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5B La Prensa Panamá, lunes 20 de julio de 2026 El desafío ya no es vivir más años, sino llegar a la vejez con salud Panamá fue incluido entre los 153 países evaluados en un estudio internacional que propone medir no solo cuánto viven las personas, sino también qué tan bien envejecen. La investigación, publicada en la revista científica Frontiers in Public Health, desarrolló el Índice de Prevención y Envejecimiento Saludable (HAPI), una herramienta diseñada para evaluar qué tan preparados están los países para que sus habitantes lleguen a la vejez con mejor calidad de vida. Aunque el estudio no divulga la puntuación específica de Panamá, sí lo ubica dentro del Clúster 1, integrado por países con un desempeño moderado y relativamente estable, donde también figuran la mayoría de las naciones de América Latina y economías de ingreso medio como Argentina, Brasil, China, Turquía y Vietnam. El estudio adquiere relevancia para Panamá debido al aumento previsto de adultos mayores y de enfermedades crónicas, como diabetes, hipertensión y padecimientos cardiovasculares, factores que plantean retos para el sistema de salud y las políticas públicas. La neurocientífica panameña Gabriella Britton, líder del proyecto Panama Aging Research Initiative–Health Disparities (PARI-HD), de Indicasat-AIP, Un estudio internacional sitúa a Panamá entre los países con desempeño moderado y plantea que el envejecimiento saludable depende de la salud, el bienestar y la equidad. iStock considera que la clasificación del país coincide, en términos generales, con los resultados obtenidos en sus investigaciones, aunque advierte que los índices internacionales presentan limitaciones porque utilizan información agregada que no refleja las desigualdades internas. “En nuestras investigaciones hemos observado que el lugar donde vive una persona, su nivel educativo, sus ingresos y el acceso a servicios de salud influyen de manera muy importante en cómo envejece”, señala Britton. También sostiene que estos indicadores no incorporan plenamente aspectos como la calidad del sistema sanitario, las diferencias regionales en el acceso a los servicios, la cultura o el capital social. A su juicio, “en un país con altos niveles de desigualdad, esos elementos pueden marcar una diferencia enorme en la calidad de vida durante la vejez”. Britton coincide con uno de los principales hallazgos del estudio: vivir más años no implica necesariamente vivir mejor. Explica que el principal desafío para Panamá son las enfermedades crónicas no transmisibles, entre ellas la diabetes, la hipertensión, las enfermedades cardiovasculares y las demencias. “Hoy las personas vivimos más años, pero esos años adicionales no siempre transcurren con buena salud. El objetivo no debe ser únicamente aumentar la esperanza de vipor Yasser Yánez García [email protected] da, sino aumentar la esperanza de vida saludable o health span: los años que una persona puede vivir con independencia, autonomía y buena calidad de vida”, afirma. Respecto a los cuatro pilares identificados por el índice —salud, ingresos, ambiente y bienestar—, la investigadora considera que están estrechamente relacionados y que el bienestar es el resultado de la interacción entre ellos. Sin embargo, identifica como una de las principales tareas pendientes para el país la reducción de las desigualdades sociales. Señala que las personas con menores ingresos enfrentan peores condiciones de vivienda, menos acceso a servicios de salud, menores oportunidades educativas y mayores dificultades para mantener calidad de vida durante la vejez. También menciona como factores determinantes la pobreza, las barreras para acceder a la atención médica y la ausencia de una política nacional integral de cuidados. Britton considera además importante que Panamá avance en la ratificación de la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores y sostiene que el envejecimiento debe convertirse en una prioridad de política pública. Los autores del estudio plantean que responder al envejecimiento poblacional requiere ir más allá del fortalecimiento de la atención sanitaria. También consideran necesario reducir las desigualdades económicas, mejorar la calidad del entorno, promover estilos de vida saludables y favorecer el bienestar general. Entre las principales conclusiones, el estudio destaca que existe una brecha entre la esperanza de vida y la esperanza de vida saludable, entendida como los años que una persona puede vivir sin enfermedades incapacitantes o discapacidades. No obstante, también encontró una correlación casi perfecta entre ambas variables, lo que indica que los países donde las personas viven más años suelen ser también aquellos donde disfrutan de más años libres de enfermedad. Otro hallazgo señala que la duración de la vida laboral tiene una correlación prácticamente nula con la longevidad y el estado de salud de la población. En cambio, factores como el acceso a los servicios de salud, el nivel de ingresos, la calidad del ambiente y el bienestar subjetivo mostraron una influencia mucho mayor sobre el envejecimiento saludable. A partir de los datos recopilados, los investigadores clasificaron a los 153 países en cuatro grupos. El grupo con mejores resultados está integrado por Alemania, Japón, Estados Unidos, Australia, Suiza, Finlandia, Dinamarca y Luxemburgo, países que combinan altos ingresos, sistemas sanitarios sólidos, elevados niveles de satisfacción con la vida y políticas ambientales consolidadas. En el extremo opuesto aparecen Afganistán, Egipto, Nigeria y Zimbabwe, afectados por problemas estructurales relacionados con la pobreza, la atención sanitaria y las condiciones socioeconómicas. Según los autores, los países del Clúster 1, donde se encuentra Panamá, muestran avances importantes, aunque sus resultados suelen depender de fortalezas específicas y no de un desarrollo integral. Como ejemplo, mencionan que Argentina y Brasil obtienen mejores puntuaciones en satisfacción con la vida, mientras otros indicadores continúan representando desafíos. En Panamá, estos temas son estudiados desde hace más de una década por el proyecto PARI-HD, que analiza cómo factores biológicos, sociales y económicos influyen en el envejecimiento, el deterioro cognitivo y las demencias. Britton explica que uno de los principales hallazgos ha sido confirmar que las desigualdades sociales también se reflejan en la salud cognitiva. Según sus investigaciones, las personas atendidas a través de los servicios de salud presentan, en promedio, peor estado de salud cognitiva que quienes fueron incorporadas desde la comunidad, mientras que quienes no completaron la educación primaria o secundaria muestran mayor vulnerabilidad al deterioro cognitivo. La investigadora advierte además que Panamá enfrenta limitaciones para el diagnóstico temprano, el seguimiento especializado y el acceso a programas de prevención y apoyo para personas con problemas de memoria. “Detectar estos casos en etapas iniciales permite planificar mejor la atención, intervenir sobre factores modificables y ofrecer mayor apoyo a las familias”, afirma. Añade que existen biomarcadores en sangre y nuevas tecnologías que podrían complementar el diagnóstico clínico, aunque considera que el desafío consiste en incorporarlas de forma progresiva y equitativa dentro del sistema de salud para beneficiar a toda la población. Panamá enfrenta el reto de aumentar la esperanza de vida saludable en una población que envejece y convive cada vez más con enfermedades crónicas y gran desigualdad. Vivir Cerca de dos centenares de duplas conformadas sobre todo por padres e hijos participaron ayer domingo en la XXV Carrera de Cochecitos sin Motor, una actividad que se ha vuelto una tradición familiar en La Paz, la sede del Gobierno y el Legislativo de Bolivia. La carrera fue organizada por la Alcaldía de La Paz y corrieron unos 180 cochecitos, dijo la directora Municipal de Deportes, Mickaela Gonzáles. La carrera fue declarada Patrimonio Cultural e Inmaterial del Municipio de La Paz en 2016. 25 años de tradición familiar

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