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8A La Prensa Panamá, martes 14 de abril de 2026 El equipo planea continuar el monitoreo, marcar individuos y ampliar el análisis genético comparativo para reconstruir ese rompecabezas de movilidad regional. Cortesía Coiba abre una nueva página para la ciencia Yelena Rodríguez ESPECIAL PARA LA PRENSA [email protected] ESTUDIO CIENTÍFICO Un estudio científico confirma por primera vez la presencia del tiburón limón en Coiba y revela que el estuario de Boca Grande funciona como zona de cría reforzando su valor como santuario. A primera vista, el hallazgo parece una noticia de fauna marina. Un registro nuevo. Pero en realidad es mucho más que eso. Lo que un grupo de investigadores panameños encontró en el estuario de Boca Grande, dentro del Parque Nacional Coiba, no solo amplía el mapa conocido del tiburón limón, Negaprion brevirostris; también reordena una conversación mucho mayor sobre la salud de los ecosistemas costeros, el valor estratégico de los estuarios tropicales y la capacidad de Panamá de producir ciencia de alto nivel. La evidencia, respaldada por datos taxonómicos y genéticos, confirma por primera vez la presencia del tiburón limón en aguas estuarinas de Coiba. No se trata de un avistamiento aislado. Se trata de seis individuos juveniles, capturados en distintas épocas de 2025 en Boca Grande, cuya identidad fue corroborada mediante caracteres morfológicos y análisis de ADN. Y, sin embargo, lo más importante no es solo que esté. Lo verdaderamente extraordinario es lo que su presencia significa. Una guardería bajo los manglares Los estuarios suelen describirse como zonas de transición. Pero esa definición, aunque correcta, se queda corta. En realidad, los estuarios son territorios de inicio. Son viveros, maternidades, refugios. Eso mismo explica el Dr. Edgardo Díaz-Ferguson, director ejecutivo de Coiba AIP y líder del estudio, al relatar el origen de esta investigación. El proyecto no nació con la idea de encontrar una “nueva” especie para Coiba, sino con una pregunta más amplia: cómo medir la calidad ambiental de los estuarios panameños utilizando variables fisicoquímicas, biológicas y ecológicas, incluyendo la presencia de grandes depredadores como indicador del buen estado del ecosistema. En esa ruta comparativa, entre estuarios prístinos de Coiba y estuarios intervenidos del continente, Boca Grande empezó a contar una historia distinta. Allí aparecieron juveniles de tiburón. No uno, sino varios. Y entre ellos, una especie que no debía estar allí según el inventario disponible: el tiburón limón. “Lo vimos y nos parece un limón, pero qué raro, aquí no hay limón”, relata Díaz-Ferguson al recordar ese primer acercamiento. La sorpresa obligó a volver al laboratorio, secuenciar, comparar, verificar. El análisis genético confirmó que se trataba, en efecto, de Negaprion brevirostris. Y no de un ejemplar extraviado, sino de varios juveniles encontrados en diferentes momentos del año. Esa recurrencia temporal permite inferir que Boca Grande funciona como zona de reproducción y crianza, un espacio donde las hembras llegan, paren y dejan a sus crías en un ambiente seguro, con alimento y condiciones ambientales favorables. La ciencia tiene para eso una expresión precisa: young of the year. Animales de menos de un año, con señales de nacimiento aún recientes, pero ya plenamente insertos en la dinámica del depredador. El tiburón como termómetro del agua La cultura popular convirtió al tiburón en amenaza, pero la ecología cuenta otra historia. Para Díaz-Ferguson y su equipo, la presencia de depredadores tope o mesodepredadores en un estuario no es una señal de alarma, sino una señal de salud. Donde hay tiburones, dice en esencia la investigación, hay alimento; donde hay alimento, persiste una red ecológica funcional; donde esa red funciona, la calidad ambiental se sostiene. Por eso el hallazgo en Boca Grande tiene un valor que rebasa la taxonomía: confirma que ese estuario conserva atributos ecológicos excepcionales. Aguas con condiciones fisicoquímicas adecuadas, menor carga bacteriana, manglares bien conservados, fondos arenosos, refugio y productividad. El tiburón limón es una especie asociada a aguas claras, fondos arenosos o fangosos y zonas bordeadas por manglar rojo. Su presencia en Boca Grande parece, casi, una certificación ecológica otorgada por la propia naturaleza. PRENSA.COM Escanee el código QR y acceda al artículo completo. Panorama

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