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10A La Prensa Panamá, martes 27 de enero de 2026 Los taquilleros, en causas que les den visibilidad vía likes o politiquera, salen en tromba a defender a las mencionadas porque “qué vulgaridad”, y una serie de vejaciones que no se dicen en la canción. Lo cierto es que eso que gruñen en el “tema” (“canción” es mucho decir) forma parte de una historia ficticia que han querido ilustrar los autores con nombres de la vida real. Cierto es que nadie quiere oírse citada en un tema de baja calidad y rakatakerío patrio. Algunos ilustres ignorantes han dicho que habría que resucitar la “censura”, ese artefacto dictatorial que tachó canciones de Rubén Blades o Pedro Altamiranda, y que en la actualidad luce en su mesa muchos entusiastas de la ignorancia en forma de cancelación y linchamiento mediático, por ser incapaces de entender —por falta de comprensión lectora— que la libertad La contaminación del río San Pablo en Soná Daño ambiental El río San Pablo es el más caudaloso del distrito de Soná en Veraguas y su importancia es vital, ya que abastece de agua potable a toda la población. Este gran recurso fluvial se ha visto amenazado por la concepción de grandes latifundistas que usan herbicidas tóxicos para fumigar sus hectáreas de arroz y otros productos, sin importarles que dichos químicos vayan a parar rápidamente al San Pablo, especialmente durante la época de lluvias. El río San Pablo recibe diversos afluentes, entre los cuales se encuentra el río Tribique, cuyas aguas ya presentan altos niveles de contaminación por la cantidad de casas y barriadas que se han construido en sus orillas. Incluso, aguas servidas han ido a parar a su cauce, sin que ninguna autoridad parezca preocuparse. Algunos grupos ambientalistas ya denunciaron en el pasado la grave contaminación del Tribique, al punto de que en épocas de verano parece una verdadera cloaca. El problema es que, durante períodos de marea alta y lluvias torrenciales, las aguas del Tribique terminan descargando su contaminación en el río San Pablo, justo donde se encuentra la toma de agua que abastece a la población de Sona. Todo indica que este proceso lleva años ocurriendo, al igual que las denuncias que se han hecho en múltiples medios de comunicación. El camino de la contaminación del río San Pablo parece repetir la historia del río La Villa, en la región de Azuero. Un día cualquiera podríamos amanecer con la noticia de que sus aguas están contaminadas y no pueden beberse, razón por la cual se recomendará el consumo de agua embotellada, lo que entraría en un círculo macabro de enriquecimiento para las empresas que venden estas aguas supuestamente “puras”. El Ministerio de Ambiente no ha emitido una postura contundente al respecto, pese a la gran cantidad de denuncias, como si esperara que la situación estalle en una crisis similar a la de Azuero. El Ministerio de Ambiente, al igual que muchas otras entidades, debe dejar el discurso político a un lado y enfrentar el problema con responsabilidad, como la sociedad lo exige y como debe ser en toda gestión que proclame un mínimo de seriedad, ya que la salud y la vida de miles de panameños están en juego. La guerra geoeconómica como arma comercial Nueva realidad de aranceles y contramedidas. En algunos casos, estas respuestas pueden resultar adversas, ya que conllevan aumentos de precios y presiones inflacionarias en sectores específicos, afectando tanto la producción como el consumo interno. Ahora bien, ¿cuáles son estos mecanismos anti-coercitivos? Estas medidas pueden adoptar diversas fórmulas que van más allá del uso de aranceles tradicionales, como la aplicación de medidas no arancelarias, la imposición de obstáculos al comercio de bienes y servicios, restricciones de acceso a mercados, prohibiciones en materia de propiedad intelectual o limitaciones en la contratación pública. Estas contramedidas se encuentran reguladas dentro del marco jurídico del comercio internacional, ya sea en el ámbito multilateral de la Organización Mundial del Comercio o en los acuerdos de libre comercio vigentes, los cuales establecen procedimientos específicos para su activación. En el caso de las contramedidas arancelarias temporales, concebidas como instrumentos de defensa comercial y reequilibrio económico, se trata de réplicas mediante recargos tributarios que afectan mercancías o sectores productivos sensibles. Su impacto puede ser significativo, al punto de generar elevados costos económicos y políticos para el país sancionador. Otro mecanismo anti-coercitivo relevante en materia de sanciones consiste en el retiro o la suspensión de concesiones, perJuan Pablo García Farinoni Comprensión lectora Libertad de expresión El “tema” no dura ni cinco minutos. Su letra es chabacana y cuenta una historia manida y sin gracia: un tipo dice haber tenido un montón de amantes, pero no es verdad, ni tampoco su desempeño amatorio ni las dimensiones anatómicas con las que pretende ejercerlo. El susodicho —el personaje de la historia— da nombres propios de mujeres conocidas, a los que sus pasieros —cantando— le dicen “¡Dale de aquí, ombe!”, porque es un batioso. EL AUTOR es sociólogo y docente universitario. EL AUTOR es escritor. EL AUTOR es profesor de la Universidad de Panamá y exdiputado del Parlacen. Jaime Cheng Peñalba misos o registros previamente otorgados a empresas o productos originarios del país sancionador. En el ámbito del acceso preferencial a mercados, esta medida supone, en la práctica, la eliminación de la cooperación económica y de las relaciones comerciales efectivas. Actualmente, se debate si estas contramedidas constituyen una respuesta proporcional y jurídicamente válida frente a sanciones económicas, o si representan, más bien, una señal de firmeza en el marco de la confrontación geoeconómica. Surge entonces la interrogante: ¿quién, cuándo y cómo se aplican estos mecanismos anti-coercitivos? Los principios rectores del comercio internacional —como el equilibrio económico, el beneficio mutuo, la reciprocidad y el trato equivalente— reconocen la facultad soberana de los Estados o bloques afectados para responder en términos similares cuando exista una amenaza política o económica debidamente comprobada. Esta potestad les otorga autonomía para regular sus propios procedimientos de aprobación y aplicación efectiva. Por último, conviene recordar que en la costumbre y los principios del comercio internacional prevalecen el libre mercado, la competencia, la cooperación y el beneficio mutuo. Por ello, la aplicación de mecanismos jurídicos anti-coercitivos debe concebirse como un último recurso frente a amenazas geoeconómicas. La discusión debería centrarse prioritariamente en la resolución de controversias mediante todas las vías posibles de diálogo y diplomacia, ya que la experiencia histórica demuestra que los enfrentamientos económicos generan incertidumbre, inestabilidad y costos no solo para las partes involucradas, sino también para terceros países y regiones. El comercio internacional atraviesa hoy una realidad cada vez más evidente: la guerra geoeconómica. Instrumentos de presión de creciente intensidad son utilizados para la defensa de intereses nacionales o proteccionistas con el objetivo de obtener resultados geopolíticos favorables. Estas acciones se ejecutan, principalmente, mediante amenazas de imposición o aumento de aranceles y sanciones económicas, destinadas a limitar o impedir las relaciones comerciales de países o bloques afectados por dichas medidas. De este modo, los instrumentos de presión económica buscan condicionar las decisiones soberanas de los Estados, afectando su margen de actuación en áreas como la política exterior, la seguridad e, incluso, las modalidades de comercio y las compras gubernamentales. Sin embargo, cuando estas presiones en materia de política comercial se emplean con el propósito de coartar decisiones soberanas, los países perjudicados activan mecanismos anti-coercitivos de carácter preventivo o disuasorio. Estos se constituyen en herramientas de defensa de los intereses internos, aun cuando impliquen asumir determinados costos económicos, que pasan a ser el precio a pagar por preservar la autonomía y la independencia nacional. Asimismo, los países o sistemas de integración económica afectados por la aplicación de instrumentos de presión establecen mecanismos de defensa comercial, actuando en reciprocidad mediante la activación Pedro Crenes La creciente guerra geoeconómica ha convertido los mecanismos anti-coerción en herramientas defensivas clave, cuyo uso extremo plantea tensiones entre soberanía, costos económicos y estabilidad del comercio internacional. de expresión y de creación se debaten, no se suprimen, y que, en el peor de los casos, con cambiar de canal o de emisora es suficiente. Pero la hipocresía y la falta de criterio son deporte nacional en el país imaginario. Estos faladores de medias verdades debían cerrar sus canales y cuentas en redes y dedicarse a leer largo y hondo. Son opinadores con kilómetros de superficie y profundidad milimétrica, una peligrosa mancha. Y MiCultura, inaugurando playitas con personajes más dudosos que los del “tema” en cuestión. Cuando vengan a quejarse de la mala educación y la falta de cultura, les responderán, con razón, “¡Dale de aquí, ombe!”. deudas, las responsabilidades, el cansancio y las preocupaciones que no se apagan ni siquiera cuando cerramos los ojos nos atraviesan todos los días. Pero, en medio de todo eso, sin darnos cuenta, vamos dejando a un lado a quienes más queremos. No por maldad ni por desamor, sino por descuido. Postergamos una llamada “para mañana”. Aplazamos una visita porque “ahora no es buen momento”. Respondemos con mensajes breves, con abrazos apurados, con silencios que no explicamos. Nos repetimos que después habrá tiempo para sentarnos a escuchar, para preguntar de verdad “¿cómo estás?”, para decir “te extraño”, “me importas”, “gracias por estar”. Y así pasan los días, las semanas y, a veces, los años. La ironía aparece cuando creemos que quienes amamos siempre estarán ahí, disponibles, esperando a que resolvamos nuestras urgencias. Como si el amor fuera infinito y la presencia garantizada. Como si las personas no se cansaran, no se desgasLa ironía que llamamos vida Afecto Hay cosas que todavía no comprendo del corazón humano. No porque sean complejas, sino porque se repiten todos los días y aun así seguimos cayendo en ellas. Vivimos convencidos de que no es falta de amor lo que nos aleja, sino falta de tiempo. Como si el tiempo fuera un enemigo externo y no una elección silenciosa que hacemos a diario. Decimos que estamos ocupados. Que tenemos demasiados asuntos encima. Que la vida pesa. Y es cierto: pesa. El trabajo, las amar a medias. De asumir que habrá otra oportunidad. Nadie nos enseña a cuidar lo cotidiano ni a valorar lo simple mientras existe. La vida es una ironía silenciosa: te da personas extraordinarias envueltas en rutina y momentos valiosos disfrazados de días comunes. Por eso hoy, sin tragedias ni fechas marcadas, dejo estas palabras como un recordatorio —para ti y para mí—: ama ahora. Di ahora. Abraza ahora. Prioriza ahora. No esperes que una ausencia irreversible te enseñe lo que pudiste hacer en vida. No pierdas a nadie creyendo que habrá un después. Porque la vida, esta ironía que habitamos, no promete un después. Promete solo un ahora. LA AUTORA es maestra y escritora. Ebony López Castillo taran, no envejecieran o no se fueran. Cuidamos agendas, cumplimos plazos y atendemos correos urgentes, pero olvidamos que el afecto también requiere presencia, atención e intención. Amar no es solo sentir; es detenerse, incluso cuando todo empuja a seguir corriendo. Y no hablo desde el juicio, sino desde la experiencia. A mí también me ha pasado. También he creído que mis asuntos eran más urgentes que una conversación pendiente o un abrazo sin prisa. También he fallado en dar prioridad a quienes merecían recibir mi afecto ahora, no después. Porque el después es traicionero. Hay un momento —siempre llega— en que el tiempo se acaba sin previo aviso. Entonces hacemos todo lo que no hicimos: buscamos, llamamos, lloramos y recordamos. Decimos en voz alta lo que guardamos durante años, pero ya no hay a quién decírselo. Nos sobra amor cuando ya no hay presencia. Tal vez el problema no sea la muerte, sino nuestra costumbre de vivir aplazando. De

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