Bienvenido suscriptor
Perfil Cerrar sesión
Iniciar Sesión
Registro

prensa_2026_07_11

2A La Prensa Panamá, sábado 11 de julio de 2026 Durante años, una red integrada por funcionarios, abogados, tramitadores y ejecutivos del mundo financiero habría encontrado la forma de manipular movimientos tributarios reales para convertirlos en créditos fiscales fraudulentos, que le han generado un hueco de al menos $40 millones al Estado. ¿Cómo fue que esto sucedió en las narices de la Dirección General de Ingresos (DGI), la oficina del gobierno encargada de la administración, recaudación y fiscalización de los impuestos? Las investigaciones apuntan a que esto se habría estado desarrollando durante al menos cinco años. La trampa se descubrió en el 2024, en septiembre. La fórmula no requería abrir una caja fuerte ni mover dinero en efectivo. Bastaba con tener acceso al sistema informático de la DGI, conocer sus vulnerabilidades y aprovechar la ausencia de controles para transformar esos pagos legítimos en créditos fiscales falsos que luego podían ser vendidos y utilizados para reducir obligaciones tributarias de quienes los compraban. Al inicio de este periodo gubernamental, las nuevas autoridades de ingresos habrían notaron que el sistema tributario electrónico ( e-Tax ) carecía de medidas de seguridad básicas. Descubrieron que de forma intencional, se había eliminado sistemáticamente los controles de trazabilidad, permitiendo que cualquier persona con claves realizara movimientos anónimos sin dejar registro de quién, cuándo o desde dónde se accedía. Esa puerta abierta permitió que usuarios con claves de acceso pudieran modificar información tributaria sin dejar una huella clara. El sistema dejó de contar con una cadena de custodia digital capaz de determinar quién había hecho una modificación y cuándo ocurrió. La operación se concentró principalmente en el área de cuenta corriente de la DGI, una dependencia donde se registran los pagos, saldos y movimientos de los contribuyentes. Según las investigaciones, desde allí se podían alterar los registros que luego servirían para construir créditos fiscales inexistentes. La maniobra seguía una La ruta de los créditos brujos y la operación Pandora FRAUDE ruta definida. Primero, la red identificaba pagos reales efectuados por grandes empresas años atrás. En algunos casos, se trataba de transacciones con más de una década de antigüedad. Eran pagos legítimos que habían ingresado al Estado, pero que, mediante modificaciones dentro del sistema, podrían desaparecer del historial tributario del contribuyente original. Al borrar la boleta o registro del pago, el dinero quedaba en una especie de vacío digital. Ese saldo era entonces trasladado dentro del sistema a empresas utilizadas como intermediarias, conocidas dentro de la estructura como “empresas canasta” o compañías de papel. Con esos movimientos se creaban créditos fiscales que aparentaban tener un origen legítimo, aunque no contaban con el proceso que exige la normativa tributaria: una auditoría, una revisión formal y una resolución administrativa que reconociera el crédito. La red habría convertido así pagos reales del Estado en activos digitales falsos que luego podían ser comercializados. El siguiente paso era colocar esos créditos en el mercado. Empresas y entidades con obligaciones tributarias adquirían estos saldos para utilizarlos como compensación frente a la DGI y pagar menos impuestos de manera irregular. Dentro de esta estructura aparecen ejecutivos de una institución financiera, cuya participación es investigada por la adquisición y utilización de estos créditos fiscales fraudulentos en repetidas ocasiones. Aparentemente se trataría de un patrón dentro de la red. En otros casos, a través de sociedades fantasmas ofrecían a terceros -que no formaban parte de la red- la posibilidad de comprar créditos fiscales que aparentaban ser legítimos y que permitían reducir sus obligaciones con la administración tributaria. La operación estaba diseñada para generar confianza. Los documentos que respaldaban los créditos incluían información que simulaba provenir de la autoridad tributaria, con resoluciones y registros que aparentaban validar su existencia. Esa fachada de legalidad habría permitido que empresas formales adquirieron estos créditos creyendo que realizaban una operación financiera permitida y respaldada por la institucionalidad. Estas compañías son consideradas víctimas dentro del esquema y ahora se ven obligadas a emprender acciones legales, tanto penales como civiles, contra quienes les vendieron los documentos falsos. Hasta ahora, la investigación ha llevado a la detención de 31 personas, entre ellos abogados, exfuncionarios de la DGI y representantes del sector privado. Ayer, 10 de julio, se convocó una audiencia ante un juez de garantías para imputar cargos a 16 personas presuntamente vinculadas a la red, quienes fueron aprehendidas el pasado miércoles como parte del operativo denominado Operación Pandora. Las autoridades aprehendieron durante la operación Pandora a 16 personas. Cortesía/Policía Nacional Exjefe de la DGI relata cómo funcionó la red que burló el E-Tax Juan Manuel Díaz C. [email protected] Juan Manuel Díaz C. Yolanda Sandoval [email protected] CORRUPCIÓN Integrantes de la red, capturados en la operación Pandora, entre los que hay funcionarios y exfuncionarios de la DGI, enfrentan cargos por delitos de estafa, falsificación de documentos, asociación ilícita para delinquir y blanqueo de capitales. La red criminal compuesta por funcionarios, abogados, contadores y particulares que operaba dentro de la Dirección General de Ingresos (DGI) diversificaba sus tareas para sustraer el dinero de los contribuyentes. Esto quedó acreditado con la declaración del exjefe de Cuentas Corrientes de la DGI, Eduardo Silvestre, quien relató a la fiscalía cómo estaba diseñada la operación para desviar los montos asignados a los créditos fiscales. De acuerdo con la declaración de Silvestre, algunos funcionarios de la DGI con acceso a la plataforma E-Tax 2.0 se encargaban de alterar los correos electrónicos de los contribuyentes y los representantes legales de las empresas, y se los asignaban a terceras personas. La Fiscalía Especializada contra la Delincuencia Organizada pudo establecer que la red criminal tenían cuentas bancarias que utilizaban como “canastas”, en la que se depositaban los fondos sustraídos ilegalmente, que luego se depositaban en bancos de la localidad y, por último, se repartían entre los integrantes de la red. Bonay International Holding y Bonay Investments Inc. eran las titulares de las cuentas canastas. Bonay International Holding es una sociedad inscrita el 20 de junio de 2011 y tiene como sus directivos y dignatarios a Cira Elizabeth Marín (presidenta), Abraham Ferro Montilla (tesorero), Kelving Alexis Ríos Montilla (secretario) y Ana Chiquinquirá Mejías Puentes (subtesorera). La mayoría de estos nombres se repite en la otra sociedad: Cira Marín, presidenta; Kelving Ríos, secretario, y Abraham Ferro, director. Las dos sociedades tienen el mismo agente residente: Apriori Abogados y Asesores, una firma creada en 2021 que tiene como socios a Jercovick Joyner y Madelaine Idalis Rojas De León. El exfuncionario de la DGI, Eduardo Silvestre, declaró que sostenía reuniones con una tal Rina Mildred Arza en un café en la exclusiva urbanización Santa María, para discutir las cesiones de crédito que se realizarían. La fiscalía también tuvo acceso al teléfono de Silvestre, en donde se ubicaron conversaciones de texto con funcionarios de la DGI en las que se coordinaban las cesiones de créditos fiscales. En las comunicaciones examinadas por la fiscalía hay conversaciones sobre acreditaciones de los fondos a favor de Héctor Luna y Juan Omar Palacios, ambos funcionarios de la DGI. La fiscalía planteó que otros funcionarios (Angelina Rodríguez, Dayra López, Elodia De León, Juana Chog, Vielka Sáez, Luco González y Marlis Caballero) también tenían participación en la red. La fiscalía detalló que algunos congelaban las boletas de pago de los contribuyentes y luego se las asignaban a terceros. Karen Lorena Pitty, presidenta y representante legal de la sociedad Master Eco Green, recibió -según Silvestre- tres transferencias (por $10.8 millones, $714 mil y $10.6 millones) que totalizan más de $22.1 millones, entre 2024 y 2025. Mientras que el abogado Jercovick Joiner, de Apriori Abogados y Asesores, habría recibido dos transferencias por casi $11 millones (una por $6.9 millones y otra por $4 millones), y depositó en sus cuentas la suma de $240 mil, según las investigaciones y el testimonio de Silvestre. También la fiscalía alegó que Cira Marín, de las sociedades Bonay Intl. Investment y Bonay Intrernational Holding, recibió transferencias por $4 millones. Todos estos argumentos fueron expuestos ayer viernes 10 de julio, en una audiencia ante un juez de garantías, convocada para imputar cargos a 16 personas que son parte de la red, las cuales fueron aprehendidas el pasado miércoles como parte del operativo denominado Pandora. La exjefa de Cobranzas de la DGI fue arrestada en marzo. Cortesía/Ministerio Público Panorama Suscríbete www.prensa.com Síguenos twitter.com/prensacom Comenta facebook.com/prensacom

RkJQdWJsaXNoZXIy MTUxNDg2MA==