7B La Prensa Panamá, lunes 20 de abril de 2026 La monarca durante su Jubileo de Diamantes en Londres, el 5 de junio de 2012, por la celebraciones de sus 60 años en el trono británico. EFE Cien años de la reina Isabel II por EFE Londres, Inglaterra No estaba destinada a reinar, y aun así se convirtió en la guardiana de todo un siglo. Mañana, hubiese cumplido 100 años. La muerte de Isabel II en 2022 cerró el último vínculo simbólico con el siglo XX. Más que una jefa de Estado, fue un ejercicio de constancia y prudencia que sostuvo a la monarquía británica como un punto fijo en un mundo cambiante. Su poder no residió en decisiones políticas, sino en la continuidad y la influencia silenciosa. Nació el 21 de abril de 1926, y no estaba destinada al trono, pero la abdicación de su tío y la muerte de su padre la llevaron a reinar desde los 25 años. Su mandato, de más de siete décadas, fue el más largo de la historia británica. Durante ese tiempo, atravesó la descolonización, la Guerra Fría y la transformación del Imperio en la Commonwealth, consolidándose como símbolo de estabilidad. Su vida fue entendida como un deber absoluto. La coronación televisada en 1953 marcó el inicio de una figura pública omnipresente pero distante. Casada con Felipe de Edimburgo por más de 70 años, encontró en él su principal apoyo, su “roca” y confidente, pese a que nunca ostentó el título de rey. Hasta el fallecimiento de Felipe en abril de 2021 a los 99 años, él fue la única persona que la trató como una mujer normal. En la intimidad, él eran la única capaz de contradecirla, proporcionando el equilibrio necesario a una mujer rodeada de dóciles cortesanos. Caminó siempre dos pasos por detrás en el protocolo, pero siendo su confidente absoluto, permitiéndole soportar el peso de una corona. Pero Felipe nunca fue rey ya que en Inglaterra, el título de rey tiente un rango superior al de reina, por eso si un hombre se casa con una reina por derecho dinástico, y se convierte en rey superaría su título a la soberana legítima, por tanto nunca pudo sostener mayor título que el de príncipe consorte. En el plano político, destacó por su diplomacia sutil, capaz de mantener la cohesión entre naciones diversas y actuar como autoridad moral en medio de tensiones globales. Trabajó con 15 primeros ministros, desde Winston Churchill, Margaret Thatcher hasta Liz Truss. Sin embargo, su fortaleza institucional contrastó con una imagen personal distante. Educada en una tradición rígida, priorizó el deber sobre la vida familiar, lo que marcó la relación con sus hijos. Esa “frialdad” no era falta de amor, sino al haber sido educada para no mostrar nunca sus emociones en público; aquella protección acabó por mimetizarse en su ser. Con sus hijos menores, Andrés y Eduardo, nacidos una década después, se mostró mucho más relajada. Esa misma contención emocional fue clave en momentos de crisis, como su “Annus Horribilis” en 1992 y, sobre todo, la muerte de Diana en 1997, cuando su aparente frialdad puso en riesgo la legitimidad de la monarquía. Fue entonces cuando demostró su capacidad de adaptación: cambió las formas para preservar la institución. Con el tiempo, se transformó en una figura cercana, una “abuela de la nación”, incluso respetada por críticos de la monarquía. Trabajó hasta el final, fiel a su promesa de servicio. Su legado fue asegurar la continuidad de una institución centenaria, manteniéndola vigente en medio de profundas transformaciones históricas. por EFE Barcelona, España Rosalía se despidió el sábado de Barcelona en su cuarto concierto en la ciudad para presentar el álbum ‘Lux’. EFE Conciertos de Rosalía en Barcelona generan sismos Los cuatro conciertos que Rosalía ha celebrado esta semana en Barcelona hicieron vibrar a la ciudad más allá de las paredes del Palau Sant Jordi: provocaron temblores sísmicos registrados por un acelerómetro del Instituto Cartográfico y Geológico de Cataluña, según el sismólogo Jordi Díaz Cusí. Díaz Cusí, investigador del GEO3BCN-CSIC, un instituto vinculado al Consejo Superior de Investigaciones Científicas, publicó en X un gráfico que muestra los datos de “agitación sísmica” de los días 13, 15, 17 y 18 de abril -días en que Rosalía actuó en Barcelona- captados por un acelerómetro del Instituto Cartográfico y Geológico de Cataluña situado a 500 metros del Estadio Olímpico en Montjuïc, al lado del Palau Sant Jordi. El gráfico de ondas registró que entre las 21:00 horas y las 24:00 horas de la noche de esos días hubo dos picos de actividad inusual sísmica: “Mismo patrón, horas de inicio ligeramente diferentes”, ha señalado. No es algo extraño que los conciertos provoquen vibraciones que recogen los sismógrafos; de hecho, el GEO3BCN llegó a publicar en sus redes a inicios de año un ‘Wrapped sísmico 2025’, una clasificación que recogía los conciertos “más activos” captados en los sensores del Instituto Cartográfico y Geológico de Cataluña, y que el año pasado ganó Lady Gaga. “El análisis de estos datos confirma que el ritmo, la energía del público y la ‘bailabilidad’ de cada canción se traducen en señales sísmicas claramente identificables”, señalaron los estudiosos.
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