8A La Prensa Panamá, martes 18 de agosto de 2026 Contacto [email protected] Los artículos de opinión y las caricaturas son responsabilidad exclusiva de los autores. La opinión de La Prensa se expresa únicamente en el Hoy por Hoy. versión no llega y el negocio no gana la productividad que le permitiría pagar mejor: el círculo se cierra sobre sí mismo. Cada decisión es razonable por separado y ruinosa en conjunto. El empresario dirá, con razón, que no puede pagar más de lo que produce; y es cierto. Por eso, la tesis no es decretar salarios, sino crear las condiciones para que cada trabajador produzca más valor y se le pueda pagar mejor sin perder viabilidad: mover a la vez productividad y remuneración, no una sola. El problema, además, no termina en la planilla. Al proveedor pequeño y al contratista se les regatea el precio hasta el hueso y se les paga a noventa o ciento veinte días, como si su trabajo valiera menos por no ser empleados; pero ese proveedor exprimido es otra empresa que tampoco podrá pagar, invertir ni comprar. El circuito es siempre el mismo —empresa, trabajador, proveedor, consumidor y de vuelta a la empresa—, y cada eslabón, por cuidar su margen, aprieta al siguiente; pero, como todos son a la vez clientes unos de otros, el apretón vuelve y el mercado entero se encoge. Todo esto persiste por una razón que no es de carácter, sino de coordinación: no es un problema de malas personas, sino de un mal equilibrio, en el que cada una hace lo racional y el conjunto termina peor. Quien suba los salarios por sí solo carga con el costo, mientras sus competidores capturan gratis una parte de esos clientes con más plata; nadie quiere moverse primero. Por eso el hábito no cambia solo, y tampoco por decreto, porque se puede obligar a repartir, pero no a valorar. México lo probó: reparte por ley el 10% de las utilidades desde hace décadas, sigue entre los países más desiguales de la región, y la elusión mediante empresas tercerizadas fue tan extendida que en 2021 tuvo que reformar la ley para cerrarla. Frente a la obligación de compartir, muchas empresas no respondieron “es justo”; respondieron “¿cómo lo esquivo?”. Y si lo que falla es el equilibrio, la salida no puede depender de que una empresa decida sacrificarse sola por el bien del conjunto. ¿Cómo se sale, entonces? No con un sermón ni con una redistribución impuesta por ley que se terminará esquivando, sino cambiando el cálculo que sostiene la conducta. Y como el problema tiene varios eslabones, ninguna herramienta basta por sí sola. Una participación de los trabajadores Las colaboraciones para la sección de Opinión deben incluir la identificación del autor. Los artículos no deben exceder 650 palabras. No se publican colaboraciones que hayan aparecido en otros medios y La Prensa se reserva el derecho de seleccionar, editar y publicar. No devolvemos el material. La mala educación Educación La educación panameña recibió el pasado miércoles 12 de agosto su enésima herida de muerte: la renuncia de la ministra. Tan mala es la educación panameña y tal el deterioro del criterio ciudadano que algunos quieren vincular la salida de la periodista con su raza, su sexo o su profesión, pero no: ha sido, sin duda, la peor gestora de la educación panameña, superándose a sí misma respecto de su gestión de hace dos gobiernos. El nuevo ministro será peor, lo dicen sus antecedentes políticos y judiciales. Ojalá le vaya bien, eso queremos todos, pero estas heridas sistemáticas y bien calculadas, asestadas por la política a la educación desde hace tiempo, van minando a la ciudadanía para convertirla en material humano barato y con hambre, que, con saber leer y escribir, sirva de mano de obra barata para el gobernador estadounidense en nuestro país y su jefe, Pete el Guerrero, que, nunca mejor dicho, va por Panamá como «Pedro por su casa». No exagero cuando digo que nos encontramos en horas aciagas para nuestra educación: el nivel académico es cada día peor —tanto en la educación privada como en la pública—, la comprensión lectora es casi nula, la redacción es terrible —miren las redes— y no hablemos de los nuevos escritores, de los cuales salva a poquísimos la imperiosa necesidad de leer que tiene un escritor. Es vergonzoso lo que se sigue leyendo en las escuelas y la falta de respeto del Meduca y de MiCultura por las letras panameñas. Vendrá noviembre y nos gastaremos la plata celebrando una patria que cada día existe menos, a la que vienen a defender los de afuera, esos que dicen que compraron el Canal por un dólar. Nos quieren comprando barato, con sueldos de miseria, y empiezan por la educación: «barriga llena, corazón contento», en lugar de alimentar el criterio. «Pensar no paga», dicen; «nosotros pensamos mejor que ustedes», insisten; «además, escribimos su historia más bonito que ustedes». Y nosotros nos lo creemos desde hace tiempo. Una oportunidad para el nuevo ministro de Educación Meduca ciente: uno de cada tres niños panameños vive en pobreza multidimensional. En las comarcas ese porcentaje llega al 91%, con un 15% de la niñez indígena fuera del sistema escolar, el triple del promedio nacional, según un informe de la Defensoría del Pueblo. Asegurar el acceso a educación en áreas de difícil acceso y de pobreza extrema es, de hecho, una de las metas que ya contempla el estudio de Fudespa y JuxlaE. La ruta establece cinco objetivos: mejorar la equidad e inclusión educativa; elevar la calidad de los aprendizajes; fortalecer la profesión docente; mejorar la gestión administrativa del sistema y elevar la inversión en educación, consensos validados durante casi tres décadas. JuxlaE las incluyó en “19 para el 19” y las actualizó en “24 para el 24”, propuestas de políticas públicas con acciones concretas ante escuelas sin agua, sin electricidad y sin conectividad; una educación inicial con cobertura mínima; leyes aprobadas nunca reglamentadas y programas cuyo alcance no trascendió la capital. El documento plantea cinco prioridades: un diagnóstico actualizado; atención prioritaria a quienes están fuera del sistema; un Meduca técnico; rendición de cuentas y escuelas seguras, las mismas cinco que la organización repitió en un comunicado publicado el 13 de agosto, el día en que Vega asumió el cargo. Prioridades que apuntan en la misma dirección que las conclusiones de la Ruta Acordada por Ejecutar: colocar en el centro de toda decisión a los niños y jóvenes del país. La renuncia de Molinar al Meduca, el 12 de agosto de 2026, ocurrió tras 25 meses de gestión en medio de cuestionamientos por la compra de laptops para docentes. El MeEsther Vallejos Para sanar el mercado local hay que valorar el trabajo ajeno Economía Pregúntele a un comerciante cómo va la economía y le dirá que mal, que nadie compra. Cada empresa que paga lo menos posible hace algo razonable para reducir sus costos, pero entre todas terminan formando al cliente que ya no vuelve: salarios bajos, demanda interna débil, poca inversión y baja productividad se alimentan entre sí. De ese círculo no se sale sin volver a valorar el trabajo ajeno. La paradoja aparece cuando se miran las dos cosas a la vez: las cuentas nacionales dicen que el producto interno bruto sigue creciendo, y la caja registradora dice que el cliente entra menos y compra menos. Ambas son ciertas. En estos años, la porción del producto que va a los salarios cayó de cerca del 30% a menos del 27%, mientras el desempleo pasaba del 7% a más del 10%. El cliente que falta es, casi siempre, el mismo trabajador cuyo sueldo no subió o cuyo empleo nunca se formalizó. No subió por una razón que pocas veces se nombra. En buena parte del mercado laboral panameño, la productividad no se ha traducido proporcionalmente en mejores remuneraciones; librado a sí mismo, el mercado ha tendido a devaluar el trabajo ajeno, como si pagar lo menos posible fuera una virtud gerencial y no un problema de todos. La señal más clara está en la cima: la prima que paga un posgrado se ha comprimido hasta casi rozar el salario de base —y ni hablar de técnicos y licenciados, cuya ventaja siempre fue más delgada—, en parte por desdén y en parte porque el mercado no absorbe ese conocimiento: un saber que no se demanda se desactualiza o emigra, y lo que no llega a producir tampoco se paga. Conviene ver adónde lleva ese hábito, porque termina golpeando a quien lo practica. Cada empresa que paga poco reduce su costo; pero el conjunto de trabajadores mal pagados es el conjunto de clientes que no pueden comprar, y cuando todas recortan a la vez, el consumo flaquea, la inen las utilidades, que sea general para que nadie quede en desventaja por dar el primer paso, ataca justamente el problema de coordinación. La formación que desemboca en un ascenso y un aumento salarial reales, y la inversión en sectores capaces de absorber ese talento, atacan la productividad y evitan que se capacite gente solo para exportarla. Y una mínima transparencia en los portales de empleo —que le muestre al postulante cuánto cuesta vivir en su área y en qué rango salarial paga el mercado ese puesto, con esos requisitos, o puestos similares— le devuelve al trabajador sin sindicato una parte del poder que perdió. Ninguna cambia la actitud por sí sola; juntas cambian las cuentas que hacen que pagar poco parezca un buen negocio. Conviene, además, invertir el orden en que suele contarse esta historia. Panamá tiene motores de clase mundial —el Canal, la logística, los servicios financieros— y sabe generar productividad; lo que falla es transmitirla al trabajador, a la empresa local, al consumidor. El reto con esos motores no es castigarlos ni repartir sus rentas por decreto, sino tenderles puentes con el tejido doméstico: proveedores que les vendan, trabajadores que absorban su conocimiento, consumidores que crezcan a su lado. El capital no se queda solo por los incentivos fiscales, sino, sobre todo, donde ve una población que consume y progresa. Hay, al final, un cambio de mirada que le conviene sobre todo al empresario: el trabajador o el proveedor que tiene enfrente no es solo una línea de costo en el flujo de caja. Es, a la vez, su cliente, el usuario de su servicio, el contribuyente que ayuda a pagar las calles y los servicios públicos de los que su negocio también vive, y la mitad del mercado que dice faltarle. Pagarle mejor no es caridad ni concesión: es construir el mercado del que depende el propio negocio. Y esta vez el crecimiento tendrá que venir de adentro, porque no parece razonable contar con otra ola de capitales que rescate la economía desde afuera; sanar el mercado local, empezando por el laboral, no compite con el crecimiento: es su condición más descuidada. Al final, incluso el capital necesita quedarse donde hay quien le compre. Opinión EL AUTOR es escritor. EL AUTOR es arquitecto y urbanista. LA AUTORA es egresada del Laboratorio Latinoamericano de Acción Ciudadana. Pedro Crenes duca declaró desierta más de una vez la licitación de laptops para estudiantes, con un valor de referencia cercano a 300 millones de dólares para 531,250 equipos. A diferencia del contrato para docentes, concretado y hoy investigado por el Ministerio Público, la dotación de equipos para estudiantes quedó sin resolver. Por otra parte, el informe El Espejismo Tecnológico de Fudespa y JuxlaE explica que la “ilusión tecnológica” es creer que repartir laptops mejora el aprendizaje por sí solo. La evidencia internacional muestra efectos casi nulos en matemáticas y lectura, incluso con inversiones millonarias en países como Perú y Uruguay. Panamá planea invertir cientos de millones en laptops mientras persisten problemas básicos, como escuelas sin electricidad y un 84% de estudiantes sin competencias mínimas en matemáticas, lo que evidencia que invertir en estos equipos sería un desacierto. El documento advierte que ese dinero rinde de 5 a 10 veces más si se invierte en formación docente, tutorías o infraestructura escolar. Al nuevo ministro le corresponde resolver problemas administrativos, pero, más importante aún, le corresponde encauzar el sistema educativo para que cumpla su función y ofrecer acceso a educación de calidad mediante el cumplimiento de lo ya acordado, con metas y plazos verificables, y con mecanismos de rendición de cuentas, priorizando la educación como lo que debe ser: una política de Estado. El Ministerio de Educación (Meduca) tiene nuevo ministro. Ventura Vega asumió el cargo esta semana, tras la renuncia de Lucy Molinar. Llega a encargarse de un sistema con problemas identificados y una ruta ya acordada para resolverlos. Desde 1995, al menos 17 iniciativas de diálogo, planificación y consenso entre distintos sectores de la sociedad han señalado qué falla en la educación panameña y qué se necesita para corregirlo, según el estudio La Ruta Acordada por Ejecutar de la Fundación para el Desarrollo Económico y Social de Panamá (Fudespa) y Jóvenes Unidos por la Educación (JuxlaE). El problema no es la falta de diagnóstico y propuestas. Es la falta de ejecución. Los problemas de calidad educativa están documentados desde hace años. La prueba nacional de carácter censal, Crecer 2018, mostró que 5 de cada 10 niños de tercer grado no alcanzaba el nivel mínimo en lectura. Según datos de Unicef, la cifra aumentaba a casi 9 de cada 10 en las comarcas. La prueba PISA, aplicada a estudiantes de 15 años, ha mostrado rezagos que afectan, sobre todo, a los estudiantes de menores ingresos, desafíos exacerbados por el cierre de las escuelas durante la pandemia. La inequidad tampoco es un hallazgo reCarlos Antonio Solís Tejada Fundado en 1980 Miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa Presidente y Director Editorial (Encargado) Jorge Molina Mendoza Presidente fundador Roberto Eisenmann Jr. Director emérito Guillermo Sánchez Borbón Gerente General Sudy S. de Chassin Gerente de Ventas Casilda P. de Somoza [email protected] Gerente de Mercadeo y Club La Prensa Karol Samán [email protected] Teléfono: 323-6400 ISSN 2953-3252: La Prensa ISSN L 1605-069X: prensa.com EDITORIAL COMERCIAL Subdirectora de Investigación, Política y Judiciales Mónica Palm Subdirector Asociado Rolando Rodríguez B. Subdirectora Digital Yolanda Sandoval Editor del Impreso Juan Luis Batista Jefa de Información Cecilia Fonseca Aviso sobre el uso de Inteligencia Artificial Este periódico emplea inteligencia artificial (IA) para asistir en la edición de contenidos y mejorar la experiencia de lectura. Garantizamos que todo contenido publicado es creado y rigurosamente revisado por nuestro equipo editorial antes de su difusión. Utilizamos la IA como herramienta de apoyo para asegurar la precisión y calidad de la información que entregamos a nuestros lectores. Esta es una publicación de Corporación La Prensa, S.A. ©. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción, sin la autorización escrita de su titular.
RkJQdWJsaXNoZXIy MTUxMjQ5NQ==