7A La Prensa Panamá, martes 17 de marzo de 2026 Contacto [email protected] Los artículos de opinión y las caricaturas son responsabilidad exclusiva de los autores. La opinión de La Prensa se expresa únicamente en el Hoy por Hoy. de Justicia y su decisión sobre el contrato-ley que regulaba la concesión de dos terminales portuarias en ambos extremos del Canal. La incertidumbre jurídica trajo dudas sobre la efectividad del período de transición de 18 meses antes de que se defina una nueva concesión. Mientras el país debatía hacia adentro, el mundo tenía otros retos. En febrero, el estrecho de Ormuz amaneció cerrado al tránsito. Por ese angosto corredor fluye más del 21% del consumo mundial de derivados del petróleo y un tercio del gas natural licuado del planeta. Su cierre no es una estadística abstracta: es la antesala de un encarecimiento en cadena que afecta desde el combustible hasta el precio de los productos en los supermercados de cualquier ciudad del mundo. En marzo, importantes navieras suspendieron sus tránsitos por el Canal de Suez ante el deterioro de la seguridad en las zonas adyacentes. El Cabo de Buena Esperanza, en el extremo sur de África, se convirtió en alternativa obligada: más segura, pero también más larga, más costosa y más lenta. En ese escenario de rutas perturbadas, Panamá emerge como una constante confiable. Las tensiones internacionales generan un aumento esperado en los tránsitos de gas natural licuado con destino a Asia, Las colaboraciones para la sección de Opinión deben incluir la identificación del autor. Los artículos no deben exceder 650 palabras. No se publican colaboraciones que hayan aparecido en otros medios y La Prensa se reserva el derecho de seleccionar, editar y publicar. No devolvemos el material. Mea culpa presidencial: Boric y Panamá Responsabilidad política dato ha ofrecido un mea culpa comparable: no ha habido balances autocríticos estructurados ni reconocimientos públicos de errores puntuales en la gestión, ni declaraciones de responsabilidad exclusiva por escándalos, fracasos o promesas incumplidas. Los discursos de despedida han enfatizado los avances del período, la transición democrática, la modernización económica, la devolución del Canal, el crecimiento y la estabilidad, sin entrar en la autocrítica sobre casos emblemáticos, demoras en crisis o errores de gestión. El pasado gobierno, por ejemplo, optó por un tono emotivo de gratitud y resaltó logros frente a dificultades, pero los análisis coincidieron en que fue un mensaje sin autocrítica: no admitió fallos específicos en el manejo de la pandemia, en promesas económicas ni en temas de corrupción o infraestructura. Panamá enfrenta desde hace décadas problemas estructurales profundos: corrupción endémica que erosiona las instituciones, elevada desigualdad social que deja a amplios sectores en situación de vulnerabilidad, deficiencias crónicas en infraestructura y servicios básicos, desafíos en la gestión migratoria y tensiones sociales acumuladas que han debilitado la confianza ciudadana. En este contexto, un reconocimiento público de errores como el realizado por Boric no solo contribuiría a la reconciliación nacional, al sanar heridas históricas y reconstruir la confianza entre gobernantes y gobernados, sino que también ayudaría directamente al pueblo y no al gobierno entrante, al priorizar la honestidad política y la rendición de cuentas por encima de Tomás Cristóbal Alonso El Canal de Panamá y la responsabilidad de un país puente Plataforma logística Busca en cualquier mapa del mundo un punto donde dos océanos plenos —el Atlántico y el Pacífico— estén separados por apenas 82 kilómetros de tierra. No lo encontrarás en ningún otro lugar. Esa singularidad geográfica, combinada con condiciones excepcionales para la navegación, convirtió a Panamá en el eje sobre el que gira buena parte del comercio global. Hoy cerca del 6% del intercambio mundial pasa por nuestras aguas, conectando los mercados del Pacífico asiático con la costa este americana y Europa. El Canal y sus puertos no son solo infraestructura; son la columna vertebral de una plataforma logística de clase mundial. Solo en 2025 se movilizaron 9.9 millones de contenedores de veinte pies equivalentes (TEUs), un crecimiento del 3.6% respecto a 2024, según la Autoridad Marítima de Panamá. El ritmo es más moderado que el salto del 15.1% registrado el año anterior, pero los resultados hablan por sí solos: dos puertos panameños siguen figurando entre los cinco más importantes de América Latina, según el ranking Lloyd’s List One Hundred Ports 2025. 2026 arrancó con señales de que el entorno global se complica. En enero, la atención interna se concentró en la Corte Suprema que se suman a los más de 2.3 millones de barriles que ya cruzan el Canal diariamente. Y el momento no podría ser mejor: los lagos del Canal operan con capacidades óptimas, listos para absorber ese incremento de demanda. Lo que protege esa confianza no es solo la geografía. Es la neutralidad permanente del Canal, un principio que ha sobrevivido crisis hídricas —como la de 2023— y turbulencias geopolíticas, y que sigue siendo el activo más valioso que Panamá ofrece a sus usuarios: previsibilidad en un mundo impredecible. Como panameños, proteger el tránsito pacífico por nuestras aguas no es un gesto diplomático; es una responsabilidad estratégica. Mantener ese liderazgo exige más que neutralidad nominal. Los puertos de Colón y Balboa solo son superados en movimiento de contenedores por el puerto de Santos, en Brasil. Esa posición privilegiada dentro del continente no se sostiene sola: requiere inversión continua en la infraestructura existente e integración con nuevas conexiones aéreas, terrestres y marítimas que amplíen y profundicen nuestra plataforma logística. Pero ninguna infraestructura rinde sin el talento que la opere. El futuro logístico de Panamá depende, en última instancia, de su capital humano. En un siglo XXI marcado por la tecnología, la volatilidad y la interconexión, las alianzas académicas y la capacitación continua no son un lujo: son condición de competitividad. La sostenibilidad del Canal empieza en las aulas. Preparar a quienes heredarán esa responsabilidad es, sin duda, la tarea más urgente que tenemos por delante. Opinión LA AUTORA forma parte de Jóvenes Unidos por la Educación. EL AUTOR es abogado. cualquier cálculo de imagen o continuidad partidaria. Además, la mayoría de los expresidentes panameños acuden a programas de televisión y a sus redes sociales para ofrecer soluciones una vez fuera del poder, pese a que muchos de los problemas actuales se originaron durante sus mandatos. Estos problemas no nacen de la nada y, en gran medida, fueron creados por la falta de atención a las demandas, necesidades y derechos de la población. Esa diferencia refleja dos estilos políticos y culturales distintos: uno que incorpora la rendición de cuentas personal como parte del cierre democrático, y otro que prioriza la continuidad y la imagen de éxito al dejar el Palacio de las Garzas. Hasta la fecha, Panamá sigue esperando un mea culpa presidencial como el que ofreció Boric. Desde la filosofía del derecho, la diferencia adquiere mayor profundidad. Ronald Dworkin, en El imperio del derecho, sostiene que la integridad del sistema jurídico exige que los gobernantes actúen con coherencia moral y asuman públicamente sus errores para preservar la legitimidad democrática y la confianza ciudadana; un mea culpa como el de Boric sería, en su teoría, un acto de integridad que fortalece el derecho mismo. H. L. A. Hart, en El concepto de derecho, distingue las reglas secundarias de reconocimiento y adjudicación, subrayando que sin mecanismos claros de rendición de cuentas el poder cae en el arbitrio y pierde su carácter normativo. Norberto Bobbio, por su parte, afirma que la responsabilidad política explícita no es una debilidad, sino un requisito esencial para que el derecho cumpla su función de limitar y legitimar el poder. En suma, sin dejar de lado las críticas que puedan hacerse a cualquier gobierno sobre el cumplimiento de sus promesas o la continuidad de políticas, el caso chileno de Boric eligió cerrar su mandato con una autocrítica honesta y específica. Ese gesto encarna principios de integridad, rendición de cuentas y Estado de Derecho; a la larga representa un acto de dignidad y reconocimiento hacia el electorado, y en un país como Panamá, con graves problemas estructurales, podría mejorar la reconciliación nacional y beneficiar directamente a la población. Con el cambio de gobierno en Chile se produjo un gesto pequeño en apariencia, pero de gran significado: al entregar el poder, el presidente saliente Gabriel Boric protagonizó un cierre de mandato inédito en la región: un mea culpa público, claro y detallado. En su última cadena nacional y en una entrevista asumió responsabilidad exclusiva por errores concretos: las demoras en el caso Monsalve —“no hice todo lo que tenía que hacer en los tiempos que tenía que hacerlo”—, la fallida compra de la casa de Salvador Allende, el fracaso del primer proceso constituyente, al que calificó como “derrota política”, las promesas pendientes como el fin del CAE y la sala cuna universal, y el manejo de los indultos y el caso Convenios. Lo hizo con frases directas como “en ambos casos asumo la responsabilidad” y “es responsabilidad exclusiva mía”, mientras defendía logros generales y se despedía “con la frente en alto y las manos limpias”. Ese gesto generó amplio debate porque rompió con la tradición de balances triunfalistas y se constituyó en un acto de dignidad y reconocimiento hacia el electorado, además de representar honestidad política. Reconocer errores implica admitir que ni los presidentes ni los gobiernos son seres perfectos; equivocarse no es buscar culpables, sino alejarse del falso orgullo. En ese sentido, la autocrítica pública se presenta como un acto de sinceridad y de respeto hacia la ciudadanía. Panamá, en cambio, muestra un panorama radicalmente distinto. Desde la restauración democrática en 1989, ninguno de los expresidentes que completaron su manLa posición geográfica de Panamá y la neutralidad del Canal sostienen una plataforma logística global cuya competitividad dependerá cada vez más de inversión, estabilidad jurídica y capital humano. Eymi Garriga El reconocimiento público de errores por parte del expresidente chileno Gabriel Boric reabre el debate sobre la ausencia de autocrítica presidencial en Panamá desde la restauración democrática. Doña Rosa, mi divisa El oficio de escribir El mismo día que falleció el escritor peruano Alfredo Bryce Echenique en Lima, moría en Madrid el periodista y escritor español Raúl del Pozo: dos pinchazos en el corazón de lector, arañazos en la piel de escritor. Ese mismo día, por la tarde, recibí un mensaje de un amigo desde Panamá: “Te cuento, mi abuela tiene 96 años y lee tus columnas. Se llama Rosa Samaniego… Felicidades”. Me conmovió saber que al otro lado, doña Rosa, lee lo que escribo. Al día siguiente, el periodista español David Álvarez compartía la primera columna de Raúl del Pozo en el diario El Mundo. Años de grandísima experiencia como cronista y escritor terminaban recalando en el diario que dirigía Pedro J. Ramírez en 1994. En esa primera columna (Una rosa sucia y eterna) escribió lo siguiente, que creo, como David, que aguanta el paso del tiempo: “Lo primero y principal porque tengo lectores. Ellos y mi nombre y mi apellido son mi única industria. (…) Ahora, el que escribe no tiene más abrigo que los lectores”. Raúl del Pozo, entre tantas grandezas, ocupó, tras la muerte de Francisco Umbral, el espacio de su columna en “la última” de El Mundo, tan leída y celebrada entonces, que me pareció una locura aceptar semejante tarea, pero si alguien podía hacer algo grande desde ese vacío literario y periodístico era él, y lo hizo teniendo como “única industria” su nombre, sus apellidos y sus lectores. Le dije a David Álvarez que las palabras de Raúl del Pozo bien pueden ser una divisa para los que de verdad quieran escribir con dignidad y oficio: “Ahora, el que escribe no tiene más abrigo que los lectores”, y es verdad, y yo tengo en doña Rosa mi divisa, mi lectora, y con esa conciencia y el magisterio de Raúl y otros tantos que hacen bien su oficio, aquí y allá, seguiremos escribiendo. A la memoria de Raúl del Pozo, con un abrazo para sus amigos. EL AUTOR es escritor. Pedro Crenes Fundado en 1980 Miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa Presidente y Director Editorial (Encargado) Jorge Molina Mendoza Gerente General Sudy S. de Chassin Subdirectora y Editora de la Unidad de Investigación Mónica Palm Subdirector Asociado Rolando Rodríguez B. Editora Digital Yolanda Sandoval Editor del Impreso Juan Luis Batista ISSN 2953-3252: La Prensa ISSN L 1605-069X: prensa.com Aviso sobre el uso de Inteligencia Artificial Este periódico emplea inteligencia artificial (IA) para asistir en la edición de contenidos y mejorar la experiencia de lectura. Garantizamos que todo contenido publicado es creado y rigurosamente revisado por nuestro equipo editorial antes de su difusión. Utilizamos la IA como herramienta de apoyo para asegurar la precisión y calidad de la información que entregamos a nuestros lectores. Esta es una publicación de Corporación La Prensa, S.A. ©. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción, sin la autorización escrita de su titular. Presidente fundador Roberto Eisenmann Jr. Director emérito Guillermo Sánchez Borbón
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