7A La Prensa Panamá, viernes 6 de febrero de 2026 Contacto [email protected] Los artículos de opinión y las caricaturas son responsabilidad exclusiva de los autores. La opinión de La Prensa se expresa únicamente en el Hoy por Hoy. De residuo a recurso: la oportunidad que Panamá está dejando en la calle Las consecuencias son conocidas y medibles: contaminación de ríos y playas —con impacto directo en la pesca y la recreación—, emisiones por quema y por la descomposición de orgánicos, proliferación de enfermedades, pérdida de valor inmobiliario en áreas cercanas a botaderos y un costo fiscal creciente por operar en emergencia, apagar incendios o remediar daños. El Banco Mundial recuerda que, a escala global, al menos un 33% de los residuos se gestiona de forma inadecuada, mediante botaderos y quema. Quemar basura también quema oportunidades. Panamá no puede seguir gastando en apagar fuegos sin atacar la raíz. Planificar residuos es planificar desarrollo La buena noticia es que el mundo ya probó rutas que funcionan. Corea del Sur convirtió el “paga según lo que botas” —cobro por volumen, bolsas oficiales y separación obligatoria— en política nacional; un balance del Banco Asiático de Desarrollo destaca que el reciclaje aumentó sostenidamente hasta niveles muy altos hacia 2022. Alemania, por su parte, financia buena parte de su sistema con la Responsabilidad Extendida del Productor (EPR). La OCDE explica que estos esquemas trasladan costos y, en ocasiones, responsabilidades operativas de la gestión de residuos desde el gobierno hacia los productores, creando Las colaboraciones para la sección de Opinión deben incluir la identificación del autor. Los artículos no deben exceder 650 palabras. No se publican colaboraciones que hayan aparecido en otros medios y La Prensa se reserva el derecho de seleccionar, editar y publicar. No devolvemos el material. ¿Cómo asegurar que nuestra riqueza llegue a toda la población? Ingresos mineros del Canal de Panamá reportó ingresos por alrededor de $5,705 millones, un aumento de más del 14% respecto al período anterior. De estos ingresos, una parte sustancial se transfiere al Tesoro Nacional, donde, históricamente, se han utilizado para financiar el presupuesto general del Estado. Entre 2000 y 2025, el Canal ha aportado cerca de $28,000 millones al fisco panameño, según datos del Instituto de Estudios Nacionales. Sin embargo, gran parte de ese dinero termina financiando subsidios (transporte, energía o educación) dentro del Presupuesto corriente, lo que, si bien tiene impactos sociales positivos, también puede hacer que el gasto público se vuelva recurrente y difícil de reemplazar. Esta lógica de subsidios, aunque cumplen una función social, tiende a postergar los debates estructurales sobre eficiencia pública, calidad de los servicios y sostenibilidad fiscal, transformando riqueza estratégica en gasto permanente en lugar de inversión productiva de largo plazo. ¿Y si pensamos más allá del gasto corriente? Aquí es donde entra la idea del fondo soberano intergeneracional y su componente de cuentas individuales para las futuras generaciones de panameños. En lugar de usar la renta minera para cubrir brechas presupuestarias año tras año, podríamos vincularla a capital económico de largo plazo para quienes verdaderamente representarán el futuro del país: los nacidos después de la creación de esta estructura . Con supuestos realistas como destinar una fracción de los ingresos al Fondo y capitalizarlos con inversión nacional y extranjera durante un periodo de front loading de cinco años, los números indican que un joven panameño podría tener un capital acumulado de $18,000– $22,000 al cumplir 18 años y hasta USD $28,000–$35,000 al llegar a los 25. Este Andrew Eisenmann La basura como variable olvidada del ordenamiento territorial Gestión de residuos Panamá no tiene un “problema de basura”: tiene un problema de planificación. Cada bolsa que termina en una cuneta, cada quema a cielo abierto en el interior y cada incendio recurrente en el relleno de Cerro Patacón es, en realidad, el síntoma de que se ordena tarde y se reacciona caro. La capital vive el drama en alta definición. A Cerro Patacón llegan desde Panamá y San Miguelito entre 2,400 y 2,500 toneladas diarias de desechos, sin separación previa. Ese volumen, acumulado día tras día, no solo acorta la vida útil del sitio: multiplica lixiviados, gases, vectores y riesgos de incendios, y deteriora la imagen de la ciudad ante visitantes y residentes. Ningún destino que aspire a una “marca verde” puede normalizar montañas humeantes en su periferia. Pero el país es más grande que el vertedero. El Censo 2023 del INEC deja una alerta que casi no discutimos: en el distrito de La Pintada, el servicio de recolección de basura se aproxima al 44.7%, mientras que la incineración o quema alcanza el 36.5%. El mismo diagnóstico municipal, basado en datos del INEC, estima entre 45 y 50 toneladas métricas diarias dispuestas en un vertedero a cielo abierto, además de una alta morosidad en la tasa de aseo. Cuando quemar se vuelve “solución”, el humo entra a las casas y el costo sanitario lo paga la familia. fondos estables para recolección, clasificación y reciclaje. No basta con campañas de afiches; se requiere una estrategia país, anclada al ordenamiento territorial: • Planificar por regiones de gestión (cuencas y corredores logísticos). • Separación en origen, gradual pero obligatoria, empezando por grandes generadores (hoteles, comercios y mercados) y municipios turísticos. • Orgánicos como prioridad: compostaje y biodigestión cerca de zonas agropecuarias. • Financiamiento mixto y transparente: EPR para envases y tarifas “paga lo que botas” donde sea viable. • Alianzas público-privadas para plantas de valorización y bonos verdes municipales para infraestructura, con metas verificables y rendición trimestral. • Beneficios visibles para ciudadanos y turistas: calles limpias, playas más seguras, empleo local —reciclaje formal e inclusión de recuperadores— y una marca país coherente con la sostenibilidad. • Incentivos tarifarios a barrios que cumplan metas. Si cada municipio vincula su plan de residuos a su Plan de Ordenamiento Territorial —definiendo zonas de acopio, rutas, educación y control—, la basura dejará de ser una vergüenza nacional y podrá convertirse en una oportunidad productiva. Hablamos de economía circular. La basura no desaparece: se administra. Y administrar, en un país logístico y turístico, también es ordenar el territorio con disciplina. Opinión EL AUTOR es exministro de Vivienda y estudiante de Maestría en Ordenamiento Territorial para el Desarrollo Sostenible de la Universidad de Panamá. EL AUTOR es abogado. capital estaría disponible para fines concretos: educación, emprendimiento, vivienda o inversión productiva. Esto no es un “cheque anual” que genera titulares de periódico por unas semanas. Es un activo patrimonial real que cambia vidas y eleva la productividad. Sí, no es sencillo… pero tampoco es imposible. Solo hay que ver cómo otros lugares ya han implementado modelos similares a éste, como el Fondo Global de Pensiones del Gobierno de Noruega o el Alaska Permanent Fund, ambos diseñados para transformar riqueza estratégica en prosperidad duradera para sus ciudadanos. Quiero ser claro, este proyecto no es simple. Requerirá: clarificaciones técnicas, coordinación entre múltiples instituciones del Estado, compromiso ciudadano, y diálogo político profundo. No es una panacea y no se construye de la noche a la mañana. Pero sí es posible si nos proponemos diseñar sistemas que miren más allá de los ciclos electorales y pongan a las futuras generaciones en el centro de la política pública. La solución a la riqueza de la mina no tiene porqué ser una entidad gubernamental que simplemente “pague al Estado” o que termine financiando el gasto corriente. Podemos imaginar y construir algo mucho más ambicioso: un contrato intergeneracional, una política de Estado que traduzca recursos finitos en capital humano y patrimonial infinito. Esta idea merece ser debatida con seriedad, datos y visión de largo plazo. Panamá puede - y debe - ser más que un país con potencial. Puede ser un país que logra construir prosperidad incluso para quienes hoy aún no han nacido. Este proverbio griego encierra una verdad simple: el verdadero progreso de una nación no se mide por cuánto disfruta hoy, sino por cuánto invierte en la prosperidad de quienes vienen después. Panamá ha tenido “potencial” durante décadas, solo necesita desarrollarlo para que se convierta en un país que hace las cosas bien. Hoy, mientras debatimos el futuro económico del país, existe una discusión relevante sobre la mina [de Donoso] y cómo utilizar los ingresos: ¿simplemente transferirlos al Estado para el gasto anual?, ¿crear otra entidad como la ACP? o ¿podemos hacer algo realmente duradero, que deje un legado tangible para todas nuestras futuras generaciones? Una propuesta transformadora que consiste en la creación de un Fondo Soberano Intergeneracional que capitalice los ingresos mineros y los traduzca en capital humano y patrimonial para las siguientes generaciones de panameños. En lugar de gastar esos recursos en el corto plazo, podríamos invertirlos en la educación, la productividad nacional y, sobre todo, en cuentas individuales de capital que permitan a cada joven panameño tener una base económica fuerte al llegar a la adultez. La realidad del Canal de Panamá Para entender qué significa realmente administrar bien una fuente de riqueza nacional basta mirar al Canal de Panamá. En el año fiscal 2025 la Autoridad La basura no desaparece: se administra. Y administrar, en un país logístico y turístico, también es ordenar el territorio con disciplina. Rogelio Paredes Robles La calma dolorosa que deja un accidente Seguridad vial En los últimos días hemos visto aumentar, de manera preocupante, el número de personas fallecidas en accidentes de tránsito en todo el país. Lo leemos a diario en los periódicos, lo vemos en la televisión y, con mayor frecuencia, nos enteramos a través de las redes sociales. Pero surge una pregunta necesaria: ¿nos hemos detenido a pensar en cuáles son las causas de tantos accidentes? ¿O, como no se trata de familiares ni conocidos, simplemente dejamos que la noticia no nos afecte? El 29 de agosto de 2024 publiqué en La Prensa un artículo titulado ‘Del tranque, del estrés y otros demonios’, en el que mencionaba a los busitos “piratas del West” y el desorden con el que suelen circular, así como el temor constante de sus usuarios. Sin embargo, ese transporte colectivo —o, más bien, sus conductores— posee algo que parece escasear entre quienes manejamos vehículo propio: habilidades sociales. Sí, habilidades de comunicación, empatía, colaboración y trabajo en equipo. Las ponen en práctica en la vía y, paradójicamente, eso hace que no se vean involucrados con tanta frecuencia en colisiones. La mayoría de los accidentes, en realidad, involucran autos particulares. Entonces, ¿por qué el resto de los mortales —y me incluyo— no somos más amables y pacientes al conducir? El apuro por llegar, que se traduce en exceso de velocidad, la descortesía y, sobre todo, el uso del celular, están llevando las cifras de colisiones, vuelcos y accidentes fatales a niveles alarmantes. Cada choque deja heridas visibles e invisibles. Los lesionados y fallecidos son el reflejo del dolor que la carretera deja cuando se lleva una vida. Ese instante de desatención o distracción, propio o ajeno, nos expone al alto costo de la imprudencia y a sus consecuencias irreversibles. Y qué decir de los atropellos, que también han aumentado de forma alarmante. Peor aún: muchos conductores abandonan a las víctimas y huyen, evidenciando una profunda falta de responsabilidad, empatía y humanidad ante una situación tan delicada. Si condujéramos a la defensiva, con cortesía, cediendo el paso, usando las direccionales, reduciendo la velocidad y manteniendo la atención, quizás las cifras serían muy distintas. Nuestros seres queridos esperan que lleguemos sanos y salvos. No les generemos angustia innecesaria. Cuidémonos y cuidemos a los demás. La solidaridad en la vía es una forma concreta de promover una cultura de prevención y seguridad vial. Me detengo y reflexiono: nadie sale de su casa con la intención de atropellar a alguien o de verse involucrado en una colisión. Sin embargo, todos tenemos la responsabilidad de evitar convertirnos en víctimas o victimarios. Seamos responsables al conducir. Fortalezcamos nuestras habilidades socioemocionales. Practiquemos la cortesía. Reduzcamos la velocidad. Solo así podremos contribuir a disminuir los accidentes de tránsito y, con ello, las muertes en nuestras carreteras. LA AUTORA es psicóloga y ciudadana de la provincia de Panamá Oeste. Mercedes Cecilia De La Cruz Fundado en 1980 Miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa Presidente y Director Editorial (Encargado) Jorge Molina Mendoza Gerente General Sudy S. de Chassin Subdirectora y Editora de la Unidad de Investigación Mónica Palm Subdirector Asociado Rolando Rodríguez B. Editora Digital Yolanda Sandoval Editor del Impreso Juan Luis Batista ISSN 2953-3252: La Prensa ISSN L 1605-069X: prensa.com Aviso sobre el uso de Inteligencia Artificial Este periódico emplea inteligencia artificial (IA) para asistir en la edición de contenidos y mejorar la experiencia de lectura. Garantizamos que todo contenido publicado es creado y rigurosamente revisado por nuestro equipo editorial antes de su difusión. Utilizamos la IA como herramienta de apoyo para asegurar la precisión y calidad de la información que entregamos a nuestros lectores. Esta es una publicación de Corporación La Prensa, S.A. ©. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción, sin la autorización escrita de su titular. Presidente fundador Roberto Eisenmann Jr. Director emérito Guillermo Sánchez Borbón
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