8A La Prensa Panamá, viernes 23 de enero de 2026 Contacto [email protected] Los artículos de opinión y las caricaturas son responsabilidad exclusiva de los autores. La opinión de La Prensa se expresa únicamente en el Hoy por Hoy. como su causa. De hecho, la evidencia histórica es contundente. Si se comparan los últimos 100 años con los 1,500 años previos, el crecimiento económico generado por la combinación de libertad, innovación y empresa privada no tiene paralelo. No existe acumulación de oro que iguale el valor producido por el desarrollo humano, tecnológico y productivo de Occidente en el último siglo. La riqueza creada por el trabajo inteligente ha superado con creces cualquier reserva metálica imaginable. Esto no significa que el oro no tenga valor. Lo tiene y lo seguirá teniendo. Pero su papel es complementario, no fundacional. El oro conserva valor donde existe un sistema que permite crearlo. Sin ese sistema, el metal pierde su función económica real. Un activo sin circulación confiable, sin respeto por la propiedad y sin un marco jurídico sólido se vuelve estéril, por más escaso que sea. Algo similar ocurre con la moneda. Se repite con frecuencia que las monedas modernas “no valen nada”, que son solo papel respaldado por la fe colectiva. Desde un punto de vista físico, es cierto. Las monedas fiat no tienen valor intrínseco y han sido emitidas en exceso. Ese proceso ha generado distorsiones, inflación y ventajas desproporcionadas para grandes capitales. El diagnóstico no es falso, pero es incompleto. Una moneda no está respaldada únicamente por oro, criptomonedas o activos tangibles. Está respaldada por una civilización en funcionamiento: por su capacidad productiva, su infraestructura, su tecnología, su capital humano, su educación, su innovación y su marco de derecho. Una moLas colaboraciones para la sección de Opinión deben incluir la identificación del autor. Los artículos no deben exceder 650 palabras. No se publican colaboraciones que hayan aparecido en otros medios y La Prensa se reserva el derecho de seleccionar, editar y publicar. No devolvemos el material. Reparar el daño y restituir la paz social: el perdón del ofendido en Panamá Justicia restaurativa Si el delito puede ser desistido, también puede ser perdonado. El Código Procesal Penal, en su artículo 202, regula las condiciones para el desistimiento de la pretensión punitiva y presenta esta figura como un procedimiento alterno para la solución del conflicto penal. La reciente aprobación de la ley que incorpora el perdón del ofendido en Panamá ha generado un debate intenso, en muchos casos cargado de percepciones imprecisas. No se trata de una concesión arbitraria, sino de una herramienta coherente con la lógica del propio sistema penal. La normativa ya establecía que la víctima puede desistir de la acción penal; la nueva ley amplía ese alcance al permitir que el perdón extinga la pena del condenado. En esencia, este mecanismo persigue lo que debería ser el propósito central de cualquier sistema de justicia: reparar el daño y restituir la paz social. La víctima tiene derecho a ser restituida y acceder a ese derecho de manera ágil no constituye extorsión, como algunos han sugerido, sino la materialización del principio de autonomía de la voluntad dentro del proceso penal. Mientras el proceso civil suele prolongarse durante años, el perdón como mecanismo restaurativo permite una reparación inmediata. Esto no solo beneficia a la víctima, que obtiene una respuesta concreta y oportuna, sino también al sistema judicial, que evita litigios innecesariamente prolongados. A ello se suma un efecto adicional: la reducción de la carga del sistema penitenciario, en consonancia con el principio de intervención mínima del derecho penal. En el pasado, la Corte Suprema de Justicia ya había fallado en esta misma línea, reconociendo la validez del perdón en delitos susceptibles de desistimiento. La ley no introduce un criterio novedoso, sino que consolida y ordena una interpretación sostenida por la judicatura, otorgando mayor seguridad jurídica a su aplicación. Panamá ha reconocido desde hace años la necesidad de promover vías más efectivas, humanas y racionales para la resolución de conflictos, especialmente cuando la penalización rígida resulta desproporcionada. La justicia restaurativa es hoy un estándar internacional sustentado en evidencia empírica, estadísticas y análisis del impacto real del castigo en la sociedad. En este contexto, la construcción de país exige decisiones basadas en datos y no en impulsos punitivistas. La experiencia comparada demuestra que los sistemas que incorporan mecanismos de reparación temprana reducen la reincidencia, alivian la sobrecarga judicial y fortalecen la confianza ciudadana. Quienes temen que esta ley abra espacios para la impunidad pasan por alto que, bajo el modelo sancionatorio tradicional, la reparación efectiva suele quedar pendiente. Lejos de representar un retroceso, esta adecuación normativa constituye un avance hacia una justicia más sensible, justa y orientada a resultados. Es una apuesta por un sistema penal que no castiga por castigar, sino que busca reparar, reconciliar y prevenir. En un país que aspira a crecer sobre bases sólidas, decisiones como esta marcan una diferencia real. Monumentos en Panamá: ¿huérfanos de padre y madre? Memoria colectiva mientos, o para recordar a sus héroes, entre otros motivos. En la antigüedad, las estelas mesopotámicas o los templos griegos celebraban el poder de los dioses y de los reyes, mientras que en América precolombina los sitios arqueológicos, como Barriles, en Chiriquí, o el Cerro Juan Díaz, en el Pacífico panameño, registran la organización social, las creencias y el arte de civilizaciones desaparecidas. En ellos se funden la historia y el mito, la ciencia y el símbolo. Los monumentos han sido mucho más que construcciones de piedra, metal o mármol. Son depositarios de la memoria colectiva, testimonios tangibles de las luchas, logros y aspiraciones de los pueblos. Desde las pirámides de Egipto hasta las estatuas contemporáneas erigidas en plazas urbanas, cada monumento narra una historia que trasciende generaciones y ancla la identidad cultural en el espacio y el tiempo. Panamá, por su ubicación estratégica y su papel en la historia mundial, conserva monumentos que reflejan tanto su diversidad cultural como su búsqueda de soberanía. Las ruinas de Panamá Viejo, fundadas en 1519, son el testimonio más antiguo de la presencia europea en el litoral pacífico americano y, a la vez, del mestizaje que dio origen a la nación. El Casco Antiguo, reconstruido tras el saqueo de Henry Morgan en 1671, simboliza la resiliencia de un pueblo que se rehace ante la adversidad. El moMarisabel Aramburú Porras El oro, la moneda y la libertad Libertad económica En los últimos años se ha instalado con fuerza una narrativa que afirma que el poder económico global depende de quién acumule más oro. Según esta visión, el metal precioso sería el eje real del sistema financiero y el factor decisivo del dominio económico. La afirmación suena convincente, pero pasa por alto una lección fundamental de la historia: el oro nunca ha sido la causa de la prosperidad; ha sido su consecuencia. El oro es valioso. Siempre lo ha sido. Ha servido como reserva de valor, respaldo financiero y refugio en tiempos de crisis. Su importancia histórica es incuestionable. Sin embargo, confundir el valor del oro con el origen de la riqueza es un error conceptual profundo. El oro no crea civilización: la sigue. La civilización occidental no se construyó porque tuviera oro, sino porque creó un marco donde el ser humano pudo desplegar su potencial: libertad individual, derechos, propiedad privada, seguridad jurídica, educación, ciencia y espacio para la iniciativa personal. Dentro de ese entorno, el trabajo inteligente encontró sentido y la empresa privada se convirtió en el principal motor del desarrollo. El oro llegó después, como reflejo de esa riqueza creada, no neda es, en esencia, un derecho de acceso a ese sistema. Por eso, a pesar de los desequilibrios monetarios actuales, las personas siguen apostando por Occidente. No porque ignoren sus problemas, sino porque aún creen que dentro de ese marco es posible prosperar. Prosperidad relativa, imperfecta, desigual, sí, pero posible. Creen que el esfuerzo puede ser recompensado, que los contratos se respetan y que el sistema, aunque tensionado, sigue siendo corregible. Esa creencia no es ingenua. Está respaldada por siglos de experiencia acumulada y, sobre todo, por un último siglo de desarrollo sin precedentes impulsado por la empresa privada, la innovación y el trabajo inteligente. El capital —incluido el oro— no se queda donde se le encierra, sino donde puede crecer y producir. Por eso el oro sigue a la libertad, y no al revés. Y por eso cualquier inversor sensato en Occidente entiende que diversificar en oro, en Bitcoin o en tierras tiene sentido, pero siempre dentro de un marco legal, institucional y humano bien logrado. Fuera de ese marco, ningún activo —por valioso que parezca— puede sostener prosperidad duradera. La verdadera riqueza no está en el metal, sino en la capacidad humana de crear. Y esa riqueza, una y otra vez, ha demostrado valer mucho más que todo el oro del mundo. Opinión LOS AUTORES son abogados penalistas. EL AUTOR es ingeniero electromecánico. LA AUTORA es presidente de la Fundación Belisario Porras. Carolin Carson / Mijail Castillo numento a los Mártires del 9 de Enero de 1964 honra a los jóvenes que ofrecieron su vida por una soberanía nacional plena. Tenemos monumentos que reflejan no solo el liderazgo y heroísmo de individuos, sino también las etapas de un proyecto republicano en constante construcción, porque la memoria no es estática y las plazas y parques se convierten en espacios de reflexión y de encuentro, como lo es, por ejemplo, en la ciudad capital, la Plaza Porras, que, a la vez que honra al tres veces presidente Belisario Porras, quien construyó las bases del Panamá de hoy, cumple un rol de encuentro, de protesta y de afirmación colectiva. Por ello, la conservación de nuestros monumentos requiere un compromiso colectivo, puesto que un pueblo que los pierde, pierde parte de su identidad. Hago aquí un llamado a nuestras autoridades nacionales y municipales para que no dejen morir nuestros monumentos y, como ejemplo, menciono una vez más dos casos: el de los Mártires de Enero y el de la Plaza Porras, que languidecen y son objeto de vandalismo, ya que se encuentran huérfanos de padre y madre, abandonados y sin protección alguna. Protegerlos no es un acto de nostalgia, sino de afirmación: significa reconocer que la historia compartida es el cimiento de la cohesión social. Cuidarlos, interpretarlos y transmitir su significado es un deber patriótico y un ejercicio de memoria viva. En ellos se entrelazan el pasado que nos formó y el futuro que aspiramos a construir como pueblo y colectividad. Algunas personas vemos a los monumentos como testimonios materiales de la historia de un país, pero lamentablemente hay mucha gente que no los ve así. Hoy nos detenemos a hacer una reflexión sobre lo que ocurre en Panamá. Terminando el año, casi como símbolo de un enrevesado 2025, fuimos sacudidos por noticias turbulentas que nos narraban que, en horas de la noche, un grupo de personas demolió, a golpe de martillo, el monumento construido en el mirador al pie del Puente de las Américas, erigido por la comunidad china para conmemorar su presencia centenaria en el istmo y honrar la memoria de miembros de su comunidad que participaron en la construcción del Ferrocarril del Istmo. Años después, comunidades como la de los antillanos, gallegos, italianos y otras más vinieron a participar en la construcción del Canal de Panamá, dando origen al crisol de razas que distingue a esta nación y configurando el perfil característico de nuestra identidad colectiva. Y hablando de monumentos, es importante señalar que desde los albores de la civilización los seres humanos hemos construido monumentos, ya sea en piedra, metal, mármol u otros materiales, para testimoniar diferentes pasajes de la historia de los pueblos: sus proezas, valores, creencias religiosas y grandes aconteciGabriel Polanco Fossatti Panamá, por su ubicación estratégica y su papel en la historia mundial, conserva monumentos que reflejan tanto su diversidad cultural como su búsqueda de soberanía. Fundado en 1980 Miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa Presidente fundador Roberto Eisenmann Jr. Director emérito Guillermo Sánchez Borbón † Sudy S. de Chassin Esta es una publicación de Corporación La Prensa, S.A. ©. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción, sin la autorización escrita de su titular. ISSN 2953-3252: La Prensa ISSN L 1605-069X: prensa.com en la edición de contenidos y mejorar la experiencia de lectura. 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