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4A La Prensa Panamá, martes 16 de junio de 2026 Panorama AUXILIO. El personal de la Unachi no cobró la última quincena. Con esta, ya son cuatro las que están pendientes de pago. Por esa razón, el rector interino Pedro González solicitó la intervención del presidente Mulino y la instalación de una “mesa técnica”. Debe ser la misma ayuda que el ministro de Economía se aburrió de ofrecerle a Etelvina y que ella despreciaba. Lo primero que tienen que hacer es revisar y disminuir los salarios, porque con lo que ganaba Etelvina y su combo, cualquier institución se queda sin plata para pagarle a los demás. SAQUE. El ministro de Salud se fue detrás de la Sele. Está en Canadá, para el primer juego de Panamá en el Mundial 2026, que será este miércoles. ¿Se fue solo o con el exsocio de Bio Materiales? CABEZAZO. La Comisión de Infraestructura Pública y Asuntos del Canal, que preside Pérez Barboni, presentó un informe de gestión. En el último año, hicieron recorridos a los proyectos de la línea 3 del metro, el cuarto puente sobre el Canal, la cinta norteña, río Indio, entre otros. Y el resto de los diputados, ¿no piensa rendir cuentas? La mayoría seguramente está haciendo planes para ver los partidos del Mundial. PIN. Rubén Darío Campos se presentó en Telemetro Reporta para anunciar la formación de un nuevo partido político, luciendo un pin del Parlacen en la solapa. ¿Para qué? La sede de ese organismo ni siquiera está en Panamá. Además, el reglamento interno del Parlacen identifica cuáles son sus símbolos, pero no autoriza a sus miembros a utilizarlos en actividades de proselitismo político. CHIFEO. Bolota es el único diputado del PRD que no participó en las reuniones convocadas por MuliCarlos Abadia, coordinador de la integración Minsa-CSS LP ‘El centro es la población’, Abadía defiende la integración Minsa-CSS Aleida Samaniego C. [email protected] ENTREVISTA El Minsa y la CSS avanzan en un proceso de integración progresiva que incluye expediente clínico único, compensación de costos y reorganización del sistema. La integración entre el Ministerio de Salud (Minsa) y la Caja de Seguro Social (CSS) avanza como uno de los procesos más amplios de reorganización del sistema sanitario panameño, con transformaciones que abarcan desde la atención médica hasta la gestión administrativa y tecnológica. En el centro de ese rediseño, hay una idea que guía cada decisión: que el sistema de salud debe girar en torno a la población y no a las instituciones. El presidente de la Comisión de Integración de los Servicios Públicos en Salud, Carlos Abadía, explica que no se trata de una reforma con resultados inmediatos ni de aplicación rápida. Es una construcción progresiva, sostenida en ajustes técnicos, decisiones operativas y redefiniciones estructurales que aún están en marcha y que requieren tiempo para consolidarse. “Hay un porcentaje de avance, pero es un proceso muy complejo porque son muchos temas que hay que ir integrando”, admite Abadía, al describir el punto en el que se encuentra la iniciativa. Abadía evita las cifras cerradas. No habla de porcentajes exactos ni de fechas definitivas. Prefiere describir el proceso como una transición continua, en la que cada avance abre nuevas capas de trabajo y obliga a nuevos ajustes. En medio de esa complejidad, insiste en regresar al principio que considera el eje de la reforma. “El centro no es la institución; el centro no somos los profesionales. Nosotros somos una herramienta para que la población tenga un nivel alto de salud. El centro es la población”, afirma. Un expediente clínico único para todo el sistema La integración entre el Minsa y la CSS implica una reorganización profunda de dos sistemas que han funcionado durante décadas de manera paralela. Esa separación, reconoce Abadía, ha generado duplicidades, diferencias operativas y brechas en la atención que ahora se intenta corregir. Uno de los ejes principales del proceso es la creación de un expediente clínico electrónico único. Hasta ahora, ambas instituciones han trabajado con plataformas independientes, lo que ha dificultado el seguimiento de los pacientes cuando transitan de una red a otra. “Un tema que estábamos discutiendo con el ministro, el director de la Caja y el equipo de tecnología es tener una aplicación única del expediente clínico”, explica. El objetivo es que la información médica del paciente no dependa de la institución que lo atienda, sino que esté disponible en todo el sistema público de salud. “Ambas instituciones lo estaban haciendo por separado; ahora lo estamos haciendo juntos, con los ajustes necesarios para construir una sola aplicación”, añade. Este cambio tecnológico no es menor. Implica integración de bases de datos, homologación de procesos y coordinación entre equipos técnicos que, hasta hace poco, trabajaban de forma independiente. Compensación de costos entre el Minsa-CSS A la par del expediente clínico único, la integración contempla un sistema de compensación de costos entre el Minsa y la CSS. Este mecanismo busca ordenar el flujo financiero cuando un paciente es atendido en una institución distinta a la que le corresponde por cobertura. “Los procedimientos que se realizan en una instalación del Seguro Social se calculan en costo y el sistema genera automáticamente la cuenta para el Ministerio de Salud cuando se atiende a un no asegurado en la Caja, y viceversa”, detalla. El propósito, aclara, no es únicamente contable, sino de transparencia y equilibrio en la carga del sistema. En el terreno, la integración ya ha comenzado a aplicarse en fases piloto en las provincias de Herrera y Los Santos, donde se han introducido ajustes en la organización de servicios y en la coordinación entre ambas instituciones. Uno de los avances más relevantes, según el coordinador, ha sido la designación de un responsable específico del proceso en esas regiones. “Ya tenemos al doctor Avelino Escobar, encargado de la integración en Herrera y Los Santos. Es un paso importante que se había perdido en intentos anteriores”, señala. Estas provincias funcionan como un laboratorio del modelo. Lo que se ajuste allí servirá como base para la expansión hacia otras regiones del país. El siguiente paso ya tiene un horizonte definido. “Esperamos que en unas seis semanas podamos iniciar en Chiriquí y Bocas del Toro”, adelanta. La expansión no será idéntica en cada región. Abadía reconoce que el sistema debe adaptarse a las particularidades territoriales, tanto en infraestructura como en capacidad instalada. La integración también está redefiniendo la organización de los hospitales. Algunos servicios se redistribuyen entre instalaciones, mientras otros cambian de perfil clínico para responder a nuevas necesidades. “Bien lo has dicho: la parte pediátrica del hospital Nelson Collado pasaría al Cecilio Castillero; la parte de adultos del Cecilio Castillero pasaría al Nelson Collado”, ejemplifica. El hospital Anita Moreno, por su parte, se proyecta como un centro con mayor énfasis en geriatría y oncología, lo que implica una reorganización interna de servicios y especialidades. Abadía plantea que estos cambios tienen impacto en el recurso humano, aunque descarta que la integración implique reducción de personal. “Sería irresponsable decir que vamos a necesitar menos personal. Con esta redistribución puede haber exceso en algunos lugares y déficit en otros”, explica. El desafío, añade, no es solo clínico, sino también logístico. La distribución de medicamentos y suministros ha sido históricamente uno de los puntos más débiles del sistema de salud panameño. “La parte de medicamentos tiene una falla histórica de más de 40 años. Parte del problema ha sido la logística”, señala. Incluso menciona episodios recientes de pérdidas y fallas en la cadena de distribución como evidencia de la necesidad de una reorganización estructural. Pese a los retos, Abadía insiste en que la integración no responde a una coyuntura política, sino a una visión de largo plazo. “Esto es una política de Estado, no de un gobierno”, subraya. En ese sentido, compara el proceso con experiencias internacionales como las de Costa Rica y Brasil, países que han desarrollado modelos propios de integración de servicios de salud. Más allá de las comparaciones, sostiene que el enfoque panameño busca equilibrar autonomía institucional con coordinación funcional, sin eliminar las identidades de cada entidad. Al final de la entrevista, el mensaje vuelve al mismo punto de partida: la población como eje del sistema. “Las decisiones las estamos tomando basadas en lo que le conviene a los cuatro millones y medio de panameños”, concluye. EFE. CIUDAD DE PANAMÁ Un trabajador durante las labores de mantenimiento. EFE/Carlos Lemos La ACP reacondiciona las esclusas centenarias de Gatún MANTENIMIENTO Las esclusas centenarias de Gatún, en el Canal de Panamá, son sometidas desde ayer a obras de reacondicionamiento que incluyen la sustitución de unas válvulas, en el marco del programa de mantenimiento general de la vía interoceánica que involucra más de 500 millones de dólares anuales. El Canal de Panamá cuenta con cinco esclusas: tres centenarias —operativas desde agosto de 1914— y dos de la ampliación construida durante unos ocho años y en servicio desde el 26 de junio de 2016. Los trabajos iniciados, que se prolongarán varios días, se realizan en cámara seca, es decir, vaciada de forma temporal para permitir el acceso seguro a estructuras y componentes que normalmente permanecen bajo el agua. El Canal cuenta con un total de 14 cámaras, 12 de las cuales están en las esclusas centenarias y conocidas como panamax. Estas cámaras miden cada una 304,8 metros de largo y 33,5 de ancho, y son necesarios 101,000 metros cúbicos de agua para llenarlas, de acuerdo con la información oficial. Hay 46 compuertas de bisagra. Estas tienen un tamaño de 65 pies (19,8 metros) de ancho y 7 pies (2,1 metros) de grosor. Sin embargo, la altura varía de 47 (14,32 metros) a 82 pies (24,9 metros) dependiendo de su posición. “Estas que estamos trabajando son las compuertas 33 y 34 de la esclusa de Gatún”, explicó a EFE el ingeniero de recondicionamiento de la división de Esclusas, Wilfredo Yao, quien cumplirá 30 años trabajando en la Autoridad del Canal de Panamá (ACP). En estas obras se están cambiando “seis válvulas”, cuatro de las cuales “tenían algunos daños y había que corregirlos” a fin de “evitar fugas”, dijo el ingeniero Yao. no con las diferentes bancadas. Este diputado es casi de la bancada de RM. ¿Con ellos tampoco acudió? FUERA. Adrián Hernández y Justo Vargas, los dos magistrados del Tribunal Superior de Apelaciones destituidos la semana pasada, no son parte de la carrera judicial, lo cual facilitó que sus nombramientos fueran dejados sin efecto. Que los demás se miren en ese espejo y se comporten. Tal Cual Mónica Palm [email protected]

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