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8A La Prensa Panamá, sábado 24 de enero de 2026 impedido que la niñez en áreas de difícil acceso se concentre plenamente en su formación académica. El corazón del cambio: calidad docente e innovación La verdadera revolución educativa ocurre en el vínculo entre docente y estudiante. A través del programa “Entre Pares”, se está dotando a los 52,000 docentes del país de competencias en inteligencia artificial y alfabetización digital. La meta es clara: que el maestro no sea solo un consumidor de tecnología, sino un creador de contenido pedagógico relevante para su contexto. Educación para la prosperidad, la paz y la autonomía En un país de ingresos altos, pero con profundas disparidades, la educación debe ser el motor del empleo. La inversión en instituciones como el ITSE y el INADEH ha permitido que miles de jóvenes accedan a sectores estratégicos. Fomentar la participación de las mujeres en áreas técnicas y STEM es una prioridad para romper el ciclo de pobreza intergeneracional y garantizar su autonomía económica. Pero la educación es también un instrumento de paz. En Colón, mediante la iniciativa SALIENT, se han transformado entornos de riesgo en espacios seguros. Un logro fundamental es que más del 53% de los actores clave capacitados son mujeres, asegurando un liderazgo femenino determinante en la mediación de conflictos y la construcción de cohesión social. Asimismo, no podemos ignorar el cos- ¿Inservibles a los 50? La paradoja laboral que incomoda Generaciones Se ha instalado con fuerza —y sin demasiada resistencia— una idea inquietante en muchos sectores del mercado laboral: pasados los 50 años, un profesional comienza a ser visto como una carga, un excedente, un activo “vencido”. Como si la experiencia, en lugar de sumar, restan. Y como si la edad, lejos de aportar perspectiva, se convirtiera en un estigma. La contradicción no podría ser más evidente. Por un lado, se retrasa la edad de jubilación, se amplía la vida laboral y se exige cotizar hasta edades impensadas hace apenas unas décadas. Por otro, a quienes superan los 50 se les cierran puertas, se les aparta de los procesos de selección y se les empuja al rincón de los prescindibles. No por falta de competencia, sino por una obsesión cada vez más marcada con lo “nuevo”. Pero esa “frescura” que tanto se valora en los perfiles más jóvenes suele tener sinónimos incómodos: bajo coste, docilidad, disponibilidad total, escasa memoria institucional. En muchos casos, se prioriza contratar perfiles moldeables antes que valiosos; económicos antes que sólidos; manejables antes que expertos. Resulta llamativo que esta lógica no se aplique a todos los ámbitos. Si tener más de 50 años convierte a alguien, según ciertas empresas, en un “candidato inviable”, ¿cómo se explica que, en la política, la edad no solo no sea un obstáculo, sino incluso una virtud? Presidentes, ministros, alcaldes, directores de instituciones públicas: muchos sobrepasan los 50 —y no pocos los 60— sin que nadie cuestione su vigencia ni sus capacidades. ¿Por qué en la política la edad suma, mientras que en el resto del mercado laboral parece restar? ¿No debería valorarse en todos los ámbitos la formación sólida, el conocimiento acumulado y una trayectoria que avale la toma de decisiones? En el mundo político, la edad suele asociarse con experiencia, madurez y temple. Mientras tanto, en muchas empresas, esa misma experiencia se desecha como si fuera un lastre. Así, miles de profesionales que han atravesado crisis económicas, liderado procesos de transformación, enfrentado despidos, superado fusiones y gestionado equipos diversos son hoy relegados o forzados a emprender como única vía para seguir activos. La discriminación por edad es un tabú poco abordado. Se habla —con razón— de inclusión, diversidad y tolerancia hacia el género, la etnia o la religión. Sin embargo, el prejuicio etario sigue siendo ignorado, aunque resulte tan absurdo y dañino como cualquier otro. Porque el talento no tiene fecha de caducidad. La experiencia no envejece: madura. Quizá haya llegado el momento de formular una pregunta incómoda: ¿queremos una sociedad que valore el conocimiento acumulado o una que descarte a quienes ya no encajan en la estética de una campaña publicitaria? Y una última reflexión necesaria: ¿no se dan cuenta quienes hoy promueven, consciente o inconscientemente, el retiro forzoso de los mayores, que también envejecerán? El mismo sistema que hoy los privilegia, mañana podría dejarlos de lado. La vejez, como el futuro, no es una amenaza: es una certeza. Y conviene encararla con sensatez antes de que sea demasiado tarde. Educación para el desarrollo: transformando sociedades desde las aulas Equidad educativa nalmente excluidos. La pandemia de covid-19 agravó estas desigualdades, dejando a millones de estudiantes fuera del sistema y evidenciando la urgencia de cerrar la brecha digital. Para avanzar en la transformación de las sociedades desde las aulas, es necesario promover políticas que garanticen la equidad y la inclusión. Esto implica invertir en infraestructura educativa y conectividad digital; capacitar a docentes en metodologías innovadoras y en el uso de tecnologías; y fomentar currículos que integren el pensamiento crítico, la ciudadanía global y el desarrollo sostenible. Asimismo, es fundamental que la educación prepare a las personas con las competencias que demanda un mercado laboral en constante evolución, contribuyendo a que las economías crezcan de manera más equitativa. En Panamá, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha acompañado de manera estratégica la modernización del ecosistema educativo y técnico-profesional, impulsando procesos de innovación, fortalecimiento institucional y adecuación de la formación a las necesidades reales del mercado laboral. Mediante el apoyo técnico al Ministerio de Educación —en el marco de un programa financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo— se han impulsado evaluaciones educativas innovadoras, la modernización de los sistemas de información y mecanismos de formación docente basados en evidencia, promoviendo una educación más inclusiva, digitalizada y alineada con las competencias que demanda una economía en transformación. A través de un proyecto con el Instituto Técnico Superior Especializado, en alianza con Unesco y financiado por CAF – Banco de Desarrollo de América Latina y el CariBettina Woll El pupitre: donde se decide el futuro de Panamá Educación y desarrollo A menudo nos referimos a Panamá como el “puente del mundo”. Sin embargo, desde la perspectiva del desarrollo sostenible, el verdadero puente —aquel que conecta el presente de desigualdad con un futuro de prosperidad compartida— sigue siendo la educación. Al cerrar el ciclo 2021–2025, el balance del sistema educativo panameño revela mucho más que las cicatrices de una pandemia. Lo que emerge hoy son los cimientos de una transformación resiliente, construida con la convicción de que la educación no puede esperar y de que esta transformación debe ser profundamente inclusiva para ser verdaderamente equitativa. Inclusión y equidad desde la base En medio de la incertidumbre del covid-19, la alianza entre el Sistema de las Naciones Unidas y el Estado panameño fue vital para detener lo que pudo convertirse en una “hemorragia” de deserción escolar. Lograr la reapertura de escuelas fue el primer paso, pero el enfoque central fue asegurar que los estudiantes en mayores condiciones de vulnerabilidad —especialmente en contextos de movilidad humana y exclusión— contaran con las herramientas necesarias para no abandonar sus sueños. La equidad ha sido nuestro norte. Agencias como la FAO han demostrado que la infraestructura es, en sí misma, pedagógica. Instalar sistemas de captación de agua de lluvia en escuelas comarcales garantiza el derecho al aprendizaje de más de 5,550 estudiantes, eliminando barreras logísticas y de salud que históricamente han to de la inacción. Estudios de UNFPA (Milena) revelan que Panamá deja de generar $1,500 millones anuales debido al embarazo adolescente. Garantizar que las niñas permanezcan en la escuela es la inversión más rentable y justa que puede hacer el país para proteger sus trayectorias de vida. Hacia 2030: el reto de la transformación estructural Si el período 2021–2025 fue de estabilización, el nuevo ciclo del Marco de Cooperación 2026–2030 debe ser el de la escala y la transformación. El desafío es claro: se necesita un sistema de datos robusto e integrado que permita identificar y acompañar a quienes hoy permanecen “invisibles”: estudiantes que aún quedan rezagados por su origen étnico, discapacidad, estatus migratorio u otras condiciones de vulnerabilidad. Pero la transformación estructural no ocurre por inercia: requiere un marco legal sólido que la sostenga, la impulse y garantice su continuidad. Panamá se encuentra hoy ante una oportunidad histórica con la discusión en la Asamblea Nacional de una nueva ley orgánica para la reforma educativa. Este no es solo un trámite legislativo; es una ventana estratégica para blindar el derecho a una educación de calidad, actualizar los pilares del aprendizaje y asegurar que el sistema responda a las realidades y demandas del siglo XXI. Este es el momento de avanzar con decisión hacia una educación de calidad para todas y todos. Desde el Sistema de las Naciones Unidas en Panamá, reafirmamos nuestro firme compromiso con esta agenda país y estamos listos para acompañar técnica y estratégicamente este proceso nacional. Los cimientos están puestos; ahora corresponde construir, junto a Panamá, un futuro donde la prosperidad del país refleje el potencial alcanzado por cada estudiante, sin distinción de etnicidad, género, lugar de origen o condición social. La autora es Coordinadora residente de las Naciones Unidas en Panamá. EL AUTOR es estratega en tecnología, innovación y transformación digital. LA AUTORA es coordinadora residente de las Naciones Unidas en Panamá. LA AUTORA es representante residente PNUD Panamá. Gabriel J. Perea be, se avanza en la consolidación de un modelo académico técnico más pertinente, inclusivo e innovador, orientado a conectar a los estudiantes con oportunidades de empleo y emprendimiento. Este esfuerzo se complementa con el apoyo brindado al Instituto Nacional de Formación Profesional y Capacitación para el Desarrollo Humano, para modernizar la formación profesional, actualizar currículos, fortalecer instructores y ampliar el acceso mediante modalidades móviles y digitales, que beneficiaron a más de 150,000 personas en 2025, incluyendo mujeres en sectores no tradicionales y jóvenes de áreas rurales. El PNUD también ha apoyado al país en el fortalecimiento de las capacidades del sistema educativo y de innovación, colaborando con la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt) en el desarrollo de la primera Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial, así como en la modernización y articulación del sistema nacional de ciencia, tecnología e innovación. Este trabajo se complementa con el apoyo brindado a Senacyt en la implementación de la Estrategia Nacional de Semiconductores, una hoja de ruta que impulsa la diversificación productiva, la formación de talento especializado y la inserción de Panamá en las cadenas globales de valor de alta tecnología. Estas alianzas reflejan un compromiso común: que la educación y la innovación sean motores para un crecimiento más equitativo, sostenible y resiliente en Panamá. Invertir en educación para el desarrollo es sembrar esperanza y transformar realidades. Las autoridades, empresas, familias y comunidades deben trabajar de manera conjunta para priorizar la educación como motor de cambio social y construir sociedades más resilientes, innovadoras y justas, donde cada persona tenga la oportunidad de aportar y prosperar. La educación, más allá de ser un derecho fundamental, es la piedra angular sobre la que se construye el bienestar y la prosperidad de los países. Invertir en educación para el desarrollo es apostar decididamente por sociedades más justas, sostenibles e inclusivas. En un siglo definido por cambios acelerados y nuevos desafíos, urge repensar la manera en que se forman las nuevas generaciones, para que sean agentes activos en la construcción de comunidades resilientes y equitativas. La educación para el desarrollo va mucho más allá de la transmisión de conocimientos académicos. Consiste en dotar a las personas de herramientas para comprender el mundo, entender los factores que limitan la igualdad de oportunidades y participar en la transformación social. Una educación de calidad es esencial para construir bienestar, promover el empleo digno y proteger los derechos humanos. Además, brinda herramientas para enfrentar desafíos como el cambio climático y la digitalización, que redefinen el contexto global. De allí que sea fundamental fortalecer la formación de capacidades para la vida y el trabajo, ya que estas habilidades no solo preparan a las personas para afrontar los retos cotidianos del presente y el futuro, sino que también abren oportunidades para la movilidad social y el mejoramiento de la calidad de vida. Reconocer la educación como eje central del desarrollo sostenible permite construir políticas públicas y sistemas educativos que respondan a los retos globales y locales. En muchos países, incluido Panamá, persisten brechas profundas de acceso y calidad educativa, especialmente entre zonas urbanas y rurales, y entre grupos tradicioPero la educación es también un instrumento de paz. En Colón, mediante la iniciativa SALIENT, se han transformado entornos de riesgo en espacios seguros. Ana Patricia Graça Para avanzar en la transformación de las sociedades desde las aulas, es necesario promover políticas que garanticen la equidad y la inclusión. Opinión

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