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4B La Prensa Panamá, jueves 10 de septiembre de 2026 Vivir El suicidio no es un instante, es un proceso Cuando Vanessa recuerda lo vivido en 2020, no encuentra un solo momento que explique todo lo que ocurrió y cómo llegó a la depresión. Había demasiadas cosas sucediendo al mismo tiempo. Se estaba divorciando, acababa de descubrir que estaba embarazada y se había ido a vivir con su madre. En medio de los cambios también aparecieron problemas familiares, y a esto se le sumó la pandemia de covid-19. Vanessa es estilista y quedó sin trabajo. Las cuentas comenzaron a acumularse y sus finanzas estaban en rojo. Poco a poco, la angustia se convirtió en ansiedad y luego llegó la depresión. Todo cambió. De ser una mujer trabajadora y luchadora se volvió un ser sin fuerzas, sin esperanzas, sintiéndose atrapada en todo momento. Fue en medio de ese cumulo de situaciones cuando llegó a un punto de desesperación en el que pensó que no quería continuar. Quería que todos sus problemas terminaran. Luego de seis años puede hablar de esa idea, la cual estuvo en su cabeza dando vueltas. Pensar en sus dos hijas y en el niño que venía en camino la hizo desechar lo que creía la solución a sus problemas. Pero la lucha contra la depresión, una de las causas que puede llevar a una persona a pensar en quitarse la vida, continúa. “Sentí que avanzaba con la ayuda de mi psicóloga, pero retrocedí al recibir un diagnóstico de cáncer”, cuenta Vanessa, de 38 años. Esta historia ayuda a entender una realidad que con frecuencia queda oculta detrás de las estadísticas, aquellas que nos dicen que en el mundo se suicidad 720 mil personas al año, según la Organización Mundial de la Salud o la del Ministerio de Salud, que señala que desde 2019 a 2024 se quitaron la vida 882 personas en Panamá. Y es que una crisis suicida - estado transitorio y de alta intensidad en el que la muerte se organiza como salida a un dolor vivido como intolerable, interminable e inescapable- rara vez puede explicarse solamente por el momento en que una persona intenta quitarse la vida. En la mayoría de los casos existe un proceso previo de desgaste, dolor y desesperanza que puede prolongarse durante semanas, meses o incluso años. Una suma de dolores La doctora en Psicología y especialisDebemos informarnos sobre los factores de riesgo que llevan al suicidio y las señales de advertencia. Unsplash/Charlotte Knigt ta en prevención del suicidio, Vali Maduro, explica que no existe un número determinado de oportunidades en las que una persona puede ser escuchada antes de llegar a una crisis. La muerte por suicidio es el resultado de una suma de factores, no de un único acontecimiento. Asegura que lo que sí se conoce es que el riesgo suicida puede desarrollarse como un proceso que pasa por diferentes etapas: ideación, deseo de muerte, planificación, preparación y, eventualmente, un intento. No todas las personas atraviesan exactamente las mismas etapas ni lo hacen de manera lineal. Pero reconocer que existe un proceso permite entender alpor Flor Cogley L. [email protected] go fundamental: hay momentos en los que es posible intervenir porque transcurre un periodo considerable entre la aparición de la idea del suicidio y la acción. Esa ventana de tiempo representa una oportunidad para identificar factores de riesgo (depresión, consumo de drogas, sufrir pérdida de un ser querido u hogar, tener problemas graves de salud) y las señales de advertencia (insomnio severo, desesperanza, aislamiento, sentirse atrapado, ira, sentir que no pertenece a ningún lado o una calma inesperada después de un periodo prolongado de angustia, a lo que hay que prestarle atención si la causa continúa y no creer que la persona ya está bien). Según la psicóloga y psicoterapeuta, Paola Saldaña, en la familia y en el círculo cercano pueden aparecer expresiones que parecen casuales, pero que adquieren otro significado cuando se observan dentro de un patrón de cambios. “Estoy cansado de todo”, “ya no quiero ser una carga” o “todo estaría mejor sin mí” pueden ser expresiones de un dolor que la persona no sabe cómo llevar. Ninguna de estas señales, por sí sola, significa que alguien necesariamente está en riesgo suicida. Lo importante, explica Saldaña, es observar el cambio sostenido respecto de cómo era esa persona anteriormente para que las señales no pasen inadvertidas. En la experiencia de Vanessa, el sufrimiento no desapareció después de que nacierasuhijooacabaralapandemia.Estesetransformóyseprolongóconlallegada del cáncer. Sin embargo, con la ayuda de una psicóloga aprendió a mejorar sus síntomas y a sentirse acompañada. Ella se guardó su deseo, y no habló con su familia sobre ese tema. Pero no todos los casos son así, en muchas ocasiones quien vive una crisis suicida expresa lo que tiene en mente, y hay que estar preparados para saber cómo ayudar. No es egoísmo Uno de los mitos más persistentes es considerar egoísta a quien muere por suicidio. Maduro cuestiona esa interpretación. Explica que una persona en una crisis suicida puede estar profundamente afectada por el dolor emocional y por una enfermedad mental, hasta el punto de perder temporalmente la capacidad de cuidarse a sí misma y de percibir alternativas. Saldaña, coincide al decir que la crisis puede estrechar la mirada de la persona hasta hacer imposible imaginar otra salida. Las personas que no han vivido una crisis suicida suelen preguntarse al momento de conocer que alguien se quitó la vida: “¿no pensó en sus hijos o en sus padres?”. Las psicólogas aseguran que el amor por los hijos, la pareja, los padres o los amigos no necesariamente desaparece. Lo que puede desvanecerse temporalmente es la capacidad de imaginar un futuro en el que el sufrimiento termine de otra manera. En el caso de Vanessa, pensar en sus hijos fue precisamente uno de los elementos que la ayudó a apartarse de aquella idea. Pero eso no significa que el amor familiar sea un tratamiento contra la depresión ni que tener hijos proteja por sí solo a una persona de una crisis. Significa que, en aquel momento particular, sus hijos representaron para ella un ancla. Hoy, se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. La fecha nos recuerda que detrás de una muerte por suicidio suele existir una historia de dolor que comenzó mucho antes. El cantante mexicano Peso Pluma encabeza con 17 candidaturas la lista de finalistas de los Premios Billboard de la Música Latina 2026, seguido de su compatriota Tito Double P, con 15, y del grupo californiano Fuerza Regida, con 12, según anunciaron este miércoles la cadena Telemundo y Billboard. La gala se celebrará el 22 de octubre en Miami, donde se entregarán 47 galardones que abarcan desde el pop latino y música tropical hasta el regional mexicano. Peso Pluma parte favorito El héroe invisible más desfavorables condiciones) cambió cuando a un escritor se le ocurrió impregnar a su personaje principal de la condición más humana posible: la contradicción. Empezaron a surgir personajes que, ante una circunstancia, ya no actuaron como héroes o heroínas, sino que fueron presa del miedo, el egoísmo, la avaricia y hasta la pereza. El público también empezó a identificarse más con aquellos que mostraban una actitud más humana —normal— ante una determinada situación. El cambio, naturalmente, no lo motivó únicamente el personaje principal, sino que formó parte de una evolución de la literatura como tal. ElQuijotemarcópartemedular de ese cambio. La sátira ayudó a los lectores a ver rasgos humanos en las historias y a sentirse identificados. Con el tiempo, aquella evolución también dio un giro temático audaz. El héroe también pasó a ser el monstruo. Observemos, sin ir más allá, la premisa de Crimen y Castigo. Ahí tenemos a una persona con una idea deleznable; sin embargo, caminamos a su lado y nos sumergimos en sus elucubraciones, hasta descendemos a los infiernos de su arrepentimiento. Madame Bovary o Catherine Earnshaw, de Cumbres Borrascosas, plantearon otra perspectiva para una heroína falible, pero inteligente y capaz de alejarse de los cánones de comportamiento esperados de la época, para darles rasgos más humanos y al mismo tiempo criticando a la misma sociedad que imponía dichas normas. Más adelante, Camus plantea a otro personaje principal, pero ya no un héroe, sino que duplica la apuesta hasta el absurdo. Aparece Meursault, un personaje indiferente a la realidad, sin empatía y que no encuentra sentido a la existencia misma. El héroe ya no es tal, sino protagonista. Se transforma en un hombre de carne y hueso entregado a las condiciones y vicisitudes de su entorno. En Indigno de ser humano, Osamu Dazai va incluso más allá, llevando a su protagonista al abismo de la alienación social. Como aquel, han sido numerosos protagonistas que parecen existir siempre al borde. Encontramos en ese mundo a Ferdinand Bardamu, personaje de Celine en Viaje al fin de la noche, que en un arrebato de entusiasmo se enrola para pelear en la Primera Guerra Mundial para desencantarse ante los horrores que le tocó vivir. Las historias varían dependiendo del estilo literario. Ya no todos son héroes o villanos; tal vez son personas normales. En ese contexto encontramos a Santiago, un hombre mayor persiguiendo con desesperación a un pez espada en la hostil inmensidad del océano. Hemingway pone en el tapete de El Viejo y el mar la soledad, la lucha contra la adversidad, la amistad, la añoranza y las introspecciones sobre la muerte. ¿Dónde quedó el héroe? La historia del héroe, o el antihéroe, también ha sido modificada por el estilo de cada autor. Quizás el papel de personajes como el Bandini de John Fante o Chinaski de Bukowski, ya no encajen hoy dentro de ninguna categoría de héroe. Tampoco aquel Juan que Mariana Enriquez propone en Nuestra parte de noche encarne el papel del héroe. No, ya no existen héroes como los antiguos. Y eso es algo bueno. El papel de estos protagonistas es el de narrar una historia, experiencias personales, de plantear una visión distinta de nuestras experiencias y ayudaracomprendernos. La figura del héroe en la literatura era fácil de identificar cuando poblaban los bucólicos territorios de la poesía épica o los libros de caballería. Sin embargo, esa visión del héroe (figura intachable, íntegro y justo, incluso en las LEE LA NOTA COMPLETA Escanea el código QR y conoce qué preguntar y qué no decir. prensa.com/ Luis Burón-Barahona Octavio Colindres [email protected]

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