8A La Prensa Panamá, sábado 20 de diciembre de 2025 La opinión de Hilde Contacto [email protected] Los artículos de opinión y las caricaturas son responsabilidad exclusiva de los autores. La opinión de La Prensa se expresa únicamente en el Hoy por Hoy. secución a opositores y un control prácticamente absoluto sobre la vida pública. Las instituciones estaban debilitadas, el derecho se aplicaba de manera selectiva y la ciudadanía vivía entre el miedo, la incertidumbre y la impotencia. No existe evidencia histórica creíble que sugiera que aquel régimen hubiese caído mediante pañuelitos blancos, toque de pailas, protestas simbólicas o actos de resistencia pacífica. El poder militar había demostrado reiteradamente su disposición a utilizar la fuerza, y lo hizo. En ese contexto surgió la Operación Causa Justa, del 20 de diciembre de 1989, ejecutada por Estados Unidos. La intervención no solo desmanteló el aparato militar que sostenía a la dictadura, sino que permitió abrir el camino para restablecer la democracia, reiniciar la transición institucional y liberar a un país atrapado en un callejón sin salida. Nos guste o no, ese momento cambió el rumbo nacional. Sin esa acción externa, la caída del régimen era altamente improbable, y cualquier intento interno de transformación habría sido nuevamente contenido o reprimido, como ya había ocurrido. Más de tres décadas después, asistimos Las colaboraciones para la sección de Opinión deben incluir la identificación del autor. Los artículos no deben exceder 650 palabras. No se publican colaboraciones que hayan aparecido en otros medios y La Prensa se reserva el derecho de seleccionar, editar y publicar. No devolvemos el material. 20 de diciembre: razones para no olvidar Memoria histórica es ética-política. Tal vez por eso, en los sucesivos gobiernos post-invasión no ha habido una preocupación por fomentar y preservar el estudio y comprensión de los sucesos del 20 de diciembre. La cultura mediática de información se limita a un relato donde solo se habla de la dictadura. La memoria está profundamente ligada a los Derechos Humanos, algo que tradicionalmente se ha violado en este país, no solo en el periodo de la dictadura. La reivindicación de los derechos humanos parte del reconocimiento de que la Invasión fue una infamia condenada que respondió a intereses muy puntuales de Washington, más que a una liberación y la instalación de la democracia. Por eso, el deber de la memoria histórica no solo consiste en preservar los recuerdos, sino que estos deben ser una praxis ético-política que busca la reapropiación de la crítica histórica y el diálogo sobre los derechos. Porque sin memoria no podemos reflexionar en el presente y no podemos ejercer el ejercicio de cocreación de la democracia —que supuestamente trajo la Operación Causa Justa en 1989— desde la ciudadanía. La esencia de la memoria es la batalla de la cultura contra el olvido. La libertad se deCarlos Fong ¿Día de duelo o día de la libertad? Historia Cada 20 de diciembre Panamá vuelve a reflexionar sobre un capítulo decisivo de su historia reciente: la caída del régimen militar que gobernó el país durante más de dos décadas. Es una fecha profundamente emocional, pero también una que se ha ido reinterpretando con el tiempo, en ocasiones alejándose del contexto que la hizo posible. Para comprender su verdadero significado es necesario mirar con claridad la realidad que vivía el país antes de 1989, así como el impacto de los acontecimientos que permitieron el retorno a la institucionalidad democrática. La dictadura no fue una desviación menor ni un simple conflicto político. Panamá vivió bajo un sistema que combinó represión, censura, corrupción estructural, perentendimiento de cómo se recuperó el orden democrático; y valoración hacia quienes resistieron internamente, así como hacia la intervención que, en última instancia, hizo posible la restauración de nuestras instituciones. Hoy, más que nunca, el 20 de diciembre cobra relevancia en momentos en que Panamá atraviesa un proceso de debate y alfabetización constitucional. Comprender la historia nos permite aprender cómo los errores del pasado y las estructuras mal diseñadas pueden afectar la libertad y la democracia. Recordar este día como símbolo de libertad no es glorificar la guerra, sino reconocer un hecho histórico: la democracia, con todas sus imperfecciones y desafíos, no surgió espontáneamente. Fue recuperada. Por eso, mirar el 20 de diciembre con honestidad histórica implica reconocer que no representa una derrota nacional, sino la derrota de una dictadura. Esa fecha, lejos de ser un día de duelo, puede entenderse como el renacer de nuestra libertad, con la esperanza de que el Estado adopte un enfoque más educativo, celebre plenamente la democracia y guíe a los ciudadanos hacia una comprensión de lo que realmente hace posible un país libre, próspero y con verdadera justicia. Opinión LA AUTORA es arquitecta. EL AUTOR es escritor. mo algo lícito para doblegar a los países, lo que viola de manera flagrante, masiva y sistemática los derechos humanos de los pueblos. Como pedagogía de la memoria, no olvidar la invasión es vital para formar ciudadanos críticos, que no vean la palabra soberanía como algo inútil. Porque mientras a nuestros jóvenes se les enseña que la soberanía es un concepto reaccionario de ñángara, el coloso del Norte justifica el despliegue militar y las bases en el extranjero como parte de la protección de sus intereses y su propia soberanía nacional. Una razón para no olvidar el 20 de diciembre es que, mientras Estados Unidos continúe con sus campañas de desprestigio, de mentiras y de intimidación —no solo sobre Panamá, sino sobre nuestros países— la dignidad y los derechos humanos estarán en juego. Aunque en algunos de nuestros países se cometen graves delitos contra la libertad — no lo vamos a negar— no debemos confundir a Estados Unidos con el hermano mayor que lucha por nosotros por amor a la democracia. Ningún país merece que lo invadan. Pensar en Estados Unidos como un libertador es grotesco. No ha hecho otra cosa que llamarnos países miserables, porque para la política expansionista de los gringos solo somos su patio trasero, y si tenemos un Canal, petróleo o cualquier mineral valioso para ellos, seremos el hermanito que hay que defender de enemigos imaginarios. Hay un sinnúmero de razones para no olvidar los nefastos hechos del 20 de diciembre de 1989. Desafortunadamente, tras 36 años de la invasión del Ejército de Estados Unidos de América a Panamá, no tenemos una cultura de memoria. El país no cuenta con un museo de la memoria (el que está en Amador narra solo el relato del Holocausto judío) que relate, no solo la transición de la dictadura a la democracia, sino la verdadera historia de las relaciones entre Panamá y los Estados Unidos, para que los jóvenes puedan comprender la historia de su país. La memoria es un mecanismo de relaciones entre el pasado y el presente que busca construir una presencia desde el tiempo, que es incapturable en su entera realidad, pero que nos fortalece como colectivo. Es una presencia que ocurre desde la imagen y la posibilidad, porque requiere exigencia existencial que se construye desde el esfuerzo colectivo. La memoria, para precisar un concepto poético, es la presencia de una ausencia y es fundamental para articular los espacios de resistencia frente a los poderes hegemónicos. La importancia de la memoria Argelis Gaudiano Una reflexión sobre la ausencia de memoria histórica, los derechos humanos y el impacto persistente de las narrativas hegemónicas en la democracia. fiende reconociendo el pasado y sus contradicciones. Al olvidar los sucesos del 20 de diciembre legitimamos el poder sobre el derecho y permitimos que las narrativas hegemónicas prevalezcan sobre la justicia, tal como está sucediendo ahora en todo el continente. Basta con una aproximación a la actual Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) de Estados Unidos, analizada en documentos recientes, la cual confirma que su política exterior apela, sin disimulos, a que los intereses de Estados Unidos deben imponerse por cualquier medio, sea diplomático, económico o militar. Abiertamente han declarado la resurrección de la Doctrina Monroe, que ve a nuestros países como su patio trasero. La invasión a Panamá en 1989 fue un acto de coerción militar, y la actual geopolítica de Estados Unidos mantiene la lógica de priorizar el interés nacional estadounidense por encima del derecho internacional y los derechos humanos. El 20 de diciembre debe recordarse porque, en el presente, la estrategia de Estados Unidos para establecer gobiernos alineados y dóciles en la región incluye tácticas malignas que amenazan la autodeterminación de los pueblos. La única presencia maligna en América Latina es la del imperialismo yanqui. Descaradamente, Estados Unidos presionan a nuestros gobiernos latinoamericanos para alinearse a sus intereses económicos; por eso se les obliga a romper lazos con competidores como China. Arbitrariamente utilizan el bloqueo económico o las amenazas arancelarias coa un proceso de reinterpretación política y simbólica de la fecha. Durante el gobierno pasado, se declaró el 20 de diciembre como Día de Duelo Nacional. La pregunta resulta inevitable: ¿duelo por qué? ¿Por la caída de un régimen autoritario? ¿Por la recuperación de la democracia? El duelo suele reservarse para tragedias, no para el desenlace de una dictadura. Esto no implica ignorar las vidas perdidas, pero convertir el día en un símbolo nacional de luto desplaza el enfoque histórico central: Panamá recuperó su libertad política y la posibilidad de reconstruir sus instituciones democráticas. Mientras muchas naciones celebran los momentos en que cayeron sus dictaduras, Panamá ha optado por institucionalizar una narrativa distinta, que corre el riesgo de oscurecer el proceso que nos condujo nuevamente a la vida democrática. Esta reinterpretación dificulta que las nuevas generaciones comprendan plenamente el contexto previo y el significado profundo de lo ocurrido en 1989. El 20 de diciembre debería ser una fecha de reflexión, sí, pero también de entendimiento y valoración. Reflexión sobre lo que implica vivir bajo un régimen autoritario; Fundado en 1980 Miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa Presidente y Director Editorial (Encargado) Jorge Molina Mendoza Gerente Comercial Sudy S. de Chassin Subdirectora y Editora de la Unidad de Investigación Mónica Palm Subdirector Asociado Rolando Rodríguez B. Editora Digital Yolanda Sandoval Editor del Impreso Juan Luis Batista ISSN 2953-3252: La Prensa ISSN L 1605-069X: prensa.com Aviso sobre el uso de Inteligencia Artificial Este periódico emplea inteligencia artificial (IA) para asistir en la edición de contenidos y mejorar la experiencia de lectura. Garantizamos que todo contenido publicado es creado y rigurosamente revisado por nuestro equipo editorial antes de su difusión. Utilizamos la IA como herramienta de apoyo para asegurar la precisión y calidad de la información que entregamos a nuestros lectores. Esta es una publicación de Corporación La Prensa, S.A. ©. 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