7A La Prensa Panamá, viernes 5 de junio de 2026 Contacto [email protected] Los artículos de opinión y las caricaturas son responsabilidad exclusiva de los autores. La opinión de La Prensa se expresa únicamente en el Hoy por Hoy. Panamá, además, cuenta con fortalezas importantes y ha dado pasos significativos en la integración de la sostenibilidad en su agenda de desarrollo, ofreciendo una base sólida para avanzar en esta transición. América Latina y el Caribe —y Panamá como parte de esta realidad— cuentan con activos estratégicos excepcionales: algunos de los territorios más biodiversos del planeta, amplias reservas de energía limpia, minerales críticos para la transición verde y tecnológica, y una capacidad productiva clave para la seguridad alimentaria global. Pero esta riqueza plantea un desafío fundamental: ¿cómo transformar nuestros modelos de desarrollo para que el aprovechamiento de estos recursos se traduzca en bienestar para todas las personas, respetando al mismo tiempo los límites planetarios? La respuesta pasa, en gran medida, por la calidad de la gobernanza: instituciones efectivas, con rendición de cuentas y profundamente inclusivas, capaces de orientar estas oportunidades hacia un desarrollo sostenible y resiliente. Responder a estos desafíos implica repensar los modelos de crecimiento. En este sentido, la diversificación productiva y la transición hacia una economía verde representan oportunidades concretas para dinaLas colaboraciones para la sección de Opinión deben incluir la identificación del autor. Los artículos no deben exceder 650 palabras. No se publican colaboraciones que hayan aparecido en otros medios y La Prensa se reserva el derecho de seleccionar, editar y publicar. No devolvemos el material. La apuesta de Panamá por la primera infancia Estimulación ro no lo es. El desarrollo del lenguaje es uno de los mejores predictores del aprendizaje futuro. Las niñas y niños que llegan a la escuela con mejores habilidades tienen mayores probabilidades de aprender a leer más rápido, comprender mejor, mantenerse en el sistema educativo y desarrollar trayectorias educativas exitosas. Además, estos efectos no desaparecen con el tiempo. El estudio encontró que los avances en lenguaje seguían siendo visibles hasta seis años después de la intervención, cuando los niños ya cursaban la educación primaria. Esto confirma algo que la evidencia internacional señala desde hace años: el aprendizaje es acumulativo. Cuando un niño comienza la vida con mayores herramientas cognitivas y socioemocionales, tiene más posibilidades de seguir aprendiendo y desarrollándose en el futuro. Los Caipi administrados por el Mides ofrecen mucho más que cuidado infantil. Son espacios de desarrollo integral que brindan servicios de alimentación, seguimiento a la salud, acompañamiento familiar y actividades de estimulación temprana a más de 2,600 niños en todo el país. Los resultados muestran que incluso un año de asistencia puede ayudar a reducir brechas que afectan especialmente a los niños más vulnerables desde sus primeros años de vida. La importancia de estas iniciativas va más allá del ámbito social; es también una decisión inteligente desde el punto de vista económico. Diversos estudios muestran que invertir en programas de desarrollo infantil de calidad genera algunos de los retornos más altos entre las políticas sociales Carolina Freire Democracia y desarrollo en tiempos de crisis planetaria Desafío ambiental En este mes en que celebramos el Día Mundial del Ambiente, esta realidad nos invita a ir más allá del enfoque tradicional de conservación y a abrir un debate urgente sobre gobernanza, desarrollo y futuro. El reciente informe regional del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Democracias bajo presión. Reimaginar los futuros de la democracia y el desarrollo en América Latina y el Caribe, plantea una tesis clara: la crisis ambiental no es un fenómeno aislado, sino una presión estructural que pone a prueba la capacidad de las instituciones democráticas para responder a tensiones sociales cada vez más complejas. En el caso de Panamá, el desafío de construir un desarrollo verdaderamente resiliente se enfrenta a un entorno de alta complejidad. El país transita la agenda climática en un contexto marcado por desigualdades territoriales persistentes, presiones sobre ecosistemas clave y crecientes riesgos ambientales. Dado que los impactos del cambio climático tienden a profundizar las brechas existentes, la gobernanza democrática es el marco fundamental para gestionar, de manera pacífica y legítima, los intereses diversos y a veces contrapuestos sobre los recursos naturales. mizar la economía, generar empleos de calidad y atraer inversiones responsables que integren rentabilidad con bienestar social y sostenibilidad a largo plazo. Sin embargo, como advierte el análisis del PNUD, toda transición ecológica debe ser también una transición justa. La inclusión social y la adaptación climática deben situarse en el centro de las políticas públicas. Esto implica fortalecer la llamada “agencia ciudadana”: la capacidad real de comunidades locales, pueblos indígenas, mujeres y jóvenes para influir en las decisiones que afectan su territorio y su futuro. Una gobernanza ambiental legítima requiere que estas voces participen activamente en la toma de decisiones. Para enfrentar esta multiplicidad de retos, es fundamental avanzar hacia políticas públicas integrales, basadas en evidencia y sostenidas en el tiempo. En este proceso, el PNUD acompaña a los países con apoyo técnico, promoviendo soluciones innovadoras, el uso de datos para la toma de decisiones, la movilización de financiamiento verde y el fortalecimiento de espacios de diálogo que permitan construir consensos duraderos más allá de los ciclos políticos. El mensaje central es claro: la resiliencia frente a la crisis climática y la fortaleza de las democracias son profundamente interdependientes. En tiempos de crisis planetaria, proteger el ambiente, avanzar el desarrollo inclusivo y fortalecer la democracia no son caminos paralelos: son una misma tarea urgente. Opinión LA AUTORA es Representante Residente PNUD Panamá. LA AUTORA es fundadora y directora ejecutiva de la Fundación Voluntarios de Panamá. en América Latina y el Caribe. En contraste, el costo de no actuar es enorme. Según estimaciones de la revista Lancet, la falta de inversión en desarrollo infantil temprano le cuesta a la región alrededor del 1.6% de su PIB. Por eso, ampliar la cobertura y mejorar la calidad de estos servicios es una inversión estratégica en capital humano. Con apoyo del BID, Panamá ha avanzado en fortalecer la calidad de los Caipi mediante formación docente, supervisión y mejoras en infraestructura y equipamiento. Estas acciones ya se han implementado en más del 60% de los 95 centros públicos del país. Actualmente, siete centros están siendo remodelados y cinco nuevos Caipi se encuentran en construcción en zonas urbanas que todavía carecen de oferta de servicios de primera infancia. Al mismo tiempo, programas como “Cuidarte” y “Juego Aprendo” están llevando orientación y acompañamiento a familias en áreas rurales y de difícil acceso, a través de visitas domiciliarias que promueven prácticas de cuidado y estimulación temprana para más de 5,000 niños y niñas. En una región marcada por profundas desigualdades, invertir en la primera infancia es una de las herramientas más efectivas para ampliar oportunidades desde el comienzo de la vida. Pero también exige algo fundamental: políticas sostenidas y decisiones basadas en evidencia. Estudios como el realizado en Panamá son importantes precisamente porque permiten medir qué funciona, cómo mejorarlo y por qué vale la pena seguir invirtiendo. Al final, la discusión sobre desarrollo infantil temprano no trata únicamente sobre educación o cuidado. Trata sobre el tipo de sociedades que queremos construir. Porque lo que ocurre antes de los cinco años puede marcar el resto de una vida. Y también el futuro de un país. La primera infancia, el período que va desde el nacimiento hasta los 5 años, es una etapa decisiva en la vida de las personas. Durante estos años, el cerebro se desarrolla a una velocidad extraordinaria, formando más de un millón de conexiones neuronales por segundo. Las experiencias tempranas, como las interacciones, el cuidado y la estimulación que reciben los niños, moldean la arquitectura cerebral y tienen efectos duraderos sobre el aprendizaje, la salud, la productividad y el bienestar a lo largo de toda la vida. La evidencia científica es contundente: invertir temprano no solo transforma trayectorias individuales, sino que también fortalece el desarrollo económico y social de los países. Sin embargo, en América Latina y el Caribe, millones de niños siguen creciendo sin acceso a servicios de calidad de cuidado, nutrición y educación temprana. Y las consecuencias son profundas. Las brechas que aparecen en los primeros años tienden a ampliarse con el tiempo, limitando oportunidades educativas, laborales y sociales mucho antes de que un niño llegue a la adolescencia. En Panamá, un nuevo estudio elaborado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) aporta evidencia concreta sobre el impacto que puede tener una intervención oportuna. La investigación encontró que las niñas y los niños que asisten a los Centros de Atención Integral a la Primera Infancia (Caipi) públicos presentan mejoras importantes en el desarrollo del lenguaje, particularmente en vocabulario receptivo: su capacidad para comprender palabras que escuchan, leen o ven. Puede parecer un avance pequeño, peLa triple crisis planetaria —cambio climático, pérdida de biodiversidad y contaminación— ya no es solo un desafío ambiental: es una amenaza estructural para el desarrollo y la estabilidad de las democracias. Bettina Woll Un estudio concluyó que las niñas y los niños que asisten a los Caipi públicos presentan mejoras importantes en el desarrollo del lenguaje, particularmente en vocabulario receptivo: su capacidad para comprender palabras que escuchan, leen o ven. Recuperar los suelos degradados Arco Seco Panamá pierde suelo. Cada aguacero fuerte en Azuero y cada verano extremo en Veraguas se llevan la capa fértil que nos alimenta. La FAO estima que 27% de los suelos del país presentan algún grado de degradación. Estos suelos producen menos y retienen menos agua. El síntoma es claro: el maíz no rinde, aunque apliquemos más fertilizante. Los potreros se inundan y, a las dos semanas, no tienen pasto. El sedimento amenaza los ríos y el Canal. La causa: suelos enfermos sin carbono. El carbono orgánico del suelo (COS) es la materia descompuesta de animales, plantas y microorganismos; le da el color negro al suelo y lo convierte en una esponja. Por cada 1% de materia orgánica que aumentamos en una hectárea de suelo, se almacenan 15,000 litros de agua. En el Arco Seco, esa es la diferencia entre cosechar y perderlo todo. ¿Cómo lo perdemos? Con el arado excesivo, la quema de rastrojos y al dejar el suelo desnudo durante meses. El carbono se oxida y se va a la atmósfera como dióxido de carbono (CO2). Pasamos de suelos con 3% de materia orgánica a suelos grises con menos de 1%. En Los Santos hay fincas que pasaron del 2.8% al 0.7% en 40 años. Ahí no hay urea ni fertilizante químico que alcance. Un suelo con COS mayor de 2% resiste mejor el cambio climático: guarda agua para la sequía, infiltra lluvia y evita la erosión, libera nutrientes lentamente y captura CO2. La iniciativa 4 por mil plantea que subir 0.4% anual el COS compensaría hasta 35% de las emisiones globales. En El Cacao de Capira, los productores eliminaronlaquema,sembraroncoberturay,en cuatro años, su COS pasó de 0.9% a 1.7%, mientras que el rendimiento del maíz aumentó de 35 a 70 quintales por hectárea. En Bugaba, potreros con árboles duplicaronsucargaanimalporqueelsueloretiene agua en verano. La receta es simple: labranza cero, cobertura vegetal, no quemar, rotar cultivos y sembrar más árboles. Recuperar 1% de carbono toma 10 años; perderlo, una sola temporada. Cada tonelada de carbono que devolvemos al suelo es agua que sembramos, fertilidad que cosechamos y clima que aseguramos. El Estado debe actuar mediante crédito verde y pagos por servicios ambientales. La decisión empieza en cada finca. Porque un país sin suelo no tiene futuro. Y un suelo sin carbono está muerto. EL AUTOR es director del CIAPCP-AIP y profesor especial de la Universidad de Panamá, CRU-Los Santos, para Ciencia en Panamá. José Villarreal Núñez Fundado en 1980 Miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa Presidente y Director Editorial (Encargado) Jorge Molina Mendoza Subdirectora de Investigación, Política y Judiciales Mónica Palm Subdirector Asociado Rolando Rodríguez B. Subdirectora Digital Yolanda Sandoval Editor del Impreso Juan Luis Batista Jefa de Información Cecilia Fonseca Gerente General Sudy S. de Chassin ISSN 2953-3252: La Prensa ISSN L 1605-069X: prensa.com Aviso sobre el uso de Inteligencia Artificial Este periódico emplea inteligencia artificial (IA) para asistir en la edición de contenidos y mejorar la experiencia de lectura. Garantizamos que todo contenido publicado es creado y rigurosamente revisado por nuestro equipo editorial antes de su difusión. Utilizamos la IA como herramienta de apoyo para asegurar la precisión y calidad de la información que entregamos a nuestros lectores. Esta es una publicación de Corporación La Prensa, S.A. ©. 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