6A La Prensa Panamá, sábado 11 de julio de 2026 Panorama El Comité por la Libertad de los Presos Políticos (Clipp) de Venezuela denunció ayer que estos detenidos en la prisión de Rodeo I, cerca de Caracas, fueron “golpeados, heridos con perdigones y asfixiados con gas lacrimógeno” el pasado domingo, cuando los presionaban a volver a sus celdas luego de pasar días en el patio tras el doble terremoto del 24 de junio. “Los familiares reportan al menos siete presos políticos desaparecidos, entre ellos personas identificadas por sus familiares como José Ángel Barreno Cordones y Ramir Pocaterra Cruz. También denuncian varios heridos por perdigones, personas con golpes visibles y privados de libertad que presentarían síntomas graves como diarrea, vómitos, sangre en heces y vómito con sangre”, dijo el Clipp en X. La activista y miembro del Clipp, Andreina Baduel, dijo a EFE que “hubo una arremetida fortísima para obligarlos a volver a sus celdas”. Baduel agregó que las autoridades pretenden “tenerlos encerrados en las celdas a todo riesgo, a pesar de las réplicas” de los terremotos del pasado día 24 que han dejado 3,889 muertos y 16,740 heridos, a la fecha. El Clipp exige una fe de vida de los presos, atención médica urgente, ingreso de abogados de confianza, investigación inmediata, inspección a las cárceles y que los presos no sean obliDenuncian torturas a presos políticos para meterlos en celdas tras sismos gados a permanecer en las celdas. Según explicó Baduel, las denuncias llegaron luego de que un grupo de familiares visitara la prisión ayer. Las visitas en esta prisión solo se realizan viernes, sábado y domingo y constan de un período de 15 minutos, a través de un vidrio y llamada telefónica. Desde los terremotos de hace 16 días, dijo, solo han permitido tres visitas y, según los familiares, en cárceles como El Rodeo o Ramo Verde hay grietas y deterioro en las infraestructuras. Familiares de los presos políticos en Venezuela señalaron el martes que las autoridades han abandonado a los detenidos tras los sismos, con la desmejora en la alimentación y la falta de atención a las estructuras deterioradas. La oenegé Foro Penal, que lidera la defensa de los presos políticos, registra 372 presos políticos en Venezuela. Hasta el momento, el Ejecutivo venezolano no ha dado un balance oficial sobre la situación de las cárceles tras los terremotos. En medio de la desesperación y con la esperanza de que alguien los haya visto, familiares de los desaparecidos hicieron de una reja un mural para fotos y mensajes. Rodolfo Baptista Brito La vida y la solidaridad aún emergen entre el desastre Rodolfo Baptista Brito ESPECIAL PARA LA PRENSA La Guaira, Venezuela EFE. CARACAS, VENEZUELA ENTREGA ESPECIAL En La Guaira los escombros llenan lo que antes eran zonas residenciales y el ruido de las máquinas se alza mientras miles de personas aún esperan recuperar los cuerpos de sus familiares fallecidos. Luisana Arcia, paramédico de la Organización No Gubernamental (ONG) Ángeles de las Vías, llegó a su casa después de 51 horas de trabajo continuo tras el doble terremoto de 7.2 y 7.5 grados que sacudió Venezuela el 24 de junio. Había pasado la jornada atendiendo víctimas en La Guaira, pero al entrar a su vivienda no pudo contener el llanto. Las imágenes de edificios destruidos, personas fallecidas y familias buscando respuestas regresaron a su mente. Nunca había enfrentado una tragedia de esa magnitud. En las primeras horas, mientras pocos rescatistas lograban llegar desde Caracas, familiares, vecinos y allegados removían con sus propias manos los escombros para encontrar sobrevivientes. Quienes quedaron atrapados bajo toneladas de cemento y acero tuvieron que esperar más tiempo. Con los días, Luisana encontró fortaleza en la resiliencia de los afectados y sus compañeros. Recuerda especialmente a Sebastián, un niño de 13 años rescatado en Caribe, Caraballeda, con traumatismo craneoencefálico y síndrome compartimental en ambas piernas. Esperaba encontrar a un niño asustado, pero encontró a alguien que transmitía tranquilidad. “Para mí tú eres un superhéroe, porque te salvaste de esto”, le dijo durante su atención. El traslado de Sebastián desde La Guaira hasta el Hospital Pérez Carreño, en Caracas, fue uno de los momentos más largos para la paramédico. La fuerza de los habitantes de la zona también marcó a los equipos de rescate nacionales e internacionales que llegaron en los días posteriores. Especialistas de al menos 20 países, entre ellos Estados Unidos, México, El Salvador, Panamá, Argentina, España, Turquía e Israel, participaron en las labores humanitarias. De acuerdo con reportes oficiales, al país arribaron 4 mil 338 rescatistas internacionales. Christian Kuperbank, integrante del equipo de “topos” mexicanos, llevaba siete días trabajando en Venezuela cuando decidió detenerse unas horas para descansar. Destacó la solidaridad y resistencia de los venezolanos frente a una tragedia que calificó como terrible. Nelson Santiago, rescatista venezolano proveniente de Acarigua (estado Portuguesa), también resaltó la capacidad de la población para mantener la esperanza. Recordó que durante una búsqueda en un edificio colapsado escucharon golpes metálicos que podían representar una señal de vida. “Cuando tú estás allá adentro y escuchas una señal de vida, uno agarra una fuerza que te lleva a buscar más allá del cansancio”, explicó. En el edificio OPP-33, en Caribe, fueron encontradas entre 15 y 17 personas vivas dentro de una bóveda con alimentos. En otro punto permanecía atrapada una persona sin agua ni comida, una situación que para Santiago representaba un hecho difícil de explicar. También fue rescatada una niña de cuatro años, quien sobrevivió porque los cuerpos de su madre y abuela la protegieron del impacto de los escombros. La Guaira, uno de los estados más pequeños de Venezuela, enfrentaba una nueva tragedia después del deslave ocurrido en 1999. Aunque Caracas y la entidad costera están separadas por unos 30 kilómetros, la cordillera del Ávila marca una frontera natural entre ambas zonas. Los mayores daños se concentraron en Catia La Mar y Caraballeda. En sectores como Caribe, las construcciones fueron afectadas por las características del terreno, compuesto por depósitos aluviales, arenas y limos que, según expertos, hicieron que el suelo se comportara como “gelatina” durante los movimientos sísmicos. De acuerdo con cifras oficiales, 190 edificios colapsaron en el país y 856 resultaron afectados. Un total de 17 mil 854 personas quedaron sin vivienda. En las calles aparecieron campamentos improvisados, mensajes de familiares buscando desaparecidos y montones de ropa descartada tras saqueos o donaciones. El día de nuestro recorrido, dos semanas después del desastre, La Guaira parecía más organizada. Las carpas donde permanecían los damnificados se mezclaban con los escombros y la preocupación principal era conseguir agua y alimentos. Los habitantes agradecían la ayuda recibida, aunque pedían más productos para niños. En el Casco Colonial de La Guaira, algunas actividades comenzaron a retomarse. Comercios abrieron parcialmente y organizaciones entregaron alimentos y artículos de higiene. También continuaron las muestras de solidaridad mediante la entrega de comida en distintos puntos de la entidad. El terremoto dejó miles de fallecidos, heridos y desaparecidos. En Los Silos, cerca del Puerto de La Guaira, fue instalada una morgue para recibir los cuerpos. Equipos del Saime (Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería), Cicpc (Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas) y CNE (Consejo Nacional Electoral) participaron en la identificación mediante huellas dactilares, registros fotográficos, evaluación odontológica y pruebas de ADN. Mientras los sobrevivientes buscaban refugio, alimento y seguridad, las mascotas también se convirtieron en víctimas silenciosas. Algunos animales quedaron atrapados o separados de sus familias. Misión Nevado informó el rescate de cientos de perros y gatos que recibían atención veterinaria mientras se buscaban hogares temporales o definitivos. En Catia La Mar, la urbanización Páez concentró otra de las grandes operaciones de rescate. El bloque tres colapsó completamente y los equipos trabajaban entre los restos de una estructura construida en 1955. Vecinos y familiares habían iniciado la búsqueda antes de la llegada de organismos especializados, guiados por los gritos de quienes permanecían atrapados. Aunque el tiempo reducía las posibilidades de encontrar sobrevivientes, los rescatistas mantenían la esperanza. Luisana Arcia destacó la preparación de los equipos nacionales y la tecnología de los grupos internacionales, capaz de detectar señales de vida y evaluar estructuras antes de ingresar. El doctor Miguel Hurtado, del Campamento Humanitario Sanare, recordó que una persona hidratada puede resistir hasta 30 días y que la esperanza nunca debe perderse. En medio de la destrucción, la tragedia también mostró la solidaridad, el esfuerzo colectivo y la capacidad humana para mantenerse en pie. Para los equipos de emergencia, cada jornada significaba continuar buscando respuestas entre los restos de edificios que alguna vez fueron hogares. Rescatistas, médicos, voluntarios y familiares compartían la misma incertidumbre: encontrar una voz, un movimiento o cualquier señal que permitiera confirmar que alguien seguía con vida. En los sectores más afectados, el trabajo continuó durante días bajo el sol, entre polvo, concreto fracturado y el recuerdo permanente de quienes no lograron salir. A pesar del dolor, la ayuda humanitaria y la colaboración entre distintos países permitieron sostener las labores y acompañar a una población golpeada por una de las peores tragedias recientes de Venezuela. Lo que quedó de un edificio en el sector Caribe, en la parroquia Caraballeda. Rodolfo Baptista Brito Vigilia de familiares de los presos políticos el 7 de julio. EFE PRENSA.COM Escanee el código QR y acceda a más de esta crónica especial desde la zona de desastre.
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