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1B La Prensa Panamá, lunes 16 de febrero de 2026 Tu opinión nos interesa [email protected] &Negocios @PRENSAECONOMIA Riesgos en edificios PH por instalaciones sin idoneidad La Asociación Panameña de Profesionales de PH advierte sobre el alza de incidentes vinculados a instalaciones sin personal idóneo, morosidad y nuevas amenazas como cargadores eléctricos, entre otros. Fugas de gas, conflictos por humo y trabajos improvisados reflejan los desafíos actuales de la propiedad horizontal en Panamá. Archivo Alex E. Hernández V. ESPECIAL PARA LA PRENSA [email protected] “Eso es facilito”. La frase se repite con frecuencia en edificios residenciales cuando un propietario anuncia que hará una instalación eléctrica, cambiará un calentador, moverá una línea de gas o colocará un equipo nuevo en su apartamento. Lo que parece un trámite menor puede convertirse en un riesgo mayor si no interviene un profesional idóneo. En un país donde la vida vertical se ha multiplicado, los accidentes en propiedad horizontal —conocidos como PH— han encendido una alerta que va más allá de una simple reparación doméstica. En Panamá, el régimen de propiedad horizontal establece que cualquier trabajo que implique modificaciones eléctricas, de gas o estructurales dentro de una unidad debe ser ejecutado por personal certificado. No se trata de un formalismo administrativo. Es una exigencia vinculada a la seguridad colectiva y a la responsabilidad compartida que implica vivir en copropiedad. A diferencia de una casa individual, en un PH las decisiones que se toman dentro de un apartamento pueden afectar paredes, techos, tuberías y sistemas comunes que conectan a decenas o cientos de familias. Priscilla Cooban, presidenta de la Asociación Panameña de Profesionales de PH, explica que el problema no radica únicamente en el desconocimiento de la norma, sino en la percepción de que ciertos trabajos son demasiado simples como para requerir un técnico certificado. “Eso es facilito” suele ser el argumento para instalar una cortina eléctrica, cambiar una conexión de gas o modificar un centro de lavado. Sin embargo, una conexión mal hecha puede derivar en fugas, cortocircuitos o incendios que comprometen no solo una vivienda, sino toda la estructura. Una de las disputas más frecuentes en los PH, según explicó Cooban, es el humo de cigarrillo. Lo describió como un conflicto particularmente complejo porque no siempre se “ve” ni se puede documentar con facilidad, y por eso suele escalar rápido entre vecinos. A diferencia de una queja por ruido o por un daño visible, el humo se vuelve un problema difícil de probar: el residente que lo sufre percibe el impacto dentro de su unidad, pero muchas veces no tiene una evidencia directa que permita cerrar la discusión de inmediato. En los últimos años se han registrado incendios, explosiones por gas y otros incidentes en edificios residenciales que incluso han dejado víctimas fatales. En algunos casos, las investigaciones apuntan a desperfectos técnicos; en otros, a intervenciones realizadas sin la debida idoneidad. Aunque cada hecho debe analizarse de forma individual, el patrón común es que pequeñas modificaciones, realizadas sin supervisión profesional, pueden tener consecuencias desproporcionadas. La dimensión del riesgo también tiene implicaciones legales y financieras. Si ocurre un siniestro y se comprueba que la instalación fue realizada por alguien no certificado, la cobertura de la póliza de seguro puede verse comprometida. Las aseguradoras exigen que los mantenimientos y trabajos especializados estén respaldados por personal idóneo. De lo contrario, el propietario y, en algunos escenarios, la comunidad podrían enfrentar costos significativos. Cooban insiste en que la intención no es responsabilizar de manera automática a propietarios o inquilinos, sino reforzar la cultura de prevención. “En propiedad horizontal nadie vive aislado”, resume. Las instalaciones eléctricas, de gas y los sistemas contra incendios forman parte de una red interconectada. Una decisión individual puede impactar a vecinos que comparten los mismos ductos, transformadores o líneas. Falta de espacio El crecimiento sostenido de edificios residenciales en áreas urbanas ha convertido la propiedad horizontal en la forma predominante de vivienda en la ciudad. Este modelo implica beneficios en seguridad y servicios, pero también mayores obligaciones. Mantener certificaciones al día, contratar técnicos idóneos y respetar los procedimientos internos no son trámites opcionales, sino condiciones mínimas para preservar la integridad de todos. Cooman sostiene que en propiedad horizontal el problema no es solo técnico, sino cultural: la idea de que “en mi casa mando yo” choca con una realidad básica del PH: la vida en copropiedad. En un apartamento, explica, no existe una frontera real entre lo privado y lo colectivo cuando se trata de seguridad. Un cambio en una unidad puede impactar al vecino de arriba, al de abajo Pasillos, equipos y responsabilidad compartida En su análisis, Cooban remarca que la prevención comienza por lo más simple: respetar las reglas que ya existen. Menciona, por ejemplo, que dentro de los listados de verificación más comunes aparece una instrucción obvia y, a la vez, constantemente incumplida: pasillos despejados. No se trata de orden “por estética”, explicó, sino de evacuación. Objetos en áreas comunes —muebles, macetas, cajas, incluso pertenencias cotidianas— pueden convertirse en obstáculos en un momento crítico. Cooman señala que esa mezcla de responsabilidades es justo lo que vuelve delicado el régimen: ni todo es “culpa del administrador” ni todo es “culpa del vecino”. La presidenta de la Asociación Panameña de Profesionales de PH también puso el foco en la prueba de hermeticidad, el chequeo técnico que busca confirmar que la red de gas no tiene fugas antes de que una filtración se convierta en una emergencia. Explicó que, en la práctica, este tipo de verificación se vuelve crítica porque hay residentes que, por ahorrar o por confiarse en el “eso es facilito”, manipulan conexiones, cambian equipos o hacen ajustes sin personal idóneo, y cualquier error puede comprometer a todo el edificio. SEGURIDAD COLECTIVA y al edificio completo: ductos, ventilaciones, tableros eléctricos, tuberías, redes contra incendios y áreas comunes funcionan como un sistema integrado. Por eso insiste en un punto que, según dice, los residentes suelen subestimar: el primer riesgo que se administra en un PH no es la estética del lobby ni la piscina, sino la vida de las personas. La seguridad humana se lleva, en muchos edificios, una proporción alta del presupuesto mensual. Sin embargo, el debate en asambleas tiende a irse por lo visible: acabados, pintura, salón de eventos, decoración. Lo esencial —extintores, rociadores, bombas, alarmas, certificaciones, mantenimiento preventivo— aparece tarde, cuando aparece, comentó. La presidenta de la asociación explica que esa desconexión termina generando presupuestos insuficientes. Y cuando el dinero no alcanza, señala la profesional, la administración queda atrapada: debe escoger prioridades y operar “hasta donde arrope la sábana”. La nueva alerta que se asoma TECNOLOGÍA La presidenta de la Asociación Panameña de Profesionales de PH, Priscilla Cooban, también alertó sobre nuevos riesgos en edificios residenciales vinculados a la instalación informal de cargadores para autos eléctricos y al uso de baterías de litio en patinetas y bicicletas. Advirtió que muchos edificios no tienen capacidad eléctrica para soportar estas cargas sin estudios técnicos, permisos ni aprobación de asamblea, y que una mala instalación o una batería mal manipulada puede convertirse en un foco de incendio, especialmente cuando se cargan en áreas sensibles dentro de los apartamentos. Cooban también subrayó que los problemas de seguridad se agravan por fallas estructurales en la gestión de la propiedad horizontal: confusión sobre el rol de la junta directiva y del administrador, morosidad, apatía de los propietarios y vacíos institucionales para resolver conflictos. Señaló que la falta de participación y de recursos debilita la prevención y el mantenimiento, mientras que la ausencia de administradores debidamente inscritos aumenta los riesgos legales. A su juicio, el reto es cultural: entender que vivir en vertical implica asumir costos, reglas y responsabilidades colectivas para proteger la vida y la convivencia. La instalación informal de cargadores para autos eléctricos y el manejo inadecuado de baterías preocupa en los PH. Archivo Alertas domésticas en cifras 958 Emergencias por escapes de gas a nivel nacional atendió, en 2025, el Benemérito Cuerpo de Bomberos de Panamá. 90 Casos de “puerta cerrada con adulto o niño”. 118 Eventos de “comida quemada” el año pasado, situaciones que suelen escalar en edificios residenciales. 32 Ambulancias inactivas que podrían reforzar el sistema de traslados, pero permanecen detenidas por falta de reparación y procesos administrativos.  EMBALSE GATÚN EMBALSE ALHAJUELA Infografía: LP - Fuente: ACP Niveles de lagos afluentes del Canal 91 90 89 88 87 86 85 84 83 82 81 80 79 78 77 263 260 255 250 245 240 235 225 220 215 210 205 200 195 190 88.62 252.08 Elevación sobre el nivel del mar en pies

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