Mundo Social Abril 2026

ABRIL 2026 MUNDO SOCIAL 112 columna b MS BLINK SUPER MAMÁS @supermamas_panama Hay algo que no nos dijeron cuando nos convertimos en mamás: nuestros hijos no solo iban a aprender de nosotras… también nos iban a reeducar. Y no en matemáticas ni en tecnología, sino en algo mucho más profundo: cómo cuidar el planeta y vivir con propósito. Porque seamos sinceras. Nosotras crecimos en otra época. Una en la que ir al súper significaba salir con un montón de bolsas plásticas sin ningún tipo de culpa. En la que nadie cuestionaba nada. Era lo normal. Y punto. Hasta que un día tienes hijos… y te empiezan a cuestionar todo. En mi caso, empezó con algo tan simple como un carrizo. Ahí estaba mi hija, mirándome con cara seria, diciéndome que no lo usara, que eso contaminaba, que podíamos hacerlo mejor. Y yo, con mi jugo en la mano, sintiéndome ligeramente juzgada por una miniambientalista en casa. Y después vino lo demás. “¿Eso se recicla?”. “Mamá, apaga la luz”. “Llévate tu botella, no compres otra”. Pequeñas frases que al principio parecen detalles… hasta que te das cuenta de que no lo son. Lo impresionante es que esta generación no solo está informada, está conectada. Hablan de reciclaje, de consumo responsable, del cuidado del agua, como si fuera lo más natural del mundo. Pero también hablan de equidad, de inclusión, de respeto. Tienen una sensibilidad que no necesariamente aprendieron de nosotras… pero que ahora nos toca acompañar. Y ahí es donde cambia la crianza. Porque ya no se trata solo de enseñarles modales o rutinas. Se trata de ayudarlos a entender su impacto. De enseñarles que sus decisiones, por pequeñas que parezcan, importan. Que llevar su botella reutilizable no es moda, es intención. Que cuidar su entorno también es cuidar a los demás. Pero lo más bonito de todo esto es que, sin darnos cuenta, también nos están criando a nosotras. Nos enseñan cuando nos corrigen. Cuando nos hacen preguntas incómodas. Cuando nos invitan a hacerlo distinto. Y sí, a veces da risa. A veces una solo quiere usar una bolsita plástica tranquila, sin tener que justificar sus decisiones frente a un comité ambiental de ocho años. Pero en el fondo, sabemos que tienen razón. Nos están enseñando a mirar más allá de lo automático. A cuestionar hábitos que nunca cuestionamos. A hacer pequeños cambios. A ser un poco más conscientes, no perfectas, pero sí más presentes en lo que hacemos. También nos están enseñando algo aún más grande: propósito. Porque estos niños no solo quieren crecer, quieren aportar. Quieren cuidar, ayudar, hacer las cosas mejor. Y eso, aunque a veces nos saque de nuestra zona cómoda, también llena de esperanza. Claro, no es perfecto. Habrá días en los que olviden todo, en los que no quieran reciclar nada y en los que el discurso ambiental desaparezca por completo. Pero ahí estamos nosotras, guiando y aprendiendo. Al final, criar pequeños salvadores del planeta no es hacerlo perfecto. Es criar hijos conscientes, empáticos y conectados con algo más grande. Y aceptar, mis queridas supermamás, que esta vez las que estamos aprendiendo somos nosotras. Criando pequeños salvadores del planeta Super Mamás

RkJQdWJsaXNoZXIy MTc3NzU1MA==