8A La Prensa Panamá, martes 27 de enero de 2026 Contacto [email protected] Los artículos de opinión y las caricaturas son responsabilidad exclusiva de los autores. La opinión de La Prensa se expresa únicamente en el Hoy por Hoy. a tiros y su abandono en fosas comunes en Polonia, Ucrania y otras partes de Europa Oriental. El Holocausto es la solución final diseñada por los nazis al judaísmo en Europa, decidida en la Conferencia de Wannsee, donde calcularon matar a once millones de judíos; es el sistema de transporte de seres humanos en vagones de tren, fabricados para llevar animales. El Holocausto es la matanza sistemática en lugares camuflados como duchas, pero en lugar de agua salía el potente gas Zyklon B, y luego la quema de los muertos en los crematorios de campos de exterminio como Sobibor, Majdanek, Chelmno, Treblinka o Auschwitz-Birkenau. El Holocausto es la matanza de seis millones de judíos, cuya única culpa fue haber nacido judíos. La obligación de nuestra generación es seguir recordando, seguir educando y hacer todo lo posible para que el Holocausto nunca más vuelva a ocurrir. Parece que Las colaboraciones para la sección de Opinión deben incluir la identificación del autor. Los artículos no deben exceder 650 palabras. No se publican colaboraciones que hayan aparecido en otros medios y La Prensa se reserva el derecho de seleccionar, editar y publicar. No devolvemos el material. Río Indio y el Canal: decisión estratégica para la economía Proyecto hídrico Río Indio no es un proyecto menor; es una decisión estratégica que garantiza el suministro de agua potable y la continuidad operativa del Canal. Este activo geopolítico sostiene una parte considerable de la actividad económica y la capacidad fiscal del Estado. Hablar del reservorio de agua sin reconocer esto es perder la perspectiva. La operación del Canal condiciona cadenas logísticas globales y la estabilidad macroeconómica de Panamá, por lo que cualquier política hídrica debe tratarse como política de Estado. Las inquietudes sobre desplazamientos y pérdida de hábitats son legítimas, pero deben responderse con evidencia técnica y compromisos operativos. Una hoja de ruta consonante requiere que las medidas de mitigación sean operativas desde el diseño. Los estudios serios no solo identifican impactos, sino que proponen planes de reubicación con compensación justa y reconversión productiva. Convertir estas medidas en fideicomisos con gobernanza y auditoría externa transforma promesas en obligaciones, garantizando que los costos sociales no recaigan sobre las comunidades. Según la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), la vía interoceánica aporta de manera sostenida alrededor del 11% del producto interno bruto nacional, incluyendo transferencias directas al Tesoro y efectos indirectos en logística y comercio. Si la ciencia prueba que Río Indio puede reducir de forma significativa las restricciones de agua, esos resultados deben ser públicos y verificables. Cuando los supuestos resisten la revisión técnica, la decisión responsable es avanzar; si no, corresponde replantear. Ese es el verdadero estándar para una decisión de Estado. Llevar a cabo Río Indio es necesario para garantizar el agua y proteger nuestra economía. Defender el Canal y a las comunidades no son objetivos opuestos. La ACP inició procesos técnicos sin renunciar a las salvaguardas ambientales. A la sociedad nos corresponde respaldar este esfuerzo institucional, exigiendo transparencia y cumplimiento de los compromisos que se adquieran. El insulto como refugio del político sin argumentos Debate político ñalización tribal: no busca convencer al adversario ni a los indecisos, sino reforzar la cohesión del propio grupo mediante emociones de pertenencia y rechazo al “otro”. Estudios de comunicación política muestran que los mensajes cargados de desprecio generan más interacciones y visibilidad que los razonados, lo que los hace rentables en una economía de la atención dominada por algoritmos y redes sociales. Sin embargo, el precio es elevado. Cuando los insultos sustituyen sistemáticamente a los argumentos, el debate público se degrada en un griterío sin sentido: se pierde la deliberación colectiva, se normaliza la descalificación como método legítimo y se erosiona la confianza en las instituciones. Una asamblea o un órgano ejecutivo donde los representantes se atacan con adjetivos infundados deja de ser un espacio de resolución de conflictos para convertirse en política del espectáculo sin reglas. La ciudadanía, al presenciarlo, termina desencantada o reproduciendo el mismo patrón en sus conversaciones. En última instancia, el insulto sin argumentos revela tres realidades simultáneas: falta de preparación o ideas propias, desprecio por el interlocutor y, por extensión, por la ciudadanía que observa, y una apuesta estratégica por la emoción cruda en lugar de la persuasión racional. Cuando un político recurre exclusivamente al insulto ante una pregunta o controversia incómoda, el mensaje real no es “mi adversario está equivocado”, sino “no tengo nada mejor que ofrecer”. Es una rendición disfrazada de agresividad. Una democracia sana requiere adversarios que se respeten lo suficiente como para escucharse y rebatirse con razones, no con adjetivos. Recuperar ese estándar no es mera cortesía, sino una necesidad Tomás Cristóbal Alonso El Holocausto: que no se repita jamás Memoria histórica En 2005 la ONU declaró el 27 de enero como el Día Internacional de Conmemoración Anual en memoria de las víctimas del Holocausto. ¿Pero qué es el Holocausto? El Holocausto es el antisemitismo moderno, basado en el odio antiguo hacia los judíos; es la pervertida ideología racista que decidió que los judíos son la peor raza; es la propaganda nazi culpando a los judíos por todo lo malo de aquella época; es la discriminación del niño judío y de la niña judía en su clase; la expulsión de los médicos y músicos judíos de sus asociaciones y lugares de trabajo; es la humillación de los judíos mientras les obligaron a ir con un rótulo amarillo que decía “judío”. El Holocausto es la confinación de los judíos en diferentes guetos, donde murieron de hambre y de enfermedades, y es la famosa Kristallnacht (la quema de sinagogas, libros, bienes y objetos religiosos judíos). El Holocausto es la matanza de los judíos es una tarea fácil que todos conozcan esta tragedia, pero no es así. Más de ocho décadas después de que el ejército ruso liberó el campo de exterminio Auschwitz-Birkenau, todavía hay personas que niegan que el Holocausto existió; todavía hay grupos neonazis que adoptan estos signos enfermos; todavía hay quienes pintan grafitis antisemitas o frases como “judíos fuera”, en diferentes partes del mundo. La tragedia del Holocausto tiene implicaciones de alcance universal y nos confiere responsabilidad a todos nosotros. Tenemos la responsabilidad de no permitir el genocidio del pueblo judío, ni de ningún otro pueblo. Tenemos la responsabilidad de aprender y enseñar las lecciones del Holocausto para impedir que nunca se repitan. Tenemos la responsabilidad de actuar contra las fuerzas del antisemitismo, la intolerancia y el racismo en cualquiera de sus formas. Y tenemos la responsabilidad de condenar a los que educan a sus niños para asesinar y matar en nombre de Dios. No quiero escribir sobre venganza. Desde mi punto de vista, la mejor venganza del pueblo judío es la creación del Estado de Israel, un Estado desarrollado y vibrante, gigante en las ciencias, en la tecnología, en la medicina, en la agricultura, en la ciber y en la innovación, que celebra este año su septuagésimo octavo aniversario. Como orgulloso embajador de Israel, el Estado soberano del pueblo judío, y en nombre de las víctimas, incluyendo a casi toda la familia de mi abuela, les prometo a todos ustedes, les prometo a los sobrevivientes y le prometo a todo el pueblo judío una promesa que se sintetiza en dos palabras: ¡Nunca más! Opinión EL AUTOR es empresario. EL AUTOR es embajador de Israel en Panamá. EL AUTOR es abogado, docente y doctor en Derecho. Julio Trelles Metzner práctica: sin argumentos sólidos ni disposición a confrontarlos honestamente, solo queda ruido. Y el ruido, por intenso que sea, nunca ha resuelto un problema estructural de la sociedad. Mientras el insulto siga siendo premiado como sustituto del pensamiento, permaneceremos atrapados en un ciclo de descalificaciones, titulares virales y problemas nacionales sin resolver. Gritar un insulto es fácil; explicar cómo mejorar la vida de la gente exige esfuerzo, rigor y la valentía de aceptar que uno puede estar equivocado. Solo cuando juzguemos a nuestros representantes por la calidad de sus respuestas y no por la creatividad de sus agravios, el insulto volverá a ser un lapsus ocasional, no una estrategia de poder. Una crítica es válida en política cuando contribuye efectivamente al fortalecimiento de la democracia, a la rendición de cuentas y a la búsqueda del bien común, en lugar de atacar, polarizar o manipular. No toda crítica merece credibilidad: muchas son ruido, propaganda o desahogo emocional. Su validez surge cuando se sostiene en hechos verificables y evidencia concreta (no en rumores ni generalizaciones vagas), está orientada a la mejora y al bien común (señala fallos, explica su relevancia y, cuando procede, propone alternativas viables), se centra en políticas, decisiones y resultados (no en ataques personales), se expresa con respeto y civismo en contextos adecuados (evitando odio, burla o desprecio) y proviene, idealmente, de fuentes creíbles o de buena fe (sin conflictos de interés evidentes ni whataboutism). En síntesis, una crítica política válida se apoya en hechos, propone soluciones, enfoca lo que se hace y no quién lo hace, se formula con respeto y busca genuinamente que las cosas funcionen mejor para la sociedad. Cuando cumple estos elementos, fortalece la democracia mediante transparencia y mejora continua. Cuando faltan, se convierte en ruido que erosiona la confianza, profundiza la polarización y favorece formas degradadas del poder. La crítica verdaderamente valiosa no es “decir sin filtro”, sino argumentar con rigor y responsabilidad para construir un mejor presente y futuro colectivo. Desde hace varias semanas, el debate político en Panamá ha desplazado progresivamente la ironía y el argumento razonado hacia el insulto como respuesta habitual ante opiniones contrarias. Lo que antes podía ser una falta de respeto ocasional se ha convertido en un recurso frecuente: cuando un político opta por descalificar al adversario con adjetivos que menoscaban su carácter, en lugar de responder con datos, propuestas o razonamientos sólidos, no está debatiendo, sino desertando del intercambio de ideas. El insulto puro, desprovisto de sustento argumental, no es una forma legítima de confrontación ideológica; es un reconocimiento público de la ausencia de una respuesta convincente. Como señalaba Aristóteles en su Retórica, los discursos efectivos apelan al logos (razón), al pathos (emoción) y al ethos (credibilidad). El insulto prescinde casi por completo del logos y recurre a un pathos primario: indignación y molestia, desprecio inmediato y satisfacción emocional al humillar al “enemigo”, mientras erosiona el ethos del oponente sin demostrar nada. Se trata de una maniobra de bajo costo cognitivo y alto rédito inmediato. Este recurso recibe un nombre preciso en la lógica informal: la falacia ad hominem. Atacar a la persona en vez de refutar su argumento no invalida lo dicho, pero desvía la atención del público. Ante críticas concretas como el aumento de la pobreza, el fracaso de una reforma o las contradicciones entre promesas electorales y hechos, resulta más sencillo desacreditar al mensajero que responder al mensaje. Insultar no exige evidencia; demostrar que una acusación es infundada requiere datos, contexto y paciencia. En contextos de alta polarización, el insulto cumple además una función de seUn recordatorio necesario sobre el antisemitismo, la memoria histórica y la responsabilidad colectiva de educar y actuar para que el genocidio del pueblo judío no vuelva a repetirse. Mattanya Cohen El uso del insulto como respuesta política refleja la ausencia de argumentos, degrada el debate público y debilita la democracia al sustituir la razón por la descalificación emocional. Fundado en 1980 Miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa Presidente y Director Editorial (Encargado) Jorge Molina Mendoza Gerente General Sudy S. de Chassin Subdirectora y Editora de la Unidad de Investigación Mónica Palm Subdirector Asociado Rolando Rodríguez B. Editora Digital Yolanda Sandoval Editor del Impreso Juan Luis Batista ISSN 2953-3252: La Prensa ISSN L 1605-069X: prensa.com Aviso sobre el uso de Inteligencia Artificial Este periódico emplea inteligencia artificial (IA) para asistir en la edición de contenidos y mejorar la experiencia de lectura. Garantizamos que todo contenido publicado es creado y rigurosamente revisado por nuestro equipo editorial antes de su difusión. Utilizamos la IA como herramienta de apoyo para asegurar la precisión y calidad de la información que entregamos a nuestros lectores. Esta es una publicación de Corporación La Prensa, S.A. ©. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción, sin la autorización escrita de su titular. Presidente fundador Roberto Eisenmann Jr. Director emérito Guillermo Sánchez Borbón
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