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prensa_2026_02_07

7A La Prensa Panamá, sábado 7 de febrero de 2026 chinas y el endurecimiento de inspecciones a productos panameños, no deberían sorprender a nadie. Son reacciones previsibles dentro del libreto geopolítico global. Lo que sí constituiría un error estratégico es interpretar estas acciones como una señal para retroceder, improvisar o diluir decisiones soberanas. Panamá no puede, ni debe, entrar en una lógica de turbulencia geopolítica que no controla ni necesita. Su activo no es la confrontación, sino la firmeza serena. Declarar un contrato inconstitucional no es un acto hostil contra un país, una empresa o un bloque económico. Es una señal clara de que quien hace negocios bajo el pabellón panameño está sujeto a las leyes panameñas, del mismo modo en que Panamá respeta las leyes cuando opera o invierte en otras jurisdicciones. Uno de los mayores riesgos en este momento histórico es que el accionar institucional de Panamá sea leído como una postura coyuntural de una administración específica. Esa lectura es incorrecta y peligrosa. Lo que está ocurriendo no es el capricho de un gobierno, sino la expresión de un Estado que se respeta a sí mismo. La decisión judicial habría sido acatada con la misma firmeza si el fallo hubiese sido Hacia una infraestructura crítica, segura y resiliente Seguridad nacional Panamá acaba de acoger a varios líderes políticos, empresariales y financieros de la región durante la reciente Cumbre de la CAF, que contó con la participación de varios presidentes y expresidentes latinoamericanos, confirmando el papel del país como plataforma estratégica para el desarrollo, la inversión y la integración regional. Este posicionamiento, sin embargo, trae consigo una responsabilidad clave: asegurar que la infraestructura crítica nacional esté protegida bajo estándares modernos de gobernanza, cumplimiento y gestión de riesgos. Puertos, logística, energía, telecomunicaciones y sistemas digitales no son activos ordinarios. Su adecuada gestión impacta directamente en la competitividad del país, la seguridad nacional y la credibilidad internacional. En un entorno global cada vez más expuesto a riesgos legales, cibernéticos, reputacionales y operativos, la ausencia de marcos claros y exigencias modernas puede traducirse en vulnerabilidades innecesarias. Desde una perspectiva de compliance, la lección es clara: cuando los activos críticos no se identifican ni se gestionan adecuadamente, aumentan los riesgos de contratos vulnerables, litigios, incertidumbre jurídica y deterioro de la imagen país. Esto afecta la atracción de inversión responsable, justo cuando Panamá busca consolidarse como un destino confiable para proyectos estratégicos de largo plazo. En ese contexto, el anuncio de la próxima apertura del Centro de Operaciones de Seguridad (SOC) gubernamental es un paso positivo hacia el fortalecimiento de la ciberseguridad nacional. No obstante, la protección de la infraestructura crítica no puede limitarse exclusivamente a lo tecnológico. Requiere un enfoque integral que combine tecnología, regulación, prevención y cultura de cumplimiento. Esto implica contar con: leyes claras y actualizadas; procesos de debida diligencia reforzados; transparencia contractual; mecanismos efectivos de control preventivo; y estándares internacionales de integridad y lucha contra la corrupción. De cara al futuro, sería una buena práctica que las licitaciones de infraestructura crítica incorporen como criterio la exigencia de que los participantes cuenten con certificaciones internacionales en sistemas de gestión antisoborno, reconocidas globalmente. Este tipo de requisitos no excluyen la competencia; por el contrario, elevan la calidad de los procesos, reducen riesgos reputacionales y fortalecen la confianza en las decisiones públicas. La experiencia internacional demuestra que los países que adoptan estándares modernos para la gestión de su infraestructura crítica no solo reducen su exposición a desastres naturales, accidentes o ciberataques, sino que también mejoran su posición en evaluaciones internacionales, refuerzan su institucionalidad y generan un entorno más atractivo para la inversión responsable. Panamá tiene hoy una oportunidad estratégica: convertirse en un modelo regional de infraestructura crítica segura y resiliente, alineando crecimiento económico con integridad institucional. Invertir en marcos regulatorios modernos no es una carga, sino una ventaja competitiva que protege el interés público, fortalece la seguridad jurídica y consolida la reputación del país. La infraestructura crítica no solo sostiene la economía nacional; sostiene la imagen de Panamá ante el mundo. Protegerla con reglas claras, enfoque preventivo y estándares internacionales de cumplimiento es una obligación del Estado y una decisión inteligente para el futuro. Puertos de Panamá frente al reto digital: modernizarse o perder el liderazgo Logística sudamericano inaugurado en 2024, nació con AGVs (vehículos autónomos), sensores IoT (Internet de las cosas; dispositivos inteligentes conectados a internet que recogen y transmiten datos en tiempo real), y blockchain integrados en la logística portuaria (tecnología de registro digital distribuido que almacena información de forma segura). Estos puertos actuaron cuando las tecnologías eran emergentes; hoy cosechan los beneficios. Una oportunidad que no volverá Puerto Barú, puerto multipropósito ($250M) y Puerto Armuelles ($21M) en Chiriquí representan algo extraordinario: la posibilidad de nacer digitales. Los puertos antiguos deben desmantelar procesos obsoletos para modernizarse, los nuevos pueden integrar gemelos digitales, redes 5G privadas y AGVs desde el diseño inicial, y como proyecto ejercer un control sistematizado desde sus primeras etapas de movimiento de tierra hasta la construcción y función operativa. La fórmula está probada: simular operaciones antes de verter concreto reduce errores costosos, integrar sensores IoT desde la construcción permite rastreo en tiempo real. Incorporar vehículos autónomos desde el inicio reduce costos laborales 30% y mejora la seguridad. Puerto Barú puede generar 1,200 empleos en fase de construcción y convertirse en el hub agroindustrial más moderno de Centroamérica, pero solo si nace como puerto inteligente, no como infraestructura tradicional con parches tecnológicos. Juan Colón Henley Más que puertos: madurez institucional Sector marítimo Panamá ha entrado en una fase que pone a prueba algo más profundo que su modelo portuario: su madurez como Estado soberano. La declaración de inconstitucionalidad del contrato de concesión de Panama Ports Company no es un gesto político ni una provocación internacional; es el ejercicio legítimo de un país que hace cumplir sus propias leyes. En ese contexto, las reacciones externas —incluidas advertencias provenientes de autoridades de regiones administrativas vinculadas a China— deben leerse con serenidad, no con temor. Como afirmó el presidente José Raúl Mulino, Panamá es un país digno y soberano, que no se deja intimidar. Y esa afirmación no es retórica: es doctrina constitucional. La fortaleza panameña no reside en el volumen de su poder, sino en la coherencia entre su institucionalidad y sus actos. Aquí no gobierna el Ejecutivo sobre los tribunales; aquí rige la separación de poderes. La Corte falló y el país acata. Eso es lo que convierte a Panamá en un socio confiable, no en uno débil. Las informaciones reveladas por Bloomberg, sobre la congelación de conversaciones para nuevas inversiones distinto. Esa es la señal que debe entender el mundo: en Panamá mandan las reglas, no las presiones. Precisamente por ello resulta indispensable avanzar hacia un modelo logístico nacional único, articulado y coherente. Un país que ejerce soberanía jurídica debe, al mismo tiempo, ofrecer claridad estratégica. No puede darse el lujo de múltiples narrativas, agendas fragmentadas o mensajes contradictorios hacia inversionistas y socios globales. En un entorno internacional cada vez más volátil, Panamá no puede gestionar su logística como una suma de decisiones aisladas. La respuesta correcta no es replegarse, sino ordenar, integrar y blindar. Una estrategia logística nacional, con visión de país, legitimidad técnica y una narrativa única, no solo permitiría alinear puertos, corredores y plataformas, sino también despolitizar las decisiones estratégicas, elevarlas al rango de política de Estado y reducir la vulnerabilidad frente a presiones externas. La soberanía no se declama; se administra con inteligencia. Panamá ya demostró que el Canal es panameño y seguirá siéndolo. Hoy el desafío es mayor: demostrar que su logística, su institucionalidad y su estrategia también lo son. Sin estridencias. Sin miedo. Con la madurez de un país que entiende su lugar en el mundo y actúa en consecuencia. EL AUTOR es presidente del World Compliance Association, capítulo de Panamá. EL AUTOR es estratega en Tecnología, Innovación y Transformación digital. EL AUTOR es magister en Desarrollo de proyectos. Tabaré Albarracini Decisiones Estratégicas Sensores IoT en cada muelle desde el día uno: No es lujo tecnológico: es el estándar que los clientes globales esperan. Callao lo hizo. Panamá puede hacerlo mejor. Sistemas de comunidad portuaria verdaderamente integrado: VUMPA es un inicio valioso, pero necesita evolucionar. Cartagena y Portonave redujeron papeleo 80% con estos sistemas avanzados. Panamá debe buscar recursos para liderar. Talento local capacitado en IA y automatización: trabajadores portuarios entrenados en inteligencia artificial básica, análisis de datos y sistemas automatizados, en alianza con la Autoridad Marítima y universidades, Brasil lo hizo con Santos, Perú con Chancay, Panamá no puede quedarse atrás. El futuro se decide ahora Las tecnologías avanzadas pueden reducir los costos logísticos en un 25% mediante eficiencia predictiva; esto no solo beneficia a los operadores portuarios: hace que toda la economía panameña sea más competitiva. La expansión del Canal consolidó la relevancia de Panamá, pero las autopistas marítimas del futuro serán dictadas por algoritmos, no solo por la geografía; la tecnología está disponible, lo único que falta es la voluntad estratégica de transformar la ventaja geográfica histórica en competitividad tecnológica. Puerto Barú y Puerto Armuelles son más que proyectos de infraestructura: son la prueba de si Panamá está dispuesto a liderar la logística del siglo XXI o conformarse con ser jugador secundario en su propia región. La transformación digital de los nuevos puertos panameños no es una cuestión técnica: es una decisión estratégica que definirá el rol del país en el comercio global de las próximas décadas. La tecnología portuaria del futuro ya opera en Brasil, Perú y Colombia. La pregunta es: ¿aprovechará Panamá la oportunidad histórica de sus nuevos puertos o repetirá errores del pasado? Santos moviliza un buque en un día, mientras que Balboa requiere 2.5 días. La diferencia no radica en las grúas, sino en los algoritmos. Mientras Panamá se apoya en su ubicación estratégica, puertos como Santos (Brasil), Callao y Chancay (Perú), y Cartagena (Colombia) ya utilizan inteligencia artificial, gemelos digitales y redes 5G. Como resultado, procesan más carga en menos tiempo y a menor costo. Una brecha tecnológica creciente Los puertos en Panamá gestionan más de 9.9 millones de TEU en 2025 (unidad equivalente a 20 pies) según reportes de la AMP, mediante VUMPA (Ventanilla Única Marítima) que automatiza trámites y PORTCEL que integra datos del status de contenedores (Portal Tecnológico de Comercio Exterior y Logística), incluyendo grúas super-post-Panamax, sistemas OCR y tecnologías conectadas IoT. Aunque se han logrado avances significativos, aún son insuficientes; la logística 5.0 requiere colaboración humano-máquina, sostenibilidad y una personalización avanzada gracias a la IA generativa, y nuestros competidores ya están en esa etapa. Cartagena procesa movimientos de grúa por hora con IA predictiva, Santos genera ahorro significativo en combustible prediciendo llegadas con precisión algorítmica, Chancay, el primer megapuerto inteligente En un entorno internacional cada vez más volátil, Panamá no puede gestionar su logística como una suma de decisiones aisladas. La respuesta correcta no es replegarse, sino ordenar, integrar y blindar. Gabriel J. Perea Puerto Barú y Puerto Armuelles son más que proyectos de infraestructura: son la prueba de si Panamá está dispuesto a liderar la logística del siglo XXI o conformarse con ser jugador secundario en su propia región. Opinión

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