El Mundial 2026 se jugará en 16 ciudades sede distribuidas entre Estados Unidos, Canadá y México. Es la primera edición de la historia con tres países anfitriones simultáneos. norteamericano como anfitrión y destinos a la mitad de distancia— apuntan a una participación latinoamericana sin precedente en la historia del torneo. ¿Y LOS DERECHOS? Por encima de todos estos mercados existe un quinto, que no se ve en las calles pero sostiene la economía del evento: los derechos televisivos y el gasto publicitario. FIFA vendió los derechos de televisión y streaming para el ciclo 2026 por aproximadamente 4.600 millones de dólares a nivel mundial. Solo en Estados Unidos, Fox Sports y Telemundo tienen los derechos del torneo. Telemundo proyecta una audiencia acumulada superior a 100 millones de hispanohablantes durante el torneo —la mayor en la historia de la cadena—. La final de Qatar 2022 fue seguida por 1,5 mil millones de espectadores en todo el mundo, el evento más visto de la historia de la televisión. El gasto publicitario global asociado al torneo —tiempo en TV, digital, redes sociales, exterior— se estima entre 7.000 y 9.000 millones de dólares según proyecciones de GroupM y Zenith. Los patrocinadores de nivel máximo de FIFA —Adidas, Coca-Cola, Hyundai, Visa, entre otros— pagan entre 50 y 100 millones de dólares por ciclo mundialista. El revenue comercial total de FIFA para el ciclo 20232026 está proyectado en 11.000 millones de dólares, frente a los $7.500 millones del ciclo anterior. Sumados, los cinco mercados —apuestas, indumentaria, bebidas, viajes y derechos mediáticos— construyen una economía paralela de decenas de miles de millones de dólares que se activa en 39 días, del 11 de junio al 19 de julio. No toda esa cifra es nueva riqueza: parte desplaza gasto que habría ocurrido de todas formas. Pero el nivel de concentración, la velocidad de activación y la escala del evento no tienen equivalente en el calendario económico del deporte. Los $80.000 millones de FIFA son una proyección de máximos. El número real, cuando los economistas lo midan en 2027, será más bajo. Pero incluso con una corrección sustancial, lo que quedará es el mayor movimiento de capital en la historia del fútbol. aficionados con esas ciudades, serán las ganadoras directas. América Latina es el segmento que más cambia entre una edición y otra. Según los datos de IATA, las aerolíneas latinoamericanas registraron un incremento de 85.3 % en tráfico durante los meses del Mundial de Catar. Eso ocurrió a pesar de una barrera logística severa: la distancia entre Buenos Aires o São Paulo y Doha supera las catorce horas de vuelo, con al menos una escala. Los aficionados que hicieron ese viaje fueron, por definición, los de mayor poder adquisitivo y mayor propensión al gasto. Medios de la región estimaron —sin que exista un desglose oficial publicado por FIFA o el Comité Organizador de Catar— que alrededor de 45.000 aficionados argentinos, 35.000 brasileños y 20.000 mexicanos viajaron al torneo, convirtiendo a Argentina en el segundo país emisor de visitantes no-sede después de Estados Unidos. Para 2026, la ecuación logística se invierte completamente. Miami está a ocho horas de Buenos Aires. Las mismas que São Paulo de Dallas. Además, con Panamá como hub con conexión a la gran mayoría de las sedes del Mundial, las posibilidades de asistir aumentan y se transforman en la diferencia entre un viaje accesible para un aficionado de clase media consolidada y uno reservado exclusivamente para el viajero de alto poder adquisitivo. Si Catar movilizó esos números con vuelos de catorce horas y precios de alojamiento de entre 8000 y 1.200 dólares por noche, las proyecciones para 2026 —con el mercado WWW.INVESTOR.COM.PA 75 EVENTOS Fiebre futbolera
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