5B La Prensa Panamá, lunes 27 de julio de 2026 Vivir Recuperar un manglar, el reto para devolver vida al ecosistema Recuperar un manglar no se trata solamente de sembrar árboles o plantar semillas. En muchos casos, la restauración de estos ecosistemas, encargados de proteger las costas, almacenar carbono y servir de refugio para numerosas especies, comienza mucho antes: con la recuperación de factores como el flujo natural del agua y la identificación de las causas que provocaron su deterioro. Aunque al pensar en restaurar un ecosistema boscoso una de las primeras imágenes que viene a la mente es la siembra de plantones, de acuerdo con Christopher Sheridan, gerente de Programas de Wetlands International, ese no es el primer paso. Antes de intervenir un sitio, explicó, es necesario entender por qué el manglar desapareció para recuperar las condiciones que permitan que vuelva a desarrollarse. “Restaurar el manglar realmente es entender las causas de las pérdidas y restaurar las condiciones hasta que el manglar pueda regenerarse naturalmente. En la mayoría de los casos, eso es lo único que se necesita realmente”, explicó el especialista. Señaló que sembrar semillas o plantones en sitios donde históricamente no existieron manglares, o sobre ecosistemas como marismas o pastos marinos, no solo puede fracasar, sino también alterar el equilibrio ambiental del lugar. Expertos reunidos en Panamá coincidieron en que la restauración de estos ecosistemas va más allá de plantar árboles. Archivo “Si se siembran semillas o plantones donde no hubo manglar en el pasado, o sobre marismas o pastos marinos, puede que no sea un éxito y se termine convirtiendo en otro tipo de medio ambiente”, advirtió. Manifestó que, en muchos casos, la naturaleza es capaz de hacer el resto del trabajo una vez se eliminan las causas del deterioro. Solo cuando no existen manglares cercanos que puedan aportar semillas es necesario recurrir a la siembra. Además, dijo que antes de desarrollar cualquier intervención en un sitio es indispensable realizar un diagnóstico. “Cada vez que llegamos a un sitio, inicialmente debemos hacer un análisis forense para entender, no solamente desde un punto de vista ecológico, sino también social y económico, cuáles fueron las causas de la pérdida”, indicó. Devolverle agua al manglar Sheridan compartió además ejemplos de restauración, como un proyecto desarrollado en Guinea-Bisáu, donde durante los últimos cinco años se han restaurado más de 2,500 hectáreas de manglar. En esa zona, explicó, los manglares habían sido talados para convertir el terreno en campos de arroz y posteriormente se construyeron diques para impedir la entrada del agua salada. Sin embargo, esas estructuras también bloquearon el flujo del agua, indispensable para el desarrollo del ecosistema.“Lo por Alis Fernández [email protected] único que hemos hecho, en la mayoría de los casos, es romper los diques en algunos lugares para reiniciar este flujo y, cuando se necesita, abrir canales para asegurar el paso del agua”, explicó. El especialista indicó que aplicaron una estrategia similar en el norte de Kalimantan, Indonesia, donde antiguas áreas destinadas a la acuicultura fueron intervenidas restableciendo la conexión con las mareas. Las obras se realizaron a finales de 2024 y, apenas dos años después, ya se observan manglares con una altura de entre dos y tres metros. En Panamá también se desarrollan iniciativas para recuperar manglares degradados. De acuerdo con Sheridan, uno de los primeros proyectos se impulsó en el Golfo de Chiriquí y actualmente se trabaja en el Arco Seco, una región donde las condiciones climáticas y las actividades humanas representan desafíos adicionales para la restauración. “Inicialmente trabajamos en el Golfo de Chiriquí y ahora en el Arco Seco. El Arco Seco no es una zona muy fácil de trabajar porque es bastante árido y cada sitio viene con sus propias complicaciones que se deben entender”, explicó. Recuperar manglares vale el esfuerzo De acuerdo con Luzmery Jiménez, investigadora y especialista en áreas protegidas, los manglares cumplen funciones esenciales tanto para el ambiente como para las comunidades costeras. Actúan como una barrera natural frente a inundaciones y otros fenómenos asociados al cambio climático, además de servir de refugio y zona de reproducción para numerosas especies marinas. También sostienen actividades como la pesca y contribuyen a la seguridad alimentaria de comunidades enteras. En sus raíces habitan especies como cangrejos y moluscos, fundamentales para el equilibrio del ecosistema marino. “En sus raíces se encuentran crustáceos, como los cangrejos y las conchas. Con el paso de los años, estos están desapareciendo y, al mismo tiempo, impactan tanto nuestra alimentación como el sistema marino”, señaló la especialista. De acuerdo con la investigadora, en Panamá se albergan unas 187 mil hectáreas de manglares, lo que representa cerca del 5% de los manglares de América Latina. Aproximadamente el 85% se encuentra en la costa del Pacífico y el resto en el Caribe. Según Jiménez, un estudio realizado en 2020 concluyó que alrededor del 90% de estos ecosistemas se mantiene en buen estado de conservación, aunque el 10% restante presenta algún grado de deterioro. Entre las principales amenazas identificadas figuran el cambio en el uso del suelo, la tala de manglares y el crecimiento de la población en las zonas costeras, factores que hacen cada vez más necesaria la restauración de las áreas degradadas. De acuerdo con el Ministerio de Ambiente, en Panamá se han reportado 12 de las 65 especies puras de manglar identificadas en el mundo, lo que posiciona al país como el de mayor diversidad de especies de manglar del continente americano. Entre las especies más conocidas figuran el mangle negro, el mangle blanco, el mangle rojo y el mangle piñuelo. Panamá y sus manglares El país fue anfitrión del III Congreso Manglares de América, un espacio regional de diálogo que este año se desarrolló bajo el lema “Raíces unidas, futuros entrelazados” y que se celebró en la Ciudad del Saber del 20 al 23 de julio de 2026. El encuentro reunió a representantes de 17 países para intercambiar experiencias sobre la conservación y restauración de estos ecosistemas. De acuerdo con Sandy Mosquera, directora ejecutiva interina del Centro Regional Ramsar-CREHO en Panamá, los manglares urbanos son cada vez más escasos en el mundo debido al crecimiento de las ciudades y la expansión de la infraestructura. Panamá, destacó, conserva uno de estos ecosistemas dentro de un entorno urbano. “Los manglares urbanos son cada vez más escasos a nivel del globo. Parte de lo que se discute aquí es por qué debemos preservar los humedales urbanos o los parches de manglar urbano para hacer más habitables las ciudades”, señaló. La especialista indicó que estos ecosistemas funcionan como sumideros de carbono y filtros naturales, al tiempo que contribuyen a mantener un ambiente más saludable para quienes viven en las áreas urbanas. “Son receptores de carbono y filtradores que nos permiten un ambiente más sano, más fresco y, en general, más apropiado para las ciudades”, afirmó. Añadió que la reducción de las áreas verdes y el avance de la urbanización favorecen la formación de islas de calor, un fenómeno que incrementa la temperatura en las ciudades. En ese contexto, conservar los manglares urbanos cobra aún más relevancia, ya que estos ecosistemas ayudan a absorber parte del exceso de calor y contribuyen a crear entornos más frescos y saludables. Expertos aseguran que restaurar un manglar implica recuperar las condiciones que permiten su regeneración natural y no solo realizar jornadas de reforestación. Río de Janeiro acoge a partir de hoy la vigésima sexta edición de la Conferencia Internacional sobre el Sida, en un momento crítico por la escasez de financiación y el deterioro del compromiso mundial para erradicar la enfermedad como amenaza para la salud pública antes de 2030. El evento reunirá, hasta el 31 de julio, a científicos, autoridades, activistas y organizaciones sociales. Inicia conferencia sobre el Sida
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