8A La Prensa Panamá, martes 10 de febrero de 2026 Contacto [email protected] Los artículos de opinión y las caricaturas son responsabilidad exclusiva de los autores. La opinión de La Prensa se expresa únicamente en el Hoy por Hoy. nación independiente, sino que está regido por un Gobierno republicano, el cual sí logra continuidad hasta 1941. Seguidamente, el período de la Segunda República se extiende entre 1941 y 1968, marcado por las Cartas Magnas de 1941 y 1946, que rigieron al país bajo un marco legal fundamental más nacionalista y social, en el cual se ampliaron derechos sociales y se produjo una mayor institucionalización de la democracia panameña. Posteriormente, con el golpe de Estado de 1968 y el derrocamiento del presidente electo Arnulfo Arias Madrid, a solo once días de haber tomado posesión, surge la etapa excepcional de la dictadura militar (1968-1989), período en el que no se cumplían los principios necesarios para la existencia de una república en sentido pleno, principalmente porque se instauró una junta de gobierno liderada por militares y no por la expresa voluntad ciudadana. Es importante señalar que, aunque durante este período se redacta la Constitución de 1972 —la cual, dicho sea de paso, continúa rigiendo a la nación—, la interrupción de la vida republicana constituye un período autónomo dentro de la historia política panameña. Tras la caída de la dictadura militar y la transición hacia una república democrática constitucional, iniciada con la toma de posesión de Guillermo Endara Galimany en 1989, se da paso a la Tercera República. Esta ha atravesado transformaciones jurídicas mediante reformas constitucionales como las de 1994 y 2004, pero dichas reformas han funcionado principalmente como parches a la institucionalidad y al orden democrático, sin eliminar las deficiencias estructurales de Las colaboraciones para la sección de Opinión deben incluir la identificación del autor. Los artículos no deben exceder 650 palabras. No se publican colaboraciones que hayan aparecido en otros medios y La Prensa se reserva el derecho de seleccionar, editar y publicar. No devolvemos el material. Paracaidistas Identidad Los panameños nos hemos hecho expertos en colarnos en fiestas ajenas. Pretendemos darnos relevancia allí donde creemos que “ocurren las cosas”, donde están los protagonistas, como cuando éramos chicos y nos aparecíamos en el cumpleaños del amiguito del barrio que no nos invitó, pero llegábamos, nos daban un pedacito de dulce y ni siquiera llevábamos regalo. La final de la NFL, por mucho jugador panameño que participe y se adorne con la bandera, no es nuestra fiesta, como tampoco lo es que la veamos en el show de medio tiempo. Estamos tan acostumbrados a ser escenario y no protagonistas que vemos el tricolor y nos despelucamos, en lugar de avanzar nuestra propia cultura para ser protagonistas de verdad. No olvidemos: preparar una fiesta para otros no hace que la fiesta sea nuestra, como ocurrió con el “Davitos” de hace semanas o con otros eventos que se celebran en nuestro territorio. Cualquier panameño en el extranjero —en concreto en Estados Unidos— que aparece en alguna noticia lo convertimos en héroe, como hicimos con aquella mujer de “origen panameño” que estaba en el ejército de Estados Unidos, a la que condecoramos y celebramos por haber sido capturada y liberada en una guerra que, menos mal, no era la nuestra. Celebrar a “panameños de a vaina” es síntoma de una mentalidad de pequeñez que resulta perjudicial. Queremos celebrar el “hito” de Bad Bunny como nuestro, como de los latinos, cuando nosotros no hemos sido capaces de sostener, en ese mismo escenario y pudiendo ser protagonistas, nuestro propio relato sobre el Canal. Celebramos la NFL como gringos, pero guardamos silencio ante su embajador, que se pasea por nuestro país como gobernador. Queremos llegar a la fiesta ajena y celebrar como invitados, o peor aún, como protagonistas. No coman cuento: aquí cada uno es responsable de hacerse oír, y cuando se va en bonche, solo se hace ruido. Dicen algunos que el reguetón nació en Panamá; fíjate tú, y ni eso somos capaces de sostener en el exterior con solvencia y continuidad. Una generación que necesita ser escuchada Infancia pueden parecer pequeñas, pero dejan huellas profundas. Resulta esencial abordar la salud mental desde edades tempranas, antes de que estos desafíos se conviertan en problemas crónicos. Dar prioridad a la salud mental permite una intervención psicológica temprana y efectiva. Según la Asociación Americana de Psicología, muchos trastornos mentales comienzan a manifestarse antes de los 14 años. Una detección oportuna puede marcar una diferencia significativa en la trayectoria de vida de niños y jóvenes. La prevención y el apoyo temprano no solo mitigan el sufrimiento inmediato, sino que reducen el riesgo de complicaciones en la edad adulta. Frecuentemente se considera que los niños no tienen “problemas de adultos”. Aun así, día a día enfrentan situaciones que no siempre saben cómo manejar. La dificultad para identificar emociones, regularlas o resolver conflictos de manera adecuada puede manifestarse en conductas disruptivas en el entorno escolar o familiar. No significa que el niño sea “malo”, sino que aún no ha aprendido a gestionar sus emociones. Etiquetar estas conductas sin comprender su origen emocional perpetúa el problema, en lugar de resolverlo. La psicoeducación en salud mental es una estrategia fundamental para la promoción del bienestar emocional. Las acciones orientadas a la salud mental deben ser planificadas y dirigidas por profesionaStephany Cubilla G. La Cuarta República de Panamá Institucionalidad democrática No existe, al día de hoy, una teoría política de gobernanza de una nación más sólida que el republicanismo, ya que propone que dicha gobernanza se ejerza como una res —o cosa— pública, involucrando así a todos los ciudadanos y no limitándose a una oligarquía o a las élites sociales y económicas. Las transformaciones republicanas surgen principalmente a partir de necesidades sociojurídicas en sociedades cuyas libertades, derechos y garantías fundamentales se han visto mermadas por el expansionismo del Estado, los nuevos riesgos para la democracia y los quebrantamientos en la separación de poderes y en el Estado de derecho. Evolución del Estado La Constitución de la Primera República de Panamá, del 8 de junio de 1841, expresa tácitamente la noción de una república en su artículo 1, al señalar que “El Estado del Istmo es libre, independiente y soberano, y no será el patrimonio de ninguna familia ni persona”. Aunque esta Carta Magna, al igual que la corta independencia del 18 de noviembre de 1840, han pasado en gran medida al olvido, no se pueden ignorar sus cimientos fundacionales para la actual República de Panamá. No obstante, debido a la creación del Estado Federal de Panamá en 1855, no puede hablarse de un período republicano pleno sino hasta 1903. Es por ello que la Constitución posterior otorga mayor consolidación al período de la Primera República, al establecer en su artículo 1 que el pueblo panameño no solo se constituye en nuestra ley fundamental ni de nuestro aparato político. Crisis institucionales Pensar en una Cuarta República debe guiarnos hacia un debate profundo sobre las causas y los orígenes, dentro de nuestra jurisprudencia, que han permitido las múltiples crisis institucionales, los casos de corrupción y los atentados contra la integridad del Estado que han sacudido a la República. Las elecciones libres y periódicas no constituyen, por sí solas, el máximo garante de una democracia saludable. Fortalecer la protección de los derechos fundamentales de los ciudadanos —especialmente frente al propio Estado— y garantizar la igualdad ante la ley deben ser los fines irrefutables de la instalación de un sistema republicano y de una nueva Constitución. Las repúblicas se asocian con períodos de vigencia democrática, y la democracia solo es efectiva y transparente cuando se fortalece el orden republicano. Los factores que agravan la crisis de institucionalidad incluyen el clientelismo político —tanto en el empleo público como en la compra de votos—, la ruptura de la división de poderes, el incremento de casos de corrupción sin sanción efectiva o con prescripciones diseñadas a la medida de figuras políticas y empresariales, así como el debilitamiento del servicio civil, que erosiona gravemente la meritocracia y genera desconfianza en la legitimidad del Estado. Por ello, el primer paso para reorganizar el Estado panameño debe ser el fortalecimiento del Ministerio Público y del Órgano Judicial, consolidando una justicia imparcial como pilar esencial de lo que eventualmente podría constituirse en una nueva Ley Fundamental. Ello implica, además, reducir el hiperpresidencialismo, limitar el uso político de los recursos públicos y garantizar una institucionalidad más funcional, con mayores pesos y contrapesos. Opinión EL AUTOR es escritor. EL AUTOR es internacionalista. LA AUTORA forma parte de Jóvenes Unidos por la Educación. Pedro Crenes les como psicólogos, con la formación necesaria para intervenir de manera adecuada. Docentes y familias pueden participar activamente cuando cuentan con orientación profesional, pues son un pilar fundamental en la vida de niños y jóvenes. Prestar atención a las emociones que atraviesan es esencial, considerando que el mundo cambia constantemente y que las presiones sobre las nuevas generaciones son cada vez más complejas. Muchas personas, al llegar a la adultez, recuerdan que durante su infancia quisieron expresar lo que pensaban o sentían, pero no lo hicieron por temor a no ser comprendidos o a ser minimizados. Estas emociones pueden acumularse con el tiempo y manifestarse de formas más complejas. Desde la psicología, este proceso se conoce como supresión emocional. Este fenómeno se asocia con mayores niveles de ansiedad, dificultades en el bienestar emocional y problemas en la regulación afectiva a largo plazo. Promover la salud mental en la infancia implica fortalecer el acompañamiento familiar y escolar y desarrollar habilidades socioemocionales y de regulación emocional. Requiere no solo voluntad, sino también recursos, capacitación y una transformación cultural que reconozca que la salud mental es tan importante como la salud física. Atender la salud mental desde edades tempranas es una responsabilidad social que impacta positivamente en el bienestar colectivo y en la construcción de una sociedad más saludable y resiliente. Cuidar la salud mental desde la infancia, escuchando activamente las necesidades emocionales de los niños y adolescentes, es una inversión en el bienestar y en el futuro de toda la sociedad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que 1 de cada 7 niños y adolescentes entre los 10 y 19 años presenta algún trastorno mental y que más del 40% no recibe apoyo psicológico. ¿Qué pasa cuando una generación crece sin sentirse escuchada? A pesar de que constantemente se afirma que la salud mental es importante, en la práctica no siempre se le brinda la atención que realmente merece, especialmente durante las etapas tempranas del desarrollo. Desde el ámbito social, se sostiene que los niños y jóvenes representan el futuro de la sociedad. Sin embargo, persiste la duda sobre si se les otorga la importancia necesaria y si están siendo verdaderamente escuchados. En muchas ocasiones, no se ofrece ni el tiempo suficiente para atender sus emociones ni para proporcionarles herramientas fundamentales como la autorregulación emocional o la resolución de conflictos. Esta desconexión entre el discurso y la práctica genera consecuencias que se extienden más allá de la infancia. La infancia es una etapa clave. Es cuando se construyen las bases emocionales que impactarán toda la vida adulta. Desde la psicología, se reconoce que las experiencias vividas durante la niñez y la juventud influyen de manera significativa en el desarrollo posterior. Situaciones como los conflictos en el hogar, el uso excesivo de la tecnología o la ausencia de espacios seguros para expresar emociones El debate sobre una Cuarta República plantea la necesidad de repensar la institucionalidad panameña, corregir fallas estructurales y reforzar el Estado de derecho como base del orden democrático. Luis Credidío Escuchar y atender la salud mental de niños y adolescentes no es una consigna retórica, sino una responsabilidad social urgente que define el bienestar colectivo y el futuro del país. Fundado en 1980 Miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa Presidente y Director Editorial (Encargado) Jorge Molina Mendoza Gerente General Sudy S. de Chassin Subdirectora y Editora de la Unidad de Investigación Mónica Palm Subdirector Asociado Rolando Rodríguez B. Editora Digital Yolanda Sandoval Editor del Impreso Juan Luis Batista ISSN 2953-3252: La Prensa ISSN L 1605-069X: prensa.com Aviso sobre el uso de Inteligencia Artificial Este periódico emplea inteligencia artificial (IA) para asistir en la edición de contenidos y mejorar la experiencia de lectura. Garantizamos que todo contenido publicado es creado y rigurosamente revisado por nuestro equipo editorial antes de su difusión. Utilizamos la IA como herramienta de apoyo para asegurar la precisión y calidad de la información que entregamos a nuestros lectores. Esta es una publicación de Corporación La Prensa, S.A. ©. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción, sin la autorización escrita de su titular. Presidente fundador Roberto Eisenmann Jr. Director emérito Guillermo Sánchez Borbón
RkJQdWJsaXNoZXIy MTUxMjQ5NQ==