La naturaleza se ha convertido en uno de los motores de esa nueva narrativa. En las montañas cercanas a San Javier, por ejemplo, se encuentra una de las plataformas de parapente más reconocidas del continente, utilizada incluso en competencias internacionales. Desde allí, los vuelos permiten contemplar una geografía que alterna selva, cerros y llanuras en un solo horizonte. La provincia también ha desarrollado circuitos de trekking, canyoning y kayak en embalses y cascadas que atraviesan los parques naturales del sur. Este tipo de turismo activo responde a una tendencia mundial que privilegia la experiencia sobre la contemplación, y que ha encontrado en Tucumán un escenario inesperado. Sin embargo, la naturaleza no es el único argumento del destino. Tucumán también construye su identidad turística a partir de su cultura viva. A diferencia de otros lugares donde las tradiciones se presentan como espectáculo para visitantes, aquí muchas de esas expresiones siguen formando parte de la vida cotidiana. Las fiestas populares son una muestra clara de esa continuidad cultural. Los corsos de Aguilares, por ejemplo, reúnen cada año a más de mil participantes que durante meses preparan comparsas, trajes y coreografías. En otros puntos de la provincia, celebraciones como la Fiesta Nacional de la Empanada o la Feria de Simoca transforman los espacios públicos en escenarios donde la gastronomía, la música y el comercio tradicional conviven con naturalidad. La cocina tucumana es, de hecho, uno de los grandes símbolos de esa identidad regional. La empanada tucumana, considerada por muchos como la mejor de Argentina, es parte central de esa discusión culinaria que atraviesa al país. Pero, más allá de la competencia simbólica entre provincias, la gastronomía funciona como una puerta de entrada al territorio. El locro, las humitas y los productos derivados del maíz o de la caña de azúcar reflejan una tradición agrícola profundamente arraigada. En cierto modo, la cocina resume la historia productiva de la provincia: una combinación de herencias indígenas, prácticas coloniales y agricultura moderna. Las cifras reflejan que el turismo comienza a ocupar un lugar relevante dentro de esa transformación económica. Solo en enero de 2026, Tucumán recibió cerca de 390.000 visitantes, que generando un El turismo internacional todavía representa una porción menor en comparación con destinos cercanos como Salta o Jujuy. Esa realidad plantea un desafío, pero también una oportunidad: Tucumán sigue siendo, para muchos viajeros extranjeros, un territorio por descubrir. Parte de esa singularidad se explica en los Valles Calchaquíes, donde el paisaje cambia de manera radical. Allí aparecen las bodegas de altura, un fenómeno relativamente reciente dentro del mapa vitivinícola argentino. Tucumán cuenta hoy con dieciocho bodegas, once de ellas abiertas al turismo, que elaboran vinos a más de dos mil metros sobre el nivel del mar. Torrontés aromáticos y malbec intensos acompañan una experiencia que combina degustaciones con recorridos por viñedos, estancias El turismo comunitario y las tradiciones populares revelan la esencia del norte argentino: una cultura viva donde historia, gastronomía y paisaje siguen marcando la identidad local. impacto económico estimado en más de 50.000 millones de pesos. Durante algunos fines de semana largos recientes, la ocupación hotelera superó el 90 %, lo que confirma la capacidad del destino para atraer turismo regional. Aun así, la mayoría de los visitantes proviene de otras provincias. WWW.INVESTOR.COM.PA 30 TRAVEL
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