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7A La Prensa Panamá, lunes 8 de junio de 2026 Contacto [email protected] Los artículos de opinión y las caricaturas son responsabilidad exclusiva de los autores. La opinión de La Prensa se expresa únicamente en el Hoy por Hoy. Desde esta perspectiva, las vacunas hacen mucho más que evitar una enfermedad específica. Al prevenir infecciones graves, hospitalizaciones y complicaciones inflamatorias, ayudan a proteger los sistemas biológicos que sostienen nuestra salud a largo plazo. Diversos estudios han comenzado a documentar beneficios adicionales asociados a la vacunación en personas mayores. Se han observado reducciones en el riesgo de hospitalizaciones cardiovasculares, insuficiencia cardíaca, accidentes cerebrovasculares y algunas formas de deterioro cognitivo. Particularmente llamativa es la evidencia emergente que relaciona determinadas vacunas con una menor probabilidad de desarrollar demencia, como la vacuna de herpes zoster. Aunque muchos de estos estudios son observacionales y todavía se requiere investigación adicional para establecer relaciones causales definitivas, los resultados son notablemente consistentes. Diferentes vacunas, administradas en distintos países y poblaciones, parecen asociarse con una mejor preservación de la salud cerebral durante el envejecimiento. La explicación más plausible apunta nuevamente al sistema inmunológico. Cada infección evitada representa una reducción del daño inflamatorio que el organismo tendría que enfrentar. Menos inflamación significa menor estrés sobre los vasos sanguíneos, el cerebro, el corazón y otros órganos vulnerables al paso del tiempo. Además, algunas vacunas parecen inducir fenómenos de “inmunidad entrenada”, mediante los cuales ciertas células inmunológicas desarrollan respuestas más eficientes y equilibradas frente a futuros desafíos. Las colaboraciones para la sección de Opinión deben incluir la identificación del autor. Los artículos no deben exceder 650 palabras. No se publican colaboraciones que hayan aparecido en otros medios y La Prensa se reserva el derecho de seleccionar, editar y publicar. No devolvemos el material. El país de las leyes sin dientes Prevención tución no tiene el músculo ni el presupuesto para supervisar a los más de 3,600 centros educativos que tiene el país. Para colmo de males, la reglamentación de la ley designa a la dirección de los colegios como receptores de las denuncias de acoso y responsables de su investigación, y es justo aquí donde la cosa se pone escabrosa, ya que los colegios buscan resolver estas situaciones a lo interno, dilatando o incluso evitando que el acoso sea llevado a instancias que sí lo tratarán como el delito que es… a fin de cuentas, los trapos sucios se lavan en casa. Es como si mágicamente el hostigamiento escolar fuese menos serio que los ocurridos en otros entornos solo porque ocurre en la escuela y los involucrados son menores de edad. El acoso no deja de ser menos perverso para la víctima, y aun así, los colegios, se escudan en el derecho a la educación para no expulsar a un agresor. Mientras tanto, todo el golpe físico, emocional y económico lo carga la parte afectada y no hay consecuencias para quien debe haberlas. Digo, no podemos esperar más si en Panamá el incumplimiento de la ley es prácticamente un rito de iniciación. En el caso Susana Lezcano Vacunarse también es rejuvenecer Sistema inmunológico La medicina molecular ha transformado nuestra comprensión del envejecimiento. Hoy sabemos que no basta con contar los años transcurridos desde nuestro nacimiento para definir nuestra edad. Existe una diferencia entre la edad cronológica y la edad biológica. Dos personas de la misma edad pueden presentar estados de salud radicalmente distintos, dependiendo de factores como las enfermedades acumuladas, la función inmunológica y los hábitos de vida. Para estudiar estos procesos, la ciencia ha desarrollado herramientas conocidas como relojes biológicos. Estos permiten estimar el grado de envejecimiento de células y tejidos mediante marcadores moleculares que reflejan el desgaste acumulado del organismo. Uno de los hallazgos más consistentes es que la inflamación crónica constituye uno de los principales motores del envejecimiento. A medida que envejecemos, el sistema inmunológico experimenta cambios progresivos. Aparece un estado de inflamación persistente de bajo grado que contribuye al desarrollo de enfermedades cardiovasculares, deterioro cognitivo, diabetes, fragilidad y muchas otras condiciones asociadas a la edad avanzada. Este proceso puede acelerarse aún más cuando sufrimos infecciones. Las enfermedades infecciosas no siempre terminan cuando desaparecen los síntomas. En muchos casos dejan una huella biológica duradera. La experiencia reciente con covid-19 permitió observar con claridad cómo algunas infecciones pueden desencadenar alteraciones inflamatorias persistentes y acelerar procesos relacionados con el envejecimiento celular. En términos sencillos, un sistema inmunológico mejor preparado puede comportarse de manera más resiliente y menos desgastada con los años. Esto obliga a replantear nuestra visión tradicional de la vacunación en la adultez. Vacunarse ya no debería entenderse únicamente como una medida para evitar una infección estacional o una enfermedad puntual. Puede considerarse también una inversión en el envejecimiento saludable. Vivimos en un mundo donde la expectativa de vida continúa aumentando. El verdadero desafío ya no es solamente vivir más años, sino llegar a ellos con buena salud física, mental y funcional. La longevidad pierde valor cuando está acompañada de enfermedad, dependencia o deterioro cognitivo. Por ello, las estrategias que permiten preservar la función biológica adquieren una importancia creciente. La alimentación saludable, la actividad física, el sueño adecuado y la estimulación cognitiva seguirán siendo pilares fundamentales. Pero la evidencia sugiere que la vacunación también merece un lugar en esa lista. Las vacunas no detienen el paso del tiempo. No eliminan las arrugas ni revierten décadas de envejecimiento. Sin embargo, pueden ayudar a proteger los mecanismos biológicos que determinan cómo envejecemos. Al reducir infecciones, inflamación y daño acumulado, contribuyen a mantener un organismo más resiliente y funcional durante más tiempo. Quizás esa sea una de las formas de entender la vacunación en el siglo XXI: con base en la evidencia de la medicina molecular, como una estrategia para preservar la salud biológica, retrasar los procesos asociados al envejecimiento y favorecer una vida más saludable e independiente. En un sentido biológico profundo, vacunarse también es rejuvenecer. Opinión LA AUTORA es directora ejecutiva de CEVAXIN e integrante de la Fundación Ciencia Panamá. LA AUTORA es amiga de la Fundación Libertad particular de la Ley N° 289 de 2022, a pesar de que esta establecía un plazo de 60 días calendario para su reglamentación, tardó más de 26 meses en decretarse. Así como esta ley, hay muchas otras que, a pesar de llegar a la vida jurídica, su capacidad de acción se estanca. Otro ejemplo de esto es el marco jurídico para regular las bibliotecas públicas en Panamá (Ley No. 331 del 24 de octubre de 2022), la cual aun cuando su mandato legal sea válido, la ausencia de reglamentación deja un vacío para definir la capacidad de acción de las entidades y funcionarios que deben hacerla cumplir. Mejor suerte corrió la ley que regula el uso del cannabis en nuestro país, (Ley N° 242 del 13 de octubre de 2021) con la cual las autoridades de salud se tomaron un poco más de 10 meses para reglamentarla, en lugar de los 90 días establecidos... y eso que se trata de una ley para beneficiar a los pacientes. Nos preguntamos por qué nuestros diputados no hacen leyes más útiles, con tanta necesidad que hay en Panamá, por ejemplo, con las leyes anticorrupción y los cambios a los reglamentos en la Asamblea. Pareciera que aquí nadie quiere incomodarse ni incomodar a nadie, así las iniciativas que vemos llegar a ley, son aquellas que menos ampollas causan, pero igual permiten sacarse la foto para el website. Recientemente ocurrió un suceso que involucró a una estudiante menor de edad en una situación de altísima vulnerabilidad, y que se regó como pólvora a través de cuentuchas en redes sociales manejadas por pseudoperiodistas, sin atisbo alguno de ética y normativa de protección al menor. Cada vez que ocurre un hecho como este, y créanme que cuando eres madre de un adolescente te enteras de que ocurre más seguido de lo que como sociedad queremos reconocer, la cháchara digital se enfoca en la ausencia percibida de alguna ley que prevenga y castigue casos de acoso escolar, que es la supuesta génesis de esta situación. Pero resulta que sí tenemos una ley para esto: la Ley N° 289 de 24 de marzo de 2022 “Que promueve la convivencia sin violencia en las instituciones educativas en la República de Panamá”. A pesar de sus objetivos, esta ley, igual que muchas otras en nuestro país, no solo se queda en papel, sino que carece de mecanismos contundentes que generen un cambio real. Si bien esta ley designa a la Defensoría del Pueblo para el seguimiento y supervisión del cumplimiento de las obligaciones en ella previstas, la realidad es que esta instiDiferentes vacunas, administradas en distintos países y poblaciones, parecen asociarse con una mejor preservación de la salud cerebral durante el envejecimiento. Gabrielle Britton Nos preguntamos por qué nuestros diputados no hacen leyes más útiles, con tanta necesidad que hay en Panamá, por ejemplo, con las leyes anticorrupción y los cambios a los reglamentos en la Asamblea. Violencia escolar: un desafío de todos Educación Cada vez que ocurre un caso de bullying, una agresión entre estudiantes o una situación de violencia dentro de un centro educativo, surge una pregunta recurrente: ¿dónde estaban los docentes? La interrogante es válida, pero también revela una tendencia preocupante: atribuir a la escuela una responsabilidad exclusiva sobre problemas que tienen raíces mucho más profundas y complejas. La violencia que hoy afecta a nuestros niños y adolescentes no nace en el aula. En muchos casos, tiene su origen en entornos familiares conflictivos, en la normalización de conductas agresivas, en el consumo indiscriminado de contenidos violentos en redes sociales, en la falta de supervisión digital y en una creciente pérdida de espacios de diálogo y formación en valores. La escuela recibe diariamente a estudiantes que llegan con distintas realidades emocionales, sociales y familiares. Pretender que el sistema educativo pueda resolver por sí solo todas las manifestaciones de violencia constituye una expectativa poco realista e injusta. Sin embargo, reconocer esta realidad no significa desconocer el papel fundamental de los docentes. Los educadores ocupan una posición privilegiada para detectar señales tempranas de riesgo, promover la convivencia pacífica y activar los mecanismos institucionales de protección cuando sea necesario. Su función es esencial, pero no puede confundirse con la de psicólogos, trabajadores sociales, investigadores o autoridades judiciales. La prevención efectiva de la violencia escolar requiere una verdadera corresponsabilidad social. Las familias son los primeros educadores y tienen la responsabilidad primaria de formar en respeto, empatía y resolución pacífica de conflictos. El Estado debe garantizar recursos, programas de salud mental, orientación especializada y políticas públicas sostenidas. Los medios de comunicación y las plataformas digitales también deben asumir un papel más activo frente a la difusión de contenidos que fomentan la agresión, el odio o la humillación. Por su parte, los centros educativos deben fortalecer la educación socioemocional, los programas de convivencia escolar y los protocolos de actuación frente a situaciones de acoso, violencia o vulneración de derechos. La respuesta no puede limitarse a sancionar cuando el daño ya ocurrió. Es indispensable construir una cultura preventiva que permita identificar riesgos antes de que se conviertan en tragedias. La violencia escolar no es un problema exclusivo de la educación. Es un reflejo de los desafíos que enfrenta la sociedad en su conjunto. Por ello, la pregunta más importante no debería ser únicamente qué están haciendo los docentes, sino qué estamos haciendo todos para garantizar que nuestros niños y adolescentes crezcan en entornos seguros, respetuosos y libres de violencia. La protección de la niñez y la adolescencia es una responsabilidad compartida. Cuando cada actor cumple su función, la escuela deja de ser un escenario de crisis para convertirse en un verdadero espacio de desarrollo humano, convivencia y esperanza. EL AUTOR es abogado litigante. Carlos Baltazar Lan Fundado en 1980 Miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa Presidente fundador Roberto Eisenmann Jr. Director emérito Guillermo Sánchez Borbón † Esta es una publicación de Corporación La Prensa, S.A. ©. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción, sin la autorización escrita de su titular. ISSN 2953-3252: La Prensa ISSN L 1605-069X: prensa.com en la edición de contenidos y mejorar la experiencia de lectura. Garantizamos que todo contenido publicado es creado y rigurosamente revisado por nuestro equipo editorial antes de su difusión. Utilizamos la IA como herramienta de apoyo para asegurar la precisión y calidad de la información que entregamos a nuestros lectores. Presidente y Director Editorial (Encargado) Jorge Molina Mendoza Subdirectora de Investigación, Política y Judiciales Mónica Palm Subdirector Asociado Rolando Rodríguez B. 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