9A La Prensa Panamá, miércoles 11 de marzo de 2026 Contacto [email protected] Los artículos de opinión y las caricaturas son responsabilidad exclusiva de los autores. La opinión de La Prensa se expresa únicamente en el Hoy por Hoy. ríos colindantes a los ríos que abastecen a la mayor planta potabilizadora de la provincia. Sin embargo apenas se anuncia el proyecto de río Indio, que no solo proverá de agua potabilizada y viviendas dignas a comunidades en el Oeste, hasta ahora olvidadas, y que además asegura la operación del Canal por 50 años más, afloran ambientalistas, religiosos y comentaristas ocupando negativamente todos los noticieros. El transporte público: No hay mejor inversión social que un buen transporte público, el servicio de Mi Bus ha sido un gran alivio, lastimosamente cada vez es mayor el deterioro de las unidades a causa del vandalismo de sus propios usuarios lo que ha reducido decenas de unidades. El metro ha sido una bendición para la capital y todo el Este de la provincia y pronto lo será para el Oeste, nada trae más paz y bienestar a los hogares como el llegar puntual y descansado al trabajo y después poder compartir dos horas más con la familia. Igualmente reducirá la necesidad de mas vehículos propios, los tranques y el gasto de combustible. Ojalá los políticos y medios no enluten este beneficio social favoreciendo a los actuales diablos rojos. Los “pataconcitos” o basureros en la vía pública: los medios entrevistan una y otra vez a las mismas personas que minutos antes han depositado sus desechos en la calle y que usualmente no pagan el servicio, pero se quejan de los malos olores, contamiLas colaboraciones para la sección de Opinión deben incluir la identificación del autor. Los artículos no deben exceder 650 palabras. No se publican colaboraciones que hayan aparecido en otros medios y La Prensa se reserva el derecho de seleccionar, editar y publicar. No devolvemos el material. El duelo por los puertos Industria marítima te es el factor humano. La ministra de Trabajo, Jackeline Muñoz, aseguró que no habrá despidos para los cerca de 1,200 trabajadores. Sin embargo, la promesa de garantizar el empleo no borra la deuda pendiente. La ley laboral panameña exige liquidaciones formales en casos de cambio de patrono, y el silencio administrativo sobre este punto, mientras se aplaude la estabilidad, es una deuda que el gobierno aún no ha saldado. Custodios con los pantalones abajo Pero si hay un equipo que está más perdido que un vaquero en la niebla es el de la Autoridad Marítima de Panamá (AMP). La imagen de su administrador, Luis A. Roquebert, y del director de Puertos, Max Flores, tratando de explicar los detalles operativos de la toma, refleja a unos funcionarios sorprendidos por la tormenta. De repente, les ha caído el peso de la realidad como una tonelada de contenedores: 26 años de una concesión que se renovó en 2021 sin el debido escrutinio. Durante todo ese tiempo, la AMP, con personal no profesional al frente de cargos clave, brilló por su ausencia en las labores de fiscalización. Ahora, con la Corte Suprema señalando que el contrato perjudicaba a la nación, la falta de supervisión histórica los ha pillado con los pantalones abajo. Y en este punto no podemos olvidar a los que sembraron el viento. El fallo judicial es una condena tácita a los políticos de turno que durante décadas permitieron este desaguisado. La empresa, según se desprende de la lógica del fallo, hizo lo que el entorno le pedía: satisfacer las aspiraciones de políticos inescrupulosos, obtener contratos leoninos y evitar cualquier fiscalización real. Ernesto Pérez Balladares, Mireya MosSósimo Rovira La brusca en el ojo ajeno Responsabilidad ciudadana Por lo general muchos panameños percibimos el país como lleno de defectos, problemas e inseguridades, pero quienes hemos vivido por años en otras ciudades, incluso de países de primer mundo como Europa o Estados Unidos, sabemos que muchas percepciones provienen de noticias simuladas en las redes, de encuestas flojamente elaboradas o de políticos de oposición con aspiraciones hacia las próximas elecciones. Sin embargo y a contrapunto año tras año también recibimos encuestas de revistas de turismo y operadores de tours, reconocidos mundialmente, donde nuestro bello y acogedor país se destaca en primeros lugares como el mejor destino para visitar o retirarse. Me queda claro que es muy fácil incitar la atención popular exacerbando las carencias sociales o utilizando mediáticamente una tragedia natural, incluso cuando son causadas por el propio abuso o negligencia de quienes en ese momento las están exigiendo o reclamando al gobierno, y me permito resaltar algunos de los que más ranking mediático generan: La falta de agua: la mayoría se origina en comunidades improvisadas sin ninguna planificación o sistema eléctrico o pluvial existente. El caso emblemático de Azuero explota después de decenas de años de abuso ambiental y por la contaminación causada por los propios colonos o casenación y la mala recolección. La educación pública: año tras año al inicio de clases se destapa el caldo de justificadas quejas y publicaciones por la falta de restauraciones en las escuelas, sin embargo no vemos esa igual preocupación de los padres de familia, ni de los medios por temas más importantes como son la selección, vocación, capacitación y los paros de los educadores, que son las verdaderas falencias del actual sistema educativo. La corrupción: Comencemos por dejar de lamentarnos de la incapacidad y de quejarnos por la corrupción de las autoridades pues somos nosotros mismos quienes cada cinco años los elegimos o “reelegimos” a sabiendas que no resolvieron, ni van a resolver nada el siguiente quinquenio. Ayudaría con solo investigar antes de las elecciones quienes tienen las capacidades y la honestidad para resolver algunos de los problemas que tanto nos preocupan. Basta de tantos politólogos, comentaristas y periodistas persiguiendo ambulancias, dando informes de tranques, robos y partes policiales. Una de las primeras cosas que debemos hacer es dejar de lamentarnos y desestimar tantas percepciones negativas. El país de las maravillas nunca llegará si no hacemos nuestra parte, busquemos, escuchemos y apoyemos a quienes han demostrado ser gente honrada y trabajadora y especulemos solo sobre qué puedo hacer yo, para lograr un mejor país. No justifiquemos nuestros propios desatinos buscando “la brusca en el ojo ajeno”. Opinión EL AUTOR fue ministro de Comercio e Industrias y embajador de Panamá tanto en Washington como en Italia. EL AUTOR es práctico del Canal. coso, Martín Torrijos, Ricardo Martinelli, Juan Carlos Varela, Laurentino Cortizo... todos los que ocuparon el trono del poder y permitieron que la AMP se convirtiera en una oficina al servicio de los intereses de PPC deben pasar ahora al banquillo de los acusados por su responsabilidad legal y moral en este desfalco institucional. La lección no aprendida Esta crisis portuaria, sin embargo, encierra una oportunidad histórica que no podemos volver a desperdiciar. La jugada de Mulino es un correctivo, pero no es una solución estructural. Llegó el día de implementar la Estrategia Logística de Panamá 2030 mediante la creación de un Ministerio del Mar, un ente rector donde sean los profesionales marítimos, logísticos, portuarios y de la cibernética quienes administren los destinos de nuestro principal recurso. Porque la realidad es tozuda; hoy día el país con más instalaciones portuarias en la región no tiene un ministerio del sector marítimo. Pretendemos administrar el recurso más estratégico de la nación sin el sustento jurídico indispensable para hacerlo. Es como querer construir un barco sin un arquitecto naval. No sabemos administrar ni un mercado de mariscos y pretendemos gestionar puertos de clase mundial. Veintiséis años de administración del Canal han debido enseñarnos que el éxito se basa en la meritocracia, el profesionalismo y la autonomía administrativa y financiera. Pero en lugar de avanzar, vamos para atrás. Nuestras instituciones marítimas han sido secuestradas por la politiquería. La creación de un ministerio marítimo, con personal calificado y alejado de los vaivenes políticos, es la única manera de garantizar que acciones como la toma de estos puertos no sean un hecho heroico aislado, sino el resultado de una política de Estado coherente. De lo contrario, seguiremos condenados a improvisar, esperando que otro sheri£ venga a limpiar el pueblo. La decisión del presidente de la República, José Raúl Mulino, de recuperar los puertos de Balboa y Cristóbal, operados por Panama Ports Company (PPC), filial de CK Hutchison, ha sido un balazo en la polvorienta tranquilidad del statu quo. Respaldado por un fallo de la Corte Suprema que declaró inconstitucional la concesión por otorgar beneficios excesivos y desproporcionados que perjudicaban los intereses del país, el gobierno ejecutó la toma de posesión de las terminales por motivos de interés social urgente. Sin embargo, si se observa con lupa el desarrollo de los acontecimientos, la escena se asemeja más al duelo final de un pueblo sin ley que a una operación de Estado meticulosamente planeada. La aparente e inexplicable improvisación La versión oficial, encabezada por el ingeniero Alberto Alemán Zubieta, sostiene que la recuperación de los puertos no fue un acto de improvisación, sino la conclusión de un trabajo titánico de meses. Con asesoría de consultores externos en materia portuaria internacional, el gobierno se preparó para cualquier escenario jurídico proveniente de la CSJ, siempre con la brújula puesta en no perjudicar los intereses de Panamá. Bajo esa premisa, las recientes ruedas de prensa y la designación de operadores temporales —APM Terminals para Balboa y Terminal Investment Limited (TiL) para Cristóbal, por hasta 18 meses— son la puesta en escena de ese plan. Aunque la coreografía pueda parecer ensayada sobre la marcha, responde a la necesidad urgente de garantizar la operación de ambos puertos con socios de calidad mundial, mientras se estructura la licitación internacional definitiva. El primer gran nubarrón en el horizonEs muy fácil incitar la atención popular exacerbando las carencias sociales o utilizando mediáticamente una tragedia natural. Roberto Alfaro Estripeaut Con asesoría de consultores externos en materia portuaria internacional, el gobierno se preparó para cualquier escenario jurídico proveniente de la CSJ, siempre con la brújula puesta en no perjudicar los intereses de Panamá. ¿Cómo recuperamos el Canal? Soberanía El Canal de Panamá no costó un dólar. Recuperar el Canal costó vidas humanas y años de luchas generacionales. En distintas épocas, personas organizadas bajo un mismo objetivo lograron recuperar el Canal. El 9 de enero de 1964 fue un acontecimiento histórico crucial en esa meta. Por lo tanto, los mártires y las luchas generacionales por la recuperación del Canal ameritan respeto. Como lo planteó Víctor Ávila, en su opúsculo La gesta del 9 de enero, “los panameños veníamos luchando desde el comienzo de la República por introducir cambios sustanciales al Tratado Hay–Bunau Varilla de 1903. Tengamos presente que el primer reclamo que hizo la República a los Estados Unidos de Norteamérica fue en el año de 1904”. Es decir, se trata de una lucha de más de un siglo. Otra fecha cumbre fue el Movimiento Inquilinario, que evidenció cómo sectores de la oligarquía no tenían contradicciones con los zoneítas y, por lo tanto, podían solicitar apoyo para reprimir al pueblo panameño. En distintos momentos de nuestra historia ha existido el vasallaje de una clase dominante que se ha aliado a los intereses de la potencia estadounidense. A lo largo de nuestra historia republicana encontramos avances en la lucha por recuperar nuestra soberanía. En última instancia, cuando nos referimos al Canal estamos hablando también de la Zona del Canal y, por ende, de la reivindicación de nuestra soberanía nacional. Es como dice Ávila: tenemos un problema, una “esencia colonial”, que marca nuestra relación con nuestro principal socio comercial, Estados Unidos. En ese sentido, no importa quién sea presidente o qué partido esté en el gobierno: persistirá, dentro de ese esquema, una relación de dependencia y vasallaje de nuestra clase dominante. El imperio es el imperio, incluso en medio de su crisis de legitimación. En la década de 1940 también tuvieron lugar luchas patrióticas, como el rechazo del Convenio de Bases Filós–Hines. Nuestro siglo XX fue un siglo de luchas por recuperar nuestro territorio, y ese proceso les costó la vida a nuestros mártires. El 9 de enero, como acontecimiento histórico, se materializó parcialmente en los Tratados Torrijos– Carter. Si bien la historia no es lineal, tampoco podemos retroceder, a pesar del vasallaje de nuestras élites políticas y de los intereses irredentistas de la política exterior estadounidense. Necesitamos de nuestra inteligencia colectiva y de prudencia para no retroceder y para estar a la altura de las circunstancias históricas. EL AUTOR es doctor en filosofía. Abdiel Rodríugez Reyes Fundado en 1980 Miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa Presidente y Director Editorial (Encargado) Jorge Molina Mendoza Gerente General Sudy S. de Chassin Subdirectora y Editora de la Unidad de Investigación Mónica Palm Subdirector Asociado Rolando Rodríguez B. 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