MTV convirtió la música en experiencia visual global, creó rituales y definió generaciones antes de que existieran algoritmos culturales. Por MATÍAS MORALES Fotos AFP Y CORTESÍA Durante más de cuatro décadas, MTV fue mucho más que un canal de televisión. Fue un sistema de traducción cultural, un filtro que ordenaba el ruido y una autoridad que definía qué merecía atención. Por eso, el apagón definitivo de sus canales musicales no debería leerse como una noticia melancólica ni como un simple ajuste de programación. Lo que realmente se cierra es una función histórica: la idea de que la música necesitaba un intermediario central que la presentara, la legitimara y la convirtiera en experiencia colectiva. Cuando MTV nació en 1981, descubrir música era un proceso lento y profundamente mediado. La radio imponía el ritmo, las discográficas empujaban nombres y la televisión amplificaba aquello que ya había sido aprobado. MTV entendió antes que nadie que algo estaba cambiando: el sonido, por sí solo, ya no bastaba. La música iba a necesitar imagen, relato, estética y actitud. Ese giro no fue accesorio; redefinió la industria y moldeó la cultura pop durante generaciones. El videoclip dejó de ser un elemento promocional para convertirse en una pieza central del lenguaje artístico. Los músicos pasaron a ser figuras visuales completas. No se trataba solo de escuchar una canción, sino de ver a quién la interpretaba, de entender su universo, su vestuario, su gesto y su puesta en escena. MTV no creó a los grandes artistas de finales del siglo XX, pero sí les dio un marco simbólico común que permitió que fueran comprendidos globalmente. Antes de internet, antes de las redes sociales, ya existía una gramática compartida de la cultura pop, y MTV fue su principal traductor. Ese es el verdadero legado que muchas lecturas nostálgicas tienden a simplificar. MTV no fue solo una grilla de videoclips; fue una arquitectura cultural. Estableció jerarquías, marcó rupturas y definió qué era transgresión y qué era mainstream. Programas como MTV Unplugged, Total Request Live o los Video Music Awards no eran simple entretenimiento: funcionaban como dispositivos de validación. Pasar por MTV significaba existir culturalmente. No pasar implicaba quedar fuera del relato dominante. Durante años, MTV cumplió una función que hoy parece anacrónica, pero que entonces era decisiva: ordenar el caos. En un mundo sin algoritmos, ofrecía curaduWWW.INVESTOR.COM.PA 53 tendencias televisión global
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