, no con sus términos, porque hace uso del “alma” con demasiada frecuencia. No comparto el uso de creencias personales en una profesión. Según Hillman, los desequilibrios mentales se deben a que el mundo está empeorando psicológicamente y, lo que es peor, los Sebastián Vásquez Bonilla ¿Adónde se fue el Colón de ayer? Incógnitas Hace 75 años, en mi disco duro craneal, quedó grabado uno de los más agraciados recuerdos de mi niñez: me encantaba acompañar a mis padres a pasar el día en la augusta ciudad de Colón. El paseo en ferrocarril o auto, bordeando el Canal o por la vía Boyd-Roosevelt, entre la exuberante fauna y flora del lago Gatún, era un viaje fascinante que competía con los mejores paisajes turísticos del extranjero. Llegar a una de las ciudades mejor trazadas del mundo y adaptada al trópico, con anchas vías, la estación del tren en la calle del frente y sus edificios de cuatro altos rodeados de anchos corredores o boardwalks bajo techo, que alojaban modernos restaurantes y almacenes con vidrieras colmadas de mercancías procedentes de todo el mundo, era una experiencia que, al final del día, se convertía en un martirio para mi padre, pues debía esperar hasta la clausura del último bazar. El Hotel Washington, el mejor del país, frente al rompeolas, competía con el mejor del continente y, justo a la entrada del Canal, se encontraba el magnífico puerto de Cristóbal, de gran calado y siete muelles principales, aptos para recibir carga y atender los grandes cruceros que componían entonces el principal sistema de transporte transcontinental de la época. En otras ocasiones hacíamos turismo histórico, parando en las ruinas del fuerte San Lorenzo, situado en la entrada del río Chagres, o bien tomábamos la vía a Portobelo hacia la Aduana y los fuertes San Jemerciales, industriales, de exportación, logísticas o turísticas como Colón. Ante dicha realidad, me incomodaba salir de mis reuniones para encontrarme con varios de los líderes comunitarios con solicitudes familiares de empleo, de algún subsidio, alguna liga o una vivienda; a cambio, yo les pedía que me presentaran algún proyecto de pequeña empresa, de turismo, de pesca artesanal o de alguna actividad comunitaria, y debo confesar que nunca me llegó. Le pedí al entonces ministro del MIVI que, en los nuevos proyectos de vivienda para Colón, les exigiera a los contratistas que emplearan por lo menos al 50% del personal de la provincia. El resultado fue que las cotizaciones de las empresas proponentes aumentaron un 15% debido a que, según ellos, no conseguían mano de obra comprometida y les era más barato (igual que a los usuarios de la Zona Libre) transportar en buses a diario al personal de la capital a la obra. Me empeñé en negociar la concesión y aprobar la Ley 31 de 1993 para construir y operar en Coco Solo el primer puerto de contenedores privado en el país (MIT). Recuerdo mi reunión con el presidente del “Sindicato de Desempleados de Colón” para organizarle una escuela de adiestramiento portuario, a lo cual me respondió que él no iba a pelearse con el “Sindicato Portuario”. Otros gobiernos, en los últimos 30 años, han construido autopistas, privatizado el ferrocarril, construido un puente sobre el Canal, dos nuevos puertos privados y proyectos multifamiliares y deportivos. Aun así, en mi reciente visita a aquella bella ciudad, no pude más que preguntarme: ¿adónde se perdió aquel Colón de mi juventud? Opinión EL AUTOR fue ministro de Comercio e Industrias y embajador de Panamá tanto en Washington como en Italia. EL AUTOR es químico industrial y profesor de la Universidad de Panamá. psicólogos, psiquiatras y pacientes no lo saben. Sostiene que hemos duplicado la cantidad de síntomas mentales porque estamos empeñados en creer que el problema está en el individuo. Cada vez que una persona siente alguna molestia mental, se le sugiere descanso, abandono de fuentes de incomodidad o medicamentos. Insiste en que los supuestos síntomas son voces que nuestra alma está utilizando para manifestar que algo no está bien en su entorno. Claro, Hillman no libera de culpa al individuo con problemas, porque estos también pueden enfermar a la sociedad. Pareciera un círculo vicioso, pero la búsqueda de la verdad, en lugar de una cura en nosotros mismos, permitiría hacer algo por ese mundo trastornado. Hillman sostiene que el individuo no es una roca que debe moldearse, porque eventualmente lo hará la sociedad. Considera que el ser humano está definido desde su nacimiento y que es la distorsión de ese objetivo predeterminado lo que ocasiona las inquietudes mentales. Todo ello lo expresa en la “teoría de la bellota”, en la que nos dice que el roble está diseñado desde su fruto. Hillman cuestiona que idealicemos a los héroes mediáticos de la belleza, el deporte, la riqueza y la política, a pesar de que son los que más necesitan de algún tipo de tratamiento psicológico. Esos trastornos aparecen cuando abandonamos nuestro propio ser, cuando un árbol es solo madera, cuando todo se ve, se analiza y nada se siente. Pareciera emular a Erasmo de Rotterdam (1466-1536), quien, con su Elogio de la locura, resalta que enamorarse sería una locura porque no es una decisión razonada. Invito a todo aquel que sienta que algo perturba su felicidad a que se tome un minuto, todos los días, para observar el rostro de algún familiar, amigo, compañero de trabajo, desconocido en la calle y hasta de aquel médico que lo atiende, como lo hizo Robin Williams en la película Patch Adams. Si logra ver una máscara en sus rostros o descubrir que tienen los ojos cerrados, posiblemente usted está mucho mejor que este servidor. En esta ocasión describiré algunas paradojas que espero reduzcan la zozobra de quienes son víctimas de tantas experiencias absurdas, así como de aquellos a quienes rápidamente señalamos como locos. Me refiero a los valientes pensamientos de Albert Camus (1913-1960) y James Hillman (1926-2011). Camus considera “absurdo” solicitar al universo explicaciones por todo lo extraño que enfrentamos a diario, a pesar de que nunca nos da ni nos dará respuestas. Cuestiona que la actividad humana esté diseñada para escapar de aquellos pesares que siempre vuelven. Sostiene que nos empeñamos en grandes proyectos futuristas que no perdurarán y no nos fijamos en las pequeñas cosas que encontramos en ese proceso. No acepta que nuestro presente sea el trabajo y que olvidemos que la vida es muy corta. Menos aún justifica pensar en el pasado. Según Camus, ese “absurdismo” es lo que lleva a muchos al suicidio filosófico o físico. En el filosófico caen quienes terminan en las garras de los que ofrecen todo tipo de explicaciones y esperanzas, hasta para después de la muerte; entre ellas incluyó las retóricas religiosas, comunistas, nazis, burguesas y democráticas. Criticó corrientes filosóficas como la de Jean-Paul Sartre. Cuestionó hasta a los científicos por no solo querer explicar cómo ocurren las cosas, sino por qué ocurren. ¡Suerte que nací después! Camus advierte que los que promueven guerras para vencer las opresiones son los mismos que luego justifican el asesinato de todo aquel que se oponga al cambio. ¡Detractores le sobraron! Sobre los más escépticos que optan por el suicidio físico, Camus los entiende. ¿Por qué darle largas a todo esto? ¿Por qué pasar por todo esto si no pedimos estar aquí? Son preguntas a las que Camus les otorga mucha razón, pero que combatió con vigor. Ningún condenado a muerte se suicida Los recuerdos del Colón de ayer contrastan con una ciudad que, pese a sus enormes ventajas, no ha logrado recuperar aquel esplendor. Roberto Alfaro Estripeaut Las ideas de Albert Camus y James Hillman sirven para reflexionar sobre el absurdo, la búsqueda de felicidad y las perturbaciones que provoca un mundo cada vez más complejo. Política que destruye y no construye Clientelismo El clientelismo en la política siempre se ha considerado una práctica nociva para una verdadera democracia. Muchos candidatos ofrecen desde materiales de construcción y puestos de empleo hasta dinero, por mencionar algunos ejemplos. Ofrecer algún bien material a cambio del voto es prácticamente comprar la conciencia de la gente. Lastimosamente, muchas personas caen en este círculo de compraventa por falta de conciencia, y algunas sostienen que lo hacen por necesidad. Es decir, para lograr sus objetivos, algunos candidatos compran la voluntad y el voto de comunidades enteras. Esto explica la existencia de caciques políticos que llevan décadas en la Asamblea de Diputados y hasta se dan golpes de pecho por este supuesto logro de hacer fortuna a costa del Estado. La provincia de Veraguas ha sido considerada durante muchos años como uno de los focos del clientelismo nefasto. En un tiempo había políticos que, en época de elecciones, ofrecían materiales de construcción, como bolsas de cemento y hojas de zinc, sobre todo en comunidades pobres. Sin embargo, en los últimos años, algunos candidatos patrocinan fiestas, bailes y cantaderas, con mucho alcohol de por medio y hasta consumo de sustancias ilícitas entre los jóvenes. Este tipo de prácticas lo único que promueve es el vicio y resalta los antivalores, que para nada contribuyen al bienestar de los jóvenes, pues en dichas actividades nunca faltan las riñas y los actos de inmoralidad. No obstante, a los políticos que patrocinan dichas “chupatas” entre los jóvenes lo que menos les interesa es la salud mental de la juventud. Algo muy jugoso debe haber en los cargos de elección popular cuando muchos políticos tiran “la casa por la ventana” en la repartición de guaro en cantidades industriales. Definitivamente, mientras existan la ignorancia y la falta de conciencia en muchas comunidades, este tipo aberrante de clientelismo perdurará y en nada beneficiará a la construcción de una verdadera democracia. EL AUTOR es sociólogo y docente. Jaime Cheng Peñalba Fundado en 1980 Miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa Presidente y Director Editorial (Encargado) Jorge Molina Mendoza Presidente fundador Roberto Eisenmann Jr. Director emérito Guillermo Sánchez Borbón Gerente General Sudy S. de Chassin Gerente de Ventas Casilda P. de Somoza [email protected] Gerente de Mercadeo y Club La Prensa Karol Samán [email protected] Teléfono: 323-6400 ISSN 2953-3252: La Prensa ISSN L 1605-069X: prensa.com EDITORIAL COMERCIAL Subdirectora de Investigación, Política y Judiciales Mónica Palm Subdirector Asociado Rolando Rodríguez B. Subdirectora Digital Yolanda Sandoval Editor del Impreso Juan Luis Batista Jefa de Información Cecilia Fonseca Aviso sobre el uso de Inteligencia Artificial Este periódico emplea inteligencia artificial (IA) para asistir en la edición de contenidos y mejorar la experiencia de lectura. 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