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7A La Prensa Panamá, miércoles 11 de febrero de 2026 Contacto [email protected] Los artículos de opinión y las caricaturas son responsabilidad exclusiva de los autores. La opinión de La Prensa se expresa únicamente en el Hoy por Hoy. se trata solo de acceso o cobertura, sino de impacto real. Años de escolaridad y de educación superior no siempre se traducen en capacidades que los países puedan activar para su desarrollo. Aquí emerge un problema clave: la falta de datos comparables, oportunos y accionables. En América Latina, tomamos decisiones educativas con información fragmentada, tardía o irrelevante. Medimos insumos —matrícula, infraestructura, presupuesto—, pero seguimos midiendo poco aquello que verdaderamente importa: qué aprenden los estudiantes, cómo lo aplican y con qué impacto económico y social. La inteligencia artificial, paradójicamente, nos deja sin excusas. Hoy existen capacidades tecnológicas para recolectar, analizar y utilizar datos educativos en tiempo real. La pregunta ya no es si podemos hacerlo, sino si estamos dispuestos a cambiar la lógica de nuestras políticas públicas. Una política educativa sin evidencia no es política: es relato. En el foro del CAF fue evidente una tensión compartida por los mandatarios: la necesidad de responder a un electorado que exige empleo, productividad y crecimiento, mientras los sistemas educativos siguen desconectados de la economía real. Esa desconexión genera una doble frustración: talento que no encuentra oportunidades y economías que no logran innovar, Las colaboraciones para la sección de Opinión deben incluir la identificación del autor. Los artículos no deben exceder 650 palabras. No se publican colaboraciones que hayan aparecido en otros medios y La Prensa se reserva el derecho de seleccionar, editar y publicar. No devolvemos el material. Niñas, mujeres y ciencia: las desigualdades que persisten Día internacional cebidas acerca de supuestas capacidades diferenciadas de hombres y mujeres para dedicarse a la actividad científica, particularmente en determinados campos que históricamente se han considerado más afines a cualidades asociadas al género masculino. Estos estereotipos impactan directamente en el desempeño de niños y niñas y, muy especialmente, en sus aspiraciones científicas, como han evidenciado estudios específicos realizados en el país. Se trata de construcciones sociales que se transmiten a través de distintos espacios de socialización —muchas veces de forma inconsciente—, como el currículo oculto del profesorado o los contenidos de los textos escolares. Identificar y cuestionar estos estereotipos constituye uno de los primeros pasos para enfrentar las inequidades de género en la ciencia. La segunda dimensión tiene que ver con las discriminaciones y violencias basadas en género que ocurren en las instituciones académicas y científicas donde las mujeres se forman y desarrollan su trabajo. Universidades, centros de investigación y laboratorios científicos no están exentos de prácticas discriminatorias ni de violencias basadas en género. La invisibilización o desvalorización de sus aportes científicos, la sobrecarga de tareas administrativas y de sostenimiento institucional, el mayor peso de la docencia y las tutorías no reconocidas, el cuestionamiento de sus capacidades para ocupar cargos de decisión, la falta de condiciones para conciliar la vida laboral y familiar, así como experienEugenia Rodríguez Blanco Educación, datos y poder: la decisión que América Latina no puede seguir postergando Política educativa En los últimos meses, he tenido la oportunidad de participar en espacios donde se cruzan dos mundos que rara vez dialogan con la profundidad necesaria: el de la política y el de la transformación tecnológica. En el reciente foro del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF), esa convergencia fue evidente. Ocho presidentes, con visiones distintas y prioridades diversas, coincidieron en algo poco habitual en nuestra región: la educación es central y, al mismo tiempo, una de nuestras mayores debilidades estructurales. No es una afirmación nueva, pero sí adquiere una urgencia inédita. La razón es simple: la inteligencia artificial ya está cambiando la realidad económica, productiva y social, y lo está haciendo a una velocidad que no espera consensos políticos ni reformas graduales. Mientras seguimos discutiendo diagnósticos, el mundo avanza con decisiones basadas en datos, evidencia y experimentación constante. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) acaba de lanzar el documento El estado de la educación en América Latina y el Caribe 2026, en el cual confirma lo que muchos intuimos: la región enfrenta brechas profundas en aprendizaje, pertinencia y resultados, que se amplifican cuando se analizan desde una perspectiva territorial, socioeconómica y tecnológica. No aun cuando invierten en educación. La región necesita dar un salto cualitativo: pasar de políticas educativas declarativas a políticas públicas basadas en evidencia. Eso implica decisiones incómodas: evaluar con rigor, transparentar resultados, comparar instituciones, corregir programas y, sobre todo, aceptar que el tiempo educativo es demasiado valioso para no producir valor. La inteligencia artificial no reemplazará a los sistemas educativos, pero sí reemplazará a aquellos que no aprendan a usarla con criterio. Países que hoy están experimentando con datos, analítica de aprendizaje y modelos predictivos están construyendo ventajas competitivas silenciosas. No esperan reformas perfectas; prueban, miden y ajustan. Durante años hemos dicho que América Latina tiene una oportunidad histórica para usar la tecnología y repensar cómo decide. Hoy, esa narrativa suena cada vez más vacía. La región sigue girando en el mismo ciclo: educación, datos y desarrollo avanzan sin encontrarse. Mientras no rompamos esa inercia, la tecnología solo maquilla decisiones mal informadas. Si la educación es realmente una prioridad nacional —como todos los presidentes afirmaron—, entonces debe dejar de ser un discurso y convertirse en la política pública más rigurosamente sustentada en evidencia. América Latina no carece de talento ni de tecnología; carece de decisiones informadas. Y en un mundo que avanza con datos y evidencia, seguir decidiendo a ciegas no es prudencia: es resignación. Opinión LA AUTORA es especialista en innovación educativa y transformación institucional- CEO de SénecaLab. LA AUTORA es antropóloga e investigadora del Cieps. cias de acoso u hostigamiento sexual, son algunas de las expresiones de estas inequidades. Aunque se cuenta con menos información sistematizada al respecto, existen numerosos testimonios y experiencias que revelan estas dinámicas. En tercer lugar, y en estrecha relación con lo anterior, se encuentran las desigualdades de género en el hogar, particularmente en la distribución del trabajo doméstico y de cuidados. Según datos de la Encuesta de Uso del Tiempo en Panamá (INEC, 2011) y de las Encuestas de Ciudadanía y Derechos del Centro Internacional de Estudios Políticos y Sociales (CIEPS), las mujeres asumen la mayor parte de este trabajo, lo que limita sus oportunidades para dedicarse a otras actividades, incluidas las científicas. Los hombres, por su parte, descargan en el trabajo de las mujeres gran parte de las responsabilidades domésticas y de cuidados, lo que les permite mayores posibilidades de crecimiento y promoción profesional fuera del hogar, especialmente en la ciencia. Así, las desigualdades de género en el ámbito doméstico impactan directamente en la participación de las mujeres en la ciencia, de manera similar a lo que ocurre en la política o en la economía remunerada. En el proyecto Pioneras de la Ciencia, desarrollado por el CIEPS con financiación de la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SENACYT), un equipo de investigadoras trabaja en la identificación y visibilización de estas inequidades de género en la ciencia. Se trata de un aporte al diagnóstico que permita tomar decisiones políticas informadas y, al mismo tiempo, de una invitación a que, como sociedad, seamos más conscientes de las desigualdades que nos rodean y nos movilicemos a ser parte de los cambios que se requieren. Obstáculos, barreras y fugas son metáforas comunes para describir las inequidades sociales. Todas ellas remiten a una misma idea: no todas las personas gozan de las mismas oportunidades. Aplicadas a colectivos sociales, permiten hablar de categorías de discriminación o exclusión que, en el caso de las mujeres, tienen que ver principalmente con el género. Del mismo modo, aplicadas a diferentes sectores o ámbitos de la vida, permiten hablar de inequidades en la política, la economía, la educación o la ciencia. La participación de las mujeres en la ciencia está marcada por obstáculos, barreras y fugas que ocurren desde que las niñas se forman y educan, hasta que más tarde desarrollan su carrera o profesión científica. Son inequidades de género en la ciencia que las determinan y condicionan, y sobre las que hay que actuar desde lo político y lo cultural. Cuando se acerca la conmemoración del Día Internacional de la Niña y la Mujer en la Ciencia, suele preguntarse cómo asegurar condiciones de igualdad en la ciencia para niñas y mujeres. El diagnóstico que permite responder a esa pregunta es amplio y complejo, pero, aprovechando el espacio, puede resumirse en tres dimensiones. Son tres inequidades y focos de intervención que, sin agotar el problema, resultan centrales para comprender las experiencias de discriminación de niñas y mujeres en el ámbito científico. La primera tiene que ver con los estereotipos de género sobre la ciencia y sobre quienes la hacen. Son ideas preconLa inteligencia artificial obliga a América Latina a abandonar políticas educativas declarativas y adoptar decisiones basadas en datos, evidencia y evaluación rigurosa para no quedar rezagada en desarrollo y competitividad. Adriana Angarita Las brechas de género en la ciencia persisten desde la infancia hasta la vida académica y doméstica, limitando el acceso, la permanencia y el reconocimiento de niñas y mujeres. Los que deslumbran Edificios Vengo sosteniendo mi aliento y las ganas de escribir sobre esto desde hace más de un año, deslumbrada por quienes, en mi opinión, son los artistas más originales, creativos e impresionantes de finales del siglo XX y lo que va del XXI. Creo que son quienes dejarán para una lejanaposteridadlosmejoresvestigiosdeque, aunque materialista y práctica, aunque obligada a resolver problemas sociales, latía en nuestracultura—enelcerebrodelosdotados— una enorme espiritualidad, un deseo de tocar el cielo con las manos, como cuando los antepasados erigieron la Torre de Babel buscando una conexión entre lo terrenal y lo divino: estos artistas son los arquitectos. Soy adicta a los noticieros internacionales. Confiesoestarmásaltantodelgloboque cuando joven ejercía el periodismo. Por eso he podido ver brotar estas maravillas en sitios lejanos. ¿Han prestado atención a los nuevos edificiosenlugarescomoDubái,China,Inglaterra o Francia? Quedo sin palabras ante las siluetas —esculturas— que plasman en el aire; algunas seretuercen,comoeltornilloenPanamá; otras se desvían, se curvan, suben y bajan escalinatas, se dividen, abren espacios al aire en los ombligos del rascacielos, y uno que vi ayer agregó un gran aro de metal en el aire, más arriba de la cúspide de un edificio cuyo tope tiene forma de cacerola. Y, a pesar de ser cada uno diferente, instilan en el ánimo belleza, ingeniosidad y sorpresa, enmarcadas en sólidos parámetros de funcionalidad y buen gusto. También me quito el sombrero viendo nuestros rascacielos. No solo por su originalidad y belleza, sino por la manera como, casi por abracadabra, logran insertarlos en un apretado conglomerado de edificios altos, sin perjudicar la belleza del conjunto. A los artistas panameños de la arquitectura, mi admiración irrestricta. He conservado mi interés en la arquitectura desde que tuve la buena fortuna de contar con el genio de Calvin Stempel, pupilo del pilar de la modernidad, Frank Lloyd Wright, en el diseño de mi primer hogar, por allá de la década del sesenta. Stempel diseñó el actual edificio del IDAAN hace décadas, que sigue siendo hermoso y funcional. También aquellos curiosos hongos en la avenida Balboa, que luego tumbaron para construir un edificio,porsuertetambiéndeStempel.Aprendí, por ejemplo, a reconocer sus diseños por las fascias decoradas, por las ventanas en voladizo y extensos techos sin sostén visible. Calvin Stempel llenó de felicidad los años que viví en su casa. De paso, aprendí sobre Frank Lloyd Wright y otros excelsos en esa profesión. Me duele que en Panamá no aprovechamos suficiente a ese joven y genial arquitecto. En estas líneas hago visible, por fin, mi admiraciónporlosmejoresartistasdenuestra era. LA AUTORA es escritora. Beatriz Valdés Fundado en 1980 Miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa Presidente y Director Editorial (Encargado) Jorge Molina Mendoza Gerente General Sudy S. de Chassin Subdirectora y Editora de la Unidad de Investigación Mónica Palm Subdirector Asociado Rolando Rodríguez B. Editora Digital Yolanda Sandoval Editor del Impreso Juan Luis Batista ISSN 2953-3252: La Prensa ISSN L 1605-069X: prensa.com Aviso sobre el uso de Inteligencia Artificial Este periódico emplea inteligencia artificial (IA) para asistir en la edición de contenidos y mejorar la experiencia de lectura. Garantizamos que todo contenido publicado es creado y rigurosamente revisado por nuestro equipo editorial antes de su difusión. Utilizamos la IA como herramienta de apoyo para asegurar la precisión y calidad de la información que entregamos a nuestros lectores. Esta es una publicación de Corporación La Prensa, S.A. ©. 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