8A La Prensa Panamá, domingo 10 de mayo de 2026 La opinión de Hilde Contacto [email protected] Los artículos de opinión y las caricaturas son responsabilidad exclusiva de los autores. La opinión de La Prensa se expresa únicamente en el Hoy por Hoy. ta mesa de tragedia. La ASEP, como ente regulador, históricamente ha ignorado su responsabilidad legal de monitorear, regular y fiscalizar los servicios de agua potable y alcantarillado. Al permitir que el Idaan sea juez y parte de sus propias decisiones, la ASEP se ha convertido en cómplice al avalar permanentemente un ecosistema de impunidad administrativa. En esta misma mesa se sienta un tercer invitado de lujo: Conades. Institución adscrita al Ministerio de la Presidencia que gestiona grandes proyectos de agua y saneamiento, en su mayoría no alineados con la capacidad operativa ni financiera del Idaan . El resultado son costosas obras que existen en una “burbuja” y que terminan siendo gestionadas por contratistas, fuera del alcance de una administración integral. Cifras de una gestión negligente El diagnóstico es claro: el trinomio ASEP-Idaan-Conades no funciona. Para muestra, un botón: según cifras oficiales, el consumo aproximado per cápita de Panamá es de “507 litros por día”, un 268% por encima del promedio mundial. Esta cifra es absurdamente elevada. No es que el panameño consuma más agua que la mayoría del mundo, sino que esos 507 litros incluyen un nivel inaceptable de pérdidas producto de negligencia gerencial, Las colaboraciones para la sección de Opinión deben incluir la identificación del autor. Los artículos no deben exceder 650 palabras. No se publican colaboraciones que hayan aparecido en otros medios y La Prensa se reserva el derecho de seleccionar, editar y publicar. No devolvemos el material. Cuando un solo hombre decide el destino de una nación Poder autoritario en crecimiento. La llegada de los ayatolás transformó a Irán de manera radical: sus creencias religiosas reorientaron por completo la política interna y exterior, hasta convertirlo en lo que hoy muchos consideran un actor desestabilizador en Medio Oriente, respaldando a organizaciones como Hamás y Hezbolá. Un solo cambio de liderazgo bastó para alterar el equilibrio de toda una región. El caso de Cuba es igual de doloroso. Sacar a Fulgencio Batista por corrupción parecía la solución a los males de la isla, pero el remedio resultó infinitamente peor que la enfermedad. Décadas de dictadura castrista han condenado a generaciones enteras al exilio, la miseria y el silencio. Y si miramos más atrás, encontramos a Adolf Hitler llevando a Alemania a la destrucción total, o a Juan Domingo Perón empujando a Argentina hacia un deterioro económico del que aún no logra recuperarse plenamente. Pero no todo en la historia es sombrío. En el extremo opuesto brillan figuras como Lee Kuan Yew, en Singapur, capaz de transformar una pequeña isla sin recursos en una potencia económica mundial, o AuOctavio Vallarino Arias Panamá: el país donde abunda el agua, menos en los hogares Crisis del Idaan Desde que me mudé a la capital en 1984, recuerdo que el suministro de agua potable nunca ha sido constante. En aquel entonces, los episodios de baja presión o ausencia total solían generar un disgusto pasajero, pero se resolvían sin mayores traumas. Hoy, la realidad es otra. El suministro se caracteriza por racionamientos frecuentes, escasez crónica e interrupciones prolongadas que, lamentablemente, se han normalizado y solo pueden catalogarse como síntomas de una crisis nacional. Tras décadas de administrar el Idaan sin objetivos técnicos claros, se ha abusado del sistema hasta propiciar su colapso. Hoy, las repercusiones sobrepasan el precio que la mayoría de los panameños estamos dispuestos a pagar. El trinomio del descalabro Pero el Idaan no es el único invitado a estos “taquilleros”— no importa cuántos parches le coloquen, aunque sean de oro, el sistema nunca se recuperará. Se requiere una reingeniería integral, liderada por un equipo capaz, que identifique objetivamente las prioridades, desarrolle un plan estratégico de intervención con indicadores reales y personal con responsabilidades claras. Solo así se podrá revertir esta preocupante situación de manera contundente, antes de que degenere en un problema social o una crisis sanitaria sin precedentes. Una lección del pasado A finales de los años 80 aprendí gestión de agua como ingeniero en la Panama Canal Commission (PCC), institución de transición que precedió a la Autoridad del Canal de Panamá. Durante ese período diseñé e implementé el primer programa de mantenimiento preventivo para el sistema de agua potable del Canal y de las bases militares, tanto en el Atlántico como en el Pacífico. La PCC, como dependencia del gobierno federal de Estados Unidos, aplicaba normas de la American Water Works Association en su gestión del agua, las mismas que el Idaan afirma aplicar desde hace más de 20 años. La pregunta obligada es: ¿por qué funcionaban en la PCC y no en el resto del país? La respuesta, me temo, no está en los manuales técnicos, las auditorías de renombrados expertos ni las consultorías internacionales, sino en la voluntad de quienes dirigen el Estado. Opinión EL AUTOR es ingeniero industrial y en sistemas, con MBA en Mercadotecnia. EL AUTOR es promotor de proyectos. ne propia esta realidad. Fuimos secuestrados por un dictador a quien no le importaba el futuro del país ni el bienestar de sus ciudadanos. El único objetivo de Manuel Antonio Noriega era perpetuarse en el poder, porque abandonar Panamá significaba poner en peligro su vida debido a sus actividades clandestinas. Estados Unidos le ofreció en reiteradas ocasiones salidas negociadas, como el Plan Blandón, que Noriega rechazó una y otra vez. La triste realidad es que este nefasto episodio de nuestra historia pudo evitarse por completo. Si Noriega hubiese hecho desde el primer día lo que terminó haciendo semanas después en la Nunciatura Apostólica —rendirse—, otra habría sido la historia. Así actuó el general Raoul Cédras, cuando vio venir la intervención militar en Haití: prefirió rendirse y luego vivió el resto de sus días en Panamá. No habríamos tenido invasión, ni saqueos, ni destrucción, ni muertos que lamentar. Tan sencillo como eso. La lección que deja la historia es clara: los pueblos sufren o prosperan, en gran medida, por las decisiones de quienes los gobiernan. Por eso resulta vital exigir líderes con visión y verdadero amor por su patria. Porque cuando un solo hombre puede cambiar el destino de una nación, conviene asegurarse de que esa nación elija bien a quién le entrega ese poder. Resulta sorprendente, y a la vez aterrador, comprobar cómo una sola persona puede determinar el rumbo de todo un país. La historia contemporánea está llena de ejemplos: Fidel Castro, Manuel Antonio Noriega, Nicolás Maduro, Juan Domingo Perón y Adolf Hitler. Nombres que, para bien o para mal, han marcado a fuego el destino de millones de seres humanos. Cada uno de ellos demuestra que las naciones pueden ser secuestradas por la voluntad de un hombre. Pensemos en Irán. Cuando gobernaba Mohammad Reza Pahlaví, el último sha de Irán, no existía conflicto alguno con Israel ni con Estados Unidos. Era un país moderno, abierto al mundo y con una economía Ronald Lee gusto Pinochet, en Chile, quien impulsó profundas reformas económicas que sentaron las bases del crecimiento sostenido del país. La misma fórmula —un líder con poder concentrado— puede producir resultados diametralmente opuestos según los valores y la visión de quien gobierna. Otro tema que merece reflexión son las Naciones Unidas. Se nos dijo que serían el fin de las guerras y las garantes de la paz mundial. Me gustaría ver el listado de los conflictos que realmente pudieron evitar. La verdad incómoda es que su efectividad ha sido limitada frente a los grandes conflictos del siglo XXI. Por eso, para algunos, resulta esperanzador el surgimiento de iniciativas como el Consejo de la Paz y el Escudo de las Américas, organismos que tendrán la oportunidad de demostrar si pueden ser más efectivos que la ONU. Mientras tanto, Estados Unidos sigue siendo, querámoslo o no, el policía del planeta. Por intereses propios o por convicción, es ese país el que finalmente termina interviniendo en muchos conflictos internacionales. Aquí en Panamá hemos vivido en carincapacidad técnica y desidia administrativa. Se desperdicia casi el 50% del agua potable; sin embargo, históricamente se ha insistido en ejecutar proyectos multimillonarios para aumentar capacidad, remodelar oficinas, cambiar uniformes, mejorar imagen corporativa y financiar campañas publicitarias, en lugar de priorizar la recuperación de los sistemas existentes de potabilización, conducción, almacenamiento y distribución. ¿En qué mundo tiene sentido pretender llenar un cubo de agua abriendo más la llave y decorando el envase, sin antes reparar las fugas? Spoiler alert: la respuesta no requiere un erudito, solo sentido común. El agua como prioridad nacional Panamá logró su independencia y construyó el Canal, en gran medida, gracias a la abundancia de agua. Pero una cosa es tener abundancia en las cuencas y otra muy distinta en el grifo. ¿Cómo llegamos a esta situación? Simple: mediante una gestión deficiente que, a lo largo del tiempo, ha provocado la escasez efectiva del recurso. Mientras los gobernantes no designen el agua como “prioridad nacional” —por encima de compras “urgentes” y proyecFundado en 1980 Miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa Presidente y Director Editorial (Encargado) Jorge Molina Mendoza Subdirectora de Investigación, Política y Judiciales Mónica Palm Subdirector Asociado Rolando Rodríguez B. Subdirectora Digital Yolanda Sandoval Editor del Impreso Juan Luis Batista Jefa de Información Cecilia Fonseca Gerente General Sudy S. de Chassin ISSN 2953-3252: La Prensa ISSN L 1605-069X: prensa.com Aviso sobre el uso de Inteligencia Artificial Este periódico emplea inteligencia artificial (IA) para asistir en la edición de contenidos y mejorar la experiencia de lectura. 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