8A La Prensa Panamá, jueves 12 de febrero de 2026 Contacto [email protected] Los artículos de opinión y las caricaturas son responsabilidad exclusiva de los autores. La opinión de La Prensa se expresa únicamente en el Hoy por Hoy. siones. Porque cuando la indignación se vuelve rutina, cuando el escándalo dura lo mismo que el ciclo de noticias, cuando el país suspira y sigue, estamos aceptando lo que jamás debimos aceptar. Como pediatra, no elegiría estos lugares para el cuidado de ningún niño. No son el entorno ideal para un crecimiento y desarrollo saludables. El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) ha sido enfático: la institucionalización debe ser la última opción y por el menor tiempo posible, porque ningún espacio sustituye el cuidado estable y afectivo de una familia. Los niños necesitan vínculos seguros, estabilidad emocional, adultos que los miren como prioridad absoluta, no como un expediente más. Pero más allá de mi rol profesional, escribo hoy como mamá. Y como mamá me duele profundamente la indolencia. Me duele la capacidad de algunos funcionarios públicos de mirar hacia otro lado, de hablar en términos administrativos cuando lo que está en juego son vidas. Me duele escuchar, una vez más, que se hará “una revisión Las colaboraciones para la sección de Opinión deben incluir la identificación del autor. Los artículos no deben exceder 650 palabras. No se publican colaboraciones que hayan aparecido en otros medios y La Prensa se reserva el derecho de seleccionar, editar y publicar. No devolvemos el material. La migración que los Oscar se atreven a mirar Movilidad humana ducido muertes como las de Renée Good y Alex Pretti y a su vez han provocado protestas ciudadanas como las del primer fin de semana de febrero del 2026. Este escenario contrasta con el andamiaje jurídico internacional construido tras la Segunda Guerra Mundial precisamente para evitar que estos abusos se repitieran. Convenciones, pactos y tratados reconocen el derecho a la dignidad, al debido proceso y a la protección de las personas migrantes. Pero la no ratificación de varios de estos instrumentos por parte de Estados Unidos y el debilitamiento del sistema multilateral, visible en recientes acciones unilaterales de alcance internacional, nos regresa a la Ley del Talión, donde los países pequeños pierden siempre. Ante este panorama, rescato la importancia de las posturas de las potencias medias, como bien las identificó el primer ministro de Canadá, Mark Carney, en su discurso en el Foro de Davos. El nuevo orden mundial exigirá que países como México, Brasil, Argentina junto con el bloque centroamericano y del Caribe fijen posiciones que reconozcan la dignidad humana como el centro de las políticas que todos los Estados de la región deben impulsar. Esa responsabilidad política se vuelve especialmente urgente cuando se traRoberto Ogg Fábrega Duele un país que no protege a sus niños Albergues Cinco años después de aquellas denuncias que nos estremecieron como país en 2021, hoy volvemos a escuchar palabras que pensamos que nunca más tendríamos que repetir en conjunto: abuso, negligencia, hacinamiento, omisión. Niños. Adolescentes. Volvemos a ver titulares que hablan de albergues, de niños vulnerados, de adolescentes desprotegidos. Y la pregunta obligada, que duele —y mucho—, es: ¿qué pasó en estos cinco años? Es inaceptable que estemos otra vez aquí. Es inaceptable que niños, niñas y adolescentes bajo la custodia del Estado sigan padeciendo los mismos sufrimientos, viviendo en condiciones que no promueven su bienestar ni su desarrollo integral. Como si no tener una familia que los contenga, que los abrace cada noche, que los defienda sin titubeos, no fuese ya suficiente carga para un corazón pequeño. Como país no podemos normalizar lo inaceptable. Esta frase debería resonar en cada despacho, en cada oficina pública, en cada espacio donde se toman deciinterna”, que se “exigirán informes”, que se “vigilará el cumplimiento”. Los informes no abrazan. Los informes no protegen. Los informes no cambian la vida de esos niños que esta noche volverán a dormir en un lugar que no eligieron y que no los protege. Basta ya de diagnósticos repetidos. Lo que se necesita no es una nueva lista de hallazgos, sino medidas urgentes y efectivas. Decisiones concretas que garanticen derechos, que aseguren protección real, que devuelvan a esos niños y adolescentes a entornos seguros y dignos. La niñez no puede esperar a que pasen los procesos administrativos ni a que se acomoden las agendas políticas. Como sociedad también tenemos responsabilidad. No podemos indignarnos solo unos días y luego cambiar de tema. No podemos permitir que el ruido del entretenimiento tape el silencio incómodo de quienes no tienen voz. No podemos acostumbrarnos a que los más vulnerables sigan pagando el precio de la ineficiencia o la desidia. Porque cuando el Estado falla en proteger a quienes están bajo su custodia, no estamos ante un simple error de gestión. Estamos ante una falla moral. Ojalá este tema no quede en el olvido durante y después de los carnavales. Ojalá los responsables hagan su trabajo a pesar de los días libres, de los descansos, de las celebraciones. Los niños no viven en pausa. Su sufrimiento, su dolor, no se detienen por el calendario. Los niños no son solo el futuro. Lo que está en juego es el presente del país. Y la forma en que un país cuida y defiende a sus niños revela —sin discursos ni comunicados— cuáles son realmente sus valores y prioridades. Opinión LA AUTORA es pediatra. EL AUTOR es abogado. ta de la migración, un fenómeno que atraviesa todo el continente y que ningún Estado puede gestionar de manera aislada. Las potencias medias de la región tienen hoy la oportunidad y el deber de impulsar un enfoque común que reconozca la movilidad humana como un derecho y no como una amenaza, garantizando rutas seguras, procesos ordenados y estándares mínimos de protección desde el sur hasta el norte del continente. Asimismo, promover que otros países lo cumplan. Sin una visión compartida sobre la movilidad regional, las políticas migratorias seguirán fragmentadas, desiguales y sujetas a la arbitrariedad del poder, reproduciendo la violencia que dicen querer contener. La migración no es un crimen, es un fenómeno humano tan antiguo como la historia misma. Criminalizarla no la detiene. Como escribió Ana Frank: a pesar de todo, sigo creyendo que la gente es buena en el fondo y como lo hizo Sergio en Una batalla tras otra con su solidaridad, no como un gesto heróico sino como una obligación mínima frente al dolor ajeno, la humanidad se mide precisamente en la capacidad de proteger al otro cuando el poder decide perseguirlo. La pregunta es si las poblaciones y las potencias medias están dispuestas a demostrarlo. Mientras Hollywood aplaude sus historias en la alfombra roja, el verdadero desafío está fuera de la pantalla: decidir si el mundo seguirá resolviendo sus conflictos con muros y redadas o si aún queda espacio para la Ley, la humanidad y la memoria. En la antesala de los premios Oscar, mientras Hollywood se dispone a celebrar sus propias historias, en las calles se desarrolla otra que guarda mucha relación. Una batalla tras otra, de Paul Thomas Anderson, logra capturar esa realidad con la crudeza necesaria, exponiendo un sistema que ha decidido tratar la movilidad humana como una amenaza. Se llevan a la gente como si fueran criminales; las separan de sus hogares, las arrastran día y noche sin que se les permita llevar nada consigo, escribió Ana Frank en su diario. Esa escena se ejemplifica también en esta cinta filmatográfica, cuando los migrantes que refugiaba Sergio, interpretado por Benicio del Toro, se esconden en la trastienda de su abarrotería en un relato atravesado por la presencia recurrente de campos de detención que nunca necesitan explicarse para ser comprendidos. Tanto el testimonio como la película exponen una verdad incómoda: cuando el Estado convierte la migración en una cacería, la solidaridad se vuelve una forma de resistencia. Las recientes redadas del Immigration and Customs Enforcement (ICE) han evidenciado una política cada vez más punitiva. Detenciones masivas, operativos sorpresa y el uso excesivo de la fuerza, en cuyo contexto se han proCinco años después de las denuncias que sacudieron al país, nuevos señalamientos sobre albergues reabren una herida moral: la incapacidad del Estado para garantizar protección real a niños y adolescentes bajo su custodia. Ana Gabriela Lucas Quintero Mientras Hollywood celebra sus relatos, la política migratoria expone redadas, detenciones y abusos que contradicen el derecho internacional y ponen a prueba la humanidad de los Estados. ¿Cómo nos defenderemos de Trump? Geopolítica Estados Unidos se ha declarado dueño del hemisferio y ha demostrado estar dispuesto a hacer lo necesario para afirmar su dominio. Han invadido Venezuela para apropiarse de su petróleo. Anunciaron que se tomarán Groenlandia, y se conoció que preparan planes bélicos contra Colombia y México. Ante tal despliegue de violencia, me pregunto: ¿Cómo nos defendemos de Trump? No podemos tomarnos a la ligera las palabras del mandatario estadounidense ni los intereses imperiales que representa. Trump lo ha dicho una y otra vez: el Canal les pertenece a ellos. Puedo deducir al menos tres posiciones predominantes sobre el tema: agachar la cabeza, resignarse a ser colonia estadounidense, o cobijarnos bajo otra potencia. Las tres posiciones tienen por premisa que somos demasiado débiles para defendernos y dan por hecho que el sometimiento a Estados Unidos es la única alternativa para Panamá. La realidad se puede cambiar. Panamá puede asumir otra posición que no sea la humillación. Es cierto, somos un país pequeño, un poco más de 75 mil kilómetros, con una población que escasamente supera los 4 millones. Tiene una economía atrasada, sin base productiva o tecnológica, dependiente de usar su posición geográfica para un sector logístico segregado de casi todas las provincias del país y para servicios financieros, legales y comerciales crecientemente obsoletos. Nuestro Estado es clientelar y débil, sometido a los intereses de una burguesía corrupta que monopoliza las ganancias del Canal. Históricamente, esta forma de organizar la sociedad alrededor de la posición geográfica nos ha convertido en apéndice de la expansión imperial estadounidense. Pero esta debilidad no nos condena a someternos. Podemos convertirla en fortaleza. Ya lo hicimos antes. Con esta visión logramos avanzar en la conquista de la soberanía expulsando a Estados Unidos del territorio en el siglo XX. La posición geográfica es un instrumento mayúsculo para negociar con cualquier país o potencia sobre la base del respeto e igualdad. Pero para sacar su mejor provecho debemos tener la fuerza necesaria para utilizarla a nuestro favor. Para nadie es un secreto que la fuerza en la política proviene de la unidad. Nuestros adversarios están unidos en la defensa de sus intereses imperiales y de clase. A nosotros nos corresponde cerrar filas en torno a la defensa de la patria y de su soberanía, que es a la vez la defensa de los intereses del pueblo. Una unidad popular, que defiende al Canal, la posición geográfica y el país como un patrimonio que pertenece a nosotros y que debe estar al servicio del bienestar de todos. Los cómplices locales de Estados Unidos, que incluyen hoy al gobierno central, y a numerosos diputados y alcaldías, terminan aislados en un escenario de unidad popular, obligados a ceder ante los panameños. Estados Unidos queda imposibilitado de someternos si no encuentra complicidad suficiente a nivel local. Por eso Roberto Chiari, asediado por las masas que habían rodeado el Palacio de las Garzas después del 9 de enero de 1964, rompió relaciones con Estados Unidos. Una mayoría panameña —transversal políticamente— rechazaba la ocupación. No olvidemos que el 9 de enero de 1964 fue posible por el trabajo organizativo a lo largo de los años y de décadas. No fue espontáneo, sino un acumulado que estalló ante una provocación zoneíta. Estados Unidos estaba forzado a negociar en ese momento. El transporte interoceánico que necesitaba peligraba. Ya no controlaba al país. Hoy en día, pareciera que sí lo controla. Autoridades, empresarios, políticos, entre otros, no pueden seguir arrodillándose ante los representantes de Trump, quien abiertamente nos está amenazando y gradualmente recolonizando. Esa es nuestra tarea inmediata: organizar las fuerzas que conduzcan a Panamá hacia la unidad nacional, y de ahí a la unidad continental. En las escuelas, comunidades, sitios de trabajo y en las redes sociales, hay que disputarle cada centímetro de territorio físico y digital a los vendepatrias y ganarlo para la liberación de Panamá. EL AUTOR es politólogo y excandidato a la vicepresidencia de la República. Richard Morales Fundado en 1980 Miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa Presidente fundador Roberto Eisenmann Jr. Director emérito Guillermo Sánchez Borbón † Sudy S. de Chassin Esta es una publicación de Corporación La Prensa, S.A. ©. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción, sin la autorización escrita de su titular. ISSN 2953-3252: La Prensa ISSN L 1605-069X: prensa.com en la edición de contenidos y mejorar la experiencia de lectura. Garantizamos que todo contenido publicado es creado y rigurosamente revisado por nuestro equipo editorial antes de su difusión. Utilizamos la IA como herramienta de apoyo para asegurar la precisión y calidad de la información que entregamos a nuestros lectores. Subdirectora y Editora de la Unidad de Investigación Mónica Palm Editora Digital Yolanda Sandoval Editor del Impreso Juan Luis Batista Presidente y Director Editorial (Encargado) Jorge Molina Mendoza Subdirector Asociado Rolando Rodríguez B. Gerente General
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