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4B La Prensa Panamá, domingo 12 de julio de 2026 Primeras españolas que llegaron a Panamá y al Nuevo Mundo La Conquista de América no fue solo cosa de hombres. De hecho, fue constante la presencia femenina y es difícil imaginarla sin ellas. La documentación de la época no llevaba registro de las que viajaban, salvo alguna que otra referencia sobre su número, y dependemos en gran medida de los datos sueltos que encontramos en los cronistas como Pedro Mártir de Anglería, Gonzalo Fernández de Oviedo, Bartolomé de las Casas o Antonio de Herrera y Tordesillas. No es tarea fácil estudiarlas, aunque no imposible. Viajaron de todas las clases sociales, desde tripulantes o criadas, a esposas casadas de familias hidalgas e incluso nobles. Algunas perecieron en naufragios, o fueron esclavizadas por los indígenas, pero no faltaron las que vivieron en la opulencia como Inés y María Escobar, gracias a la fortuna e influencia de sus maridos; o aquellas que eran abandonadas en Castilla, como Juana de Guijón, “honesta y virtuosa dueña”, casada con el bachiller Diego del Corral que prefería a Elvira, su india cueva, prima del cacique Bea, con la que tuvo varios hijos. O fueron notables emprendedoras, como María de Escobar, que Recreación, mujeres desembarcando. Tomado de internet introdujo la cebada y el trigo en 1540. Supervivientes, algunas enviudaron hasta tres veces. Y hubo no menos de tres que ejercieron un gran poder sea por ellas mismas o por su matrimonio, como María Álvarez de Toledo y Rojas que fue virreina consorte y luego propiamente virreina en ausencia de su marido Diego Colón; o Isabel de Bobadilla, la esposa de Pedrarias, que influyó en el matrimonio de Balboa con la hija de ambos, y su hija Isabel Arias Dávila Bobadilla, que fue gobernadora y capitana general de Cuba durante cinco años en ausencia de su marido el conquistador Hernando de Soto. Entre 1520 y 1539 había 845 mujeres españolas registradas en el Nuevo Mundo, la gran mayoría andaluzas. Entre 1540 y 1559 había 1.480 mujeres registradas, de las cuales 675 eran casadas, 75 viudas y 805 solteras. La primera referencia conocida de española que llega a Panamá es Inés de Escobar, que arriba en 1510 con su esposo, el rico hombre de negocios sevillano Juan de Caicedo, nombrado veedor en la expedición de Diego de Nicuesa para la conquista de Veragua, y quien llegó a odiar a Nicuesa porque le puso el ojo a su mujer, o ella a él, no se sabe: era el jefe, tenía, según se dice, una personalidad seductora, y tocaba muy bien la vihuela. Siendo la única mujer entre tantos hombres nada de esto debiera sorpor Alfredo Castillero Calvo ESPECIAL PARA LA PRENSA [email protected] prendernos. Sería una de las primeras españolas en pisar suelo panameño. Se sabe de otras dos, de nombre desconocido, y de una tercera, esposa de uno de los hombres que avistó el Mar del Sur con Balboa. No eran, ni mucho menos, las primeras españolas que llegaban al Nuevo Mundo. Hasta 1502 apenas habrían llegado entre 35 y 40 mujeres ya que los viajes transatlánticos eran de carácter militar y de exploración masculina. En los viajes colombinos solo se conoce de cuatro mujeres en el Segundo Viaje, tres de ellas registradas como tripulantes: María de Granada, Catalina Rodríguez y Catalina Vázquez. En el Tercer Viaje viajaron 30 mujeres, gracias a una licencia de los Reyes Católicos que procuraban fomentar los primeros núcleos familiares estables en Santo Domingo. No es hasta la flota de Nicolás de Ovando con destino a Santo Domingo en 1502 cuando llega al Nuevo Mundo el primer contingente femenino importante. Era la flota más grande organizada por los Reyes Católicos hasta ese momento. Contaba con entre 30 y 32 navíos y 2,500 personas. Viajaban médicos, agricultores, artesanos, frailes franciscanos, personajes que luego hicieron historia en la Conquista, como Diego de Nicuesa, Francisco Pizarro, Juan Ponce de León, Sebastián de Ocampo, Bartolomé de Las Casas, y 70 mujeres casadas. Esta flota introdujo, además, los primeros esclavos negros que, tras la pérdida de mano de obra indígena, eran necesarios para la extracción de oro y las plantaciones de azúcar. El número preciso de mujeres casadas que llegaron con sus esposos consta incluso en los registros de viajeros de la Casa de Contratación de Sevilla de modo que no es objeto de debate. La introducción de familias completas tenía el propósito de promover el asentamiento de los colonos. De esa manera, se fundarían hogares estables, frenando la incontenible pulsión de los conquistadores de probar suerte a donde les llevaran los avances de la Conquista, y propiciando la formación de una sociedad permanente en el Nuevo Mundo. Ovando ordenó que todos los hombres casados que hubieran dejado a sus esposas en España regresaran forzosamente a buscarlas para llevarlas a La Española y continuaran poblándola. Se ha logrado identificar el nombre de algunas de estas mujeres: Teresa de Ayamonte, Catalina de Chávez y Juana de Torres, todas ellas de familias hidalgas o aristocráticas, aunque nuevas investigaciones podrían revelarnos más nombres. El siguiente arribo de un contingente numeroso de mujeres al Nuevo Mundo se produce en 1509 cuando llega la flota de Diego Colón a La Española, como gobernador y virrey. Eran exactamente veinte doncellas de la nobleza castellana, además de varias dueñas (mujeres casadas). Todas ellas viajaban al amparo y cuidado de la nueva virreina de las Indias, doña María Álvarez de Toledo y Rojas, la mujer de más alto linaje que llegó a América en el siglo XVI. Las 20 doncellas eran jóvenes solteras pertenecientes a familias de caballeros e hidalgos de Castilla. Las dueñas y criadas consistía en un número no determinado de mujeres casadas y acompañantes de confianza que completaban el séquito de la corte virreinal. Se conoce el nombre de algunas: Catalina Suárez Marcayda, futura primera esposa de Hernán Cortés (de quien se sospecha la ahorcó, en el primer caso de feminicidio conocido en la Conquista); y María de Cuéllar, hija del tesorero de la isla, quien se casa con el conquistador de Cuba, Diego Velázquez de Cuéllar. La llegada de este numeroso grupo de mujeres solteras fue recibida con grandes festejos que duraron semanas, ya que abundaban los encomenderos y hombre ricos célibes y ávidos por conseguir pareja. La instauración de esta primera corte virreinal transformó significativamente el entorno social de la isla ya que la sola presencia de doña María de Toledo le confería legitimidad política y prestigio social a la administración americana. Doña María de Toledo, pertenecía a la aristocrática Casa de Alba. Era nieta del primer duque de Alba y sobrina del rey Fernando el Católico. Destacó como gran defensora de los derechos indígenas y por esto y sus virtudes personales fue alabada por Bartolomé de Las Casas. Era una mujer sensible y con ideas propias. Las Casas decía de ella que era “prudentísima y muy virtuosa, y que, en su tiempo, en especial en esta isla (La Española) y donde quiera que estuvo, fue matrona, ejemplo de ilustres mujeres”. Queda viuda en 1526 con cuatro hijas mujeres y dos varones. Viaja a España en 1530 donde permanece hasta 1544, cuando regresa a La Española. Durante esos catorce años continuó luchando por los derechos familiares de los Colón ante el propio rey Carlos, que la atendió en la corte con la deferencia que le correspondía a un pariente cercano, ya que eran primos. Cuando regresa a la isla en 1544 llevaba consigo los restos mortales de Diego Colón y de su suegro, don Cristóbal, para enterrarlos en la catedral de Santo Domingo, cumpliendo de esa manera con la voluntad testamentaria de su marido. Nació en 1490 y muere en la isla en 1549, de 59 años. Recordada aún con respeto en Santo Domingo, una estatua suya se erige en la Plaza de España, situada junto al Alcázar de Colón. La presencia de la mujer española como elemento de estabilidad y orden colonial era considerada esencial, como lo expresa varias veces el cronista Oviedo. Lo eran para “civilizar” y estabilizar los nuevos asentamientos. Consideraba que la falta de mujeres españolas era fuente de desorden moral y del escaso arraigo en los conquistadores, y que la familia era la unidad básica de control social y el fundamento para asegurar el éxito de la colonización en contraste con la vida nómada o puramente militar del conquistador. Nuestra Inés de Escobar sobrevivió al desastre de la expedición de Nicuesa y se trasladó al Darién con su marido, don Juan de Caicedo, donde seLa presencia de las mujeres fue decisiva para consolidar la colonización española y dar estabilidad a los primeros asentamientos en América. Vivir La Unión de Músicos y Artistas Bahamense confirmó ayer que entre las diez víctimas del accidente de avioneta ocurrido el viernes figuran varios músicos de The Pond Band y un reconocido DJ, cuya muerte representa una dura pérdida para la cultura del país. El accidente ocurrió en North Andros, cuando la avioneta, una Cessna 402 de Flamingo Air, cubría la ruta entre Nassau y San Andros. Las 10 personas que viajaban a bordo murieron. Mueren músicos en accidente

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