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2A La Prensa Panamá, domingo 19 de julio de 2026 En el corazón de la selva del Darién, la crisis migratoria continúa su curso en 2026, con cifras que reflejan una realidad humana compleja y persistente. Aunque el flujo ha disminuido de forma considerable con respecto a los años de mayor presión, la selva no ha dejado de ser un corredor para quienes buscan llegar al norte del continente. Durante el primer semestre de 2026, el tránsito irregular volvió a mostrar señales de repunte, especialmente en junio. El movimiento estuvo protagonizado, principalmente, por jóvenes de entre 18 y 35 años que continúan enfrentando ríos caudalosos, montañas, redes criminales y una de las rutas más peligrosas de América en busca de una oportunidad fuera de sus países. Según datos preliminares del Servicio Nacional de Migración de Panamá, un total de 280 personas transitó de forma irregular por la frontera con Colombia durante el primer semestre del año. Aunque el flujo comenzó con cierta moderación y alcanzó su punto más bajo en febrero, con apenas 19 personas, junio registró un repunte al contabilizar 102 migrantes cruzando la inhóspita región, la cifra mensual más alta de 2026. El perfil geográfico de esta travesía es predominanJóvenes lideran el flujo migratorio por el tapón del Darién en lo que va del 2026 DESAFÍAN LA SELVA temente sudamericano: el 87% de los migrantes que cruzaron la frontera procede de países de la región. Venezuela encabeza la lista con 135 ciudadanos, seguida de Ecuador, con 48, y Colombia, con 44. No obstante, el Darién no solo es testigo del paso de migrantes sudamericanos. El informe también identifica a 22 personas procedentes de África, además de un pequeño grupo originario de las Antillas y Norteamérica, lo que subraya el carácter global de esta peligrosa ruta migratoria. Al analizar el género y la condición de quienes se aventuran en la selva, las cifras muestran que la mayoría son hombres adultos, quienes representan el 65% del flujo total, con 182 personas. Sin embargo, la vulnerabilidad sigue presente en esta ruta. El 20% de los migrantes son mujeres y el 15% menores de edad. Entre estos últimos se contabilizaron 20 niñas y 21 niños, una muestra de que familias enteras continúan arriesgando su integridad en busca de nuevos horizontes. Una de las casas albergues inspeccionadas por autoridades del OIJ costarricense. Cortesía/OIJ Niños panameños fallecen entre los cafetales de Costa Rica Ohigginis Arcia Jaramillo [email protected] Ohigginis Arcia [email protected] DRAMA INFANTIL Entre 2020 y febrero de 2026, al menos 19 menores de edad panameños murieron en la zona cafetalera del sector de Los Santos, la mayoría hijos de trabajadores ngäbe-buglé. La cosecha de café en Costa Rica, que cada año recibe a miles de familias indígenas panameñas en busca de sustento, también revela una tragedia poco conocida: niños que mueren mientras acompañan a sus padres en esta migración laboral. Un informe del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), la principal institución de investigación criminal de Costa Rica, revela que, entre 2020 y febrero de 2026, al menos 19 menores de edad —hijos de trabajadores Ngäbe-Buglé procedentes de Panamá— murieron en la zona cafetalera de Los Santos, víctimas de enfermedades prevenibles, condiciones precarias de alojamiento y un limitado acceso a los servicios de salud. En el denominado Eje Cafetero del sureste costarricense, donde cada temporada llegan cientos de familias desde Chiriquí, Bocas del Toro y Veraguas para participar en la recolección del grano, la vulnerabilidad de los trabajadores migrantes ha convertido a los niños en las principales víctimas de un sistema que, según la investigación judicial, presenta graves fallas en materia de protección social y atención sanitaria. “Baches” inhumanos La zona cafetalera de Los Santos se extiende por unos 863 kilómetros cuadrados y comprende comunidades ubicadas entre las montañas del sureste de Costa Rica. Allí, la llegada de trabajadores temporales representa un motor económico fundamental durante los meses de cosecha, pero también expone las profundas desigualdades que enfrentan las familias migrantes que cruzan la frontera para sobrevivir. El recorrido de estas familias suele comenzar en comunidades del sur de Costa Rica, como San Vito o Pérez Zeledón, antes de emprender el ascenso hacia las zonas altas cafetaleras. En autobuses públicos o transportes contratados por intermediarios, atraviesan el Cerro de la Muerte hasta llegar a cantones como Dota, Tarrazú, León Cortés y Frailes. El cambio de ambiente representa uno de los primeros desafíos. Muchas familias dejan atrás zonas cálidas de Panamá y se instalan en montañas donde las temperaturas pueden descender considerablemente durante la temporada de cosecha. Para los bebés y niños pequeños, este cambio climático ocurre en medio de condiciones habitacionales que, según el informe del OIJ, no siempre garantizan protección adecuada. Al llegar a las fincas, los trabajadores son ubicados en estructuras temporales conocidas popularmente como “baches”. Estos espacios, construidos para alojar a los recolectores durante la temporada, presentan en muchos casos deficiencias estructurales, falta de servicios básicos y una ubicación alejada de centros médicos o comercios. La investigación judicial describe viviendas improvisadas, hacinamiento y familias completas compartiendo espacios reducidos. En algunos casos, los albergues se encuentran en zonas de difícil acceso, donde la falta de transporte, comunicación y atención sanitaria inmediata aumenta los riesgos, especialmente cuando un niño presenta síntomas de enfermedad. El informe señala que algunos patronos han normalizado estas condiciones al comparar la situación de los trabajadores con las dificultades que enfrentan en sus comunidades de origen en Panamá. La trazabilidad El Sistema de Trazabilidad Laboral Migratoria, creado para registrar y dar seguimiento a trabajadores agrícolas mediante códigos QR, no está funcionando de manera efectiva en la zona cafetalera, según la investigación del OIJ. La migración irregular por pasos montañosos impide que muchas familias indígenas panameñas sean incorporadas al sistema, dejando a trabajadores y menores fuera de los registros oficiales y con mayores dificultades para acceder a servicios de protección. El OIJ también señala una débil supervisión de los albergues donde permanecen las familias durante la cosecha. Aunque existen permisos sanitarios otorgados por el Minsiterio de Salud de Costa Rica, el seguimiento durante la temporada de cosecha es lpracticamente inexistente lo que deja a muchas familias en una situación de abandono institucional. Costa Rica cuenta con programas como las Casas de la Alegría, que brindan cuidado, alimentación y atención básica a hijos de trabajadores migrantes mientras sus padres laboran. Estos centros funcionan durante la jornada de recolección, generalmente entre las 5:30 de la mañana y las 5:30 de la tarde, mientras sus padres trabajan en los cafetales. Sin embargo, los esfuerzos existentes no han logrado detener una cadena de muertes infantiles que revela problemas más profundos. Sin embargo, estas iniciativas no han logrado evitar una cadena de muertes infantiles. Muertes infantiles Entre enero de 2020 y febrero de 2026, el OIJ identificó 19 muertes de menores vinculadas a esta población, la mayoría niños panameños Ngäbe-Buglé. La bronconeumonía fue la principal causa, con 10 fallecimientos asociados a esta enfermedad respiratoria, que según los investigadores, pudo haberse evitado en muchos casos mediante vacunación, atención médica temprana y seguimiento preventivo. El informe también documenta casos de parasitosis intestinal, partos en condiciones inadecuadas y suicidios de adolescentes. Uno de los casos más alarmantes ocurrió en un albergue de Frailes, donde un bebé de 10 meses murió mientras otros ocho niños presentaban problemas respiratorios graves sin recibir atención médica oportuna. El OIJ advierte sobre un proceso de “deshumanización” de una población que sostiene una actividad económica clave, pero que no siempre recibe garantías mínimas de salud, seguridad y dignidad. La investigación no busca señalar a los cafetaleros, sino exigir mayor responsabilidad institucional. Ante esta realidad, Panamá y Costa Rica anunciaron la creación del Carné Sanitario Binacional, una herramienta para dar continuidad a la atención médica de trabajadores agrícolas Ngäbe-Buglé durante sus desplazamientos temporales y fortalecer la protección de sus familias. Para las autoridades el carné representa un primer paso para garantizar continuidad en la atención médica de una población que cruza fronteras siguiendo la temporada agrícola. Los llamados “baches” no tienen los mínimos requisitos de salubridad. Cortesía OIJ La condiciones naturales del Darién son peligrosas.Getty Images Panorama Suscríbete www.prensa.com Síguenos twitter.com/prensacom Comenta facebook.com/prensacom LP - Fuente: Datos propios Fuente: McKinsey & Company Zona cafetera de Los Santos Costa Rica

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